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Garry Winogrand. A cámara lenta

Stephen Shore habla en esta entrevista sobre su admiración por Garry Winogrand y en concreto por esta foto, World’s fair.

Garry winogrand

World’s fair. Garry Winogrand, Nueva York, 1964.

Garry Winogrand siempre ha sido uno de mis fotógrafos preferidos. No tengo muchas fotos en mi casa pero  ninguna mía, pero el fotógrafo del que más tengo es Winogrand. Tengo la foto del banco del parque (World’s fair, 1964), a la que siempre vuelvo. Éramos amigos, pero el suyo era otro mundo, no el mundo que yo vivía. (…)

Llevo con esta foto quizá treinta y cinco años. Me parece una hazaña olímpica ser capaz de prestar atención a siete u ocho personas a la vez. También estoy convencido de que Winogrand no le estaba prestando atención al fondo. Si miras la foto, en cierto cierto sentido hay una sensación de collage. Hay gente sentada en el banco y luego hay una mujer desenfocada caminando al fondo. La sensación de collage creo que  procede el hecho de que, por un lado, hay una parte de la foto que refleja todas las decisiones que ha tomado el fotógrafo. el encuadre, el tiempo, el momento, el ángulo; y, por otro,  hay una parte de la imagen, el fondo, que es inconsciente. Así pues, Winogrand tiene un tipo de atención distinta a la de un fotógrafo de  8 x 10″. con una 8 x 10″ normalmente tienes tiempo de  ejercitar la atención de un modo que Winogrand no podía hacerlo. Si yo hubiera estado fotografiando ese banco me habría dado cuenta de lo que había detrás, pero no habría podido lograr la hazaña extraordinaria de Winogrand de ver a toda esa gente a la vez. Este tipo de atención es increíble y apropiado para el tipo de fotografía que él hacía. Yo creo que Winogrand aprendió una forma de acelerar su mente. ¿Sabes lo que quiero decir?, como cuando tienes un accidente de coche y todo parece ir a cámara lenta. (…) Ves lo que está pasando y lo que está a punto de pasar. Imagínate lo que sería poder en ese estado mental cuando haces fotos en la calle. Yo creo que Winogrand era capaz de ver así cuando hacía fotos. Podía ver a cámara lenta.

Stephen Shore.

Extracto de la entrevista Modos de fotografiar de David Campany a Stephen Shore publicada en el catálogo de la exposición de Stephen Shore en Fundación Mapfre

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Stephen Shore. Las semillas del tiempo

La Fundación Mapfre de Madrid acoge hasta el 23 de noviembre una gran retrospectiva de Stephen Shore, artista que revolucionó la fotografía contemporánea. La exposición abarca cuarenta años de su carrera a lo largo de unas 260 imágenes, una oportunidad única para acercarnos a la obra de uno de los fotógrafos más influyentes del siglo XX.

Agosto de 1972. Amarillo, Texas,  Uncommon Places.

Amarillo, Texas, agosto de 1972. American Surfaces.

[Sobre American Surfaces] Seguía buscando una fotografía menos mediada, una experiencia menos mediada. Todavía se trataba de hacer una fotografía que fuera menos producto de las convenciones visuales y artísticas. Así que como experimento mental intentaba tomar una instantánea de mi campo visual. “¿Qué aspecto tiene esto ahora? ¿Cómo estoy mirando algo?” Lo hacía sin cámara pero utilizaba la experiencia como guía para estructurar las fotografías.

Golden Nugge, 27 Junio, 1978, Las Vegas, EEUU.

Golden Nugge, Las Vegas, EEUU. 27 de junio de 1978

Recuerdo haber leído una historia china llamada El cocinero del príncipe Wen Hui. El príncipe se maravilla de la facilidad con que su cocinero corta un trozo de carne, y le pregunta cómo lo hace. El cocinero le responde: “Un cocinero corriente le da tajos a la carne y tiene que cambiar de cuchillo una vez al mes. Un buen cocinero corta la carne en filetes y cambia el cuchillo una vez al año. Pero yo corto la carne con la mente. Encuentro intersticios e inserto la hoja ahí. He tenido este cuchillo durante los últimos veinte años y nunca he tenido que afilarlo”. Recuerdo leer esto y pensar: “Bueno, no es más que un poco de valiosa sabiduría china”, y me olvidé de ello. Y después en los años 80, cuando estaba trabajando en la cuestión del espacio en la fotografía me acordé de la historia. Comprendí que eso era a lo que yo aspiraba. Una vez me he ocupado de todos los controles, de los físicos y los estructurales, lo que hago es cambiar mi mente. La manera de crear profundidad en la foto de un paisaje sin elementos formales que verdaderamente parezcan permitirla consiste en tener una imagen mental tridimensional y confiar en que mi experiencia como fotógrafo sea suficiente para poder tomar decisiones mínimas que conseguirán eso. No me esfuerzo, todo lo que hago es cambiar mi mente, alterar mi percepción.

