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‘Peregrinación’, el último trabajo de Annie Leibovitz

Cataratas del Niagra

El último trabajo de Annie Leibovitz se titula Pilgrimage, (Peregrinación), y en él no aparecen actores, modelos ni políticos, de hecho no fotografía a una sola persona. Es un recorrido por lugares y objetos relacionados con gente que le importa.

El proyecto lo concibió con Susan Sontag pero, tras la muerte de ésta y la mala racha financiera que sufre, lo dejó apartado. Agobiada por el dinero y los abogados, decidió pasar unas semanas con sus hijas en las cataratas del Niagra para recompensarlas. Nada fue bien durante el viaje, pero cuando por fin llegó a las cataratas se quedó “impresionada por la belleza del agua” y esa foto se convirtió en el comienzo de esta peregrinación así como en la portada del libro.

Fue un infierno hacer este libro con todo lo que estaba pasando. Me decían constantemente que no me daría dinero y que lo dejara. Pero realmente quería hacerlo. Tenía que salvar mi alma.

Patio de la casa de Georgia O’Keeffe en Abiquiu, Nuevo México.

Una de las visitas más emocionantes fue a Nuevo México:

Cuando era joven, Georgia O’Keeffe representaba un gran concepto, una idea estereotípica, para nosotras, de lo que es ser mujer. Pero esa idea nunca llegó a calar realmente en mí.

Fue a su casa y, en cuanto entró a su estudio, empezó a llorar.

Fue muy emotivo. Ella fue real. Fue muy criticada. Volví varias veces. Lo primero que me llamó la atención es lo poco que necesitas. Ella tenía sus vistas. Su cama. Hacía sus propios pasteles. Tenía música, adoraba la música. ¡Tenía los mejores altavoces! Pero no demasiadas cosas.

En cuanto al hecho de fotografiar objetos y lugares en lugar de personas, como siempre ha hecho, comenta:

Tuve que aprender a fotografiar objetos. No conocemos a Thoreau, ¿verdad? Lo único que tenemos es su trabajo y sus cosas. La primera vez que vi la cama de mimbre en la que dormía, me sentí tan desbordada que no sabía como afrontarlo. (…) He tenido una sensación parecida a la que tengo cuando fotografío a las personas. En realidad, nunca me alejo de la gente. Para mí, éstas también son fotografías de personas. Es lo único que nos queda para conocerlos. Me enfrento a las cosas que se están desvaneciendo, desmoronando, desapareciendo. ¿Cómo podemos conservarlas?

Habitación de Virginia Woolf en Charleston, Inglaterra.

Hablando del proceso de creación artística, comenta:

El talento es algo que puede tener cualquiera, pero puede desaparecer. Necesita que lo alimenten, que lo cuiden. Lo mejor de hacerse mayor es que sabes lo que haces -si te centras en algo. No es que sea más fácil pero te vuelves más fuerte. Peregrinación es una ejercicio para cuidar lo que hago. Mis libros son la forma que tengo de expresarme por completo.

Y concluye:

Animaría a cualquiera a que hicieran su propia lista. Mi libro es una meditación de cómo vivimos. Es una idea anticuada pero siempre deberías intentar hacer lo que te encanta hacer.

Laboratorio de Ansel Adams en Carmel, Calif.

Fuente y más fotos en el NYTimes.

Aquí tenéis una entrevista en la que habla del libro. Y si alguien anda por Nueva York, esta tarde estará firmando el libro a las 7 pm aquí y el 9 de diciembre estará en el ICP.

A lo mejor también te interesa:

– Entrevista: 10 Preguntas a Annie Leibovitz.

– Biografía de Annie Leibovitz (I)  y (II)

– Annie Leibovitz At Work.

– Annie Leibovitz vs Diane Arbus y Richard Avedon.

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Entrevista a Las Coleccionistas


Antes de nada quería deciros que me encanta vuestro nombre. Llevo meses buscado nombre para un colectivo y todavía no lo he encontrado. ¿Buscasteis mucho el nombre o simplemente lo encontrasteis?

Buscamos bastante, estuvimos dándole vueltas a muchos nombres, pero con Las Coleccionistas lo vimos claro enseguida. Surgió de una frase de Susan Sontag “To collect photographs is to collect the world (…) Any collection of photographs is an exercise in surealist montage and the surrealist abbreviation of history”

¿Por qué hacéis fotos?

Es la manera que hemos encontrado de expresarnos por el momento, de acercarnos a nuestro alrededor, de conocernos más a nosotras mismas y de hacer proyectos juntas.

Neus: Me gustaría preguntaros, como os iniciasteis en la fotografía y cuáles fueron vuestros primeros trabajos.

Nuestros primeros trabajos fueron proyectos documentales individuales y proyectos personales, más tarde empezamos a trabajar juntas y surgieron trabajos muy diversos. Queríamos probar todo, no descartar ninguna posibilidad hasta encontrar con que tipo de proyectos nos encontrábamos más cómodas.

Una amiga armena me dijo que el juego y la diversión eran esenciales para hacer arte. Cuando veo vuestro trabajo, siempre me acuerdo de eso. ¿Abordáis los proyectos  de una forma lúdica o hay detrás de cada uno mucho trabajo de concepto, planteamiento y estética?

