Posts Tagged ‘ Fotoperiodismo ’

Cinco principios básicos que guían a Moisés Saman como fotógrafo

Cinco principios que guían a Moises Saman como fotógrafo

Moisés Saman. Un niño se cubre los ojos en una tormenta de arena al sur de la ciudad Kandahar, Afganistán, 2005.

Como fotoperiodista, me interesa buscar las cosas positivas que tiene en común el espíritu humano, sacar a la luz esos momentos íntimos que nos recuerden la dignidad y la esperanza encarando el conflicto.

Cinco principios de Moises Saman como fotógrafo

Moisés Saman. Una pareja anda de la mano por una zona de Puerto Príncipe devastada por un terremoto. Haiti, 2010.

1.- Nunca estés demasiado cómodo con el trabajo que haces. No me refiero a ser negativo o inseguro pero siempre deberías esforzarte por ser mejor.

Cinco principios que guían a Moises Saman como fotógrafo

Moisés Saman. Afganos intentan ver al vicepresidente de Afganistán. Marja, Afganisthan, 2010.

2.- Sé humilde.

Cinco principios que guían a Moises Saman como fotógrafo

Moisés Saman. Soldados estadounidenses arrodillados delante de una cortina de humo de un helicóptero aterrizando. Marja, Afganistán, 2010.

3.- Aprende a cocinar, a montar a caballo, a hacer surf… Básicamente ten una vida fuera de tu trabajo que no tenga absolutamente nada que ver con la fotografía.

Cinco principios que guían a Moises Saman como fotógrafo

Moisés Saman. Niño con un rifle corre por el cementerio británico durante una tormenta de arena. Bagdad, Irak, 2003.

4.- Lee novelas, ve muchas películas, encuentra inspiración en la música, la literatura, la escultura y luego aplícalo a tu fotografía.

Cinco principios que guían a Moises Saman como fotógrafo

Moisés Saman. Columna de humo se levanta en Gaza durante un bombardeo israelí. Franja de Gaza, Palestina. 2009.

5.- Sé honesto.

Cinco principios básicos que guían a Moises Saman como fotoperiodista

Moisés Saman. Soldado estadounidense visto con unas gafas de visión nocturna. Khost, Afganistán, 2005.

Trabajo de Moisés Saman en Magnum Photos.

Fuente: IdeasTap

Cinco principios básicos Moisés Saman como fotógrafo

Cinco principios que guían a Moises Saman como fotógrafo

Moisés Saman. Un niño se cubre los ojos en una tormenta de arena al sur de la ciudad Kandahar, Afganistán, 2005.

Como fotoperiodista, me interesa buscar las cosas positivas que tiene en común el espíritu humano, sacar a la luz esos momentos íntimos que nos recuerden la dignidad y la esperanza encarando el conflicto.

Cinco principios de Moises Saman como fotógrafo

Moisés Saman. Una pareja anda de la mano por una zona de Puerto Príncipe devastada por un terremoto. Haiti, 2010.

1.- Nunca estés demasiado cómodo con el trabajo que haces. No me refiero a ser negativo o inseguro pero siempre deberías esforzarte por ser mejor.

Cinco principios que guían a Moises Saman como fotógrafo

Moisés Saman. Afganos intentan ver al vicepresidente de Afganistán. Marja, Afganisthan, 2010.

2.- Sé humilde.

Cinco principios que guían a Moises Saman como fotógrafo

Moisés Saman. Soldados estadounidenses arrodillados delante de una cortina de humo de un helicóptero aterrizando. Marja, Afganistán, 2010.

3.- Aprende a cocinar, a montar a caballo, a hacer surf… Básicamente ten una vida fuera de tu trabajo que no tenga absolutamente nada que ver con la fotografía.

Cinco principios que guían a Moises Saman como fotógrafo

Moisés Saman. Niño con un rifle corre por el cementerio británico durante una tormenta de arena. Bagdad, Irak, 2003.

4.- Lee novelas, ve muchas películas, encuentra inspiración en la música, la literatura, la escultura y luego aplícalo a tu fotografía.

Cinco principios que guían a Moises Saman como fotógrafo

Moisés Saman. Columna de humo se levanta en Gaza durante un bombardeo israelí. Franja de Gaza, Palestina. 2009.

5.- Sé honesto.

Cinco principios básicos que guían a Moises Saman como fotoperiodista

Moisés Saman. Soldado estadounidense visto con unas gafas de visión nocturna. Khost, Afganistán, 2005.

Trabajo de Moisés Saman en Magnum Photos.

Fuente: IdeasTap

Gallo en el mercado de Alay. Gueorgui Pinkhassov

Gallo en el mercado de Alay. Gueorgui Pinkhassov

Mercado Alay, Tashkent, Gueorgui Pinkhassov, 1992.

He oído que muchos fotógrafos han intentado imitar esta fotografía desde que la hice hace 20 años. Creo que si pones todas esas imágenes en fila junto a ésta y le pides a alguien que elija la mejor, la mía no sería la primera, quizás fuese elegida como la peor.

Mi padre nació en Tashkent y, cuando hice esta foto, estaba allí con mi tío. Tenían gallinas en el jardín y lo acompañé al bazar Alay, el más antiguo de la ciudad, para comprar algunos polluelos. El viejo tejado estaba en ruinas y lleno de agujeros, cañonazos de intensa luz del sol brillaban por todos lados. La cabeza del gallo se movió a uno de esos rayos por casualidad. Lo vi y rápidamente cogí mi cámara y le hice una foto. No pensé en la composición, fue sólo una acto reflejo –como dijo Cartier-Bresson, un fotógrafo no debería pensar, simplemente usar su intuición. Casi todo el fondo y los detalles indeseados fueron arrojados a la sombra, escondiendo elementos superfluos.

La película que usé, una Kodachrome de 200 ASA, produjo un alto contraste y sacó muy bien los rojos, lo que ayudó. Normalmente hago muchas tomas, pero esta vez hice sólo tres fotografías; en la segunda, el gallo cerró los ojos y movió la cabeza en la tercera. Sentí que el gallo se aburría de tenerme allí y sentí cierta empatía por él. Cuando la miro ahora, el duro contraste entre la luz y la sombra, hace que parezca un fotomontaje. Parece como si la cabeza del gallo se hubiese pegado a otra foto.

Cuando empecé como fotoperiodista, trabajaba como cámara en el Mosfilm (Estudio cinematográfico famoso en Rusia). Mi vecina estaba estudiando periodismo y tenía que escribir una reseña de la película Solaris de Andrei Tarkovsky. Yo nunca había visto ninguna de sus películas y sólo había oído muy malas críticas. Me pidió que fuera con ella a una proyección y accedí reacio. Me dejó plantado y, aunque estaba cabreado, entré a ver la película de todas formas. Mis amigos me habían dicho que no aguantaría más de 15 minutos pero fui el único que se quedó en la sala hasta el final. Todo en aquella película me hablaba de alguna manera; sentí que había alguien que era completamente libre para expresarse a sí mismo a través de su arte.

Gallo en el mercado de Alay. Gueorgui Pinkhassov

Solaris, Andrei Tarkovsky, 1972

Solaris me cambió la vida: me acerqué a la fotografía desde una nueva perspectiva, mis tomas eran completamente diferentes a todas las que había hecho antes. Amigos que vieron mis nuevas fotos comentaron que parecían tarkovskianas, lo que me tomé como un halago. Nunca me imaginé llegar a conocer a Tarkovsky en persona, aunque trabajásemos en el mismo lugar. Tuve la suerte de que una amiga de mi novia era amiga suya y aceptó enseñarle mis fotos; me dijo que le habían gustado.

Cuando al final lo conocí, me sorprendí cuando me dijo que en realidad no le gustaba mi trabajo, que pensaba que el trabajo de Cartier-Bresson era la fotografía verdadera – fotoperiodismo, capturar el momento. Nunca había oído hablar de Cartier-Bresson; no era conocido en la URSS en aquella época. Tarkovsky me dijo que vivíamos en una sociedad cerrada, pero que las cosas podrían cambiar pronto y que necesitaríamos fotoperiodistas, no fotógrafos de paisaje. Seguí su consejo, cambié de dirección y salí con mi cámara Zorki y mi objetivo Russar. Fue difícil – la gente de la unión soviética era desconfiada y se sentía incómoda cuando la gente se acertaba a ellos- pero un mundo completamente nuevo se abrió para mí. Fui testigo de acontecimientos importantes. Tarkovsky me ayudó a convertirme en fotoperiodista.

Punto culminante: Ser nominado para entrar en la agencia Magnum. A veces me pregunto qué pensaría la gente de mi trabajo si no fuese miembro.

Gallo en el mercado de Alay.  Gueorgui Pinkhassov

En el río Yauza, Moscú, Gueorgui Pinkhassov, 1995

Traducción del artículo de Guardian My best shot

Paul Graham por Paul Graham (I). Rompiendo las reglas

A1, The Great North Road

A1, The Great North Road

Mi trabajo comienza leyendo y viajando. Disparo continuamente. Siempre lo he hecho (…) No tengo nada concreto en la cabeza. No intento hacer una fotografía que ilustre esa “gran idea”. Si no, no saldría. Simplemente doy vueltas cada día y fotografío. Veo tanta intensidad a mi alrededor que quiero atraparla, coger toda esa corriente, esa energía (…) Quiero llevar esa experiencia al mundo, ese momento maravilloso (…) Por buscar una analogía rápida, es como la imagen de un río. Lo ves y puedes sacar unas fotos preciosas. Puedes coger un poco de agua en una jarra y fotografiarla. Será bello. Pero cuando te metes dentro del río y te pones en medio y ves cómo el agua se separa para rodear tu cuerpo y luego unirse detrás de ti como si no existieras, como si nunca hubieras existido, es algo tan hermoso… Es hermoso ver cómo la vida se acerca a ti y te rodea, cómo te toca… eso es lo que quiero llevar a mis fotografías.