West Third Street, Parkersburg, West Virginia, 16 de mayo de 1974. Uncommon Places

West Third Street, Parkersburg, West Virginia, 16 de mayo de 1974. Uncommon Places.

Si vuelvo a pensar en los años 1970, cuando yo intentaba lograr un dominio formal, siempre que tenía una cuestión en la cabeza la exploraba no sólo en mi obra sino también viendo el trabajo de otros fotógrafos. Veía cómo los fotógrafos que se habían planteado esos mismos temas en el pasado los habían resuelto. Me sentía como un aprendiz dentro de una tradición que quizás empezara con… no sé… George Washington Wilson, vía Francis Frith y Timothy O’Sullivan, Carleton Watkins y Charles Marville, Eugène Atget y, obviamente, Walker Evans. Era gente que usaba especialmente la cámara de gran formato. Había otros que yo sentía que se habían ocupado conscientemente de estos problemas e iban dejando huellas para que yo aprendiera de ellos.

Stephen Shore, Uncommon Places

Natural Bridge, Nueva York, 31 de julio de 1974. Uncommon Places

Es cierto que me encuentro con gente que describe esas fotos como “nostálgicas”. Pero en su momento, al verlas, habrían pensado: “¿Por qué fotografía todo esto? ¡Simplemente es como son las cosas!”. Pero yo diría que tenía conciencia de cómo cambian las fotografías con el tiempo, algo que había aprendido de Walker Evans. Un coche funciona de un modo muy específico en una fotografía porque los coches cambian más rápido que los edificios. Un edificio puede tener quinientos años, pero un coche no va a tener más de cinco o diez años, aunque a veces Evans fotografiaba coches especialmente viejos. Una fila de coches en una calle le da a la fotografía un marco temporal concreto. Los coches son las semillas del tiempo.

Exposición de Stephen Shore en Fundación Mapfre

Condado de Sutherland, Escocia, 1988.

No elijo los lugares sólo por cuestiones formales, puesto que esas cuestiones no pueden separarse de tus sentimientos hacia el lugar. Yo sentía una conexión con esos paisajes, sentía lo que significaba estar ahí. Escocia… no sé cómo sucedió. Quería un terreno abierto que fuera frondoso, no seco, y nunca había estado ahí. Consulté un mapa topográfico y elegí un lugar en las Altas Tierras escocesas. Tuve suerte y pasé un buen mes allí. Era justo lo que quería. Me pareció un lugar emocionalmente muy fuerte. Durante años soñé con esos paisajes de Escocia.

Río Merced, Parque Nacional Yosemite, California. 13 de agosto de 1979.

Río Merced, Parque Nacional Yosemite, California. 13 de agosto de 1979.

Yo veo el trabajo de algunos de mis estudiantes, algunos se esfuerzan y acaban consiguiendo algo, pero otros tienen algo desde el principio. Uno de los indicadores del éxito es la ambición. Con algunos estudiantes yo sé que tienen más talento del que ellos creen tener, pero son poco ambiciosos. Y sé que pronto recibirán muchas otras influencias (las exigencias de la vida, tener un trabajo, una vida amorosa) y dejarán la fotografía. Es muy fácil descubrir que no tienes tiempo para tu arte.

Podéis ver la exposición en la sala Barbara de Braganza hasta el 23 de noviembre. Si no estáis es Madrid, ésta es una muy buena excusa para acercaros, o si no siempre podéis acceder a la visita virtual. En este vídeo, además, Stephen Shore hace un recorrido a lo largo de la exposición explicando cada trabajo.

Todas las citas están extraídas de una entrevista de David Campany a Stephen Shore publicada en el catálogo de la exposición.

