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Citas: Richard Avedon

Cuando posas para un fotógrafo, es detrás de una sonrisa que no es tuya. Tú tienes rabia y hambre y estás vivo. Lo que valoro en ti es esa intensidad. Quiero hacer retratos tan intensos como las personas.

vestido negro, mirada perdida, marilyn monroe, avedon

Marilyn Monroe, actriz. Nueva York, 6 de mayo de 1957.

Texto sacado de la exposición Aquí estamos.

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Richard Avedon. Retratos tan intensos como las personas

Richard Avedon

Richard Avedon, Marilyn Monroe, Nueva York, 1957.

Cuando posas para un fotógrafo, es detrás de una sonrisa que no es tuya. Tú tienes rabia y hambre y estás vivo. Lo que valoro en ti es esa intensidad. Quiero hacer retratos tan intensos como las personas.

Richard Avedon.

 

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Entrevista a Enrique Meneses

Antes de nada, disculpad porque hace ya más de un año que hicimos esta entrevista. La grabamos en vídeo, no salió bien y al final lo más efectivo ha sido hacerlo como siempre, transcribiéndola. Espero que disfrutéis de  las mil historias que Enrique tiene para contar.

Chiara Camberra

¿Cuál crees que debe ser la función principal de la fotografía?

Comunicar, igual que escribir. Todo acto humano es información, incluso la publicidad.  Podríamos decir que la publicidad es el hecho de informar a un posible cliente de que un producto es mejor que otro, lo que pasa es que es interesado, pero eso también pasa en el periodismo y fotografía.

Y la fotografía puede funcionar como testigo presencial, como es el caso de dos políticos dándose la mano a las puertas de La Moncloa, o como narrador, que es contar una historia con imágenes. En mi caso, yo siempre tomo notas y llevo la grabadora durante mis reportajes.

Moni: ¿Qué opinas de la nueva era digital y del tratamiento de las imágenes con Photoshop?

Yo no quiero ningún retoque. Me invitaron a la Bienal de Tenerife, que pagan muy bien, y cuando vino el director a mi casa a ver las fotos me dijo: “Mira, Enrique, es que se llama Bienal Artística de Fotografía y esto no tiene nada de artístico, es puro reportaje”. Le contesté que es lo que he estado haciendo toda mi vida y que no tengo intención de hacer otra cosa. Entonces, me sugirió que a la foto Fidel Castro sujetando un rifle, le metiera un cielo con nubarrones. Le dije “Métete los quince mil euros por donde te quepan que no voy a estar retocando mis fotos para hacerte el favor de ir a una bienal que se dice de fotografía artística, ya iré a bienales de reportaje”. Es más, nunca pido a nadie que pose para una foto.

Escopeta, Sierra Maestra.

Fidel Castro en Sierra Maestra.

¿Crees que es positivo que actualmente haya tantas escuelas y talleres? ¿Crees que ayuda a la fotografía o que de alguna forma la unifica?

La fotografía que se enseña en esas escuelas es retrato, paisajes, arquitectura, moda… Es muy difícil que en una escuela te enseñen a hacer reportajes. Puede que haya algunas en las que los profesores te juzguen las fotografías pero el resto del tiempo tienes que estar haciendo fotos, hay que aprender al lado de otros, es un oficio.

Pero yo también he hecho otro tipo de fotografía, como de desnudo y es muy interesante ver cómo, por ejemplo, en Estados Unidos, utilizan luz exclusivamente de flash y en Francia, mezclaban luz diurna con los focos y la piel quedaba preciosa.

Creo que así también lo hacía Helmut Newton, ¿no?

No lo sé, no lo conozco. Al que conocí fue a Richard Avedon cuando estaba haciendo el reportaje sobre Dalí. Él estaba haciéndole un retrato en su estudio y me dijo: “Enrique, que estoy trabajando para Vogue y me pagan a mí, no hagas la misma foto.” Yo le dije que mi reportaje era sobre veinticuatro horas en la vida de Dalí y me puse detrás de él para hacer la foto de Avedon fotografiándolo mientras posaba.

