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Pie de foto: Los Rolling Stones por Annie Leibovitz

Seguimos con los especiales de aniversario, la tercera entrada más compartida de este año ha sido el Pie de foto de John Lennon y Yoko Ono comentado por Annie Leibovitz así que aquí os dejo la traducción del texto de su libro At Work en el que habla de su experiencia como fotógrafa oficial durante una gira de los Rolling Stones.música, salto, grupo

Cuando empecé a trabajar en Rolling Stone, no podíamos fotografiar una banda hasta que no venían a la ciudad. Apenas había viajado. Hice algunas fotos de los Rolling Stones cuando vinieron a San Francisco en 1971 y 1972 y recuerdo haber viajado a Los Ángeles cuando ensayaban. Tenía una ridícula idea de fotografiarlos en un coche, y mi amiga la escritora Eve Babitz me dijo que Tuesday Weld tenía un Cadillac dorado. Así que se lo pedimos prestado. Lo había hablado con Mick por teléfono y le parecía una buena idea. Probablemente estaba pensando en Elvis Presley o algo así. El grupo estaba ensayando en parking de Burbank y todos salieron para ver el coche. Dijeron que era un mal año. ‘Los coches son como el vino’, me explicó Mick, ‘hay años buenos y años malos’ y se fueron.

Truman Capote iba a escribir sobre la gira de 1972 para la revista y Jann me dijo que podía ir con ellos en dos o tres ciudades. Robert Frank estaba viajando con el grupo haciendo fotos de 16mm que más tarde se convertiría en Cocksucker Blues. El grupo se lo había encargado pero nunca salió a la luz supongo que por las escenas de drogas y sexo que grabó. Danny Seymour, amigo y asistente de Frank estaba bastante metido en eso. Murió misteriosamente mientras la película se editaba.

Estaba asombrada con Robert Frank. Aquí era un maestro. No podía creer que lo viera trabajando durante unos días. Un día cogió mi cámara, yo estaba aterrada, era como estar con Dios, la sostuvo y me dijo ‘no puedes hacer fotos de todo’. Fue un consejo reconfortante. Siempre te pierdes cosas. Le tienes apego a esa máquina, a su ritmo. Las cosas se mueven delante de ti y se supone que  tienes que capturarlas, pero no siempre es posible. Aunque Robert Frank no parecía perderse nada. Era incansable. Nunca dejaba de trabajar.

Supongo que al grupo le gustaron algunas fotos de las que hice entonces y tres años más tardes me llamó Mick y me preguntó si me gustaría ser la fotógrafa de su gira. Mick es muy inteligente. Comprende que la documentación de una banda es importante. Como el presidente o la reina tienen un fotógrafo.

Janis Joplin por Bob Seidemann

Janis Joplin por Bob Seidemann

Mick me pidió que fuera su Cartier-Bresson. No sé a lo que se refería con eso. Creo que quería que fuera porque era joven y podía darle vidilla. Podría ser una combinación interesante. Por supuesto, había otros fotógrafos que estaban más involucrados con la música y más interesados en vivir la vida que vivían los músicos que yo. Por ejemplo, Jim Marshall. Pasaba mucho tiempo con los músicos. Eran amigos. Bob Seidemann había hecho la famosa foto de Janis Joplin desnuda llevando sólo collares y mostrando un pezón. Y también hizo la fotografía de la chica pelirroja desnuda, que parecía haber sido pintada por Boticelli, de la carátula del álbum Janis Joplin. Bob también hizo pósters para el Fillmore. David Gahr estuvo años fotografiando a músicos. Le encantaba la música. Estuvo en el Newport Folk Festival a principios de los sesenta y había fotografiado a Dylan, Springsteen y Miles Davis. Baron Wolman habia sido el director de fotografía de los comienzos de la revista Rolling Stone.

