Marc Riboud. Vivir intensamente

Marc Riboud, Vivir intensamente

 

Marc Riboud. Vivir intensamente

Marc Riboud, Nigeria,1960.

A pesar de los visores, los proyectores y otros elementos técnicos, convendría que los fotógrafos no nos lo tomásemos demasiado en serio… Fotografiar es muy fácil; saber mirar y ver es mucho más difícil, porque no se trata de un reflejo condicionado, sino que es fruto de un trabajo serio de aprendizaje. La disciplina es tan importante como la espontaneidad y la sensibilidad… La fotografía no tiene la obligación de convencer, no es capaz de cambiar el mundo, pero puede mostrarlo, sobre todo cuando está cambiando… Fotografiar significa aceptar lo imprevisto, la sorpresa; mas para captar este aspecto de la realidad se precisa una gran pasión, yo diría la obsesión de observar incansablemente la realidad… Si disminuye el amor a la vida, también las fotos palidecen, porque fotografiar significa saborear la vida, cada instante, intensamente.

Litoral, número 250, Escribir la luz.

Visita la web de Marc Riboud

Marc Riboud. Vivir intensamente

Marc Riboud, Calcuta, 1971.

 

Bruce Davidson. Algo en su rostro

El fotógrafo Bruce Davidson nos cuenta la historia de una de sus fotografías favoritas que hizo cuando recorría Gran Bretaña en descapotable en los años sesenta.

Bruce Davidson

Bruce Davidson, Londres 1960.

Siempre he tenido cariño a Gran Bretaña. Escuchábamos la BBC durante la guerra, cuando tenía al tío Herb pilotando un bombardero, que creo que era de Inglaterra.

En 1960, compré un Hillman Minx descapotable, que no era muy caro por aquél entonces, y conduje a través de Inglaterra con la capota bajada. Era un coche de conducción americana, lo que tenía sus ventajas porque podía fotografiar a la gente de la acera más fácilmente. También tenía una chaqueta con grandes bolsillos a los lados donde podía meter mis Leicas.

Encontré a esta chica por accidente, estaba paseando por las calles de Londres.  Me acerqué a un grupo de adolescentes y empezamos a charlar. Me llevaron a una taberna y luego a un salón de baile gigante. Creo que estaba en una isla. Se me estaba haciendo tarde y tenía que continuar el viaje a la mañana siguiente así que no me quedé mucho.

Pero separé a esta chica para fotografiarla sujetando a ese gato, que probablemente había recogido de la calle, y llevando y saco de dormir amarrado al cuerpo. Había muchísimo misterio en ella. No sabía de dónde había salido, tampoco me quedé con su nombre, pero había algo en su rostro -lleno de esperanza, positivismo y amplitud de miras hacia la vida- era la nueva cara de Gran Bretaña.

La tomé con un objetivo de 50mm normal, con el diafragma muy abierto. Utilicé una película Ilford, llamada HPS -película de alta sensibilidad- que me encantaba, aunque probablemente ya no se fabrique. Me encantaba la textura del grano; ella parece una estatua.

Todavía le tengo cariño a esta fotografía. Me pregunto qué estará haciendo esa chica ahora. Debe de estar ocultándose en algún lugar de Londres, o quizás haya muerto, nunca se sabe.

Bruce Davidson

Bruce Davidson, Londres, 1960.

Traducción del texto publicado originalmente en inglés en Guardian.

Puedes conocer el trabajo de Bruce Davidson en la web de Magnum Photos.

 

Lewis Carroll al otro lado del espejo. Brassaï

Han corrido ríos de tinta sobre la relación de Lewis Carroll con las niñas que fotografiaba y, más en concreto, con Alice Liddell, la niña en la que se inspiró para escribir Alicia en el País de las Maravillas. En este texto, el fotógrafo Brassaï habla de esta relación, pero sobre todo de la fotografía como medio para traspasar los límites.

