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Clases magistrales de Steve McCurry (1/2)

Phaidon está sacando una serie de clases magistrales de un minuto con el fotógrafo Steve McCurry. Por ahora, ha sacado las seis primeras partes de diez. Os dejo las cinco primeras con la traducción debajo.

1.- No olvides decir ‘hola’

Cuando fotografías a gente lo primero no es la fotografía en sí, sino el llegar a conocerlos, hacer que confíen en ti y pasar algún tiempo con ellos, aunque sólo sea un minuto. Pero antes de ponerte la cámara en la cara, tienes que tener contacto visual, conversación, conocerlos, decir ‘hola’, saludarlos y relacionarte con ellos antes de nada, como otro compañero humano porque son personas y no sólo un tema que fotografiar.

Siempre procuro tratar a la gente con respeto y no correr y ponerle la cámara en la cara. Creo que la gente en general siempre responde bien si te tomas tu tiempo, los miras a los ojos, los respetas y los tratas al fin y al cabo como personas reales y no sólo como una curiosidad que fotografías desde el otro lado de la calle.

Clases magistrales de Steve McCurry

Chico pintado de rojo durante el Holi Festival. Steve McCurry, Bombai, India. 1996.

2.- Escoge un punto de vista privilegiado

Cuando fotografías las calles de cualquier ciudad o incluso callejones de pequeños pueblos, tienes que mirar a tu alrededor y observar los distintos elementos, los edificios, cómo se mueve la gente… Y ver cuál es el mejor punto de vista para fotografiarla, si al nivel de la calle o en la primera, segunda o tercera planta de un edificio para tener una vista general de la ciudad.

Muchas veces, me encuentro llamando a puertas de casas para que me dejen subirme al tejado o para hacer el retrato de alguien y he encontrado prácticamente en todo el mundo gente que si le explicas lo que haces, están dispuestos a dejarte entrar. Eres un extraño llamando a la puerta de alguien y pocos minutos más tarde estás metido en su casa, en su habitación o su salón haciendo tu foto. Así que todo depende de cómo te relaciones con la gente y cómo desarrollas una conexión con ellos haciéndolos formar parte del proceso y haciéndolos creer en lo que haces. Cosas maravillosas pueden salir de ahí.

Seteve McCurry India

Aldeanos celebrando el Holi Festival. Steve McCurry, Rayastán, India, 1996.

3.- Vive el momento

Cuando voy andando por la calle de cualquier sitio, voy mirando todo lo que me rodea, la arquitectura, la gente, quizás un perro o un gato que hay en la acera. Creo que hay que ser muy observador, tienes que mirar a todos lados y ser muy consciente del momento presente y del ambiente que te rodea.

Prefiero fotografiar solo. Me gusta pasear en silencio observando lo que puede pasar a mi alrededor. En cuanto empiezas a charlar con otra persona, pierdes la presencia de la calle y tu mente se va a otro lado. La fotografía es una tarea solitaria y es importante estar solo ahí fuera  explorando, descubriendo y viviendo la aventura.

Steve McCurry

Una madre y su hijo piden limosna a través de la ventana del taxi durante el monzón. Steve McCurry, Bombay, India.1993.

 

4.- El humor hace gran parte del camino

Creo que la mejor forma de acercarte a la gente en la calle, es hacerlo como un igual, como un compañero, con todo el respeto por lo que hacen. La gente nota si  estás con ellos al mismo nivel, si los aprecias. Si realmente estás fascinado y te interesa esa gente, eso se transmite en una comunicación no verbal. La gente sabrá que realmente quieres fotografiarles porque los encuentras fascinantes y no porque sean objetos de curiosidad. Una vez que esto se transmite, pasan todo tipo de cosas increíbles, la gente se abre y les gusta que les fotografíes.

Tratarlos como iguales, ésa es la clave, un poco de humor y un par de bromas hacen gran parte del camino. Es la mejor forma de acercarse.

Steve McCurry India

Pequeños monjes juegan con videojuegos en el monasterio Sera. Steve McCurry, Karnataka, Bylakuppe, India, 2001.