Yo admiraba a todos esos fotógrafos pero me resultaba difícil trabajar durante los conciertos. Nunca podías apartar la vista de la cámara y estabas a merced de la gente de iluminación que normalmente estaban drogados. Además, tenías que estar preparada que el público te aplastase. Al final del concierto siempre corrían hacia el escenario, así que si estabas delante, tenías que estar preparada. Dos canciones antes del final, metía todas mis cámaras menos una en la mochila y aseguraba las solapas y me la ataba alrededor de pecho. Al final, la ola de gente se dispersaba pero podías ser arrastrada muchos metros antes de que eso ocurriera. Recuerdo un concierto de Aretha Franklin en el que fui empujada prácticamente hasta el escenario. Tenías que dejar simplemente tu cuerpo suelto y no tratar de resistirte.

No obstante, le dije a Jann que quería irme de gira con los Rolling Stones y me dijo que no podía garantizarme que a la vuelta tuviera trabajo para mí pero pensé que era una oportunidad demasiado buena para dejarla pasar. Robert Frank había fotografiado a los Rolling Stones y ahora era mi turno.

El grupo estaba ensayando en un local de Andy Warhol en Montauk, al final de Long Island, así que me fue de la ciudad durante un mes, luego tuvieron el descanso y  en junio comenzó la gira. Yo era muy ingenua, me llevé mis raquetas de tenis. Pensaba tomar clases de una ciudad a otra. No tenía ni idea en lo que me estaba metiendo. Me pagaban unos cuantos cientos de dólares a la semana y se suponía que debía hacer fotos publicitarias pero sólo fui capaz de hacer un par el primer día y nada más. Nunca más volví a estar despierta durante el día. Siempre estaba con el grupo.

En ese momento, pensaba que la forma de hacer las mejores fotos era convertirse en un camaleón. Convertirse en parte de lo que estaba ocurriendo de forma que nadie notase que estabas allí. Por supuesto fue increíblemente estúpido por mi parte elegir una situación así de la que formar parte. Hice todo lo que se suponía que había que hacer si vas de gira con los Rolling Stones. Fue la primera vez en mi vida que algo me sobrepasó.

Una gira de rock and roll es antinatural. Te mueves en el tiempo y el espacio demasiado rápido. La experiencia es extrema. Está la grandeza de las actuaciones y el aislamiento y la soledad que les sigue. La banda era como un grupo de chicos perdidos a los que salvó la música. Les dio la razón para existir. Cuando no estaban de gira, no pasaban mucho tiempo juntos. En la carretera, trabajaban. Mick y Keith no hablaban nunca. Se suponía que la guitarra de Keith tenía que amplificarse tan alto como la voz de Mick. Ambas se alcanzaban en una lucha romántica. Fue la primera vez en mi vida -y en aquél entonces ya llevaba cinco años trabajando en Rolling Stone– que veía cómo se hacía la música. Vi cómo se producía de manera natural. Los compases que oía en las habitaciones de los hoteles durante la gira fueron las canciones del próximo álbum, Memory Motel y Fool to Cry.

La fotografía que para mí fue emblemática de la gira de 1975 fue la de Mick en el ascensor. Era cuando se acercaba el final de la gira y no tenía los pies en el suelo. Estaba volando. Era el objeto más bonito. Como una mariposa. Etéreo. Después de tanto tiempo en la carretera, sus bailes eran muy sueltos. Era casi surrealista. Siempre estaba al tanto de dónde estaba Mick. Lo que puede parecer haber sido una molestia para él se convirtió en una fuente de consuelo. El saber que yo estaba por ahí cerca. Fue una relación de modelo/fotógrafo de tipo obsesivo. Recuerdo que me pidió que le dijera si quería que estuviese en un lugar específico del escenario en algún momento del concierto pero me pareció inabordable. No podía pensar en nada que pudiera hacer aparte de lo que ya hacía.

Al final de cada concierto había dos o tres bises planeados. Nada era improvisado. El grupo era más profesional de lo que había visto nunca. Llevaban un tiempo siéndolo. Siempre siempre se preocupaban por hacer una buena actuación, sin importarles el tamaño de la sala de conciertos. Después del último bis, cuando todo el mundo pensaba que saldrían de nuevo al escenario, salían pitando. Cada noche, Mick se echaba por la cabeza muchos cubos de agua y podía salir del escenario completamente mojado con el maquillaje de ojos completamente corrido. Se envolvía en toallas y se metía en el coche. Normalmente se iban directamente al avión pero la noche que lo fotografié en el ascensor pasábamos la noche en la ciudad. La fotografía estaba hecha subiendo a la habitación de Mick. Estábamos solos. Ambos estábamos igual de absortos. No por las drogas, sino por todo el viaje, la falta de sueño y el esfuerzo de los conciertos.