Lewis Carroll al otro lado del espejo. Brassaï

Alicie Liddell por Lewis Carroll , primavera de 1860.

Al otro lado del Espejo

Brassai

Piensan algunos que a fotografía no era más que uno de los hobbies de Lewis Carroll. Estimo que era mucho más que esto e incluso que representó en su vida un papel primordial. Con ocasión de su primer contacto con la fotografía, la saludó como a una maravilla, “la nueva maravilla del mundo”. Fue uno de los primeros en tomársela en serio, en ver en ella un medio de expresión digno de interés. Por otra parte, su universo repleto de trampas, espejismos, cambios de talla, guardaba una gran afinidad con a fotografía. Universo que de golpe se introduce en su casa, en el espacio irreal de la cámara oscura donde los rayos luminosos recrean al prolongarse las fugitivas e impalpables apariencias de la realidad. Revelar las imágenes latentes, captarlas, materializarlas, fijarlas para siempre es un prodigio de la fotografía que maravilla a Lewis Carroll, y que sólo la fuerza de la costumbre puede convertir en banal. Entre estas placas mutantes, transformadoras de una realidad evanescente y sus formas que adquieren nuestra vida, el autor de Alicia debía sentirse en su terreno: la muerte y la resurrección más allá de lo real, la detención del tiempo, la infinita prolongación del tiempo, la presencia de lo ausente, la ausencia de lo presente, todas estas paradojas vivió una y mil veces al hacer sus fotos.

Otra tarea que la fotografía asume en Carroll: la de válvula de escape de su vida amorosa frustrada. Nosotros los fotógrafos -para parafrasear a Carroll- somos una ralea de granujas, de mirones de ladrones. Estamos en todas partes allí donde no se nos desea; traicionamos secretos que no nos han sido confiados; espiamos sin vergüenza lo que no nos atañe y nos apropiamos de lo que no nos pertenece. Y, a la larga, nos encontramos haciendo de encubridores de toda la riqueza de un mundo que hemos asaltado. La fotografía es la que permite a este pastor tentado por el diablo exorcizar sus pensamientos impíos que, como confiesa, le perseguían sobre todo por la noche. Gracias a ella, la captación de la imagen podía sustituir a la posesión. “Era necesario -escribe André Bay, uno de sus mejores traductores y conocedores- que hiciera intervenir esta lente -la fotografía- entre la inaccesible jovencita y su sed de poseerla. Y así la tomaba a través de su objetivo”.

Toda la vida amorosa de Lewis Carroll estuvo ligada a la fotografía, pasó por la fotografía. Para él la fotografía era el país de las maravillas, “el otro lado del espejo”.

Brassaï, Rambouillet, 13 de marzo de 1970.

Lewis Carroll a través del espejo,. Brassaï

Alice Liddell por Lewis Carroll, Verano de 1858.

Fuente: Luna Córnea 3

 

Alfred Stieglitz. Cómo llegué a fotografiar nubes

Alfred Stieglitz fue uno de los fotógrafos que más luchó a principios del siglo XX para que la fotografía se considerase una forma más de expresión artística. El trabajo que representa mejor esta idea es probablemente Equivalents (Equivalencias), serie de diez fotografías de nubes. En este texto de 1923 publicado originalmente en The Amateur Photographer & Photography habla sobre cómo llegó a fotografiar las nubes.

Alfred Stieglitz

Alfred Stieglitz Equivalent

El verano pasado, cuando varios colaboradores de la publicación “M.S.S”, fiel la fotografía y su significado estético, mandaron sus manuscritos, Waldo Frank -uno de las luces literarias más jóvenes, autor de Our América– escribió que creía que el poder secreto de mi fotografía se debía a mi capacidad para hipnotizar a mis modelos.