Todos nuestros proyectos son una aventura para nosotras, un ejercicio experimental, una manera de escarbar en el bosque. Los proyectos personales nacen de un desasosiego personal y maduran tras un largo proceso de discusión y reflexión. Sin pretensión de llegar a ninguna parte, disfrutando más del “mientrastanto” que del resultado final.

Ale Bu: ¿Me podéis contar alguna anécdota sobre esta foto?

Esas piernas son de María. Como la fotografía era un poco complicada, hacía frío y la modelo tenía que ponerse medio haciendo el pino, en bragas y con la cabeza clavada en las rocas durante un buen rato (hasta que consiguiéramos la fotografía que queríamos), decidimos que primero lo haría yo (María). Se me quedaron las rocas marcadas en la cabeza, pero cuando encontré la postura fue uno de esos momentos extraños agradables, estar ahí boca abajo entre las rocas, con las piernas estiradas y mirando al cielo. Y esa experiencia nos dio la fotografía definitiva.

Fernando: Todas vuestras fotografías tienen un estilo muy característico. Aparte de la composición a lo que más me sorprende es la luz. ¿Cómo conseguís una luz tan armoniosa y sutil en todas vuestras fotografías?

Supongo que jugar con la luz es nuestro principal vicio y el de cualquier fotógrafo. Nos gusta trabajar con luz natural siempre que podemos y fijarnos en los misterios de las luces y sombras de la realidad, en lo fugitivo.

Fernando: Cuando veo vuestras fotografías me cuesta pensar que hay dos personas detrás de ellas, parecen que estuvieran hechas por la misma persona, ¿Son realmente vuestros estilos tan similares o en realidad se complementan? ¿Cuando tomáis fotografías para vosotras mismas, sin pensar en las coleccionistas, fotografías de distinta forma?

No sabemos decir de que forma fotografiamos. Lo hacemos como lo sentimos, tanto para trabajos de Las Coleccionistas como los demás. Es difícil de creer que pensemos igual y disparemos las mismas fotos, sin embargo, hay algo en común en nuestras cabezas que hace que de una misma escena saquemos imágenes diferentes que se complementan, como si fueran piezas en la estructura de una narración, que juntas construyen algo que para nosotras tiene sentido.

 

Moni: Creo que hoy en día es muy difícil crear una imagen de marca y mantenerla, que te reconozcan por tu estilo, mi pregunta es ¿Os podéis permitir elegir los trabajos que hacéis y cómo los hacéis? ¿Os cuesta mucho poner vuestro toque en los proyectos o vuestros clientes os dejan libertad?

Nunca hemos pretendido seleccionar a clientes, pero hasta ahora hemos tenido la suerte de trabajar con clientes con una gran sensibilidad, que nos contactan precisamente porque les gusta lo que hacemos. Esa receptividad nos ha permitido trabajar con comodidad y con un amplio margen de libertad en todos nuestros proyectos de encargo.

Quería felicitaros por el videoclip Els nens soldat. ¿Cómo ha sido la experiencia? ¿Pensáis seguir haciendo proyectos audiovisuales o ha sido algo casual y seguiréis centradas en la fotografía?

Ha sido una experiencia genial, cambiar de medio nos ha ayudado a ampliar la perspectiva. Quien sabe, quizá hagamos algo más en ese camino.

Una cámara: La cámara oscura

Una fotografía: La no elegida.

Un fotógrafo: Sally Mann.

Un consejo: No nos gusta dar consejos.

Una meta: Atravesar la tormenta y seguir navegando.

Adaptation

 

Enrique Meneses Vs Gervasio Sánchez.

Gervasio, el san bernardo de los desaparecidos

Estábamos sentados junto al piano de cola de aquel comedor del Holiday Inn.  Era  un sábado cualquiera de julio de 1993, en Sarajevo sitiado. Una veintena de mesas, velas, ruidosos periodistas americanos en un par de mesas juntadas. Con ellos guapísimas chicas, casi todas estudiantas que dominaban el  inglés y que comían con los informadores más ricos de aquel salón lleno de periodistas. Nosotros también necesitábamos transporte e interpretes pero con otras tarifas. La comida servida procedía del mercado negro pero también guisqui que los americanos pedían a 100 dólares la botella .

Al fondo del comedor, un enorme cortinaje negro cubría lo que debió ser una fantástica vista, nunca supe qué se veía. Del otro lado del cortinon, los serbios. De espalda a ellos, en aquel comedor, Susan Sontag, con sus 60 años, a la que venía a dar un beso su hijo David Rieff, también periodista. En nuestra mesa redonda, Gervasio Sánchez, Alfonso Armada y yo además de un italiano que partía al día siguiente. Hablábamos de lo que hablan los periodistas en zona de guerra, de las ganas de terminar el trabajo, de lo que cada cual ha visto durante el día en tal o cual barrio de la ciudad. La visita al Hospital Kosovo para contar muertos y heridos, victimas de los francotiradores, charlar con  los cirujanos con mascarilla desgastada y casco de minero para iluminar la mesa de operaciones. “No tenemos anestesia. Lo que más hacemos es amputaciones de miembros. Están naciendo más niños que antes de la guerra”. El desafío de la vida ante la muerte, dije cuando supe el dato. “Y la falta de electricidad y televisión” me completó una joven enfermera.