Recuerdo “descubrir “ la fotografía (…) Tenia 19 años, entré a una tienda de revistas y encontré Creative Camara, en ese tiempo una gran revista. Recuerdo el shock al ver fotografía seria. Fue una revelación (…) Es muy raro cuando inmediatamente sientes empatía hacia algo. Solo sientes que lo has entendido completamente, que resuena dentro de ti.

A1, The Great North Road

A1, The Great North Road

En cuatro años publiqué tres libros, A1, Beyond Caring, and Troubled Land, gracias a la ilimitada energía de la juventud, sin duda.

(…) The Great North Road se publico en 1983. Fue un viaje recorriendo la principal arteria del Reino Unido (…) trataba de mostrar la igualdad física de un territorio, de un paisaje, y la desigualdad de caracteres existentes a un lado y a otro de una autopista que parece normal pero que, sin embargo, delimitaba un espacio en conflicto.

(…) Formato grande en color, paisajes, retratos, edificios, etc. El libro resultó bastante ingrato a la tradición del blanco y negro. Se ha olvidado lo radical que era trabajar en color en el marco de la tradición documental social. Ahora es algo muy común. ¿Se preguntará la gente cual era el problema?

A1. The Great North Road

A1. The Great North Road

Beyong caring era una lucha verbal, de cierta forma se enfrentaba a la violencia que la economía tacherista  había hecho a una gran parte de la población  a los comienzos de los ochenta (…) Era mi situación personal. Yo estaba desempleado.

(…) La utilización del color en las fotografías de Beyond Caring restaban dramatismo a las escenas de parados y oficinas de empleos típicas de mi juventud. Si las hubiera hecho en blanco y negro, la lectura hubiera sido unívoca: es una fotografía crítica, es una escena trágica. No sé si lo mío es “fotografía artística” al uso, pero desde luego no es “fotoperiodismo”.

Beyong Caring

Beyong Caring

En 1985 di una charla a estudiantes de fotografía en la Escuela de Arte de Newport y uno de los profesores calificó Beyond caring como pernicioso. Con esto, yo creo que quería decir que era insultante al orden establecido de trabajo, que era usar una Leica, tomar fotos en blanco, y tener una manera de tomar fotos establecida.

Beyong Caring

Beyong Caring

Troubled Land trata sobre Irlanda del Norte (…) La primera vez que fui al Irlanda del Norte tomé todas aquellas fotografías de murales y de carros blindados bajando la calle, volví pensando que tenía todas aquellas fotografías grandiosas. Pero si eres honesto y autocrítico, que es un gran requerimiento, pronto te das cuenta que son como cualquier otra fotografía que hayas visto, esto es lo que me paso a mi. Entonces había una fotografía que no era como el resto. Fue esta casi ignorada fotografía. Fue la puerta, aquélla que uno tiene que abrir para reconocer, aprovechar y darse cuenta de su potencial.

Roundabout, Andersonstown, Belfast 1984Troubled Land

Roundabout, Andersonstown, Belfast 1984
Troubled Land

Roundabout, es una combinación de fotografía de paisaje y de guerra, usando pequeños y seductores paisajes para revelar los detalles (…) Donde simplemente se ve un sucio suburbio de la periferia de Belfast, donde todo parece banal, por lo menos para alguien familiarizado con la topología de las islas Británicas, entonces te das cuenta que las luces han sido reventadas, los posters están situados muy altos y nadie puede tocarlos, la rotonda está destrozada, hay un graffiti nacionalista en la valla; y finalmente ves los soldados, uno corriendo en la rotonda, otros en la parte derecha alejándose, metidos en una escena diaria. Así el inventario no es realmente correcto, lo que parece ordinario es bastante extraordinario.

(…) No era como se supone que se debe de encuadrar la acción en estas situaciones. No me había acercado al incidente, todo estaba distante y disperso (…) Se supone que tenías que estar allí, corriendo con el soldado en primera línea. Con estas imágenes me di cuenta que puedes hacer lo contrario. En vez correr con el soldado, puedes volverte atrás y mostrar el entorno.

(…) Tenía que retornar la acción en su contexto. Rompí muchas de la reglas no escritas.

Troubled Land

Troubled Land

Traté de recoger todos aquellos signos, nada inocentes, que marcan la ideología de un espacio. Por ejemplo, cómo los bordillos de un aparcamiento estaban pintados con una bandera unionista o republicana, en un gesto que parece simplemente decorativo pero que está cargado de una gran violencia.

Troubled Land

Troubled Land

Son pedazos de tierra en la cabeza de las personas. Unos lo ven como el Reino Unido, otro como Irlanda. No es una frontera física, sino psicológica, a pesar de que veamos ciertos “avisos”, ciertos “signos”, que indican qué y cómo considera cada uno el territorio en el que se encuentra.

(…) Es aún más notorio cuanto más absurdos son esos signos, como la imagen de un árbol centenario que debía medir treinta metros y sobre el que alguien se había tomado la molestia de atar una bandera, la Union Jack, en la última rama de lo más alto de su copa.

Troubled Land

Troubled Land

Algunas personas se quedaron muy preocupados con Troubled land, ahora es muy difícil imaginar la causa de todo esto. La manera de trabajar, mezclando fotografía de paisaje y guerra ahora está totalmente aceptada, hay muchos fotógrafos haciendo esto, Pero si volvemos atrás, la gente decía: “te estás pasando de la raya, estás mezclando reportaje y paisaje, es todo acerca de ti como artista, y no sobre el problema o el sitio”. Era una manera muy dura de criticarlo.

(…) Después de Troubled land fue invitado a numerosos territorios conflictivos y me ofrecieron muchas oportunidades de producir paisajes con detalles de conflictos secretos, en Sudáfrica, Israel, América Central y muchos lugares más. Podría haber repetido el mismo concepto durante mucho tiempo, pero para mi eso era como una muerte creativa. No pude hacer eso. Posiblemente hubiera estado mejor financiado de lo que estuve, pero no pude hacerlo.

(…) Para mejor o para peor, soy uno de esos artistas que cuando algo está  “probado” tiene que dejarlo ir y encontrar otro camino para enfrentarme a mi mismo.

Beyong Caring

Beyong Caring

Doy algunas clases en la universidad de Yale, y siempre les estoy diciendo a mis estudiantes: “No caer en la trampa de intentar hacer fotografías como las que se veis en las galerías. Se supone que deberíais estar haciendo aquellas que vamos a estar viendo dentro de diez años.” Tienes que encontrar algo único, interesante y diferente. Esto no significa que tengas que poner la cámara boca abajo, pero encuentra algo que te confunda, que no sea cómodo. En el momento en que parezca cómodo, seguro y que podría haber sido expuesto elegantemente en cualquier galería en la última década, entonces probablemente sea demasiado seguro.

(…) Se qué tipo de trabajo me fascina de fotografía  (…) donde la idea y la realidad chocan entre sí, donde la sensibilidad se une con lo efímero; eso es lo que me inspira, y es el legado al que aspiro a contribuir. Tal vez, a una escala muy básica, solo me hago la misma humilde pregunta que se han hecho tantos grandes fotógrafos antes que yo: “¿cómo es el mundo?”.

Beyong Caring

Beyong Caring

Fuentes:

Esos relámpagos de cotidianidad. Entrevista con Paul Graham.

Paul Graham, Europe: America, Fundacion Botin, Spain, 2011.

Paul Graham, Contemporary Artists monograph, Phaidon Press, 1996.

Paul Graham, SteidlMACK, 2009.

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Citas: Paul Graham

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Entrevista a Enrique Meneses

Antes de nada, disculpad porque hace ya más de un año que hicimos esta entrevista. La grabamos en vídeo, no salió bien y al final lo más efectivo ha sido hacerlo como siempre, transcribiéndola. Espero que disfrutéis de  las mil historias que Enrique tiene para contar.

Chiara Camberra

¿Cuál crees que debe ser la función principal de la fotografía?

Comunicar, igual que escribir. Todo acto humano es información, incluso la publicidad.  Podríamos decir que la publicidad es el hecho de informar a un posible cliente de que un producto es mejor que otro, lo que pasa es que es interesado, pero eso también pasa en el periodismo y fotografía.

Y la fotografía puede funcionar como testigo presencial, como es el caso de dos políticos dándose la mano a las puertas de La Moncloa, o como narrador, que es contar una historia con imágenes. En mi caso, yo siempre tomo notas y llevo la grabadora durante mis reportajes.

Moni: ¿Qué opinas de la nueva era digital y del tratamiento de las imágenes con Photoshop?

Yo no quiero ningún retoque. Me invitaron a la Bienal de Tenerife, que pagan muy bien, y cuando vino el director a mi casa a ver las fotos me dijo: “Mira, Enrique, es que se llama Bienal Artística de Fotografía y esto no tiene nada de artístico, es puro reportaje”. Le contesté que es lo que he estado haciendo toda mi vida y que no tengo intención de hacer otra cosa. Entonces, me sugirió que a la foto Fidel Castro sujetando un rifle, le metiera un cielo con nubarrones. Le dije “Métete los quince mil euros por donde te quepan que no voy a estar retocando mis fotos para hacerte el favor de ir a una bienal que se dice de fotografía artística, ya iré a bienales de reportaje”. Es más, nunca pido a nadie que pose para una foto.