 

5.- Tienes que reaccionar rápido

Si veo una foto o persona interesante no lo pienso demasiado, quiero hacer la foto tan rápido como pueda. Tiene que salir de las tripas, del corazón. Tienes que ver el momento. No puedes intelectualizarlo, ni pensar demasiado, tienes que hacerlo y seguir tus instintos, lo que sientes. Luego ya llegará el momento de pensar pero tienes que ver el momento porque las cosas son efímeras, cambian rápido y si esperas puedes perder una expresión o una mirada, así que tienes que ser rápido, ver ese momento y hacer la foto enseguida.

Steve MCurry

Steve McCurry, Jodhpur, India. 2007

 

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Julia Margaret Cameron por Virginia Woolf

Aquí os dejo fragmentos de un texto de Virginia Woolf en el que narra la vida de su tía abuela, la fotógrafa Julia Margaret Cameron. El original lo publicó Luna Córnea.

Julia Margaret Cameron, la tercera hija de James Pattle del Servicio Civil Bengalí, nació el 11 de junio de 1815. Su padre era un caballero de señalada pero dudosa reputación, quien después de vivir una vida revoltosa y de ganarse el título de “el más grande mentiroso de la India”, bebió finalmente hasta morir y fue consignado en un barril de ron para esperar su embarco a Inglaterra. El barril fue puesto junto a la puerta del cuarto de la viuda. A medianoche oyó una explosión violenta, salió corriendo y encontró a su marido, quien había hecho saltar la tapa de su ataúd, erguido, amenazándola de muerte como lo había hecho en vida. “El shock la hizo desvariar, pobrecita, y murió loca. Es el padre de la señorita Ethel Smyth el que cuenta la historia (en Impressions that Remained), y continúa diciendo que, después de que “Jim Llamarada” fue clavado de nuevo y embarcado, los marineros se bebieron el licor en el que el cuerpo había sido preservado, “y por Júpiter, el ron se derramó, ardió en llamas e incendió el barco. Y mientras trataban de apagar el fuego, el barco se precipitó hacia una roca, explotó y fue arrastrado hacia la playa justo debajo de Hooghly. ¿Y qué creen que dijeron los marineros? ‘Que ese Pattle era tan bribón que el diablo no quiso que abandonara la India!’”.

Su hija heredó esa vena de vitalidad indomable. Si su padre era famoso por sus mentiras, la señora Cameron tenía el don de una lengua ardiente y una conducta pintoresca que han quedado impresas en las reposadas páginas de la biografía victoriana. Pero fue de su madre, se presume, que heredó el amor por la belleza y el desprecio por las frías y formales convenciones de la sociedad inglesa. Pues la sensible dama a la que la visión del cuerpo de su marido había matado, era francesa de nacimiento. Era la hija de Chevalier Antoine de I’Étang, uno de los pajes de María Antonieta, que había estado en prisión con la reina hasta su muerte y que fue salvado de la guillotina sólo a causa de su propia juventud. Fue enviado al exilio a la India con su mujer, quien había sido una de las damas de la reina, y es en Ghazipur, con una miniatura que le dio María Antonieta colgando sobre su pecho, que yace enterrado.

Julia Jackson 1867

(…) Ciertamente Julia Margaret Cameron se había convertido en una mujer imperiosa; pero carecía de la belleza de sus hermanas. En el trío en el que, se decía, Lady Somers era la Belleza y la señora Prinsep el Brío, la señora Cameron era indudablemente el Talento.

“Ella parecía reunir en sí misma todas las cualidades de una familia notable” escribía la señora Watts, “presentándolas en una forma doblemente destilada. Doblada la generosidad de la más generosa de las hermanas y la impulsividad de la más impulsiva. Si ellas eran entusiastas, ella lo era el doble; si eran persuasivas, ella era invencible. Tenía ojos extraordinariamente bellos, que centelleaban como sus frases, y que se volvían más suaves y tiernos si estaba conmovida…”. Pero para una niña, ella era una aparición aterradora: “baja y llenita, sin nada de la gracia ni de la belleza de los Pattle, aunque con un porcentaje mayor de obstinación y de energía apasionada.

Vestida con ropas oscuras, manchada con los químicos de su fotografía (y oliendo también a ellos), con un rostro ávido y redondo y una voz fuerte, un poco dura, y sin embargo, de alguna manera, apremiante e incluso encantadora”, salía precipitadamente del estudio en dimbola, ajustaba pesadas alas de cisnes a los hombros de los niños y les ordenaba permanecer quietos y actuar la parte de los Ángeles de la Navidad apoyados en los baluartes del Firmamento.