En esa gira, aprendí sobre fuerza. Sobre cómo la gente en el público puede perder el sentido de sí mismos y fundirse en una masa mecánica y frenética. Mick y Keith tienen un poder tremendo dentro y fuera del escenario. Podían entrar en una habitación como jóvenes dioses. Me di cuenta de que la proximidad de ellos me dio fuerza también. Algo así como una nueva condición. No tenía nada que ver con mi trabajo. Era fuerza por asociación.

Hice cientos de carretes durante esa gira. Sólo unas cuantas fotos se publicaron en Rolling Stone, pero no miré la mayoría hasta años después, cuando estaba organizando fotos para el libro y la exposición de mi trabajo desde 1970 a 1990. Incluí algunas de las fotografías e intenté transmitir lo duro que fue todo pero creo que no lo conseguí. Cuanto más lo intentaba, más románticas parecían las fotografías.

He estado en muchos autobuses de gira y en muchos conciertos, pero las mejores fotografías de músicos en el trabajo las he hecho durante la gira de los Rolling Stones. Probablemente haya pasado más tiempo con ellos que con cualquier otro tema que haya tratado. Para mí, la historia de las fotografías es la historia de cómo casi me perdí a mí misma y cómo volví y lo que significa estar sumamente implicada con el tema. Lo que me salvó fue tener la cámara junto a mí. Estaba allí para recordarme quién era y qué hacía. Me apartó de ellos.

ascensor, albornoz, lift

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Los Rolling Stones por Annie Leibovitz

Seguimos con los especiales de aniversario, la tercera entrada más compartida de este año ha sido el Pie de foto de John Lennon y Yoko Ono comentado por Annie Leibovitz así que aquí os dejo la traducción del texto de su libro At Work en el que habla de su experiencia como fotógrafa oficial durante una gira de los Rolling Stones.música, salto, grupo

Cuando empecé a trabajar en Rolling Stone, no podíamos fotografiar una banda hasta que no venían a la ciudad. Apenas había viajado. Hice algunas fotos de los Rolling Stones cuando vinieron a San Francisco en 1971 y 1972 y recuerdo haber viajado a Los Ángeles cuando ensayaban. Tenía una ridícula idea de fotografiarlos en un coche, y mi amiga la escritora Eve Babitz me dijo que Tuesday Weld tenía un Cadillac dorado. Así que se lo pedimos prestado. Lo había hablado con Mick por teléfono y le parecía una buena idea. Probablemente estaba pensando en Elvis Presley o algo así. El grupo estaba ensayando en parking de Burbank y todos salieron para ver el coche. Dijeron que era un mal año. ‘Los coches son como el vino’, me explicó Mick, ‘hay años buenos y años malos’ y se fueron.

Truman Capote iba a escribir sobre la gira de 1972 para la revista y Jann me dijo que podía ir con ellos en dos o tres ciudades. Robert Frank estaba viajando con el grupo haciendo fotos de 16mm que más tarde se convertiría en Cocksucker Blues. El grupo se lo había encargado pero nunca salió a la luz supongo que por las escenas de drogas y sexo que grabó. Danny Seymour, amigo y asistente de Frank estaba bastante metido en eso. Murió misteriosamente mientras la película se editaba.

Estaba asombrada con Robert Frank. Aquí era un maestro. No podía creer que lo viera trabajando durante unos días. Un día cogió mi cámara, yo estaba aterrada, era como estar con Dios, la sostuvo y me dijo ‘no puedes hacer fotos de todo’. Fue un consejo reconfortante. Siempre te pierdes cosas. Le tienes apego a esa máquina, a su ritmo. Las cosas se mueven delante de ti y se supone que  tienes que capturarlas, pero no siempre es posible. Aunque Robert Frank no parecía perderse nada. Era incansable. Nunca dejaba de trabajar.