Escopeta, Sierra Maestra.

Fidel Castro en Sierra Maestra.

¿Crees que es positivo que actualmente haya tantas escuelas y talleres? ¿Crees que ayuda a la fotografía o que de alguna forma la unifica?

La fotografía que se enseña en esas escuelas es retrato, paisajes, arquitectura, moda… Es muy difícil que en una escuela te enseñen a hacer reportajes. Puede que haya algunas en las que los profesores te juzguen las fotografías pero el resto del tiempo tienes que estar haciendo fotos, hay que aprender al lado de otros, es un oficio.

Pero yo también he hecho otro tipo de fotografía, como de desnudo y es muy interesante ver cómo, por ejemplo, en Estados Unidos, utilizan luz exclusivamente de flash y en Francia, mezclaban luz diurna con los focos y la piel quedaba preciosa.

Creo que así también lo hacía Helmut Newton, ¿no?

No lo sé, no lo conozco. Al que conocí fue a Richard Avedon cuando estaba haciendo el reportaje sobre Dalí. Él estaba haciéndole un retrato en su estudio y me dijo: “Enrique, que estoy trabajando para Vogue y me pagan a mí, no hagas la misma foto.” Yo le dije que mi reportaje era sobre veinticuatro horas en la vida de Dalí y me puse detrás de él para hacer la foto de Avedon fotografiándolo mientras posaba.

¿Cómo era Avedon?

Simpático. Pero hice la misma foto que él. (Risas) Por lo único que se puede saber que no es su foto es porque tanto los ojos de Dalí como los de la modelo no miran a mi cámara sino justo al lado, a la de Avedon.

Richard Avedon, Salvador Dalí y una modelo durante una sesión de fotografía de joyas.

Richard Avedon, Salvador Dalí y una modelo durante una sesión de fotografía de joyas.

¿Y Dalí cómo era?

Uy, Dalí un coñazo, me llamaba a las siete de la mañana “Hola, Meneses, aquí el divino Dalí…” Era un pesado… También tengo un mini reportaje sobre él de un busto que le habían hecho y en el que, en un momento dado, Dalí arranca los bigotes al busto dejando dos agujeros en la escultura de bronce y mete a dos ratitas en el hueco atadas con un hilo dejando los rabitos fuera. También trajo una jaula con dos gatitos para que las ratas los olieran y moviesen la cola. Así que parecía que los bigotes estaban vivos… Era un tío con una imaginación tremenda.

Fer: Si mañana tuvieras que elegir un lugar para hacer un reportaje que no fuera el mundo árabe, ¿dónde irías? ¿dónde crees que actualmente se mueven más cosas?

Yo siempre recomiendo a los jóvenes Oriente Medio y Nueva York. En Egipto la definición sería que todo está prohibido pero tú lo haces. Le das un cigarrillo al policía y te deja pasar. Así que todo es posible aunque todo esté prohibido. Y Nueva York es el paraíso de los reportajes, de los mini reportajes. Yo he llegado a hacer seis reportajes en un día.

¿Cómo lo hacías?

Mi mujer y yo nos levantábamos a las siete de la mañana, cogíamos los periódicos que teníamos en la puerta e íbamos marcando con un lápiz rojo los temas que nos parecían fotogénicos.

¿Crees que el fotoperiodismo ha cambiado mucho desde cuándo tú lo hacías o crees que la base sigue siendo la misma?

Hay que ir a buscar las informaciones, no puedes encontrar todo por internet, aunque es una herramienta. Si yo en Sierra Maestra hubiese tenido internet y hubiese podido mandar las fotos por satélite a París y no hubiese tenido que esconder los negativos en las enaguas de Pilar Ferrer… Fue un tinglado revelar las fotografías en un laboratorio clandestino de La Habana, cortar los negativos, envolverlos, meterlos entre dos enaguas almidonadas, coserlas… Llevaba todas los negativos más cincuenta folios de texto. Sólo le dejé el culo libre para que pudiera sentarse en el avión… Era completamente distinto a las herramientas que tenéis ahora pero el periodismo en sí es ir a buscar una historia. empaparte de ella y saber contarla.

Fidel Castro en Sierra Maestra.

¿Qué foto te hubiera gustado hacer que en su día no pudiste?

No, las que he querido las he hecho y las que no, no. Alguna vez me han salido reportajes en los que he perdido dos mil dólares para ir a un sitio y luego no he podido hacer el reportaje. Me pasó, por ejemplo, con el Dalai Lama. Estuve ocho días viéndolo a diario porque quería que me diese un día para entrar en el Tíbet pero a él sólo le interesaba si eran mejor las cámaras francesas o las alemanas. Al final me dijo que no me daba un lama de guía para ir al Tíbet porque caeríamos los dos presos de los kampas y pedirían un rescate y no estaba dispuesto sólo para que yo hiciera unas cuantas fotos.

El año pasado estrenaron el documental Oxígeno para vivir sobre tu vida. ¿Te gustó?

Para empezar, no me gusta el título, por mucho que Giorgina diga “eso significa vitalidad, oxígeno para vivir, dinamismo…” ¡Y una leche! Estás con quimioterapia, con oxígeno y los pulmones hechos polvo, con cáncer… Y luego, en la película en sí creo que hay muchos episodios que se ha saltado. Giorgina es muy pesada haciendo su trabajo, lo cual es bueno, pero se empeña en una cosa… Quería que sólo apareciesen periodistas, de antes y de ahora, nadie de la familia, sólo sale mi hija pero porque también es periodista.  Considero que si estás hablando de la biografía de una persona, es esencial la familia pero ella dice que lo que quería era hacer un contraste entre el periodismo de antes y el de ahora.

Un anciano de Abu Simbel el Shark.

¿Qué consecuencia crees que van a tener en Occidente las revoluciones árabes?

Magnífica. Vamos a tener pueblos que se desarrollen en el norte de África, vamos a estar prestando una ayuda para que ellos se desarrollen más, para que tengan más escuelas… Es una vergüenza cómo se gestionan los fondos para desarrollo.

Estuve hablando con oficiales ingleses y me dijeron que tenían un fondos para el desarrollo. Habían ido a Malasia y le habían dicho al gobierno que le daban 2000 millones de libras para ayuda para el desarrollo, si a cambio les compraban un barco de guerra, un destructor. Nosotros damos trabajo a la gente y nos lo devuelven comprando el barco… Pero luego la gente de a pie no comía ni dos veces al día. Ni un céntimo ha pasado por manos de la gente necesitada, ni las escuela, ni la lucha por los derechos de la mujer… En increíble que nos importe tan poco el resto de la humanidad. Yo no soy un santo, soy realista, aunque muchas veces me llamen soñador. Sueño futuros mejores pero analizando la realidad soy muy objetivo.

¿Qué consejos das a la gente que quiere dedicarse a esto?

Si os gusta, es la profesión más bonita del mundo.  Hay que cortar el cordón umbilical de una vez e irse a la aventura. Si juegas a la aventura no puedes perder nunca. Para mí la aventura es ponerte delante de las dificultades para tener el placer de vencerlas.

Pablo Picasso y Luis Miguel Dominguín en Arles. 1958.

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Enrique Meneses Vs Gervasio Sánchez.

Hazle una pregunta a Enrique Meneses

Enrique Meneses es fotoperiodista, amante de África, continente que ha recorrido varias veces, la primera de ellas del Cairo al Cabo en busca de una chica que aparecía en una revista. Fue el primer periodista que subió a Sierra Maestra con Fidel Castro y el Che Guevara durante la revolución cubana. Ha fotografiado a personalidades como Martin Luther King, Salvador Dalí o Pablo Picasso. Aquí os dejo el documental de Cien Miradas de Enrique Meneses.

Tenéis una semana para hacerle vuestras preguntas. Ya sabéis que podéis dejarlas aquí, en Facebook o mandármelas al email reinatoresano@gmail.com.

Henri Cartier-Bresson. La fotografía como afirmación

La cuarta entrada más vista de este año ha sido la segunda parte de la entrevista con Cartier Bresson. Aquí os dejo la traducción de una transcripción de audio de 1973 que he encontrado en el genial blog American Suburb X.

Palabras de Henri Cartier-Bresson

He estado haciendo fotos desde que era muy joven. No me acuerdo de qué edad tenía. Empecé pintando y dibujando y para mí la fotografía era un medio para dibujar, eso es todo.  Un boceto inmediato hecho con la intuición que no puedes corregir. Si tienes que corregirlo, será en la siguiente foto. La vida es fluida y a veces las fotos desaparecen y no hay nada que puedas hacer. No puedes decirle a alguien “ey, por favor, sonríe de nuevo y vuelve a poner ese gesto” La vida ocurre sólo una vez, para siempre.