Pero la fotografía y las alas de cisne todavía no se vislumbraban. Durante muchos años su energía y sus poderes creativos fueron dirigidos a la vida familiar y a los deberes sociales. En 1838 se casó con un hombre muy distinguido, Charles Hay Cameron, “jurista benthamita y filósofo de gran erudición y capacidad”, que desempeñó el cargo, previamente ocupado por Lord Macaulay, de cuarto Miembro del Consejo en Calcuta.

(…) Mientras tanto, ella buscaba una expresión más permanente de sus abundantes energías en la literatura. Traducía del alemán, escribía poesía y avanzó lo suficiente en una novela como para poner a Sir Henry Taylor bastante nervioso: no fuera que lo instara a leerla toda. Volumen tras volumen fue despachado por correo.

(…) Pero el apogeo de la carrera de la señora Cameron estaba a un paso. En 1860, los Cameron compraron dos o tres casitas cubiertas de rosas en Freshwater, las administraron juntos y les anexaron algunas cabañas para dar cabida al desbordamiento de su hospitalidad. (…) La señora Cameron era capaz de invitar a almorzar a una familia que había conocido en el vapor sin preguntarles su nombre, o invitar a pasar a un turista sin sombrero a quien había conocido en el acantilado para que escogiera un sombrero él mismo, o adoptar a una mendiga irlandesa y enviar a su hija a la escuela junto con sus propios hijos.

(…) De hecho la hija de la pordiosera se convirtió en una hermosa mujer, pasó a ser la doncella de la señora, posó para un retrato, el hijo de un hombre rico la pidió en matrimonio, ocupó esta posición con dignidad y eficacia, y en 1878 gozaba de un ingreso de dos mil cuatrocientas libras al año.

(…) En 1865, cuando ella tenía cincuenta años, su hijo le regaló una cámara que dio por fin salida a las energías que había disipado en poemas y ficciones, arreglando casas y elaborando curries y entreteniendo a sus amigos. Ahora se volvió fotógrafa. Toda su sensibilidad se expresó –y lo que quizá fue aún más conveniente, se contuvo– en el arte recién nacido. La carbonera se convirtió en cuarto oscuro, el corral en su casa de vidrio. Los barqueros se transformaron en el rey Arturo, las aldeanas en la reina Ginebra. Tennyson fue envuelto en harapos; Sir Henry Taylor fue coronado con oropel. La doncella posó para su retrato mientras un huésped atendía la puerta. “Trabajaba infructuosa, pero no deseperanzadamente”, escribió la señora Cameron por esta época. En verdad, era infatigable. “Solía decir que en su fotografía había que destruir cien negativos antes de alcanzar un buen resultado, y su objetivo era superar el realismo disminuyendo al mínimo la precisión del foco”. Como una tigresa cuando de sus hijos se trataba, era extraordinariamente flexible en relación a su arte. Manchas pardas aparecían en sus manos y el olor de los químicos se mezclaba con el aroma de la zarza dulce en el camino cercano a su casa.

El sueño. Abril de 1869.

Nada le importaban las miserias ni el rango de sus modelos. Tanto el carpintero como el príncipe coronado de Prusia debían permanecer sentados e inmóviles como piedras en las actitudes que ella elegía, entre los cortinajes dispuestos por ella, y durante el tiempo que ella quisiera. No tenía en nada a las dificultades ni a los fracasos ni al agotamiento. “Ansiaba capturar toda la belleza que llegaba a mí, y a la larga mi anhelo fue satisfecho”, escribió. Los pintores alababan su arte; los escritores se maravillaban con el carácter que revelaban sus retratos. Ella misma ardía de satisfacción ante sus propias creaciones. “Es una bendición divina la que ha acompañado a mi fotografía”, escribió, “da placer a millones”. Prodigaba sus fotos entre sus amigos y familiares, las colgaba en las salas de espera de las estaciones de ferrocarril y las ofrecía, se dice, a los maleteros a falta de cambio.