Supongo que al grupo le gustaron algunas fotos de las que hice entonces y tres años más tardes me llamó Mick y me preguntó si me gustaría ser la fotógrafa de su gira. Mick es muy inteligente. Comprende que la documentación de una banda es importante. Como el presidente o la reina tienen un fotógrafo.

Janis Joplin por Bob Seidemann

Janis Joplin por Bob Seidemann

Mick me pidió que fuera su Cartier-Bresson. No sé a lo que se refería con eso. Creo que quería que fuera porque era joven y podía darle vidilla. Podría ser una combinación interesante. Por supuesto, había otros fotógrafos que estaban más involucrados con la música y más interesados en vivir la vida que vivían los músicos que yo. Por ejemplo, Jim Marshall. Pasaba mucho tiempo con los músicos. Eran amigos. Bob Seidemann había hecho la famosa foto de Janis Joplin desnuda llevando sólo collares y mostrando un pezón. Y también hizo la fotografía de la chica pelirroja desnuda, que parecía haber sido pintada por Boticelli, de la carátula del álbum Janis Joplin. Bob también hizo pósters para el Fillmore. David Gahr estuvo años fotografiando a músicos. Le encantaba la música. Estuvo en el Newport Folk Festival a principios de los sesenta y había fotografiado a Dylan, Springsteen y Miles Davis. Baron Wolman habia sido el director de fotografía de los comienzos de la revista Rolling Stone.

Yo admiraba a todos esos fotógrafos pero me resultaba difícil trabajar durante los conciertos. Nunca podías apartar la vista de la cámara y estabas a merced de la gente de iluminación que normalmente estaban drogados. Además, tenías que estar preparada que el público te aplastase. Al final del concierto siempre corrían hacia el escenario, así que si estabas delante, tenías que estar preparada. Dos canciones antes del final, metía todas mis cámaras menos una en la mochila y aseguraba las solapas y me la ataba alrededor de pecho. Al final, la ola de gente se dispersaba pero podías ser arrastrada muchos metros antes de que eso ocurriera. Recuerdo un concierto de Aretha Franklin en el que fui empujada prácticamente hasta el escenario. Tenías que dejar simplemente tu cuerpo suelto y no tratar de resistirte.

No obstante, le dije a Jann que quería irme de gira con los Rolling Stones y me dijo que no podía garantizarme que a la vuelta tuviera trabajo para mí pero pensé que era una oportunidad demasiado buena para dejarla pasar. Robert Frank había fotografiado a los Rolling Stones y ahora era mi turno.

El grupo estaba ensayando en un local de Andy Warhol en Montauk, al final de Long Island, así que me fue de la ciudad durante un mes, luego tuvieron el descanso y  en junio comenzó la gira. Yo era muy ingenua, me llevé mis raquetas de tenis. Pensaba tomar clases de una ciudad a otra. No tenía ni idea en lo que me estaba metiendo. Me pagaban unos cuantos cientos de dólares a la semana y se suponía que debía hacer fotos publicitarias pero sólo fui capaz de hacer un par el primer día y nada más. Nunca más volví a estar despierta durante el día. Siempre estaba con el grupo.

Keith Richards, 1977. Annie Leibovitz

 

En ese momento, pensaba que la forma de hacer las mejores fotos era convertirse en un camaleón. Convertirse en parte de lo que estaba ocurriendo de forma que nadie notase que estabas allí. Por supuesto fue increíblemente estúpido por mi parte elegir una situación así de la que formar parte. Hice todo lo que se suponía que había que hacer si vas de gira con los Rolling Stones. Fue la primera vez en mi vida que algo me sobrepasó.

Una gira de rock and roll es antinatural. Te mueves en el tiempo y el espacio demasiado rápido. La experiencia es extrema. Está la grandeza de las actuaciones y el aislamiento y la soledad que les sigue. La banda era como un grupo de chicos perdidos a los que salvó la música. Les dio la razón para existir. Cuando no estaban de gira, no pasaban mucho tiempo juntos. En la carretera, trabajaban. Mick y Keith no hablaban nunca. Se suponía que la guitarra de Keith tenía que amplificarse tan alto como la voz de Mick. Ambas se alcanzaban en una lucha romántica. Fue la primera vez en mi vida -y en aquél entonces ya llevaba cinco años trabajando en Rolling Stone– que veía cómo se hacía la música. Vi cómo se producía de manera natural. Los compases que oía en las habitaciones de los hoteles durante la gira fueron las canciones del próximo álbum, Memory Motel y Fool to Cry.