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Carta de Stephen Shore a un joven artista

La entrada más visitada de este año ha sido la Carta de Sebastiao Salgado a jóvenes fotógrafos, así que acabamos el último especial de este año con una carta que escribió Stephen Shore a un joven artista.

stephen shore_4

West Ninth Avenue, Amarillo, Texas, 2 de octubre de 1974

Querido joven artista,

Sí, creo que puedes hacer ambas cosas, participar en el mundo del arte y mantener tu integridad. Pero tu éxito haciéndolo depende de la relación que tengas con tu obra.

He estado dando clases en el Bard College durante más de veinte años. También he tenido la oportunidad de conocer a muchos estudiantes graduados en diferentes universidades a lo largo de los años. Cada vez me encuentro a más estudiantes a los que les mueve el deseo de tener una exposición en Chelsea y ser artistas de éxito. Desde luego, no todos los estudiantes pero sí he notado un cambio claro.

Es comprensible, por supuesto. Pero, para mí, tiene poco que ver con el porqué hago arte. Creo que el arte está hecho para explorar el mundo y la cultura, para explorar el medio que has elegido, para explorar dentro de uno mismo.  Está hecho para comunicar, a través del lenguaje de la técnica, una percepción, una observación, un punto de vista, un estado emocional o mental. Está hecho para contestar, o intentar contestar, preguntas. Está hecho para divertirnos. En resumen, está hecho para responder demandas y necesidades personales.

Un estudiante puede ver una gran obra de arte y decirse a sí mismo ‘esto es una gran obra de arte. Yo también quiero hacer una gran obra de arte’ y así el estudiante empieza a intentarlo. Y si tiene un poco de talento, puede producir algo que se parezca a una obra de arte -casi convincente. Si alguien no supiera nada más, podría confundirlo con una obra de arte. El único problema es que la gran obra de arte que el estudiante admiraba no había sido concebida con los mismos motivos. Fue la consecuencia de la búsqueda personal del artista.

stephen shore_1

Second Street, Ashland, Wisconsin, 9 de julio de 1973

Tener ambición no es un problema. De hecho, la ambición es necesaria para ser capaz de sacar el tiempo necesario de las actividades de tu vida diaria para producir tu trabajo. La cuestión es cómo orientar esa ambición. Si sigues tu camino personal, exponer y vender tu obra no te hará ningún daño. De hecho, quizá te podrías ganar la vida con ello, incluso vivir muy bien. No tiene nada de malo. El problema viene cuando el mercado empieza a influir en tus motivos y decisiones. Si tu trabajo necesita evolucionar y cambiar, puede significar que abandones lo que un día te trajo reconocimiento.

Por supuesto, quieres establecer tu propia voz como artista y, como dices, ‘desarrollar un sentido de identidad’. Pero si te esperas a saber que por fin lo has encontrado, quizás nunca llegues a exponer. Encontrar tu propia voz puede ser un proceso pero no un objetivo. Tengo estudiantes que empiezan a estudiar fotografía en la universidad y me dicen que quieren ‘expresarse a sí mismos’ y pienso ‘tienes sólo dieciocho años ¿cómo puedes expresarte a ti mismo cuando ni si siquiera te conoces?’ Pero eso no debe desanimarlos. En el aprendizaje y la práctica del arte, pueden embarcarse en el sendero del conocimiento de sí mismos.

Tengo una sola cosa más que añadir. Al hacerlo, puede que te esté malinterpretando y menospreciando pero tengo la sensación, por el tono de tu carta, de que estás usando tu dilema moral como excusa para no implicarte en tu trabajo y tu vulnerabilidad para evitar mis críticas. Corta el rollo.

Buena suerte y mis mejores deseos,

Stephen Shore,

Tivoli, Nueva York.

Uncommon Places, Habitación 115, Holiday Inn, Belle Glade, Florida, 14 de Noviembre de 1977

Uncommon Places, Habitación 115, Holiday Inn, Belle Glade, Florida, 14 de noviembre de 1977

Original en inglés.

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Querido joven artista,

Sí, creo que puedes hacer ambas cosas, participar en el mundo del arte y mantener tu integridad. Pero tu éxito haciéndolo depende de la relación que tengas con tu obra.

He estado dando clases en el Bard College durante más de veinte años. También he tenido la oportunidad de conocer a muchos estudiantes graduados en diferentes universidades a lo largo de los años. Cada vez me encuentro a más estudiantes a los que les mueve el deseo de tener una exposición en Chelsea y ser artistas de éxito. Desde luego, no todos los estudiantes pero sí he notado un cambio claro.