Me sorprendí cuando lo leí. Me preguntaba qué diría sobre mis escenas callejeras, los árboles, los interiores y otros temas, las fotografías que tanto había admirado, o si sintió que ésas también se debían a mis poderes de hipnotismo. En realidad, una declaración muy pobre viniendo de alguien que había demostrado un pensamiento profundo y justo, interesado en el conocimiento.

Sucedió, que la misma mañana en la que había leído este artículo, mi cuñado (abogado y músico) sin venir a cuento me dijo que no podía entender cómo alguien con una supuesta sensibilidad musical, podía haber dejado de tocar el piano por completo. Él toca el violín. El violín no ocupa lugar, el piano sí. El piano necesita revisiones de un profesional. Simplemente no podía permitírmelo, incluso cuando era supuestamente rico. No era simplemente una cuestión de dinero.

Alfred Stieglitz

Alfred Stieglitz Equivalent

Hace 35 años o más, pasé unos días en Murre (Suiza) y estaba experimentando con placas. Me interesaban las nubes y su relación con el resto del mundo, las nubes por sí mismas, y las que eran difíciles de fotografiar, casi imposible. Desde entonces, las nubes han estado en mi mente, a veces de una forma muy poderosa y siempre supe que continuaría ese experimento hecho hace 35 años. Siempre observaba las nubes. Las estudiaba. Tuve oportunidades extraordinarias aquí mismo en esa ladera. Lo que dijo Frank me molestó y también lo que dijo mi cuñado. Estaba en pleno misticismo de mi verano fotográfico, intentando sumar a todo lo que sabía, al trabajo que había hecho. Siempre evolucionando -profundizando cada vez más en la vida- en la fotografía.

Mi madre estaba muriendo. Nuestra finca se hacía pedazos. Al viejo caballo de 37 años lo había mantenido vivo el cochero de 70. Me llenaba el sentimiento del ahora: todo a mi alrededor se desmoronaba, despacio pero infalible: los castaños estaban muriendo, todos los castaños del país llevaban años muriendo, los pinos también estaban sentenciados, enfermos. Y yo, pobre pero trabajando. El mundo era un absoluto desastre, el ser humano se había convertido en un bicho raro, no tan digno como nuestro gigante castaño de la colina.

Alfred Stieglitz Equivalents

Alfred Stieglitz. Equivalents

Así que decidí lo que les contestaría al señor Frank y a mi cuñado. Por fin haría algo que tenía en mente hace años. Haría una serie de fotografías de nubes. Se lo conté a la señora O’Keeffe. Quería fotografiar nubes para ver lo que había aprendido de fotografía en 40 años. A través de las nubes expresar mi filosofía de vida, demostrar que mis fotografías no pueden reducirse al contenido y sus temas -ni árboles, caras, interiores peculiares, ni privilegios especiales- las nubes estaban ahí para todo el mundo, sin pagar impuestos aún, gratis.

Así que empecé a trabajar con las nubes y era muy emocionante todos los días durante semanas. Cada vez que revelaba estaba muy nervioso, siempre creía que casi había conseguido lo que buscaba, pero había fallado. Le dije a la señora O’Keeffe que quería series de fotografías que cuando las viera Ernest Bloch (el gran compositor) pudiera exclamar: “¡Música! ¡Música! ¡Hombre, porque esto es música! ¿Cómo lo has conseguido?” Y señalaría los violines, las flautas y los oboes, y los instrumentos de viento, lleno de entusiasmo y diría que tendría que escribir una sinfonía llamada “Nubes”. No como la de Debussy sino mejor, mucho mejor.

Y cuando finalmente tuve mi serie de fotos reveladas y Bloch las vió, lo que dije que quería que ocurriera, ocurrió palabra por palabra.

Fotografías directas, todas en papel gaslight, excepto una en platinotipo. Con el poder de los fotógrafos de todos los tiempos, y satisfecho de haber aprendido algo durante estos cuarenta años. Este año hará cuarenta años que empecé en Berlín con Vogel.