No me interesa documentar. Documentar es extremadamente aburrido y el periodismo… Soy muy mal reportero y fotoperiodista. Cuando hice la exposición en el Museo de Arte Moderno en el 46, Capa, que era muy cuidadoso me dijo: no debes tener la etiqueta de fotógrafo surrealista. Toda mi formación fue el surrealismo. Y aún me siento muy surrealista pero él me dijo que si te etiquetan de surrealista no vas a llegar más lejos, que no te harán un encargo y que serás como una planta de invernadero. Olvídalo, haz lo que te de la gana, pero la etiqueta debe ser fotoperiodista. Y Capa era extremadamente coherente así que no volví a mencionar el surrealismo, ésa es mi pasión privada. Y lo que quiero, lo que busco, es asunto mío. No soy un reportero. Eso es accidental, un extra. Cuando voy a algún lugar, intento hacer una foto que resuma una situación que maraville, que atraiga la mirada y que  tenga una buena relación de las formas, que para mí es esencial. Un placer visual.

Madrid, 1933.

Madrid, 1933.

Había ritmo, la forma, la cabeza cae aquí, eso va hacia allá. Hay ritmo entre los diferentes elementos. Hay un cuadrado aquí, un rectángulo y otro… ¿Ves? Esos problemas me preocupan. El mayor placer para mí es la geometría que significa estructura. No puedes ir a hacer fotos de formas y figuras, pero es un placer sensual y un placer intelectual cuando tienes todo en su sitio. Es reconocer un orden que tienes en frente. (…) La diferencia entre una foto buena y una mediocre es cuestión de milímetros una diferencia diminuta pero esencial y si tomo la foto desde allí tendrá una distribución diferente que desde allí o allí. Y realmente es un pequeña recolocación con pequeños movimientos lo que estoy haciendo. No estoy saltando de arriba a abajo. Es una relación entre tu nariz, tus ojos, la ventana de atrás y ese mi placer… Establecer esas relaciones. Y a veces no hay foto. No pasa nada, no hay foto.

El periodismo es una forma de constatar. Bueno, algunos periodistas son escritores maravillosos pero otros ponen un hecho detrás de otro y los hechos no son interesantes. Es el punto de vista sobre esos hechos lo que importa y en la fotografía es la re-evocación de esos hechos.

Las fotografías que me importan son fotos que puedo mirar durante más de dos minutos y es mucho. No  hay muchas fotos que puedas mirar una y otra vez.

Henri Matisse en su casa “Le Rêve”. Los Alpes, 1944.

Lo más difícil para mí es el retrato. Es muy difícil. Es un signo de interrogación que pones en alguien intentando contar quién es, a qué puede aspirar, cuál es el significado de su expresión… Y la diferencia entre un retrato y una instantánea es que  en el retrato la persona acepta ser fotografiada. No es como alguien que ves, lo coges en la calle y ya.

Me gusta conocer a la gente en su ambiente. Es fascinante entrar en los hogares de la gente, mirarlos… Pero debes ser como un gato, sin molestar, de puntillas como un biólogo mirando a través de su microscopio. Cuando lo estudias todo, la gente reacciona de otra manera a cuando no sabes nada e intentas poner la cámara entre la piel de alguien y su camisa, no es fácil. Y las actitudes delante de la gente son muy distintas delante de la cámara. Algunos se sienten violentos, otros tímidos, algunos odian que les hagan fotos y a otros les encanta lucirse. Pillas a la gente muy rápido. Ves a la gente desnuda a través del visor, a veces los ves haciendo un steptease y puede resultar muy embarazoso. Recuerdo que tuve que fotografiar para Vogue a una mujer muy mayor, de Boston, una mujer maravillosa. Ella me sonrió pero era ese tipo de sonrisas que no puedes devolver. Ella quería ver la foto antes de que se publicara pero le dije que lo sentía mucho, que nunca lo hacía, que era una cuestión de confianza y ella estuvo de acuerdo. Me dijo “Ay, mis arrugas” y le dije que era su encanto propio porque después de todo depende de cómo te salen.  Es verdad, es la marca que te deja la vida. Depende de cómo la gente haya vivido y todo eso queda escrito en sus caras. Después de una cierta edad, pienso que tienes la cara que te mereces.

En general, cuando hago un retrato hago algunas preguntas para ver la reacción de la gente cuando intentan hablar tan poco como sea posible, pero aún así debes establecer algún tipo de contacto. En cuanto a Matisse, estuve delante de él alrededor de hora y media en un silencio absoluto. Nos mirábamos el uno al otro a los ojos y quizás hice una foto buena (…) Fueron unas 6 fotos en hora y media y no hubo ninguna incomodidad.

Henri Cartier-Bresson

Henri Cartier-Bresson, Isla Sifnos, Grecia, 1961.

A veces la gente me pregunta ¿cuántas fotos haces? ¿muchas al día? Siempre contesto que no hay una regla. A veces, como en esta foto en Grecia, vi el marco y todo y esperé a que alguien pasara e hice dos fotos, una de un cura ortodoxo con un sombrero redondo y otra a una niña. La de la niña estaba todo en relación con las otras formas mientras que la de él tenía algo más, era otra concepción y a veces no tienes una segunda oportunidad porque la gente se ha ido. Ése es el motivo por el que esta profesión crea tanta ansiedad. Porque estás siempre esperando, qué va a pasar, qué, qué? Es así todo el rato. Estás fotografiando y sí, quizás mejor así pero no debes fotografiar demasiado. Es como cuando comes o bebes demasiado, tienes que comer y beber pero no darte un atracón. Porque en el momento en el que levantas la mano el obturador quiere más y más y quizás la foto se encontraba en la mitad. Es una fracción de segundo, es un instinto. En fotografía debes ser rápido, como un animal de caza. Así la atrapas y la tomas y la gente ni siquiera lo nota. Y es precioso. Para mí, la fotografía es un placer físico. No hace falta tener mucha cabeza, sólo sensibilidad, un dedo y dos piernas. Es muy bonito cuando sientes que tu cuerpo está trabajando, lleno de aire y contactando con la naturaleza. Es precioso.

Soy extremadamente impulsivo, terriblemente impulsivo. Es una lata para mis amigos y familia. Soy un manojo de nervios pero me aprovecho de eso en la fotografía. Nunca pienso. Actúo, rápido. Tienes que olvidarte de ti mismo, tienes que ser tú mismo y olvidarte de ti mismo al mismo tiempo y así la imagen resulta mucho más fuerte. Lo que quieres y lo que ves. Tienes que implicarte completamente en lo que haces y no pensar. Las ideas son peligrosas. Tienes que pensar todo el tiempo pero cuando estás fotografiando no tienes que intentar forzar las cosas para explicar ni probar algo. No tienes que probar nada. Eso vendrá sólo.

La primera impresión es esencial, la primera vista es impactante, sorprendente. Salta hacia ti. Lo irás alimentando con tu propia vida, con tu gusto, con el bagaje intelectual que acarreas. Tus experiencias, tu amor, tu odio es un todo. Y la poesía es la esencia de todo. Hay dos elementos que están de repente en conflicto y hay una lucha entre ellos pero se da rara vez. No puedes buscarlo. Es como buscar la inspiración, todo llega enriqueciéndote a ti mismo y a tu vida. Es como decir que esperas por una buena foto. Por una foto genial… Pocas veces vas a hacer una foto genial. Tienes que ordeñar a una vaca muchas veces para tener mucha leche para poder hacer un pequeño trozo de queso. No comprendo lo que quiere decir “drásticamente nuevo” No hay ideas nuevas en el mundo, sólo cómo se disponen esas cosas.  Todo es nuevo, cada minuto es nuevo.  Me refiero a reexaminar. La vida cambia a cada minuto. El mundo se va formando cada minuto y es algo bello y trágico. Siempre hay polos y uno no puede existir sin el otro. Son estas tensiones las que siempre me han movido.

Fábrica de coches, Paris, 1959

Fábrica de coches, Paris, 1959.

Esta foto me gusta. Estaba conduciendo en Grecia, en las montañas del norte. Había un niño en la carretera que pastoreaba cabras. No sé si lo saludé o algo pero de repente empezó a andar con sus manos. Había tanto júbilo, tanta alegría en ese país yermo, en esa carretera polvorienta.

Todo es interesante si profundizas un poco, pero al mismo tiempo no puedes fotografiar todo lo que veas. Hay sitios en los que el pulso se te acelera más que en otros… Después de la guerra no sé por qué pero tenía la sensación de que era importante ir a países coloniales. ¿Qué cambios van a ocurrir allí? Es por eso por lo que estuve tres años en oriente.

Estuve en India justo cuando Gandhi murió, después de la división de India y Pakistán y es cuando hay un cambio de situación cuando hay más tensión.  He estado viviendo en la India más de un año y el problema de la demografía, de la inmensidad del país, de la gente me preocupaba mucho. Me gusta vivir en los sitios, no me gusta ir de visita. Lo que se hace con tiempo, el tiempo lo respeta.

Nehru anuncia la muerte de Gandhi, Delhi, 1948.

Pasé en China los últimos tres meses del régimen de Kuo Ming-Tang. Lo vi caerse en pedazos y estuve allí cuando llegaron los comunistas. Me quedé otros seis meses. Los chinos siempre han estado entre regímenes caóticos, severos y tiranos.  Durante siglos han pasado de uno a otro. Tuve suerte de estar allí justo durante ese cambio. Una tradición y lo que permanece de ella, una actitud revolucionaria y una nueva concepción del hombre.