Hablábamos  de nuestros recuerdos de otras zonas de conflicto. Mis jóvenes compañeros veían en mi veteranía una confirmación de que lo que hacíamos es la profesión más bella del mundo y, en algunos momentos, la más peligrosa. Cuando contaba a mis compañeros que yo fui el único periodista español del lado egipcio cuando Israel, Francia y Gran Bretaña atacaban por todos los frentes, en Octubre de 1956, no podían creer que ya había estado en la guerra del Canal de Súez, 37 años antes, cuando ninguno de ellos había nacido.

Yo había estado varios años siendo editor o con programas de radio y televisión alejado del riesgo. Yo era un desconocido en las facultades de Periodismo y Gervasio y Alfonso se escandalizaban. ¿Por qué deberían haber hablado de mi?  me preguntaba yo.Los criterios académicos y la realidad del periodismo son como el agua y el aceite. Mi reportaje de Fidel Castro y el Che en  Sierra Maestra les fascinaba y sentían vértigo al pensar que hacía cuatro décadas que yo había bajado de aquella montañas  de Cuba.

Nos despedimos prometiendo volver a encontrarnos en Madrid. Ser freelance no te permite aguantar demasiado en zona de guerra. Cien dólares diarios de hotel, cien de estudiante-interprete y otros cien del coche ,de otro universitario ,es mucho dinero cuando solo tienes la seguridad de que lo recuperarás si tu trabajo es satisfactorio. Mi acreditación era de “Tiempo” y acabé vendiéndoselo a “Diario 16″.  Pero vivir en la inseguridad, en esta profesión,  es vivir. Y aquel sábado, como si estuviésemos en una película de Fellini, con el ruido de fondo no tan lejano, de ametralladoras y morteros, apareció un pianista de frac, se sentó al piano y empezó a deleitarnos con Chopin y Strauss. Me sentí en pleno Imperio austro-húngaro. antes de que aquí, en Sarajevo, Gavrilo Princip asesinara al archiduque Francisco Fernando de Austria y su esposa, Sofía Chotek, y comenzase la Primera Guerra Mundial.

Desde aquel encuentro nuestro, Gervasio ha seguido un camino inédito en el mundo del periodismo y de la investigación: Se interesó por los “después” de las guerras. ¿Que había sido de aquella mujer que  perdió a su hijo en la masacre del Mercado de Sarajevo? ¿Se habría casado aquella muchacha que lloraba junto al novio herido? Buscar la Historia del después es, a veces, reconfortante ver cómo el ser humano caído se levanta y anda, con ortopedia o simples muletas, pero anda. Y los desaparecidos de Argentina, Chile, Colombia, Laos, Irak aparecen en modestas fotos que sujetan sus deudos con paciencia de siglos.

Ahora en España la gente puede ver y escuchar en exposiciones y conferencias, lo que es la misión de Gervasio, este buen samaritano, este perro San Bernardo que pacientemente reconstruye vidas e intenta minorar el dolor de las víctimas de la guerra. Al  senequismo cordobés unió Gervas la tozudez maña tras su matrimonio con Carmen “Choco” y tener a Diego al que ha educado llevándolo a los campos de batalla de Sierra Leona, Laos, Sarajevo, Kosovo o Tinduf,  para enseñarle el daño que han hecho, después de las guerras, las bombas de racimo, esas pequeñas pelotas de golf de  colores vivos y que salen por millares de las bombas portadoras.  Termina la contienda y esas pelotitas  siguen segando miembros de niños que las encuentran y quieren jugar con ellas, los campesinos arando sus campos. Para ellos la guerra no termina nunca.

El hombre que más ha hecho porque se prohibiese la fabricación y venta de esas armas, ha sido “Gerva”, el periodista que documenta y hace visibles los familiares que tienen desaparecidos, el mismo que lucha contra el empleo de niños y niñas como soldados en las guerras africanas. Gervasio Sánchez tiene un Seminario de Periodismo Humano en Albarracín, todos los otoños. Estuve en el de 2001 y ahora al cumplirse 10 años de estos encuentros veteranos y novatos.. Se han presentado 300 jóvenes periodistas y otros 60 fueron rechazados porque Albarracín tiene 1.300 habitantes y no puede alojar a más de 300.

De vez en cuando, hojeo los magníficos libros de Gervas, publicados por Blume, mientras escucho las czardas de Monti al piano y recuerdo aquel sábado mágico de julio de 1993, hace ya… ¡17 años!

Blog de Enrique Meneses.

Se publicarán los diarios íntimos de Susan Sontag.

Otra vez El País, lo siento, pero es que este fin de semana está poniendo muchas cosas de fotografía. En fin, aquí os lo dejo.