Ahora si las series de nubes se deben a mis poderes de hipnotismo me declaro “Culpable”. Sólo algunos “fotógrafos pictorialistas” cuando venían a una exposición parecían totalmente ciegos ante las fotos de nubes. Mis fotografías parecen fotografías y a sus ojos no pueden ser arte. Como si tuvieran alguna idea sobre arte o fotografía -o la más mínima idea sobre la vida. Mi objetivo es hacer fotografías que cada vez se parezcan más a fotografías que, a no ser que alguien tenga ojos y vea, pasen desapercibidas y que una vez que alguien las haya visto, no las olvide jamás. No sé si queda claro.

Alfred Stieglitz Equivalents

Alfred Stieglitz Equivalents

Podéis leer el texto original en inglés aquí.

Andrew McConnell. Un momento mágico

Andrew McConnell

Andrew McConnell, Kinshasa, República Democrática del Congo, 2010.

En 2010 me mandaron a Kinshasa para seguir a una orquesta sinfónica que vivía en la la zona de Kimbanguiste. Estaba a punto de estrenarse un documental sobre músicos autodidactas que empezaron tocando instrumentos caseros y fui allí cuatro días para fotografiarlos. Veía a los músicos en sus ensayos diarios en en los alrededores de la casa del director de orquesta, disfrutando de sus actuaciones y observando cómo los miembros mayores enseñaban a los niños a tocar. La noche del estreno, los músicos se montaron en uno de esos destartalados autobuses y los condujeron alrededor del pueblo hasta el sofisticado hotel donde todos vimos el documental juntos. Fue muy bien, hubo un montón de risas.

Los músicos, que proceden de toda la capital congolesa, tienen su trabajo a lo largo del día. Uno es electricista, otro pescador. Por alguna razón, el director de la orquesta ha puesto una valla verde brillante alrededor de su casa y todas las sillas de plástico donde se sentaban los músicos también eran verdes. En realidad, parecía tener muchas cosas verdes. El hecho de que Josephine, la violonchelista de la foto, también vista de ese color es una bonita coincidencia. Ella vende comida en el mercado y lleva un pequeño negocio, así que puede practicar hasta la noche, cuando la mayoría de los músicos se han ido a casa.

Era tarde y la luz se estaba yendo. Josephine estaba sola en el recinto. Me subí a una silla para captar los dos mundos a cada lado de la valla. Ella estaba absorta en su música mientras fuera, en la calle sumida en la pobreza era todo caos y bullicio. La carretera estaba llena de baches, había gente vendiendo somieres de camas, otros vendían carbón. Y la música se colaba en la escena.

La respuesta a esta fotografía fue increíble. Fue parte de la exposición itinerante del World Press Photo 2011 y recibí emails de todas partes del mundo. Algunos eran violonchelistas pero la mayoría no lo eran. En realidad, sigo recibiendo mensajes.

Josephine y el resto de la Orchestre Symphonique Kimbanguiste me parecen inspiradores. Son de origen pobre, pero están apasionados con su música. Cuando actuaban, se me erizaban los pelos de la nuca. Creo que la fotografía habla del poder de la música para elevarnos. Pero también habla del poder de las mujeres y del espíritu humano, que es indestructible y lleno de esperanza. Fue un momento mágico, uno de esos momentos en los que te preguntas si volverás a ver algo tan bonito de nuevo.

 

Influencias: “Eugene Richards, James NachtweyEdward Burtynsky.”

Consejo: “Fotografía lo que te apasione, no lo que pienses que deberías fotografiar.”

 

Traducción del artículo publicado en Guardian.

 

7 fotos que lo cambiaron todo para Magnum

Magnum Photos cumple 68 años de trayectoria y para celebrarlo ha pedido a 50 de sus miembros que elijan “la imagen que lo cambió todo”. Cada uno ha elegido una imagen que ha supuesto un punto de inflexión en su carrera como creadores de imágenes. Hemos hecho una selección de las 7 que más nos han gustado.