¿Cómo era Avedon?

Simpático. Pero hice la misma foto que él. (Risas) Por lo único que se puede saber que no es su foto es porque tanto los ojos de Dalí como los de la modelo no miran a mi cámara sino justo al lado, a la de Avedon.

Richard Avedon, Salvador Dalí y una modelo durante una sesión de fotografía de joyas.

Richard Avedon, Salvador Dalí y una modelo durante una sesión de fotografía de joyas.

¿Y Dalí cómo era?

Uy, Dalí un coñazo, me llamaba a las siete de la mañana “Hola, Meneses, aquí el divino Dalí…” Era un pesado… También tengo un mini reportaje sobre él de un busto que le habían hecho y en el que, en un momento dado, Dalí arranca los bigotes al busto dejando dos agujeros en la escultura de bronce y mete a dos ratitas en el hueco atadas con un hilo dejando los rabitos fuera. También trajo una jaula con dos gatitos para que las ratas los olieran y moviesen la cola. Así que parecía que los bigotes estaban vivos… Era un tío con una imaginación tremenda.

Fer: Si mañana tuvieras que elegir un lugar para hacer un reportaje que no fuera el mundo árabe, ¿dónde irías? ¿dónde crees que actualmente se mueven más cosas?

Yo siempre recomiendo a los jóvenes Oriente Medio y Nueva York. En Egipto la definición sería que todo está prohibido pero tú lo haces. Le das un cigarrillo al policía y te deja pasar. Así que todo es posible aunque todo esté prohibido. Y Nueva York es el paraíso de los reportajes, de los mini reportajes. Yo he llegado a hacer seis reportajes en un día.

¿Cómo lo hacías?

Mi mujer y yo nos levantábamos a las siete de la mañana, cogíamos los periódicos que teníamos en la puerta e íbamos marcando con un lápiz rojo los temas que nos parecían fotogénicos.

¿Crees que el fotoperiodismo ha cambiado mucho desde cuándo tú lo hacías o crees que la base sigue siendo la misma?

Hay que ir a buscar las informaciones, no puedes encontrar todo por internet, aunque es una herramienta. Si yo en Sierra Maestra hubiese tenido internet y hubiese podido mandar las fotos por satélite a París y no hubiese tenido que esconder los negativos en las enaguas de Pilar Ferrer… Fue un tinglado revelar las fotografías en un laboratorio clandestino de La Habana, cortar los negativos, envolverlos, meterlos entre dos enaguas almidonadas, coserlas… Llevaba todas los negativos más cincuenta folios de texto. Sólo le dejé el culo libre para que pudiera sentarse en el avión… Era completamente distinto a las herramientas que tenéis ahora pero el periodismo en sí es ir a buscar una historia. empaparte de ella y saber contarla.

Fidel Castro en Sierra Maestra.

¿Qué foto te hubiera gustado hacer que en su día no pudiste?

No, las que he querido las he hecho y las que no, no. Alguna vez me han salido reportajes en los que he perdido dos mil dólares para ir a un sitio y luego no he podido hacer el reportaje. Me pasó, por ejemplo, con el Dalai Lama. Estuve ocho días viéndolo a diario porque quería que me diese un día para entrar en el Tíbet pero a él sólo le interesaba si eran mejor las cámaras francesas o las alemanas. Al final me dijo que no me daba un lama de guía para ir al Tíbet porque caeríamos los dos presos de los kampas y pedirían un rescate y no estaba dispuesto sólo para que yo hiciera unas cuantas fotos.

El año pasado estrenaron el documental Oxígeno para vivir sobre tu vida. ¿Te gustó?