Es comprensible, por supuesto. Pero, para mí, tiene poco que ver con el porqué hago arte. Creo que el arte está hecho para explorar el mundo y la cultura, para explorar el medio que has elegido, para explorar dentro de uno mismo.  Está hecho para comunicar, a través del lenguaje de la técnica, una percepción, una observación, un punto de vista, un estado emocional o mental. Está hecho para contestar, o intentar contestar, preguntas. Está hecho para divertirnos. En resumen, está hecho para responder demandas y necesidades personales.

Un estudiante puede ver una gran obra de arte y decirse a sí mismo ‘esto es una gran obra de arte. Yo también quiero hacer una gran obra de arte’ y así el estudiante empieza a intentarlo. Y si tiene un poco de talento, puede producir algo que se parezca a una obra de arte -casi convincente. Si alguien no supiera nada más, podría confundirlo con una obra de arte. El único problema es que la gran obra de arte que el estudiante admiraba no había sido concebida con los mismos motivos. Fue la consecuencia de la búsqueda personal del artista.

stephen shore_1

Second Street, Ashland, Wisconsin, 9 de julio de 1973

Tener ambición no es un problema. De hecho, la ambición es necesaria para ser capaz de sacar el tiempo necesario de las actividades de tu vida diaria para producir tu trabajo. La cuestión es cómo orientar esa ambición. Si sigues tu camino personal, exponer y vender tu obra no te hará ningún daño. De hecho, quizá te podrías ganar la vida con ello, incluso vivir muy bien. No tiene nada de malo. El problema viene cuando el mercado empieza a influir en tus motivos y decisiones. Si tu trabajo necesita evolucionar y cambiar, puede significar que abandones lo que un día te trajo reconocimiento.

Por supuesto, quieres establecer tu propia voz como artista y, como dices, ‘desarrollar un sentido de identidad’. Pero si te esperas a saber que por fin lo has encontrado, quizás nunca llegues a exponer. Encontrar tu propia voz puede ser un proceso pero no un objetivo. Tengo estudiantes que empiezan a estudiar fotografía en la universidad y me dicen que quieren ‘expresarse a sí mismos’ y pienso ‘tienes sólo dieciocho años ¿cómo puedes expresarte a ti mismo cuando ni si siquiera te conoces?’ Pero eso no debe desanimarlos. En el aprendizaje y la práctica del arte, pueden embarcarse en el sendero del conocimiento de sí mismos.

Tengo una sola cosa más que añadir. Al hacerlo, puede que te esté malinterpretando y menospreciando pero tengo la sensación, por el tono de tu carta, de que estás usando tu dilema moral como excusa para no implicarte en tu trabajo y tu vulnerabilidad para evitar mis críticas. Corta el rollo.

Buena suerte y mis mejores deseos,

Stephen Shore,

Tivoli, Nueva York.

Uncommon Places, Habitación 115, Holiday Inn, Belle Glade, Florida, 14 de Noviembre de 1977

Uncommon Places, Habitación 115, Holiday Inn, Belle Glade, Florida, 14 de noviembre de 1977

Original en inglés.

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Stephen Shore. Lo evidente es el puente hacia lo real

US 97, South of  Klamath Falls, Julio 21,1993

US 97, South of Klamath Falls, Julio 21,1993

Una de las cosas que me interesa comunicar es cómo es el mundo en un estado de conciencia agudizado. Sé que hay una parte de mí que cree que puede comunicarse mejor con  la escena más ordinaria. Por ejemplo, en mi imagen de la pintura de las montañas en la valla publicitaria. Creo que es una fotografía maravillosa, pero hay algo dentro de mí que me dice que fue fácil. No necesité una gran perspicacia para verla. Pensaría que cualquiera que condujo en esa carretera durante ese día podría haberse percatado.

(…) Quizá me esté infravalorando, quizá en ese día otras personas no se percataron. Para mí, esa fotografía fue más fácil que mi fotografía de una lámpara en una habitación de un motel, aunque parezca mucho más difícil, ya que la lámpara es de lo más común. Es la típica imagen donde las nubes y el cartel son tan dramáticos que todo el mundo podría haberse percatado. La lámpara era tan ordinaria que realmente tenías que prestar atención al mundo alrededor tuyo para percatarte.