El libro que desnuda a Susan Sontag

Por Susanne Mayer

¿Es lícito sacar a la luz las anotaciones íntimas de alguien después de su muerte? El debate cobra actualidad con la publicación de los diarios de Susan Sontag, estrella de la intelectualidad estadounidense fallecida hace casi seis años, editados por su hijo.

Una estrella.Una mujer que cautivaba la mirada, que nos explicó cómo hay que entender las corrientes de nuestro tiempo, que dio clases magistrales sobre la belleza, sobre fotografía, una mujer que nos enseñó a afrontar con sentido común el espanto del cáncer y a detectar las puestas en escena en las imágenes de la guerra. Una intelectual. Una mujer que vivió con mujeres. Lesbiana. Aunque la homosexualidad fue uno de los pocos temas que Susan Sontag no llegó a coger por los cuernos para sacarlo de la indefinición del tabú social. Pero eso se ha acabado. Cuatro años después de su muerte se publican en Estados Unidos sus diarios (Mondadori editará el primer tomo en España la próxima primavera). Apuntes íntimos que comienzan con la verborrea de una chica de 14 años en 1947 y se convierten en las confesiones de una crispada esposa y joven madre que escapa a París y que abandona el camino prefijado, pues se había casado a los 17 años con su profesor, el sociólogo Philip Rieff. Después se abrirá paso hasta Nueva York, donde estaba a punto de fraguar una nueva época.

El editor promete la verdad sobre la vida de Susan Sontag. El editor es David Rieff, y David Rieff es el hijo de Susan Sontag. “Ya sabes dónde están los diarios”, dice que le susurró su madre en el lecho de muerte. Y sí lo sabía. Más de 100 pequeños volúmenes ocultos en su armario, un tesoro que él ha sacado a la luz pública, algo que no fue escrito en absoluto para la opinión pública. Algo que su madre ocultó incluso a sus íntimos amigos.

“Ya sabes dónde están los diarios”. ¿Era esto lo que ella quería? Imposible saberlo. Todos sus escritos se habían vendido a la Universidad de California. ¿“Ya sabes dónde están los diarios” era una súplica para que los escondiera antes de que se procediera a la entrega? Entonces, publicarlos sería una traición. ¿O quizá era algo que Sontag deseaba que ocurriera, pues, de lo contrario, ella misma los habría puesto a buen recaudo con antelación?

Su hijo ha decidido por sí mismo. Está prevista la publicación de tres volúmenes de los diarios. “Sin embargo, sigo sin sentirme del todo bien al hacerlo”, comenta en el prefacio del primero.

(…) La lectura resulta mortificante en muchos momentos. Faltan los primeros diarios que escribió desde los 12 años sin que se ofrezca ninguna explicación. El año 1947 se aborda en una sola entrada, el año 1948 abarca 10 páginas. Los textos resultan poco elaborados, fragmentarios. Las observaciones ocasionales del hijo se encargan de recordarnos que él es el maestro de ceremonias, el que muestra u oculta. El texto da así la impresión de ser fruto de una doble autoría. Si encierra una verdad, esta es la documentación de una compleja relación madre-hijo.

Nos encontramos con una desagradable negligencia. No se explica a quiénes corresponden los nombres, las secuencias temporales resultan confusas. Uno adivina la desdicha de una niña solitaria: “¿Y qué significa ser joven de edad y percibir de repente la tortura, la intensidad de la vida?”, escribe el 29 de julio de 1948.

(…) ¿Qué pensaría hoy al verse reflejada en estos primeros diarios? En la Nochevieja de 1948 escribió: “He leído otra vez estas libretas. ¡Qué desoladoras y monótonas resultan! ¿No podré escapar nunca de esta tristeza infinita por mi persona? Todo mi ser parece estar tenso, expectante…”.

El yo del diario aparece como un extraño a ojos de quien lo escribe. Ha sido creado por ella misma en un ejercicio de desdoblamiento anhelante. “Estoy sola”, escribe en un pasaje.

El País.

Entrevista a Susan Sontag

Esta entrevista a Susan Sontag es de 2003, la dio en Barcelona a partir de la publicación de su libro Ante el dolor de los demás. Está bastante bien, es muy personal, habla de sí misma, de su relación con los jóvenes, de literatura, del sufrimiento,… Nos deja un puñado de sabios consejos.

He sacado algunas cosas de lo que más me ha gustado. (La traducción es un poco libre).

¿Por qué has pasado tres años en Sarajevo?
Pienso que una buena vida incluye, en medida de lo posible, salir de tu propia vida y hacer algo por otra gente. No tienes por qué ir a la guerra, puede que decidas, sencillamente ir una vez a la semana a una casa de acogida aquí en Barcelona para mujeres maltratadas, no hace falta que vayas a otro país ni a un lugar peligroso, pero creo que toda vida debería tener un tiempo dedicado a ayudar a otra gente.

Lo fantástico de escribir novelas es que puedes poner todas tus opiniones contradictorias en la novela y dárselas a distintos personajes. Hay personajes en mi novela que piensan que América es maravillosa, hay otros que piensan que América es horrible y también los hay que están en un término medio. La verdad es que yo tengo esas contradicciones, no tengo una única opinión sobre América. Estoy muy enfadada con el gobierno americano, con la dirección del país bajo el liderazgo del actual presidente pero claro que hay cosas maravillosas en América. Pero la verdad es que no soy nacionalista de ningún tipo, estoy en contra de todo nacionalismo. Creo que el estado perfecto es estar en casa en cualquier sitio o no estarlo en ninguno. Que todos los lugares sean criticables o que todos te hagan sentir como en tu casa.