Para empezar, no me gusta el título, por mucho que Giorgina diga “eso significa vitalidad, oxígeno para vivir, dinamismo…” ¡Y una leche! Estás con quimioterapia, con oxígeno y los pulmones hechos polvo, con cáncer… Y luego, en la película en sí creo que hay muchos episodios que se ha saltado. Giorgina es muy pesada haciendo su trabajo, lo cual es bueno, pero se empeña en una cosa… Quería que sólo apareciesen periodistas, de antes y de ahora, nadie de la familia, sólo sale mi hija pero porque también es periodista.  Considero que si estás hablando de la biografía de una persona, es esencial la familia pero ella dice que lo que quería era hacer un contraste entre el periodismo de antes y el de ahora.

Un anciano de Abu Simbel el Shark.

¿Qué consecuencia crees que van a tener en Occidente las revoluciones árabes?

Magnífica. Vamos a tener pueblos que se desarrollen en el norte de África, vamos a estar prestando una ayuda para que ellos se desarrollen más, para que tengan más escuelas… Es una vergüenza cómo se gestionan los fondos para desarrollo.

Estuve hablando con oficiales ingleses y me dijeron que tenían un fondos para el desarrollo. Habían ido a Malasia y le habían dicho al gobierno que le daban 2000 millones de libras para ayuda para el desarrollo, si a cambio les compraban un barco de guerra, un destructor. Nosotros damos trabajo a la gente y nos lo devuelven comprando el barco… Pero luego la gente de a pie no comía ni dos veces al día. Ni un céntimo ha pasado por manos de la gente necesitada, ni las escuela, ni la lucha por los derechos de la mujer… En increíble que nos importe tan poco el resto de la humanidad. Yo no soy un santo, soy realista, aunque muchas veces me llamen soñador. Sueño futuros mejores pero analizando la realidad soy muy objetivo.

¿Qué consejos das a la gente que quiere dedicarse a esto?

Si os gusta, es la profesión más bonita del mundo.  Hay que cortar el cordón umbilical de una vez e irse a la aventura. Si juegas a la aventura no puedes perder nunca. Para mí la aventura es ponerte delante de las dificultades para tener el placer de vencerlas.

Pablo Picasso y Luis Miguel Dominguín en Arles. 1958.

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Las cicatrices de Warhol (por Richard Avedon)

Andy Warhol por Richard Avedon

-Y de mis cicatrices, ¿qué?

-De tus cicatrices, ¿qué? -dijo B-. Te diré yo qué ocurre con tus cicatrices. Creo que produciste un Frankenstein sólo para poder exhibir tus cicatrices en el anuncio. Pusiste tus cicatrices a trabajar para ti. Y ¿por qué no? Son lo mejor que tienes  porque prueban algo. Siempre he pensado que está bien tener la prueba.

-¿Y qué prueban?

-Que te pegaron un tiro. Tuviste el mayor orgasmo de tu vida.

-¿Qué pasó?

-Pasó tan rápidamente que fue como un relámpago.

-¿Qué pasó?

-¿Recuerdas lo avergonzado que estabas en el hospital cuando las monjas te vieron sin tus wings? Y empezaste a coleccionar cosas otra vez. Las monjas te indujeron a coleccionar sellos, como en tu infancia, o algo así. También volvieron a que despertar tu interés por coleccionar monedas.

-Pero no me has dicho qué sucedió. -Quería que B me lo contara. Cuando alguien habla de eso, escucho, oigo las palabras y pienso, quizá todo sea cierto.

-Estabas allí, caído, y Billy Name estaba de pie y lloraba. Y tú le decías que no te hiciera reír porque te dolía de verdad.

-¿Y…? ¿Y qué más?

– Estabas en la sala de Cuidados Intensivos y recibías tarjetas y regalos de todo el mundo, de mí también, pero no me dejaste ir a visitarte porque pensabas que te robaría tus píldoras. Y dijiste que estar tan próximo a la muerte era realmente  como acercarse a la vida porque la vida no es nada.

-Sí, sí, pero ¿cómo pasó?