Interesar a la gente con lugares lejanos, impresionarlos, deleitarlos no es difícil. Lo más complicado es hacerlo en tu propio país. Sabes demasiado sobre él, cuando es tu propio bloque, tu propia rutina es difícil salir de ahí. Cuando voy al carnicero o lugares donde voy todo el tiempo, sé demasiado pero no lo suficiente para estar lúcido. Pero tienes que tener la mente abierta, ser consciente. Por eso la gente hace unas 10 fotos buenas en su vida. Lo interesante es la constancia. Seguir trabajando. Hay que reexaminar las cosas, intentar estar más lúcido y más libre y profundizar cada vez más. La cámara es un arma. No puedes probar nada pero al mismo tiempo es un arma. No es propaganda. En absoluto. Pero es una forma de gritar cómo te sientes. Me encanta la vida, me encantan los seres humanos, pero también odio a gente.  ¿Lo ves? La cámara puede ser una pistola pero también puede ser un diván de psicoanálisis. Puede ser un cálido beso. Puede ser un libro de bocetos. Y para mi, ésa es exactamente mi forma de sentir, disfruto tomando una foto, estando presente. Es una forma de decir sí. Es como las tres últimas palabras del Ulises de Joyce, que es uno de los trabajos más tremendos que se han escrito nunca. Es sí, sí, sí. Y así es la fotografía: sí sí, sí. No hay un quizás. Todos los quizás deberían ir a la basura porque es un instante, es una presencia, un momento, está ahí. Y es un respeto, es un gozo, el tremendo placer de decir sí. Incluso si es algo que odias, ¡sí! Es una afirmación. ¡Sí!

West Germany 1952-1953.

West Germany 1952-1953.

Henri Cartier-Bresson habla sobre la fotografía

La cuarta entrada más vista de este año ha sido la segunda parte de la entrevista con Cartier Bresson. Aquí os dejo la traducción de una transcripción de audio de 1973 que he encontrado en el genial blog American Suburb X.

Palabras de Henri Cartier-Bresson

He estado haciendo fotos desde que era muy joven. No me acuerdo de qué edad tenía. Empecé pintando y dibujando y para mí la fotografía era un medio para dibujar, eso es todo.  Un boceto inmediato hecho con la intuición que no puedes corregir. Si tienes que corregirlo, será en la siguiente foto. La vida es fluida y a veces las fotos desaparecen y no hay nada que puedas hacer. No puedes decirle a alguien “ey, por favor, sonríe de nuevo y vuelve a poner ese gesto” La vida ocurre sólo una vez, para siempre.

No me interesa documentar. Documentar es extremadamente aburrido y el periodismo… Soy muy mal reportero y fotoperiodista. Cuando hice la exposición en el Museo de Arte Moderno en el 46, Capa, que era muy cuidadoso me dijo: no debes tener la etiqueta de fotógrafo surrealista. Toda mi formación fue el surrealismo. Y aún me siento muy surrealista pero él me dijo que si te etiquetan de surrealista no vas a llegar más lejos, que no te harán un encargo y que serás como una planta de invernadero. Olvídalo, haz lo que te de la gana, pero la etiqueta debe ser fotoperiodista. Y Capa era extremadamente coherente así que no volví a mencionar el surrealismo, ésa es mi pasión privada. Y lo que quiero, lo que busco, es asunto mío. No soy un reportero. Eso es accidental, un extra. Cuando voy a algún lugar, intento hacer una foto que resuma una situación que maraville, que atraiga la mirada y que  tenga una buena relación de las formas, que para mí es esencial. Un placer visual.

Madrid, 1933.

Madrid, 1933.

Había ritmo, la forma, la cabeza cae aquí, eso va hacia allá. Hay ritmo entre los diferentes elementos. Hay un cuadrado aquí, un rectángulo y otro… ¿Ves? Esos problemas me preocupan. El mayor placer para mí es la geometría que significa estructura. No puedes ir a hacer fotos de formas y figuras, pero es un placer sensual y un placer intelectual cuando tienes todo en su sitio. Es reconocer un orden que tienes en frente. (…) La diferencia entre una foto buena y una mediocre es cuestión de milímetros una diferencia diminuta pero esencial y si tomo la foto desde allí tendrá una distribución diferente que desde allí o allí. Y realmente es un pequeña recolocación con pequeños movimientos lo que estoy haciendo. No estoy saltando de arriba a abajo. Es una relación entre tu nariz, tus ojos, la ventana de atrás y ese mi placer… Establecer esas relaciones. Y a veces no hay foto. No pasa nada, no hay foto.

El periodismo es una forma de constatar. Bueno, algunos periodistas son escritores maravillosos pero otros ponen un hecho detrás de otro y los hechos no son interesantes. Es el punto de vista sobre esos hechos lo que importa y en la fotografía es la re-evocación de esos hechos.

Las fotografías que me importan son fotos que puedo mirar durante más de dos minutos y es mucho. No  hay muchas fotos que puedas mirar una y otra vez.

Henri Matisse en su casa “Le Rêve”. Los Alpes, 1944.

Lo más difícil para mí es el retrato. Es muy difícil. Es un signo de interrogación que pones en alguien intentando contar quién es, a qué puede aspirar, cuál es el significado de su expresión… Y la diferencia entre un retrato y una instantánea es que  en el retrato la persona acepta ser fotografiada. No es como alguien que ves, lo coges en la calle y ya.

Me gusta conocer a la gente en su ambiente. Es fascinante entrar en los hogares de la gente, mirarlos… Pero debes ser como un gato, sin molestar, de puntillas como un biólogo mirando a través de su microscopio. Cuando lo estudias todo, la gente reacciona de otra manera a cuando no sabes nada e intentas poner la cámara entre la piel de alguien y su camisa, no es fácil. Y las actitudes delante de la gente son muy distintas delante de la cámara. Algunos se sienten violentos, otros tímidos, algunos odian que les hagan fotos y a otros les encanta lucirse. Pillas a la gente muy rápido. Ves a la gente desnuda a través del visor, a veces los ves haciendo un steptease y puede resultar muy embarazoso. Recuerdo que tuve que fotografiar para Vogue a una mujer muy mayor, de Boston, una mujer maravillosa. Ella me sonrió pero era ese tipo de sonrisas que no puedes devolver. Ella quería ver la foto antes de que se publicara pero le dije que lo sentía mucho, que nunca lo hacía, que era una cuestión de confianza y ella estuvo de acuerdo. Me dijo “Ay, mis arrugas” y le dije que era su encanto propio porque después de todo depende de cómo te salen.  Es verdad, es la marca que te deja la vida. Depende de cómo la gente haya vivido y todo eso queda escrito en sus caras. Después de una cierta edad, pienso que tienes la cara que te mereces.

En general, cuando hago un retrato hago algunas preguntas para ver la reacción de la gente cuando intentan hablar tan poco como sea posible, pero aún así debes establecer algún tipo de contacto. En cuanto a Matisse, estuve delante de él alrededor de hora y media en un silencio absoluto. Nos mirábamos el uno al otro a los ojos y quizás hice una foto buena (…) Fueron unas 6 fotos en hora y media y no hubo ninguna incomodidad.

Isla de Sifnos, Grecia, 1961.

A veces la gente me pregunta ¿cuántas fotos haces? ¿muchas al día? Siempre contesto que no hay una regla. A veces, como en esta foto en Grecia, vi el marco y todo y esperé a que alguien pasara e hice dos fotos, una de un cura ortodoxo con un sombrero redondo y otra a una niña. La de la niña estaba todo en relación con las otras formas mientras que la de él tenía algo más, era otra concepción y a veces no tienes una segunda oportunidad porque la gente se ha ido. Ése es el motivo por el que esta profesión crea tanta ansiedad. Porque estás siempre esperando, qué va a pasar, qué, qué? Es así todo el rato. Estás fotografiando y sí, quizás mejor así pero no debes fotografiar demasiado. Es como cuando comes o bebes demasiado, tienes que comer y beber pero no darte un atracón. Porque en el momento en el que levantas la mano el obturador quiere más y más y quizás la foto se encontraba en la mitad. Es una fracción de segundo, es un instinto. En fotografía debes ser rápido, como un animal de caza. Así la atrapas y la tomas y la gente ni siquiera lo nota. Y es precioso. Para mí, la fotografía es un placer físico. No hace falta tener mucha cabeza, sólo sensibilidad, un dedo y dos piernas. Es muy bonito cuando sientes que tu cuerpo está trabajando, lleno de aire y contactando con la naturaleza. Es precioso.

Soy extremadamente impulsivo, terriblemente impulsivo. Es una lata para mis amigos y familia. Soy un manojo de nervios pero me aprovecho de eso en la fotografía. Nunca pienso. Actúo, rápido. Tienes que olvidarte de ti mismo, tienes que ser tú mismo y olvidarte de ti mismo al mismo tiempo y así la imagen resulta mucho más fuerte. Lo que quieres y lo que ves. Tienes que implicarte completamente en lo que haces y no pensar. Las ideas son peligrosas. Tienes que pensar todo el tiempo pero cuando estás fotografiando no tienes que intentar forzar las cosas para explicar ni probar algo. No tienes que probar nada. Eso vendrá sólo.

La primera impresión es esencial, la primera vista es impactante, sorprendente. Salta hacia ti. Lo irás alimentando con tu propia vida, con tu gusto, con el bagaje intelectual que acarreas. Tus experiencias, tu amor, tu odio es un todo. Y la poesía es la esencia de todo. Hay dos elementos que están de repente en conflicto y hay una lucha entre ellos pero se da rara vez. No puedes buscarlo. Es como buscar la inspiración, todo llega enriqueciéndote a ti mismo y a tu vida. Es como decir que esperas por una buena foto. Por una foto genial… Pocas veces vas a hacer una foto genial. Tienes que ordeñar a una vaca muchas veces para tener mucha leche para poder hacer un pequeño trozo de queso. No comprendo lo que quiere decir “drásticamente nuevo” No hay ideas nuevas en el mundo, sólo cómo se disponen esas cosas.  Todo es nuevo, cada minuto es nuevo.  Me refiero a reexaminar. La vida cambia a cada minuto. El mundo se va formando cada minuto y es algo bello y trágico. Siempre hay polos y uno no puede existir sin el otro. Son estas tensiones las que siempre me han movido.