Lo que le pasa a la mayoría de la gente cuando se hace mayor es que va perdiendo la sensación de lo que es posible. Cuando eres un niño o muy joven tienes un enorme sentido de la posibilidad y luego parece que a medida que la vida va pasando, te golpea en la cabeza y te dice “no seas un soñador, recuerda tus límites, no puedes hacer esto o aquello”. Así que es casi como luchar contra la gravedad, tienes que luchar contra las consecuencias de hacerte mayor. Pero la verdad es que sí que puedes hacerlo si dejas un lugar para la imaginación y para la posibilidad y si estás dispuesto a aceptar que haya una cierta distancia del camino que normalmente lleva la gente. Si vas a ser una persona creativa vas a estar de algún modo en desacuerdo con la forma en la que van muchas cosas en la sociedad. A la gente no le gusta estar en desacuerdo, no les gusta ser criticados y no les gusta ser diferentes. Y toda esta lucha es mucho más difícil si además eres mujer porque parece como si toda la sociedad fuera una conspiración para decirte “no lo hagas”.

Viajo mucho porque quiero entender la vida de otra gente que no son yo y no lo hago para escribir sobre ello sino porque me interesa como ser humano. Creo que es terrible vivir con tus propios privilegios, yo no quiero estar cómoda, creo que es muy importante estar INcómoda, porque la comodidad aísla y la finalidad de la mayoría de la gente es estar cada vez más cómoda y segura. Una vida libre es aquella en la que estás dispuesto a estar incómodo e inseguro en muchas ocasiones.

 

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¿Qué es esto?

Entrevista a Susan Sontag.

Esta entrevista la dio en el 2003 en Barcelona, creo que a partir de la publicación de su libro Ante el dolor de los demás. Está bastante bien, es muy personal, habla de sí misma, de su relación con los jóvenes, de literatura, del sufrimiento,… Nos deja un puñado de sabios consejos 😉

He sacado algunas cosas de lo que más me han gustado. (La traducción es un poco libre).

¿Por qué has pasado tres años en Sarajevo?
Pienso que una buena vida incluye, en medida de lo posible, salir de tu propia vida y hacer algo por otra gente. No tienes por qué ir a la guerra, puede que decidas, sencillamente ir una vez a la semana a una casa de acogida aquí en Barcelona para mujeres maltratadas, no hace falta que vayas a otro país ni a un lugar peligroso, pero creo que toda vida debería tener un tiempo dedicado a ayudar a otra gente.

Lo fantástico de escribir novelas es que puedes poner todas tus opiniones contradictorias en la novela y dárselas a distintos personajes. Hay personajes en mi novela que piensan que América es maravillosa, hay otros que piensan que América es horrible y también los hay que están en un término medio. La verdad es que yo tengo esas contradicciones, no tengo una única opinión sobre América. Estoy muy enfadada con el gobierno americano, con la dirección del país bajo el liderazgo del actual presidente pero claro que hay cosas maravillosas en América. Pero la verdad es que no soy nacionalista de ningún tipo, estoy en contra de todo nacionalismo. Creo que el estado perfecto es estar en casa en cualquier sitio o no estarlo en ninguno. Que todos los lugares sean criticables o que todos te hagan sentir como en tu casa.

Lo que le pasa a la mayoría de la gente cuando se hace mayor es que va perdiendo la sensación de lo que es posible. Cuando eres un niño o muy joven tienes un enorme sentido de la posibilidad y luego parece que a medida que la vida va pasando, te golpea en la cabeza y te dice “no seas un soñador, recuerda tus límites, no puedes hacer esto o aquello”. Así que es casi como luchar contra la gravedad, tienes que luchar contra las consecuencias de hacerte mayor. Pero la verdad es que sí que puedes hacerlo si dejas un lugar para la imaginación y para la posibilidad y si estás dispuesto a aceptar que haya una cierta distancia del camino que normalmente lleva la gente. Si vas a ser una persona creativa vas a estar de algún modo en desacuerdo con la forma en la que van muchas cosas en la sociedad. A la gente no le gusta estar en desacuerdo, no les gusta ser criticados y no les gusta ser diferentes. Y toda esta lucha es mucho más difícil si además eres mujer porque parece como si toda la sociedad fuera una conspiración para decirte “no lo hagas”.

Viajo mucho porque quiero entender la vida de otra gente que no son yo y no lo hago para escribir sobre ello sino porque me interesa como ser humano. Creo que es terrible vivir con tus propios privilegios, yo no quiero estar cómoda, creo que es muy importante estar INcómoda, porque la comodidad aísla y la finalidad de la mayoría de la gente es estar cada vez más cómoda y segura. Una vida libre es aquella en la que estás dispuesto a estar incómodo e inseguro en muchas ocasiones.

Entrevista a Susan Sontag.