La fotografía que para mí fue emblemática de la gira de 1975 fue la de Mick en el ascensor. Era cuando se acercaba el final de la gira y no tenía los pies en el suelo. Estaba volando. Era el objeto más bonito. Como una mariposa. Etéreo. Después de tanto tiempo en la carretera, sus bailes eran muy sueltos. Era casi surrealista. Siempre estaba al tanto de dónde estaba Mick. Lo que puede parecer haber sido una molestia para él se convirtió en una fuente de consuelo. El saber que yo estaba por ahí cerca. Fue una relación de modelo/fotógrafo de tipo obsesivo. Recuerdo que me pidió que le dijera si quería que estuviese en un lugar específico del escenario en algún momento del concierto pero me pareció inabordable. No podía pensar en nada que pudiera hacer aparte de lo que ya hacía.

Annie Leibovitz

Annie Leibovitz Mick Jagger en el escenario

 

Al final de cada concierto había dos o tres bises planeados. Nada era improvisado. El grupo era más profesional de lo que había visto nunca. Llevaban un tiempo siéndolo. Siempre siempre se preocupaban por hacer una buena actuación, sin importarles el tamaño de la sala de conciertos. Después del último bis, cuando todo el mundo pensaba que saldrían de nuevo al escenario, salían pitando. Cada noche, Mick se echaba por la cabeza muchos cubos de agua y podía salir del escenario completamente mojado con el maquillaje de ojos completamente corrido. Se envolvía en toallas y se metía en el coche. Normalmente se iban directamente al avión pero la noche que lo fotografié en el ascensor pasábamos la noche en la ciudad. La fotografía estaba hecha subiendo a la habitación de Mick. Estábamos solos. Ambos estábamos igual de absortos. No por las drogas, sino por todo el viaje, la falta de sueño y el esfuerzo de los conciertos.

En esa gira, aprendí sobre fuerza. Sobre cómo la gente en el público puede perder el sentido de sí mismos y fundirse en una masa mecánica y frenética. Mick y Keith tienen un poder tremendo dentro y fuera del escenario. Podían entrar en una habitación como jóvenes dioses. Me di cuenta de que la proximidad de ellos me dio fuerza también. Algo así como una nueva condición. No tenía nada que ver con mi trabajo. Era fuerza por asociación.

Hice cientos de carretes durante esa gira. Sólo unas cuantas fotos se publicaron en Rolling Stone, pero no miré la mayoría hasta años después, cuando estaba organizando fotos para el libro y la exposición de mi trabajo desde 1970 a 1990. Incluí algunas de las fotografías e intenté transmitir lo duro que fue todo pero creo que no lo conseguí. Cuanto más lo intentaba, más románticas parecían las fotografías.

He estado en muchos autobuses de gira y en muchos conciertos, pero las mejores fotografías de músicos en el trabajo las he hecho durante la gira de los Rolling Stones. Probablemente haya pasado más tiempo con ellos que con cualquier otro tema que haya tratado. Para mí, la historia de las fotografías es la historia de cómo casi me perdí a mí misma y cómo volví y lo que significa estar sumamente implicada con el tema. Lo que me salvó fue tener la cámara junto a mí. Estaba allí para recordarme quién era y qué hacía. Me apartó de ellos.

Annie Laibovitz

Annie Leibovitz, Mick Jagger en el ascensor. Nueva York, 1975.

 

Annie Leibovitz en PHE09.

La exposición itinerante de Annie Leibovitz llegará a Madrid en PhotoEspaña 2009, a mí me vuelve a pillar lejos, pero quien ande por allí cerca no se la puede perder.

Consejería de Deporte y Cultura.
Alcalá 31
Del 18 de junio al 6 de septiembre de 2009.