-La fundadora de la Sociedad para Capar a los Hombres quería que produjeras un guión suyo y a ti no te interesó y una tarde apareció en tu taller. Allí había mucha gente y tú hablabas por teléfono. No la conocías muy bien y ella salió del ascensor y empezó a disparar. Tu madre se llevó un gran disgusto. Pensaste que se moriría. Tu hermano estuvo realmente fabuloso,  el que es cura. Apareció en tu habitación y te enseñó a hacer punto. ¡Yo se lo había enseñado en la sala de espera!

¿De modo que así fue como me dispararon?

Andy Warhol, Mi filosfía de A a B y de la B a A

Richard Avedon habla sobre el retrato

Lisette Model me dijo que sentía que estas fotografías de mi padre eran “actuaciones”, y yo pienso lo mismo. Todos actuamos. Es lo que hacemos continuamente, de una manera no intencional ni deliberada. Es una forma de hablar de nosotros mismos con la esperanza de ser reconocidos como lo que querríamos ser. Confío en las actuaciones. Desecharlas no te acerca necesariamente a nada. La manera en que alguien que está siendo fotografiado en relación a esa presencia es de lo que se trata al hacer un retrato.

En situación, el hecho era complicado y se vio enriquecido porque yo estaba usando con mi propio padre todo lo que había aprendido fotografiando a desconocidos. Él era leal a la forma en que quería ser visto; yo a la forma en que lo veía, lo que estaba relacionado no sólo con mis sentimientos hacia mi padre, sino con mis sentimientos sobre lo que es ser cualquiera. Al principio, él accedió simplemente a que yo la fotrografiara, pero pienso que después de un tiempo comenzó a querer que lo hiciera. Comenzó a confiar en eso, y yo también, porque era la forma que los dos teníamos de forzarnos mutuamente a reconocer lo que éramos. Durante los últimos años de su vida lo fotografié muchas veces, pero no miré realmente las fotografías sino hasta después de su muerte. Ellas me parecen ahora, fuera del contexto de aquella época, completamente independientes de la experiencia de tomarlas. Existen por sí mismas. Lo que sea que haya pasado entre nosotros, pero no lo es para las fotografías. Lo que está allí está libre de nosotros dos.

Nueva York, 14 de junio de 1974.

Luna Córnea

Richard Avedon. Retrato de mi padre

Richard Avedon

Richard Avedon, Jacob Israel Avedon, 1973.

Un retrato fotográfico es una foto de alguien que sabe que está siendo fotografiado y lo que hace con ese conocimiento forma parte de la foto. Tanto lo que lleva puesto o la manera en que se ve. Está involucrado en lo que está pasando y tiene un cierto poder real sobre el resultado.

Lisette Model me dijo que sentía que estas fotografías de mi padre eran “actuaciones”, y yo pienso lo mismo. Todos actuamos. Es lo que hacemos continuamente, de una manera no intencional ni deliberada. Es una forma de hablar de nosotros mismos con la esperanza de ser reconocidos como lo que querríamos ser. Confío en las actuaciones. Desecharlas no te acerca necesariamente a nada. La manera en que alguien que está siendo fotografiado en relación a esa presencia es de lo que se trata al hacer un retrato.

En situación, el hecho era complicado y se vio enriquecido porque yo estaba usando con mi propio padre todo lo que había aprendido fotografiando a desconocidos. Él era leal a la forma en que quería ser visto; yo a la forma en que lo veía, lo que estaba relacionado no sólo con mis sentimientos hacia mi padre, sino con mis sentimientos sobre lo que es ser cualquiera. Al principio, él accedió simplemente a que yo la fotrografiara, pero pienso que después de un tiempo comenzó a querer que lo hiciera. Comenzó a confiar en eso, y yo también, porque era la forma que los dos teníamos de forzarnos mutuamente a reconocer lo que éramos. Durante los últimos años de su vida lo fotografié muchas veces, pero no miré realmente las fotografías sino hasta después de su muerte. Ellas me parecen ahora, fuera del contexto de aquella época, completamente independientes de la experiencia de tomarlas. Existen por sí mismas. Lo que sea que haya pasado entre nosotros, pero no lo es para las fotografías. Lo que está allí está libre de nosotros dos.