Alex Webb

Alex Webb

Alex Webb, Haiti

El triste, vibrante, trágico y encantador país de Haití ha sido la clave de mi fotografía. Después de leer Los comediantes de Graham Green (que transcurre en Haití, que al mismo tiempo me aterraba y fascinaba) hice mi primer viaje en 1975. Fotografié en blanco y negro y pronto me di cuenta de que faltaba algo: no estaba capturando la sensación abrasadora de la luz y el calor –físico y quizás también metafísico- de este país, tan diferente a la gris desconfianza de Nueva Inglaterra, donde crecí.

No me ocupaba de la intensidad emocional de mi experiencia en esta tierra conflictiva. Así que cuando volví a Haiti cuatro años más tarde, decidí trabajar en color. A medida que vagaba por los pórticos del céntrico Port au Prince en 1979, recuerdo ver a este hombre con un ramo de juncos –increíblemente silueteado contra la vibrante pared roja- y justo un segundo hombre, en la sombra apareció de repente. Hice la foto y poco a poco empecé a darme cuenta de que era hora de dejar atrás el blanco y negro.

Alec Soth

Alec Soth

Alec Soth

En marzo de 1992, hice un viaje por carretera a lo largo del Mississippi con mi futura mujer Rachel y nuestra perra Tasha. Viajamos desde nuestra casa en Minneapolis a Memphis. Cada noche íbamos a la busca de un sitio discreto donde aparcar para poder dormir en nuestra furgoneta. Sacábamos todas nuestras bolsas y hacíamos una pequeña habitación. Una década más tarde, viajaría de nuevo por el Mississippi para mi primer libro, Sleeping by the Mississippi. Esta fotografía es como mirar a la semilla de la que brotó todo ese trabajo.

Chien-Chi Chang

Chien-Chi Chang

Chien-Chi Chang

Esta codiciada profesión es propensa a todo tipo de peligros inesperados. Algunos naturales: un traspié seguido de una caída por un barranco. Algunos políticos: alguna detención ocasional en la cárcel. Algunos personales: un colapso de agotamiento en un baño solitario de Nueva Zelanda. La lista continúa y estos percances se pueden considerar los normales, desafortunadas consecuencias de esta profesión. Pero el daño real, descubrí que estaba en casa, donde un matrimonio había muerto.

Alex Majoli

Alex Majoli

Alex Majoli

Hace mucho tiempo, cuando murió mi abuela, quise llevarle a su tumba algo más que las típicas flores, algo que me importaba en una época en la que acababa de descubrir lo que quería hacer con mi vida: ser fotógrafo. Así que llevé una copia de una fotografía de la que estaba orgulloso –una foto que le hice a mi primo desnudo cuando tenía unos quince años, en 1986. Me sentía bien con ese gesto. Pero, unas semanas después, oí que algunos familiares estaban molestos porque alguien había dejado una fotografía de un desnudo en la tumba de mi abuela, y que se había abierto una investigación. No sabía qué hacer, así que le dije a mi madre que había sido yo. Fue un enorme malentendido. Pero a día de hoy me gusta esta fotografía. Esa experiencia me enseñó algo sobre el impredecible poder de una fotografía. Cuando dejé la fotografía en la tumba de mi abuela, lo hice con buena intención y el gesto significaba algo muy concreto y personal para mí. Pero luego, una vez que la fotografía salió de mis manos y entró en el mundo, me di cuenta de que mis intenciones eran irrelevantes. El poder de la fotografía tomó una vida completamente nueva fuera de mi control.