Organiza: Exposición organizada por el Brooklyn Museum de Nueva York en octubre de 2006, con el patrocinio de American Express, con la colaboración de la Consejería de Cultura, Deporte y Turismo de la Comunidad de Madrid.

Contenido: A través de 220 obras la exposición muestra muchos de los retratos más célebres hechos por Leibovitz a personajes públicos, como los de los actores Jammie Foxx, Nicole Kidman y Brad Pitt; y el tan famoso de la actriz Demi Moore embarazada. También incluye retratos de artistas, arquitectos y escritores como Richard Avedon, Philip Johnson y Cindy Sherman. Desde el principio de su carrera Annie Leibovitz ha redefinido el concepto del retrato de personajes célebres, haciéndonos cambiar la idea que tenemos sobre las personas que pueblan nuestro paisaje cultural.

Los trabajos de encargo incluyen reportajes sobre el sitio de Sarajevo a principio de los 90 y sobre la elección de Hillary Clinton como miembro del Senado de Estados Unidos de América.

Como parte central de la exposición, las fotografías más personales de Leibovitz testimonian momentos íntimos y conmovedores de su vida, como el nacimiento e infancia de sus tres hijas, al igual que sus vacaciones, reuniones y reuniones familiares. La exposición presenta entrelazados el aspecto cronológico y el aspecto creativo de la obra de Leibovitz, proyectando una narrativa de la vida privada de la artista sobre la pantalla de su imagen pública como una de las más conocidas retratistas del mundo. Esta exposición se enmarca en el proyecto de PHE ’09.

La artista: Annie Leibovitz, una de las fotógrafas más famosas de nuestro tiempo nació en Waterbury, Connecticut y pasó su infancia en bases militares puesto que su padre era oficial de carrera de las Fuerzas Aéreas. Mientras estudiaba pintura en el San Francisco Art Institute, acudía a clases nocturnas de fotografía. En 1970 empezó a realizar trabajos para la revista Rolling Stone, revista de la que llegó a ser jefa de fotografía, y para la que trabajó durante diez años, realizando trabajos tan memorables como la dimisión de Richard Nixon o la gira de los Rolling Stones de 1975.

Leibovitz se incorporó a Vanity Fair en 1983, y en 1998 también empezó a trabajar para Vogue. Además de su obra editorial para revistas, es autora de influyentes campañas publicitarias de American Express, Gap, Givenchy, Los Soprano y Milk Board.
Su obra ha sido objeto de varias publicaciones y numerosas exposiciones entre las que cabe destacar las organizadas por el International Center of Photography de Nueva York, la National Portrait Gallery, de Londres y la Corcoran Gallery of Art de
Washington D.C.

Ha recibido numerosas distinciones, entre ellas el Premio Infinity de Fotografía Aplicada otorgado por el Centro Internacional de Fotografía y la Medalla de Honor de Barnard College.

Catálogo: La exposición viene acompañada del libro Annie Leibovitz: A Photographer’s Life, 1990-2005 publicado por Random House.

Actividades paralelas:
– Proyección de la película Life Through A Lens.
– Visitas guiadas los fines de semana.

Itinerancia:
– Maison Européenne de la Photographie,París
(17 junio – 14 septiembre 2008)
– National Portrait Gallery, Londres
(16 octubre 2008 – 25 enero 2009)
– C/O, Berlín
(21 febrero – 17 mayo 2009)
– Alcalá, 31 (Consejería de Cultura, Deporte y Turismo de la
Comunidad de Madrid)
(19 junio – 6 septiembre 2009)

Fuente.

Annie Leibovitz (II)

Ésta es la continuación de Annie Leibovitz (I)

En 1983 empieza a trabajar para Vanity Fair donde realizó algunas de las portadas más famosas de la historia de la revista. Una de las más sonadas fue ésta, nombrada la segunda mejor portada de los últimos cuarenta años (siendo la primera la que ella misma realizó para Rolling Stones de John Lennon desnudo abrazando a Yoko Ono en posición fetal).