Nueva York, 14 de junio de 1974.

Luna Córnea

Annie Leibovitz vs Diane Arbus y Richard Avedon.

Este es un fragmento de una entrevista en la que Annie Leibovitz habla sobre Diane Arbus y Richard Avedon.

Fototapeta: ¿Conociste a Diane Arbus?

Annie: No llegué a conocerla personalmente pero sí conozco a gente que lo hizo. Recuerdo cuando vine a vivir a Nueva York y caminaba por las calles pensaba ‘¡Oh! Diane Arbus lo tenía fácil, ¡hay una foto de Arbus en cada esquina de Nueva York!’ Esto es simplificar un poco el trabajo de Diane porque ella realmente conocía a la gente que fotografiaba, se hacía su amiga y entraba en sus cuevas, por así decirlo… Fue una fotógrafa tan importante porque fotografiaba a la gente a la que la sociedad no quería mirar. No que no quisiéramos mirarlos, sino que ni siquiera los veíamos.

 

Fototapeta: Ella se suicidó. ¿Piensas que fue porque se involucró demasiado en el tema?

Annie: Creo que es muy complicado. No fue por un sólo motivo. Era muy inestable. La gente hace una montaña de un grano de arena. ¿Has leido el libro que Patricia Boss escribió sobre ella?

Fototapeta: He leído una biografía bastante extensa sobre Arbus pero no recuerdo el autor.

Annie: Yo no quería leerlo pero lo hice y luego me quedé con ganas de más… Creo que probablemente se sentía tanto o más a gusto con la gente que fotografiaba que con el resto. La cuestión es: ¿puede ser que ella viera a estas personas y se deprimiera tanto que se suicidó? No…

Fototapeta: No, no, no…

Annie: Ella veía esa gente porque se sentía identificada con ellos, y problablemente disfrutaba con ellos de verdad, eran muy amigos… Cualquiera que viva en Nueva York sabrá que éste es el retrato perfecto. Por eso cuando me mudé allí podía ver en cada esquina una fotografía de Diane Arbus. Pero ni siquiera me habría fijado en esa gente si no hubiera conocido su trabajo. Realmente no los habría visto.


Fototapeta: ¿Crees que Richard Avedon en su libro The American West intenta repetir el trabajo de Diane Arbus?

Annie: Qué más quisiera. Ya le habría gustado… Él deseaba con todas sus fuerzas ser Diane Arbus… Lo criticaron por eso, pero es normal. Creo que hizo un gran trabajo en el Este. Es muy honesto sobre cómo, qué y por qué lo hizo. Estaba completamente impresionado con Diane Arbus y la admiraba, y se entregó a ella. Sus hijas, Amy y Doon, son ahora sus mejores amigas. ¿Cómo puede alguien no admirar su trabajo que abarca tal brillantez? Nunca podría ser Diane Arbus pero sí podía integrar en su propio trabajo lo que vio en el de Diane. ¡Y todos lo hacemos! ¡Todos! Es lo maravilloso. No tiene nada de malo. Todos vivimos en este mundo y nos alimentamos de los demás. Forma parte de eso. ¡Y es genial, genial! Tú me entiendes…

Fototapeta: Te entiendo y sólo quería saber tu opinión sobre el tema. Admiro el trabajo de Richard Avedon, para mí es uno de los mejores.

Annie: Es un fotógrafo genial, es realmente bueno. Es muy importante. Es simplemente un hombre muy muy inteligente. Es un gran ejemplo para la fotografía porque tiene setenta y tantos y todavía está trabajando. ¡Es genial! ¿Qué es lo que come?… Olvidalo todo… ¿Pero qué es lo que come? ¿Cuál es su rutina?

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