Fábrica de coches, Paris, 1959

Fábrica de coches, Paris, 1959.

Esta foto me gusta. Estaba conduciendo en Grecia, en las montañas del norte. Había un niño en la carretera que pastoreaba cabras. No sé si lo saludé o algo pero de repente empezó a andar con sus manos. Había tanto júbilo, tanta alegría en ese país yermo, en esa carretera polvorienta.

Todo es interesante si profundizas un poco, pero al mismo tiempo no puedes fotografiar todo lo que veas. Hay sitios en los que el pulso se te acelera más que en otros… Después de la guerra no sé por qué pero tenía la sensación de que era importante ir a países coloniales. ¿Qué cambios van a ocurrir allí? Es por eso por lo que estuve tres años en oriente.

Estuve en India justo cuando Gandhi murió, después de la división de India y Pakistán y es cuando hay un cambio de situación cuando hay más tensión.  He estado viviendo en la India más de un año y el problema de la demografía, de la inmensidad del país, de la gente me preocupaba mucho. Me gusta vivir en los sitios, no me gusta ir de visita. Lo que se hace con tiempo, el tiempo lo respeta.

Nehru anuncia la muerte de Gandhi, Delhi, 1948.

Pasé en China los últimos tres meses del régimen de Kuo Ming-Tang. Lo vi caerse en pedazos y estuve allí cuando llegaron los comunistas. Me quedé otros seis meses. Los chinos siempre han estado entre regímenes caóticos, severos y tiranos.  Durante siglos han pasado de uno a otro. Tuve suerte de estar allí justo durante ese cambio. Una tradición y lo que permanece de ella, una actitud revolucionaria y una nueva concepción del hombre.

Interesar a la gente con lugares lejanos, impresionarlos, deleitarlos no es difícil. Lo más complicado es hacerlo en tu propio país. Sabes demasiado sobre él, cuando es tu propio bloque, tu propia rutina es difícil salir de ahí. Cuando voy al carnicero o lugares donde voy todo el tiempo, sé demasiado pero no lo suficiente para estar lúcido. Pero tienes que tener la mente abierta, ser consciente. Por eso la gente hace unas 10 fotos buenas en su vida. Lo interesante es la constancia. Seguir trabajando. Hay que reexaminar las cosas, intentar estar más lúcido y más libre y profundizar cada vez más. La cámara es un arma. No puedes probar nada pero al mismo tiempo es un arma. No es propaganda. En absoluto. Pero es una forma de gritar cómo te sientes. Me encanta la vida, me encantan los seres humanos, pero también odio a gente.  ¿Lo ves? La cámara puede ser una pistola pero también puede ser un diván de psicoanálisis. Puede ser un cálido beso. Puede ser un libro de bocetos. Y para mi, ésa es exactamente mi forma de sentir, disfruto tomando una foto, estando presente. Es una forma de decir sí. Es como las tres últimas palabras del Ulises de Joyce, que es uno de los trabajos más tremendos que se han escrito nunca. Es sí, sí, sí. Y así es la fotografía: sí sí, sí. No hay un quizás. Todos los quizás deberían ir a la basura porque es un instante, es una presencia, un momento, está ahí. Y es un respeto, es un gozo, el tremendo placer de decir sí. Incluso si es algo que odias, ¡sí! Es una afirmación. ¡Sí!

West Germany 1952-1953.

West Germany 1952-1953.

Entrevista a Joao Silva

El día 26 de Febrero cumpliremos un año en wordpress, así que para celebrarlo, esta semana vamos a hacer un especial de las 5 entradas más vistas.

En el quinto puesto está el Bang Bang Club con 2.278 visitas, así que aquí tenéis una entrevista con Joao Silva. Está hecha un año antes del accidente, en 2009.  Espero que os resulte interesante.

Joao Silva por Jerome Delay. AP.

Actuando a pesar del miedo

Greg y Leonie Marinovich, amigos de Joao Silva han creado un fondo y una web, Support Joao Silva Photojournalist, para ayudar al Señor Silva y a su familia a lo largo de la rehabilitación. Han conseguido dinero con una respuesta rotunda de las donaciones y de las ventas de copias de Silva. “No sabemos si seguirá haciendo fotos pero lo que está claro es que no podrá volver a las zonas en guerra” dicen los Marinovich. “Calculamos que no podrá trabajar en unos dos años”

Joao Silva, de 44 años, es un fotógrafo de The New York Times que fue gravemente herido el sábado (23 de Octubre de 2010) cuando pisó una mina en Afganistán. Se despertó de la anestesia en us hospital alemán el lunes. Pudo hablar con su mujer y otras personas de la habitación.

La siguiente entrevista se la hizo Michael Lamber, también fotógrafo de conflictos bélicos,  el 9 de diciembre de 2009 en Bagdad. Está trabajando en un libro sobre el fotoperiodismo y la fotografía de guerra. Esta versión resumida de su conversación comienza con Joao Silva contando su experiencia.

Nací en Lisboa. Mis padres emigraron de Portugal a África cuando era muy pequeño. Vivimos en Mozambique durante unos años. Llegó la independencia y la guerra civil era inminente, así que emigraron a Sudáfrica. Crecí allí, en la clase trabajadora. No fui a la universidad  Dejé el instituto por voluntad propia. Era un chico rebelde, no me llevaba bien con la autoridad. Dicho en pocas palabras.

¿Cómo te convertiste en fotógrafo?
Me hice fotógrafo a final de los ochenta por accidente. Un amigo estudiaba diseño gráfico. Una de sus asignaturas era fotografía. Lo acompañé un día que fue a tomar fotos. En ese momento me di cuenta de que quería ser fotógrafo.

Lo supiste inmadiatamente.
Lo supe inmediatamente. Y también super que no quería hacer fotografía de moda o de arquitectura. Sabía que quería estar en el filo de la historia. Así que de ese momento en adelante, fue fácil porque Sudáfrica estaba pasando por una transición. El apartheid del gobierno estaba llegando a su fin porque había mucha actividad política -violencia política- y era un punto de partida perfecto. Ése fue mi campo de entrenamiento. Era todo muy cercano y personal.

¿Para quién empezaste a fotografiar?
Para un pequeño periódico de la comunidad. Realmente no me centraba en nada de lo que ocurría en el distrito segregado porque era sobre todo un periódico blanco para una comunidad blanca. Pero en mi tiempo libre cubría la violencia. Pronto empecé a trabajar de freelance para Reuters. Luego, entré en el periódico sudafricano más importante y tabajé con ellos unos tres años. Después entré en A.P y The Times. Empecé a trabajar de freelance para The Times en 1996. En 2000, me hicieron contrato de fotógrafo. Fue la mejor decisión que tomé nunca. No me puedo quejar.

¿Puedes hablarnos de los años con Kevin Carter y Greg Mainovich, con los que escribiste The Bang Bang Club?

Greg fue el autor principal. Simplemente, éramos un grupo de amigos que cubría lo que pasaba en el país en ese momento. Pasábamos el tiempo juntos y vivíamos juntos. Una revista decidió hacer un artículo sobre nosotros. Ellos acuñaron el término Bang Bang Club. El Bang Bang Club nunca ha existido realmente; fue producto de la imaginación de alguien. Pero el nombre permaneció. Y ya sabes, se ha convertido en realidad en los últimos años con los trágicos eventos del suicidio de Kevin, la muerte de en combate de Ken Oosterbroek y disparo que recibió Greg.

La gente tiene una idea muy equivocada sobre lo que hacemos. De hecho, mucha gente nos ve a los fotógrafos como buitres, que vivimos del sufrimiento de la gente.

Pero ése no es el caso de la mayoría. Realmente hay una necesidad de mostrar lo que está ocurriendo. A veces lo hacemos corriendo un verdadero riesgo. Si estamos en una unidad marina o naval y ellos están recibiendo disparos, nosotros estamos recibiendo disparos. Los soldados con los que vamos nos comprenden. Pero creo que el público en general tiene una idea muy distorsionada de lo que hacemos. Es verdad que a veces somos insensibles. A veces, nos vemos obligados a pisar algunos cadáveres para hacer una foto, o charcos de sangre. Pero haciendo eso, intentamos mostrar al mundo la realidad de la situación a la que nos enfrentamos. Puede que no cambies el mundo con tus imágenes –de hecho, creo que nunca he visto una imagen que haya cambiado el mundo- pero si has cambiado la opinión de alguien, creo que ya has logrado algo.

La mayoría de los fotógrafos que conozco son profesionales realmente comprometidos. No es sólo porque quieras hacer una foto genial potencialmente ganadora del Pulitzer. Esos casos son contados.