 

Cuando llegamos aquel día lo primero que le dije a Lory Volstain, que era supervisora, fue que me sentía muy sexy y que quería mostrarlo en las fotos. Le dije “creo que debes ir a buscar una lencería bonita, lencería negra, quiero mostrar cómo me siento realmente, lo sexy que puede ser un embarazo, una mujer embarazada”. Osea que no fue como si persiguiéramos una idea reveladora, se trataba de la cosa más natural que podríamos hacer. Yo ni siquiera pensaba en ello como en una portada.Luego, cuando ya estaba posando, miré a Annie y le dije: “¿No sería estupendo usarla como portada?” Entonces nos miramos la una a la otra y dijimos “De ningún modo, no la utilizarían de ningún modo”.

Demi Moore.

 

En 1989 conoció a Susan Sontag quien influyó mucho en su carrera. “Eres buena pero puedes ser mejor”, le dijo. Comenzaron una relación sentimental hasta la muerte de Sontag en 2004. En 1993 viajaron a Sarajevo, durante la guerra de los Balcanes. Un viaje que Annie admite no haber realizado de no ser porque Susan la animó a ello. Allí experimentó una nueva forma de fotografiar.

Estaba desarrollando mi propio estilo creando retratos formales y escenas teatrales al mismo tiempo, pero no consideraba que estos retratos conceptuales fueran periodismo. La fotografía de retrato era liberadora. Me sentía libre para jugar con el género. El fotoperiodismo, el reportaje, trataba de cómo ser un observador. Sobre ver lo que estaba ocurriendo delante de ti y fotografiarlo. No forzabas nada. Para mi generación de fotógrafos las reglas eran muy claras. Por eso hay todavía tanto escrito sobre si Robert Capa montó o no la escena de la muerte de un miliciano en la guerra civil española.

Un mortero cayó delante de nuestro coche cuando conducíamos por el vecindario, golpeó a un adolescente que iba en una bicicleta abriéndole un gran agujero en la espalda. Lo metimos en el coche y lo llevamos rápidamente al hospital pero murió en el camino…

…Las ideas que tenía antes de llegar a Sarajevo sobre el tipo de fotografías que tomaría, simplemente desaparecieron al llegar allí. No había tiempo para preocuparse por si haría retratos o otro tipo de fotografías. Las cosas ocurrían demasiado deprisa. Sólo podías responder a ellas. (Annie Leibovitz at Work)

Entre otros sitios he picoteado de:
Life through a lens, American Masters.
The Unpredictability of Life: Annie Leibovitz’s Sarajevo Bicycle.
Casi todas las citas (excepto las tres últimas) están sacadas del documental Annie Leibovitz de Rebecca Frayn.

Annie Leibovitz. (II)

Ésta es la continuación de Annie Leibovitz (I)

En 1983 empieza a trabajar para Vanity Fair donde realizó algunas de las portadas más famosas de la historia de la revista. Una de las más sonadas fue ésta, nombrada la segunda mejor portada de los últimos cuarenta años (siendo la primera la que ella misma realizó para Rolling Stones de John Lennon desnudo abrazando a Yoko Ono en posición fetal).

Cuando llegamos aquel día lo primero que le dije a Lory Volstain, que era supervisora, fue que me sentía muy sexy y que quería mostrarlo en las fotos. Le dije “creo que debes ir a buscar una lencería bonita, lencería negra, quiero mostrar cómo me siento realmente, lo sexy que puede ser un embarazo, una mujer embarazada”. Osea que no fue como si persiguiéramos una idea reveladora, se trataba de la cosa más natural que podríamos hacer. Yo ni siquiera pensaba en ello como en una portada.Luego, cuando ya estaba posando, miré a Annie y le dije: “¿No sería estupendo usarla como portada?” Entonces nos miramos la una a la otra y dijimos “De ningún modo, no la utilizarían de ningún modo”.

Demi Moore.

En 1989 conoció a Susan Sontag quien influyó mucho en su carrera. “Eres buena pero puedes ser mejor”, le dijo. Comenzaron una relación sentimental hasta la muerte de Sontag en 2004. En 1993 viajaron a Sarajevo, durante la guerra de los Balcanes. Un viaje que Annie admite no haber realizado de no ser porque Susan la animó a ello. Allí experimentó una nueva forma de fotografiar.