Cotilleando por internet me he encontrado esta entrevista. Es muy larga, así que he quitado algunos trozos y he añadido algunas fotos de las que hablan.   

La necesidad de la imagen: entrevista con Susan Sontag. (Por Arcadi Espada)   

(…) AE: “Encuadrar es excluir”, dice usted en un momento del libro.
SS: Sí, la exclusión puede ser tan significativa y ruidosa como la inclusión.   

AE: Desde luego, pero querría preguntarle si no cree que esa selección puede reunir un grado tal de objetividad que lo que se excluya sea irrelevante.
SS: No pienso en fotografías de una forma tan abstracta. Cada proyecto fotográfico tiene una intención particular. Y está rodeado de una gran cantidad de contextos particulares. Pienso en la fotografía, tan famosa, de la caída de la estatua de Sadam en el centro de Bagdad. ¿La recuerda?   

AE: Sí, la estatua cayendo…
SS: La estatua cayendo, derribada, y en torno a ella un grupo de personas mirando satisfechas. No eran más de veinte personas, pero la peculiaridad del encuadre hacía creer que esas personas eran como una sinécdoque de la plaza. El espectador creía que la plaza estaba repleta de gente que aplaudía satisfecha el momento simbólico de la caída de la estatua del dictador. Era un momento muy importante porque las tropas norteamericanas acababan de entrar en Bagdad. Bien: recordará usted todo eso. Bueno, pues lo cierto es que esas veinte personas eran las únicas que estaban en la plaza. Yo he visto otras fotografías de aquel momento, en la plaza, tomadas con gran angular. La plaza está prácticamente vacía.   

AE: Pues en ese caso la foto era falsa. Porque resulta contradictoria con lo que excluye.
SS: ¿Contradictoria? Yo hablaría más bien de énfasis. Ese encuadre pone el énfasis en un lugar… Otra fotografía, otro encuadre. La niña quemada por un bombardeo de napalm en una carretera de Vietnam. La foto forma parte de un paisaje mucho más grande. La carretera está abarrotada de gente que huye despavorida y ella es una más en la tragedia. Naturalmente, el hecho de centrarse en una parte de la imagen y excluir el resto es una forma de dirigir el significado de la foto, de subrayar lo que se pretende que vea el espectador. Luego hay otra cosa importantísima: las fotos no llegan desnudas ni se muestran desnudas. El pie de foto, el contexto donde la foto aparece, quién la está contemplando y por qué, todo eso es fundamental para configurar el sentido definitivo que la foto acabe adoptando.(…)   

AE: Resumiendo: encuadrar es excluir pero no siempre con las mismas consecuencias.
SS: Desde luego. Si no, todas las fotos inducirían a error. Y no todas las fotografías son erróneas ni mienten. Yo no digo esto. No tendría sentido decir una cosa así.   

AE: En cuanto a la objetividad…
SS: La objetividad no es un término que yo tenga en gran estima. No creo que explique demasiado. En parte porque es un elemento polarizado, parte de una dicotomía. En el momento en que dices objetivo obligas a hablar de subjetivo. Y no es eficaz. Es, como si dijéramos, una alternativa demasiado cruda. Y no creo que sea la forma correcta de hablar de fotografía. Lo que hay que buscar en las fotografías es que sean capaces de darnos la mayor cantidad de información posible sobre una situación cualquiera que se ha producido, que ha sido real. Entendiendo siempre, claro está, que sobre una situación real la información será siempre incompleta. Yo creo que la tensión entre objetividad y subjetividad crea muchos problemas falsos, y que la primera obligación de cualquier análisis es evitar la posibilidad de que aparezcan problemas falsos.(…)   

James Natchwey, 11S

 

AE: La ausencia de fotos en la catástrofe del 11 de septiembre. De fotos de cadáveres…
SS: Me pareció muy mal. Yo soy partidaria de que circule siempre la mayor información posible.   

AE: Aunque sea brutal.
SS: Las fotos brutales exigen una brutalidad previa que es necesario conocer. Con la que es necesario encararse. Una sociedad democrática debe someterse a ese tipo de ejercicios. Si no se convierte, en cierto sentido, en una sociedad cómplice de la brutalidad.(…)   

AE: ¿Por qué deberíamos verlo?
SS: Si se parte de la idea de que hay fotos que ayudan a entender la realidad, la cuestión se aclara. Aunque no de una manera contundente, absoluta, porque siempre habrá resquicios por donde se colarán los derechos y los sentimientos de los otros. En realidad mi libro está dedicado a saber cuánto puede mostrarse de lo real. A mi entender esta es una pregunta clave.   