Se te ha criticado por cubrir las milicias y también por cubrir el ejército estadounidense.
Básicamente, no puedes ganar. En 2004, cuando cubrí las milicias de Najaf, yo era un “traidor”. Cuando estoy con los soldados y algo va mal,  luego recibo muchos emails de gente que dice que me estoy aprovechando de la muerte de soldados americanos. Es muy difícil mantener a todo el mundo contento. A fin de cuentas, soy fotógrafo. Soy fotorreportero. Intento enseñar la realidad del conflicto. Si puedo hacerlo desde los dos lados del conflicto, lo haré. No soy anti-ejército en absoluto, pero te criticarán hagas lo que hagas. Tengo emails como prueba. Tengo uno de hace un par de meses de un chiflado que decía: “La próxima vez que estés en una zona en guerra, espero que te maten. Y espero que no se te haga corto”.

¿Sientes que cuando nos unimos a las tropas estadounidenses, ya no somos capaces de ser objetivos y mandar fotos duras, porque confiamos en ellos nuestra propia seguridad?
Hay una razón para eso. Si no te riges por sus normas, te van a echar y nunca vas a poder unirte a ellos de nuevo. Si un militar quiere quemarte, te quemará. Tienes que atenerte a sus normas. No es lo ideal. Pero es por un motivo.

¿Hay fotos que no mandaste porque pensaste que a los militares les molestarían?
No.

¿Piensas que el mundo a través de tus fotos tiene una idea precisa de lo que es la guerra? ¿O sientes que las fotos que mandaste imprimir no transmitían realmente lo que querías mostrar?
Esa es una pregunta tendenciosa porque implica que tenemos que mostrar nuestra propia visión de la guerra. Esa nunca debe ser nuestra motivación. Nuestro papel tendría que ser el de documentar lo que vemos, hacer la mejor foto que podamos. Ése es nuestro trabajo. Los editores tienen sus propias necesidades, su propio punto de vista y sus propios requisitos sobre una historia en particular. Ellos usarán la foto que les parezca.

No vine a esta guerra –ni a ninguna- con un plan predeterminado. La última vez que me propuse un plan podría haber sido en Sudáfrica a principios de los 90, con el fin del apartheid. Intento mantenerme frío y mostrar lo que realmente está pasando. En momentos en los que puedo mostrarlo desde todos los puntos de vista –amigos, enemigos, civiles, inocentes- entonces lo hago.

Somos seres humanos y llevamos todos nuestros pensamientos con la cámara. La cámara no flota y hace sus propias fotografías. Siempre es nuestra representación. Siempre es lo que somos, lo que vemos y lo que creemos que es importante.

¿Cómo te enfrentas al miedo? ¿O el miedo no es algo de lo que tengas que preocuparte?
Buena pregunta. Creo que toda la cuestión del miedo se exagera. En algún momento u otro, todos tenemos miedo. Lo que importa es el cómo se manifiesta ese miedo. Cuando te enfrentas a una nueva situación, hay ciertas cosas desconocidas y cierta de ansiedad relacionada con ellas. Pero una vez que estás dentro, sigues adelante. A medida que sigues adelante, te enfrentas a cada nueva incógnita. Simplemente, luchas contra ello. Si llegas a un punto en el que piensas que no puedes controlarlo más, sencillamente no sigues adelante.

El miedo es algo real. Lo que importa es actuar a pesar del miedo. No creo que nadie en este trabajo no haya tenido miedo o haya sentido una cierta ansiedad sobre lo que estaba haciendo. Ni siquiera sé cómo llamarlo, pero creo que todos lo sentimos. Es normal.

Pero para ti se trata simplemente de manejarlo.
Ni siquiera me planteo tratar de manejar el miedo. Lo veo como un mecanismo. Como una herramienta. Cuando te ataca el miedo, coges de él lo que te presenta y tomas una decisión. No es malo. Si no fuese por el miedo, podrías andar directo hacia una lluvia de balas. Nadie hace eso. El miedo te previene de hacer eso. Es capaz de funcionar y tomar decisiones mientras lo sientes. Ni siquiera lo llamaría miedo. Lo llamaría incertidumbre. Es el miedo a lo desconocido.

Te montas en un Humvee, vas a una patrulla y hay un I.E.D. (artefacto explosivo) potencial. Eso es miedo. Hay miedo a la posibilidad de que pase algo. Pero lo racionalizas, sigues adelante y lo haces. Luego, si algo va mal ¿qué pasa? ¿simplemente te paralizas o te lo tragas y haces lo que tengas que hacer a pesar de él? Si eres realmente miedoso, simplemente no te dedicas a esto. Simplemente, no vienes a Irak, no vienes a Afganistán, no vas a Liberia. No vas. Si el miedo es todo lo que eres entonces quédate en casa. Así que sí, tenemos miedo. El miedo es importante.

¿Tengo miedo cuando hay despojos humanos volando a mi alrededor? ¿Corro cuando hay despojos volando a mi alrededor? Sí. ¡Corro lo más rápido que puedo! Quizás intento tomar una foto mientras corro pero aún así sigo corriendo. Mi mente no para de pensar cuando tengo miedo.

Bagdad

Es probable que hayas fotografiado más combates que cualquier persona viva. Has arriesgado tu vida probablemente mil veces.
Eso es una exageración. Como sabes, la mayoría es monotonía –con unos cuantos momentos de  una energía insana total. Luego se acaba. Y vuelves a la vida mundana. La mayoría de lo que hacemos es un aburrimiento. Tomo las oportunidades cada día. Tomo las oportunidades cada vez que vuelvo a casa y conduzco mi moto.

Cuando no estás en Irak, ¿estás en casa haciendo carreras de motos?
Ya no hago más carreras. Sigo montando en moto y sigo llevándolas a circuitos, pero no hago carreras.  He crecido desde mi último gran accidente.

¿Dice la gente que eres un yonki de la adrenalina?
La gente disfruta haciendo puenting. La gente salta de aviones. ¿Eso no es estúpido? Por lo menos, yo tengo un motivo. No hay adrenalina en pisar cadáveres para intentar mostrar la realidad de una masacre.

¿Pero piensas que la gente considera que estamos ligeramente fuera de control?
Mucha gente está agradecida por lo que hacemos. Recibo muchos mensajes de gente diciendo que mostramos un mundo que ellos no pueden ver de primera mano.

¿Es el motivo por el que lo haces?
Antes que nada, tengo una familia a la que mantener. Pero en resumidas cuentas, siento una cierta obligación como periodista de ser testigo de estas cosas y documentar lo que pueda. Creo que el mensaje es importante. No creo siempre que el mensaje. sea importante Ni creo necesariamente que el mensaje haga bien o que cambie la mente de alguien. Pero creo que es importante.

Hay más y más guerras. No se ve el final.
No habrá un final de la guerras mientras los humanos sigamos vivos. Quizás se acabe el presupuesto para mandarnos a las guerras. De hecho, con la situación económica actual, podría llegar más bien pronto.

¿Te consideras una persona valiente?
No, no especialmente. ¿Qué es valentía? No sé de nada valiente que haya hecho aparte de meterme en una situación peligrosa para hacer fotos. Hay gente que hace cosas mucho mas heroicas de lo que nunca llegaré a hacer. He sido testigo de muchos de esas acciones, así que ¿cómo iba a pensar en mí mismo en esos términos, sabiendo que lo que he hecho ha sido fotografiar a alguien siendo realmente valiente?

¿Cuántos amigos y colegas has perdido a lo largo de los años?
Ha habido mucha gente que he conocido en algún momento. Pero si hablamos de amigos cercanos, diría que tres en combate y dos suicidios.

Probablemente conozco a 10 o 12 que han muerto, pero amigos cercanos, unos dos o tres.
Todos cruzamos nuestros caminos en algún momento. Llegas a un punto en este sector en el que todos compartimos algo, un cigarrillo o un “hey, se me ha acabado la batería. ¿Me prestas una?”

Desde luego, no quiero salir herido. Evidentemente, no quiero que me maten. Y pienso en esos poderosos procesos mentales que te ayudan a decidir qué hacer y qué no. O qué lejos deberías llegar o no forzar las cosas.  Pero no tenemos control sobre el destino dentro de un Humvee, cuando una bomba estalla en el andén de la carretera. No tienes control cuando estás cubriendo un incendio y algo cae del cielo justo a tu lado. Es muy complicado.
Realmente no hay un deseo de morir. Tengo muchas cosas por las que vivir. No se trata de tener el deseo de morir. La vida está bien; la vida está muy bien. Pero he visto tanta gente que ha sido herida que no puedo excluir la posibilidad que me llegue mi turno algún día. Puede salir mi número o puede que no salga nunca. Hay fotoperiodistas que están vivos y sanos y continúan haciendo esto saliendo ilesos.

Prisioneros en Malawi

¿Crees que seguirás cubriendo combates durante el resto de tu carrera?
No lo sé. He estado haciendo esto durante mucho tiempo. Tengo dos hijos. Cuando nació mi hija, me hice la promesa de que si algo me daba mala espina, me alejaría. Me tomé unos tres meses de vacaciones cuando nació. Después me volví a Irak de nuevo. Ya sabes que en realidad es que el 90 por cierto del tiempo no estás en combate. Los momentos de locura son muy contados.

¿Hay algún truco para mantenerse a salvo?
Todo lo que te puedo decir es: pura suerte. A Ken Oosterbroek lo mataron. Podría haber sido yo. A Greg Marinovich lo han herido otras 3 veces desde entonces. En cada ocasión, yo estaba a su lado. Siempre me las he arreglado para salir ileso. He tenido mucha mucha suerte. La verdad es que no sé si hay alguna fórmula para mantenerse a salvo.