Estaba desarrollando mi propio estilo creando retratos formales y escenas teatrales al mismo tiempo, pero no consideraba que estos retratos conceptuales fueran periodismo. La fotografía de retrato era liberadora. Me sentía libre para jugar con el género. El fotoperiodismo, el reportaje, trataba de cómo ser un observador. Sobre ver lo que estaba ocurriendo delante de ti y fotografiarlo. No forzabas nada. Para mi generación de fotógrafos las reglas eran muy claras. Por eso hay todavía tanto escrito sobre si Robert Capa montó o no la escena de la muerte de un miliciano en la guerra civil española.

Un mortero cayó delante de nuestro coche cuando conducíamos por el vecindario, golpeó a un adolescente que iba en una bicicleta abriéndole un gran agujero en la espalda. Lo metimos en el coche y lo llevamos rápidamente al hospital pero murió en el camino…

…Las ideas que tenía antes de llegar a Sarajevo sobre el tipo de fotografías que tomaría, simplemente desaparecieron al llegar allí. No había tiempo para preocuparse por si haría retratos o otro tipo de fotografías. Las cosas ocurrían demasiado deprisa. Sólo podías responder a ellas. (Annie Leibovitz at Work)

Entre otros sitios he picoteado de:
Life through a lens, American Masters.
The Unpredictability of Life: Annie Leibovitz’s Sarajevo Bicycle.
Casi todas las citas (excepto las tres últimas) están sacadas del documental Annie Leibovitz de Rebecca Frayn.

Annie Leibovitz. (I)

Emepezamos por todo lo alto y por lo tanto también lo más conocido. Puede que no todo el mundo reconozca su nombre pero sí que todos habeis visto sus fotografías más famosas.


¿Ahora sí? Pues empecemos por el principio. Annie nació en el 49, su padre era teniente de las fuerzas aéreas de Estados Unidos y viajaba por todo el país, así que desde muy pequeña estuvo viajando con su familia.

Mi carrera fotográfica comenzó tomando imágenes de mi familia. Y esas fotografías son para mí las más significativas y las mejores de toda mi trayectoria

La familia es lo más cerca que puedes estar de otra gente y no tienes nada que ocultar a los demás. Cuando empecé a hacer retratos, no quería gente posando, sino lo que yo creía que era el fin último: tener a alguien lo bastante relajado como para ser él mismo.


En 1968 comenzó a estudiar pintura en el Instituto de arte de San Francisco.

Nunca me lo tomé en serio hasta que empecé unas clases nocturnas de fotografía y empecé a usar el cuarto oscuro. Me sedujo totalmente al observar la magia de aquel trabajo, cómo aparecía en un momento. Ya sabes, era más rápido que pintar.

En 1970, con 21 años, mandó unas fotografías a la revista Rolling Stones, que entonces era una publicación joven con sólo tres años de vida. Allí le dieron le dieron su primer trabajo: cubrir las protestas antibélicas en Estados Unidos. Desde entonces estuvo trabajando para ellos, llegando a convertirse tres años después en fotografa jefe de la revista. En el 75 acompaño a los Rolling Stones en su gira por Estados Unidos donde hizo algunas de sus fotografías más conocidas de la banda.

Yo no sabía nada sobre conciertos, de hecho cuando inicié la gira, me llevé la raqueta de tenis, pensaba que de ciudad en ciudad podría tomar clases de tenis. Ellos, me miraron como si estuviese totalmente loca. Naturalmente, las noches se conviertieron en días y no volvieron a verme durante el día, me convertí en una especie de vampiro.

Puede decirse que me entregaba por completo a cualquier cosa que hiciesen, sentía que eso era lo que uno debería hacer como periodista o reportero. Para hacer bien el trabajo tienes que involucrarte totalmente.
La gente habla del alma del modelo, pero también está el alma del fotógrafo. Yo practicamente casi perdí mi alma. No fue culpa de los Rolling Stones, fue culpa mía por entregarme, por meterme en algo tan a fondo, y dejar que se apoderase de mí.

(Continuará…)

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