Habitación 125Westbank Motel, Idaho Falls, 18 de Julio de 1973

Habitación 125, Westbank Motel, Idaho Falls, 18 de Julio de 1973

Según avanza el tiempo, he descubierto cómo me sorprende cómo la fotografía es sutilmente sensible al estado mental del fotógrafo. Hay una antiguo dicho árabe que dice: “lo evidente es el puente hacía lo real”. Todo lo que tengo que trabajar como fotógrafo son las apariencias. Las apariencias son la indicación de fuerzas más profundas.

Stephen Shore

Extraido de:  American Suburb X

Stephen Shore, lo ordinario como extraordinario

Tucumcari, Nuevo México. Julio, 1972.

Hasta los 23 años, viví la mayor parte del tiempo en unos pocos kilómetros cuadrados en Manhattan. En 1972, salí de viaje con un amigo a Amarillo, Texas. No conduje, así que mi primera visión de América estuvo enmarcada por la ventanilla de pasajero de un coche.

Pueblo Bonito, Nuevo México. Junio, 1972.

Pueblo Bonito, Nuevo México. Junio, 1972.

Así, en 1972, salí en mi primer viaje fotográfico de carretera, la serie que se llama America Surfaces. Unos días después de dejar Nueva York, me di cuenta que quería realizar un diario fotográfico del viaje: cada plato que comía, cada persona que me encontraba, cada cama en la que dormía, cada retrete que utilizaba, cada ciudad por la que pasaba.

Toledo, Ohio. Julio, 1972.

Toledo, Ohio. Julio, 1972.

También me di cuenta de que conduciendo por largos períodos de tiempo, viendo el mundo pasar por el parabrisas, me llevaba a un estado mental de claridad y de concentración. Robet Benton, quien escribió el guión para la gran película de carretera, Bonnie and Clyde, ha hablado de descubrir, durante su juventud en Texas, que el conducir por largos periodos de tiempo le llevaba a un estado de trance. A mí me parece que esta experiencia, más que un trance, es el hecho de estar más atento, pero entiendo lo que el trataba de decir. En mis viajes de carretera, soy como un explorador viajando en una burbuja de familiaridad, mi coche. Es la libertad de viajar en la dirección que yo quiera durante el tiempo que quiera. Cada viaje es una aventura.

Holbrook, Arizona. Junio,1972.

Holbrook, Arizona. Junio,1972.

Fue en el restaurante Trail’s End, en Kanab, Utah, en 1973, había estado allí una año antes fotografiando un cuadro en la pared con mi cámara de 35 mm, tenían un maravilloso papel cowboy, recuerdo. Había descubierto el gran formato, la fotografía a color era la mejor forma de comunicar la intensidad de esos momentos, así que había vuelto a Kanab con mi cámara de gran formato para repetir la foto, y fui al Trail’s End a desayunar.

La comida era un aspecto de la vida cotidiana que no había fotografiado mucho. Estaba interesado en lo que podía pedir y en como sería. Cuando la comida llegó, los platos estaban decorados con marcas, como las que los vaqueros utilizan para identificar su ganado. Los pancakes tenían mantequilla derretida, sirope de arce y el melón al lado. Había leche, y agua en un vaso tintado. En esos días, era un plato de comida normal para mí, pero la calidad de la luz de esa mañana hizo que todo resplandeciera.

El mantel era maravilloso. La superficie de la mesa, el formica, estaba fantástica. La estamos viendo 34 años después, por supuesto, pero entonces no tenía la apariencia antigua de los 70. Así era como América era entonces. No sé si tengo una foto favorita, pero ésta destaca como la mejor que hice ese año.

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Breakfast, Trail’s End Restaurant, Kanab, Utah, 1973

Ver algo espectacular y reconocerlo como una gran posibilidad fotográfica no va a suponer un gran avance. Pero el ver algo ordinario, algo que ves todos los días y reconocer sus posibilidades fotográficas, eso es en lo que yo estoy interesado.

Trato de comunicar cómo es el mundo en un estado despierto de conciencia, en esos momentos cuando todo parece más claro, cuando la mente está tranquila y las cosas parecen más lúcidas. Puede tener algo que ver con la luz, o con una buena noche de sueño. Éste fue uno de esos momentos.

Ginger Shore, Causeway Inn, Tampa, Florida, 17 de noviembre de 1977

Fuentes: 1, 2 y 3

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