¿Alguna vez te preocupas?
Realmente no gasto ningún tipo de energía pensando en eso. Diciendo que quiero ir a casa con mis hijos. Ésa es la cuestión. El primer premio es ir a casa. Olvídate de los premios fotográficos y todo eso. El primer premio es ir a casa.
No tenemos por qué estar aquí. Podíamos estar ganando dinero trabajando en una empresa. Ganando dinero de verdad.

Nosotros hacemos bien hasta un cierto punto. Cogemos algo del sufrimiento de la gente. Tomamos imágenes geniales, nuestros jefes nos dan golpecitos en la espalda y los medios escriben sobre nosotros. Pero al final, pagamos un precio.  La cámara no es una fortaleza. Lo sientes cuando una madre llora sobre su hijo muerto. Sientes la emoción. No puedes desconectarte de todo eso. Trabajas porque eso es lo que necesitas. Pero aún así, hay consecuencias; todavía quedan restos de emoción que se construyen en tu mente y nunca desaparecen.

El proceso real de hacer fotos es muy simple. Pero el proceso intelectual es muy complejo. La razón por la que lo hacemos es compleja. No hay forma de simplificarlo. No somos máquinas. Tienes que vivir contigo mismo después de todo. Vamos a las zonas en guerra, vemos el sufrimiento de la gente. Es casi innatural. Se ha convertido en una norma aceptada en la sociedad porque registramos la historia. Pero la mayoría de la gente me dice que no podrían hacer lo que nosotros hacemos.

¿Cómo podrías soportar hacer una foto mientras alguien sufre? La gente quiere una respuesta simple y concisa.  Pero no existe una respuesta sencilla de una sola frase. Pero uno tiene que creer que está allí por una razón mayor.

Eddie Adams

De Vietnam, está clásica foto hecha por Eddie Adams del jefe de policía disparando en la cabeza a un prisionero del Viet Cong y la de Nick Ut de la niña corriendo desnuda después de un ataque de napalm. La gente dice que no ha salido ninguna foto clásica de Irak.
Hay una sobrecarga sensorial, de eso no hay duda. La razón por la que los fotógrafos no son reconocidos es porque hay muchísimos. En  Vietnam, hubo esos momentos clave porque los medios estaban limitados. En Irak, esas imágenes icónicas simplemente desaparecen porque hoy hay una imagen icónica y mañana habrá otra.

Has hecho al menos una docena de viajes a Irak, ¿por qué sigues volviendo?
Es una buena pregunta. Las cosas han cambiado mucho. Ahora es muy difícil trabajar aquí. Pero en definitiva,  ésta es la historia y es importante que haya alguien aquí para cubrirla. Siento la obligación como fotoperiodista de estar aquí. Pero para ser sincero, ya no es tan fuerte.

¿Piensas que ésta pueda ser tu última vez?
Hace un año dije que sería la última. Para ser honesto, estuve un año fuera antes de volver. Así que ya veremos.

Afganistán es importante para mí. La primera vez que fui, fue durante la primera guerra civil, que fue hace mucho tiempo. Creo que me centré más que en Irak. He alcanzado un punto de saturación, en el sentido de que en Irak cada vez es más difícil trabajar como fotoperiodista. Realmente he intentado mostrar todo lo que era capaz en el tiempo que he estado aquí. Así que si decido no volver, podré vivir con ello.

Prisioneros en Malawi

Traducción de una entrevista publicada en Lens.

Por suerte, se recupera bien del accidente y ya vuelve a andar.

Enrique Meneses Vs Gervasio Sánchez.

Gervasio, el san bernardo de los desaparecidos

Estábamos sentados junto al piano de cola de aquel comedor del Holiday Inn.  Era  un sábado cualquiera de julio de 1993, en Sarajevo sitiado. Una veintena de mesas, velas, ruidosos periodistas americanos en un par de mesas juntadas. Con ellos guapísimas chicas, casi todas estudiantas que dominaban el  inglés y que comían con los informadores más ricos de aquel salón lleno de periodistas. Nosotros también necesitábamos transporte e interpretes pero con otras tarifas. La comida servida procedía del mercado negro pero también guisqui que los americanos pedían a 100 dólares la botella .

Al fondo del comedor, un enorme cortinaje negro cubría lo que debió ser una fantástica vista, nunca supe qué se veía. Del otro lado del cortinon, los serbios. De espalda a ellos, en aquel comedor, Susan Sontag, con sus 60 años, a la que venía a dar un beso su hijo David Rieff, también periodista. En nuestra mesa redonda, Gervasio Sánchez, Alfonso Armada y yo además de un italiano que partía al día siguiente. Hablábamos de lo que hablan los periodistas en zona de guerra, de las ganas de terminar el trabajo, de lo que cada cual ha visto durante el día en tal o cual barrio de la ciudad. La visita al Hospital Kosovo para contar muertos y heridos, victimas de los francotiradores, charlar con  los cirujanos con mascarilla desgastada y casco de minero para iluminar la mesa de operaciones. “No tenemos anestesia. Lo que más hacemos es amputaciones de miembros. Están naciendo más niños que antes de la guerra”. El desafío de la vida ante la muerte, dije cuando supe el dato. “Y la falta de electricidad y televisión” me completó una joven enfermera.

Hablábamos  de nuestros recuerdos de otras zonas de conflicto. Mis jóvenes compañeros veían en mi veteranía una confirmación de que lo que hacíamos es la profesión más bella del mundo y, en algunos momentos, la más peligrosa. Cuando contaba a mis compañeros que yo fui el único periodista español del lado egipcio cuando Israel, Francia y Gran Bretaña atacaban por todos los frentes, en Octubre de 1956, no podían creer que ya había estado en la guerra del Canal de Súez, 37 años antes, cuando ninguno de ellos había nacido.

Yo había estado varios años siendo editor o con programas de radio y televisión alejado del riesgo. Yo era un desconocido en las facultades de Periodismo y Gervasio y Alfonso se escandalizaban. ¿Por qué deberían haber hablado de mi?  me preguntaba yo.Los criterios académicos y la realidad del periodismo son como el agua y el aceite. Mi reportaje de Fidel Castro y el Che en  Sierra Maestra les fascinaba y sentían vértigo al pensar que hacía cuatro décadas que yo había bajado de aquella montañas  de Cuba.

Nos despedimos prometiendo volver a encontrarnos en Madrid. Ser freelance no te permite aguantar demasiado en zona de guerra. Cien dólares diarios de hotel, cien de estudiante-interprete y otros cien del coche ,de otro universitario ,es mucho dinero cuando solo tienes la seguridad de que lo recuperarás si tu trabajo es satisfactorio. Mi acreditación era de “Tiempo” y acabé vendiéndoselo a “Diario 16″.  Pero vivir en la inseguridad, en esta profesión,  es vivir. Y aquel sábado, como si estuviésemos en una película de Fellini, con el ruido de fondo no tan lejano, de ametralladoras y morteros, apareció un pianista de frac, se sentó al piano y empezó a deleitarnos con Chopin y Strauss. Me sentí en pleno Imperio austro-húngaro. antes de que aquí, en Sarajevo, Gavrilo Princip asesinara al archiduque Francisco Fernando de Austria y su esposa, Sofía Chotek, y comenzase la Primera Guerra Mundial.

Desde aquel encuentro nuestro, Gervasio ha seguido un camino inédito en el mundo del periodismo y de la investigación: Se interesó por los “después” de las guerras. ¿Que había sido de aquella mujer que  perdió a su hijo en la masacre del Mercado de Sarajevo? ¿Se habría casado aquella muchacha que lloraba junto al novio herido? Buscar la Historia del después es, a veces, reconfortante ver cómo el ser humano caído se levanta y anda, con ortopedia o simples muletas, pero anda. Y los desaparecidos de Argentina, Chile, Colombia, Laos, Irak aparecen en modestas fotos que sujetan sus deudos con paciencia de siglos.

Ahora en España la gente puede ver y escuchar en exposiciones y conferencias, lo que es la misión de Gervasio, este buen samaritano, este perro San Bernardo que pacientemente reconstruye vidas e intenta minorar el dolor de las víctimas de la guerra. Al  senequismo cordobés unió Gervas la tozudez maña tras su matrimonio con Carmen “Choco” y tener a Diego al que ha educado llevándolo a los campos de batalla de Sierra Leona, Laos, Sarajevo, Kosovo o Tinduf,  para enseñarle el daño que han hecho, después de las guerras, las bombas de racimo, esas pequeñas pelotas de golf de  colores vivos y que salen por millares de las bombas portadoras.  Termina la contienda y esas pelotitas  siguen segando miembros de niños que las encuentran y quieren jugar con ellas, los campesinos arando sus campos. Para ellos la guerra no termina nunca.

El hombre que más ha hecho porque se prohibiese la fabricación y venta de esas armas, ha sido “Gerva”, el periodista que documenta y hace visibles los familiares que tienen desaparecidos, el mismo que lucha contra el empleo de niños y niñas como soldados en las guerras africanas. Gervasio Sánchez tiene un Seminario de Periodismo Humano en Albarracín, todos los otoños. Estuve en el de 2001 y ahora al cumplirse 10 años de estos encuentros veteranos y novatos.. Se han presentado 300 jóvenes periodistas y otros 60 fueron rechazados porque Albarracín tiene 1.300 habitantes y no puede alojar a más de 300.

De vez en cuando, hojeo los magníficos libros de Gervas, publicados por Blume, mientras escucho las czardas de Monti al piano y recuerdo aquel sábado mágico de julio de 1993, hace ya… ¡17 años!

Blog de Enrique Meneses.

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