Nic Ut, 1972

 

AE: De la guerra puede mostrarse muy poco, dice usted repetidamente.
SS: La guerra. Las fotos nos transmiten una cierta imagen de la guerra, vinculada al acontecimiento, al estallido, a una acción determinada. Pero lo crucial de la guerra es lo que sucede después. ¿Cómo se fotografía lo que sucede después? O pensemos en la hambruna de África. ¿Cómo se fotografía el hambre, más allá de las circunstancias agónicas de estos niños esqueléticos que vemos cíclicamente cuando en un poblado o una región determinada la situación se desborda? Bueno, éste es un problema muy importante. Mucho más importante que si a raíz de un hecho concreto se muestran o no determinadas fotos que puedan ofender el gusto, la moral o la sensibilidad.(…)   

AE: Permítame que le lea a los lectores la cita de Hazlitt, a propósito de la atracción de la maldad: “¿Por qué —se pregunta Hazlitt— siempre leemos en los periódicos las informaciones sobre incendios espantosos y asesinatos horribles?” Y responde: “Porque el ‘amor a la maldad’, el amor a la crueldad, es tan natural en los seres humanos como la simpatía”.
SS: Sí, me parece que Hazlitt tiene razón. Y Burke, que decía que las desgracias de los demás nos procuraban placer.   

AE: ¿No le parecen apreciaciones algo cargadas de malditismo literario?
SS: No, la verdad. (…)   


AE: Insisto: ¿no cree que hay alguna literatura que va muy cargada de demonio? El propio Bataille, que usted también cita a propósito de la foto del prisionero sometido a la tortura mortal de los cien cortes.
SS: Me es indiferente. En realidad la literatura me es indiferente. Diga que cito porque queda bien.   

AE: Muy bien.
SS: Yo parto de la realidad. Ni me interesa Hazlitt, ni Burke, ni Bataille, ni Baudelaire, ni el malditismo, ni lo demoníaco, ni nada de eso. ¿Sabe lo que a mí me interesa?   

AE: ¿…?
SS: Ruanda.   

AE: El genocidio.   

SS: El genocidio a cuchillo de Ruanda. La literatura es totalmente secundaria. A mí me interesa la realidad. En seis semanas, ochocientas mil personas, OCHOCIENTAS MIL PERSONAS, fueron asesinadas en Ruanda. Por sus vecinos. POR SUS VECINOS. Cada una de esas personas murió de una manera individualizada, pasada a cuchillo. Mire la historia de la humanidad. Mírela fijamente: ¡le importa un rábano lo que dicen los escritores! Ruanda. ¿Sabe usted lo que es Ruanda?   

AE: No, no lo sé.
SS: Ruanda es un pequeño país. Un pequeñísimo país. Más pequeño que Cataluña. Y con un noventa y cinco por ciento de sus habitantes que son católicos. ¿Para qué tengo que leer a Baudelaire?   

AE: ¿…?
SS: Yo no apelo a la autoridad del intelectual. Insisto en que nadie ha escuchado al intelectual. Tenemos que redescubrir el retorcimiento de los seres humanos. Yo cito a estos escritores no para refugiarme en su autoridad, sino sobre todo para decir qué extraño es que sigamos redescubriendo a cada paso lo mismo. Qué extraño es que redescubramos lo evidente. Qué extraño es que no nos hayamos convertido todavía en adultos morales o psicológicos. Lo siento: me siguen sorprendiendo estas crueldades indescriptibles de los seres humanos.   

AE: Mostrar el dolor. Hace treinta años dijo usted en Sobre la fotografía que la exhibición repetida del dolor anestesiaba la percepción.
SS: Siempre estoy en discusión conmigo misma. Hoy mismo ya me discuto cosas de este último libro. Imagínese lo que pienso de lo que escribí hace treinta años. Pero, en fin, creo que no es cierto que la exhibición de las imágenes del dolor anestesien la conciencia del hombre.   

AE: Este punto de vista acabó convirtiéndose en un lugar común. Hay muchos directivos en los periódicos que se niegan a exhibir cadáveres invocando su punto de vista, aunque no sepan que es suyo.
SS: Sí, parece que ha llegado a convertirse en un lugar común.   

AE: ¿Qué le hizo cambiar de opinión?
SS: La realidad. La imagen de Cristo, por ejemplo. ¿Cuántos años llevan sus fieles contemplando ese hombre ensangrentado, agonizante, desnudo, a tamaño natural? Si fuera cierto que nos acostumbramos al sufrimiento, hace mucho que los católicos habrían dejado de conmoverse. No lo han hecho. Esto es lo real. A veces tenemos que someter lo que pensamos a este tipo de verificaciones decisivas. Si te sientes comprometido con determinadas imágenes, las hayas visto una o cien veces seguirás sufriendo. (…)   

Sebastiao Salgado

 

AE: ¿Cree que la belleza es un término operativo en este tipo de imágenes?
SS: Una foto puede ser terrible y bella. Otra cuestión: si puede ser verdadera y bella. Este es el principal reproche a las fotografías de Sebastiao Salgado. Porque la gente, cuando ve una de esas fotos, tan sumamente bellas, sospecha. Con Salgado hay otro tipo de problemas. Él nunca da nombres. La ausencia de nombres limita la veracidad de su trabajo. Ahora bien: con independencia de Salgado y sus métodos, no creo yo que la belleza y la veracidad sean incompatibles. Pero es verdad que la gente identifica la belleza con el fotograma y el fotograma, inevitablemente, con la ficción. (…)   