Michael Christopher Brown

 

Michael Christopher Brown

Michael Christopher Brown

Esta fotografía la hice con un móvil fuera de una tienda de libros de Pekín en 2010. Vivía en China, haciendo viajes por carretera en mi furgoneta Jinbei. La experiencia y la novedad del teléfono eran emocionantes, pero no sabía que el teléfono me permitiera cambiar –de alguien que era utilizado por la fotografía a alguien que utilizaba la fotografía. Sin bolsas de equipo y el bagaje e historia del proceso fotográfico, era capaz de olvidarme de la fotografía y centrarme simplemente en la experiencia. En ese momento descubrí lo que necesitaba contar.

Peter Marlow

 

Peter Marlow

Peter Marlow. Aguas termales naturales en Kawayu. Japón, 1998.

Una mañana muy temprano de 2000, me arrastró fuera de la cama mi guía japonés, el increíblemente paciente Ito Kadowaki, que me condujo a través de este confuso y fascinante país. Anduvimos hasta el río, nos quitamos toda la ropa y nos hicimos camino hasta aguas termales que brotaban del centro de la corriente. Estaba en un punto de mi carrera en el que estaba aprendiendo que no necesitaba acontecimientos a los que dirigir mis fotografías. Fotografía y autoría se basan mucho en la confianza y yo comenzaba a comprender que podía ser menos intrusivo, dejar que las situaciones surgieran y ver fotografías en lo ordinario, en los momentos intermedios. Este momento en particular fue increíble: la niebla, el calor y el frío en el mismo lugar. Hacer una fotografía de mis pies es exactamente lo que conservo de esa experiencia. Ser fotoperiodista en esa situación no parecía lo correcto, y simplemente intenté mostrar mi propia experiencia pasando a ser parte de la fotografía. Hice lo que pude por mantener mi cámara telemétrica fuera del agua y simplemente echarme hacia atrás tranquilo, relajado y fotografiar mis pies.

En definitiva, intento que las fotos ocurran porque ahora tengo la confianza de que siempre lo harán. ¿Puede ser más sencillo?

Jacob Aue Sobol

Jacob Aue Sobol

Jacob Aue Sobol, Tiniteqilaaq, Groenlandia, 2001.

¿La foto que lo cambió todo? Cuando me enamoré de Sabine y me enseñó a bailar. Después de ese momento, dejé de hacer fotos para probar algo o ser atrevido. Después de ese momento, empecé a bailar. Sabine se había pintado los labios, se puso tacones y un vestido de lunares. Era el bautizo del primer bebé de su hermana. ‘Pegeeraava, ¿estoy guapa?’ me preguntó Sabine. Se levantó la falda enseñando sus bragas de estrellas y sus medias llenas de carreras. ‘Lorunaraalid. Estás preciosa’, le dije, cogiéndola y empezando a bailar. A menudo he mirado a Sabine bailar en salas de fiestas sin querer que yo me uniera. Pero ahora estábamos solos en casa de su tío, yo me entregué a los dos, al baile y a Sabine. Bailamos sobre las mesas, sillas y colchón. Cada vez más salvajes. A través de la ventana abierta podíamos escuchar el repiqueteo de las campanas de la iglesia pero Sabine insistía: “Aamma, aamma, gilinnermud ilinniardiiatsiikkid! ‘¡Más, más, deja que te enseñe a bailar!”

Todos los textos los hemos sacado de la web de Magnum Photos, donde podéis encontrarlos en inglés con las otras 43 fotografías que conmemoran este aniversario. Nos encantaría saber cuál es tu favorita, la que te ha movido más y con la que te sientes más identificado. Si  no está en nuestra lista, déjalo en los comentarios.

Mike Brodie. Sin fronteras

Mike Brodie tenía 17 años cuando saltó a su primer tren intentando escapar del aburrimiento. En ese momento comenzó un viaje de 5 años en el que recorrió Estados Unidos colándose como polizón en trenes de carga. Llevaba una cámara con la que documentó gran parte de sus viajes. En 2012, publicó A Period of Juvenile Prosperity que apareció en varias listas de los mejores libros del año. Recientemente ha publicado Tones of Dirt and Bone, libro en el que recopila 50 polaroids tomadas durante los dos primeros años de su viaje, antes de que dejaran de fabricar la película.