AE: Usted suele hablar bien del periodismo. Más allá de sus simulacros, ¿cree que el periodismo nos ha hecho más solidarios al extender el dolor de los demás?
SS: Todo en el siglo veinte ha sido un arma de doble filo. También el periodismo. Es verdad que nos ha permitido saber de los otros, de sus tragedias y de sus necesidades. Pero también ha contribuido a una globalización cultural y moral que en buena parte está asentada sobre premisas falsas. El periodismo ha llenado nuestra vida de imágenes falsas. Es verdad: tenemos una idea de lo que pasa en el mundo como nunca nadie la tuvo antes. Pero a veces esa idea es demasiado nominal. Y se mezcla con la propaganda. Ya ve usted que voy de un extremo a otro. De un filo a otro. Aunque quizá lo peor de esta propaganda diseminada por el periodismo sea este mensaje: “Esto es lo que hay en el mundo, ahora ya lo conoces, pero poco puedes hacer para cambiarlo”. Esta impotencia. Este aviso de que el conocimiento de las cosas no se transforma en una energía para cambiarlas. La posibilidad, incluso, de que tanto y tan variado conocimiento llegue a aturdirnos y a reforzar la impresión de que el cambio es más complejo de lo que es en realidad. Porque luego es cierto que observadas las cosas de cerca, una a una, no parecen tan complejas.   

AE: Sí, la saturación, el agobio mediático.
SS: Y la posibilidad de que los horrores puedan acabar convirtiéndose en un espectáculo. Yo defiendo el periodismo. Soy una gran defensora del periodismo. Viví en Sarajevo al lado de los periodistas. Comprobé cómo trabajan. Puedo decir que la mayoría de ellos son gente honrada. Y, sobre todo, no son gente endurecida, como quiere el tópico, sino que tratan de contribuir con su trabajo a la mejora de las condiciones de vida generales. Cuando la gente habla de la corrupción del periodismo hay que mirar en muchas direcciones. También en la dirección de los propietarios de los periódicos. O sea que, en este sentido, Baudrillard y demás podrían tener su parte de razón, cuando sugieren que debido a esta corrupción el común de los hombres se vería en dificultades crecientes para distinguir entre las imágenes y la realidad. Pero esa visión siempre sugiere un menosprecio de lo real, y del que sufre lo real, falso: aun hipnotizada, drogada, la gente no pierde el sentido de lo real.   

AE: La gente…
SS: Déjeme explicarle un anécdota significativa. Mire, después del ataque a las Torres Gemelas, varios grupos de personas que habían conseguido escapar fueron apareciendo por las calles. Los iban entrevistando las cámaras de televisión. Estaban todos ellos cubiertos de ceniza, agobiados, aterrorizados. Les ponían el micrófono en la boca y les preguntaban cómo se sentían, cómo había sido, esas cosas. Algunos de ellos explicaban: “Ha sido como una película”. ¿Quiere eso decir que lo real y lo ficticio ya no se distinguen? En absoluto. Esa fue una interpretación muy extendida en aquellos días, pero falsa. Lo cierto es que cuando se produce un trauma de estas características se tarda un poco en absorber la realidad. Hace cien años estas gentes habrían dicho que era como un sueño. Hoy dicen que como una película. Pero a nadie de aquellos que salían se le habría ocurrido dudar de que aquello fuese cierto. Sólo decían que les sorprendía mucho que lo que habían visto en las películas se hiciese de pronto realidad. Era su forma de significar la magnitud de la catástrofe. No de significar sus dudas. Lo que importa de las personas son las experiencias propias. ¿Me deja que le cuente otra anécdota?   

AE: Y mil que contara.
SS: 1969, en el sur de Marruecos. Pleno desierto. Una pequeña cabaña con luz eléctrica y un café con televisión. Armstrong acaba de pisar la Luna. Yo me acerco al hombre que sirve el café. Por la tele se ven los saltitos de los astronautas. Yo se lo comento al hombre: “¡Es fantástico, la gente está en la Luna!” Mueve la cabeza y dice que no. “¡Cómo que no!”, le digo y casi le obligo a salir fuera, y mirar al cielo, donde brilla la Luna. “¡Están ahí!”, le digo, señalando indistintamente la Luna y la televisión. El hombre se ríe, me mira y me dice: “¡Qué va: es sólo televisión!” En cierto modo está bien fiarse de las experiencias personales.   

AE: Al final del libro dice usted que la guerra es inefable.
SS: Sí, me acuerdo.   

AE: Es desmoralizador.
SS: ¿Por qué?   

AE: Es desmoralizador que el arte no sirva en los momentos gigantescos.
SS: No es cero o cien. No se trata de que no sirva. Se trata de que cualquiera que haya visto la guerra sabe que su representación poco tiene que ver con ella. Sí, está Tolstoi, está Goya. Pero no estaban allí. El ruido, por ejemplo, el ruido de la guerra. Si no ha estado no puede imaginárselo. Como un concierto de rock en el que usted estuviera con la oreja pegada al altavoz y multiplicado ese ruido por cinco. ¿Donde está ese ruido? ¿En qué cine? ¿En qué sala de concierto? ¿En qué teatro? El arte sólo es un gesto en la dirección de esas experiencias. Un gesto solo, aunque imprescindible.

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