Mike Brodie

Mike Brodie, A Period of Juvenile Prosperity.

Es como cuando un perro saca el hocico por la ventana y el viento le golpea, todos sus sentidos se acentúan, he oído que los perros se colocan así. Pasa lo mismo cuando vas en el tren. Los vagones no son para gente cómoda. Están hechos sin ningún confort, son cargueros, vas al aire libre y ves el mundo de la misma manera pero diferente.

Cuando vas en el tren no te das cuentas cuando cruzas las fronteras, es como, vale estoy en otro estado pero todo parece un gran estado.

Mike Brodie

Mike Brodie, A Period of Juvenile Prosperity.

Reconozco que la fotografía siempre idealiza las cosas pero ese tipo de vida es romántico la mayor parte del tiempo, al menos en primavera y verano. Mientras te guste la vida al aire libre y no te importe ensuciarte o no poder cambiarte de ropa durante meses, es fantástico.

Mike Brodie

Mike Brodie, A Period of Juvenile Prosperity.

No teníamos mucho dinero, ni responsabilidades, hacíamos lo que queríamos, y no teníamos un duro pero las cosas salían bien, conseguíamos comida gratis, la gente nos llevaba, cogíamos trenes gratis, algunos vivían de ocupas… Era un tipo de vida libre que podríamos llamar próspera. No éramos exactamente sin techo porque la mayoría de nosotros había elegido ese tipo de vida.

Aprendí mucho sobre la gente y sobre cómo funciona nuestro país. Creo que es una educación mejor que ir cuatro años a la universidad. No miré muchos libros ni estudié, pero miré a mi alrededor y aprendí muchísimo.

Mike Brodie

Mike Brodie, A Period of Juvenile Prosperity.

Esta foto fue idea suya. Estábamos sentados al atardecer y me dijo, ‘Brodie, tengo una idea’ se desabrochó la camisa, se puso detrás de la baranda. Se podría haber caído y haber muerto pero no se te pasa por la cabeza, el tren va a 50 millas por hora, estaba bien agarrado, no iba a pararlo. Hice algunas fotos, sacó el dedo, yo me reía, me costaba trabajo sujetar la cámara… Pero todavía quiero preguntarle cuál era su intención porque yo creo que muy en el fondo él sabía que un día el mundo iba a ver esta fotografía. En mi opinión, estaba lanzando un mensaje a la sociedad.

Mike Brodie

Mike Brodie. Tones of Dirt and Bones

 

Estaba con cada persona un buen rato y centrarme de verdad, asegurándome que tenía la foto que realmente quería sin desperdiciar mucha película. Normalmente tomaba dos o tres fotos.

A diferencia de muchas de las fotos hechas en ‘caliente’ en los trenes –imágenes que cuando las miro, pienso ‘no me puedo creer que esto pasara’- hacía las Polaroids cuando estaba ‘seguro’, cuando podía tomarme mi tiempo.

Desarrollar las habilidades asociadas a un oficio debería ser la prioridad. Hoy hay una epidemia de poner al artista antes de perfeccionar el oficio. Deberías pasar mucho más tiempo poniendo en orden lo que sabes antes de decir que eres esto o lo otro.

 

 

 

Mike Brodie, que este año cumple 30, dice que ya no hace fotos y trabaja como mecánico, trabajo que combina con diversas exposiciones de sus anteriores trabajos.

He intentado fotografiar lo que me pasa ahora en mi día a día pero no puedo. Puedo ser fotógrafo o mecánico. No puedo dejar lo que estoy haciendo para hacer otra cosa. Está en dos partes diferentes de mi cerebro. Es todo o nada.

Mike Brodie. Polaroids

Mike Brodie. Tones of Dirt and Bone

 

Web de Mike Brodie

Fuentes: Guardian, Time, Npr

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