El viejo señor Cameron, mientras tanto, se retiraba cada vez con mayor frecuencia a la relativa privacidad de su cuarto. A él no le gustaba la vida social, pero la soportaba como soportaba todos los caprichos de su mujer, con filosofía y afecto. “Julia está repartiendo Ceilán”, decía, cuando ella se embarcaba en otra aventura o extravagancia. Su hospitalidad y las pérdidas en la cosecha de café (“Charles me habla de la flor de la planta de café. Yo le digo que los ojos del primer nieto deben ser más hermosos que todas las flores”, decía ella) habían llevado su economía a un estado precario. Pero no eran sólo las ansiedades propias de los negocios las que hacían que el señor Cameron quisiera visitar Ceilán. El viejo filósofo se obsesionó cada vez más con el deseo de regresar a Oriente. Había paz, había calor; estaban los monos y los elefantes entre los que una vez había vivido “como amigo y hermano”. Súbitamente, pues lo habían mantenido en secreto entre sus amistades, los Cameron anunciaron que irían a visitar a sus hijos a Ceilán. Se hicieron los preparativos y los amigos fueron a despedirse de ellos a Southampton. Dos ataúdes les precedieron a bordo, llenos de cristal y porcelana, por si no se conseguían ataúdes en Oriente. El viejo filósofo, con sus ojos fijos y brillantes y su barba “bañada en la luz de la luna”, sostenía en una mano su báculo de marfil y en la otra la rosa encarnada de Lady Tennnyson le había regalado antes de partir, mientras que la señora Cameron, “grave y valiente”, gritaba sus últimas indicaciones y gobernaba no sólo innumerables bultos sino también una vaca.

Llegaron sanos y salvos a Ceilán (…) Marianne North, la viajera, los visitó allí y encontró al viejo señor Cameron en un estado de perfecta felicidad, recitando poemas, caminando de aquí a allá por la veranda con su largo cabello blanco derramándose sobre sus hombros, y su báculo de marfil en la mano. Adentro de la casa, la señora Cameron tomaba fotos todavía.

Las paredes estaban cubiertas de cuadros magníficos que se tambaleaban sobre las mesas y las sillas y se mezclaban en una confusión pintoresca con libros y tapices. La señora Cameron decidió de inmediato fotografiar a su huésped y durante tres días estuvo enfebrecida por la excitación. “Me hizo permanecer de pies con unas puntiagudas ramas de coco elevadas sobre mi cobeza…y me dijo que adoptara una apariencia absolutamente natural”, observó la señorita North (…) Y cuando la señorita North, desprecavida, manifestó su admiración por un hermoso chal verde brizna que la señora Cameron llevaba puesto, ella tomó un par de tijeras, y diciendo: “Sí, te sentará de maravilla”, lo cortó por la mitad de extremo a extremo instándola a que lo compartieran. Por fin, llegó el momento de que la señorita North se fuera. Pero la señora Cameron aún no podía soportar que sus amigos la abandonaran. Igual que en Putney salía a acompañarlos revolviendo el té mientras caminaba, también en Kalutara ella y toda su comitiva debieron escoltar a la invitada cuesta abajo por la colina y esperar al cochero a la medianoche. Dos años más tarde (en 1879) murió. Los pájaros, revoloteando, entraban y salían por la puerta abierta; las fotografías se agitaban sobre la mesa. Y, acostada ante una gran ventana abierta, la señora Cameron vió las estrellas brillar, murmuró la sola palabra “Hermoso”, y entonces murió.

Henri Cartier-Bresson habla sobre la fotografía

La cuarta entrada más vista de este año ha sido la segunda parte de la entrevista con Cartier Bresson. Aquí os dejo la traducción de una transcripción de audio de 1973 que he encontrado en el genial blog American Suburb X.

Palabras de Henri Cartier-Bresson

He estado haciendo fotos desde que era muy joven. No me acuerdo de qué edad tenía. Empecé pintando y dibujando y para mí la fotografía era un medio para dibujar, eso es todo.  Un boceto inmediato hecho con la intuición que no puedes corregir. Si tienes que corregirlo, será en la siguiente foto. La vida es fluida y a veces las fotos desaparecen y no hay nada que puedas hacer. No puedes decirle a alguien “ey, por favor, sonríe de nuevo y vuelve a poner ese gesto” La vida ocurre sólo una vez, para siempre.

No me interesa documentar. Documentar es extremadamente aburrido y el periodismo… Soy muy mal reportero y fotoperiodista. Cuando hice la exposición en el Museo de Arte Moderno en el 46, Capa, que era muy cuidadoso me dijo: no debes tener la etiqueta de fotógrafo surrealista. Toda mi formación fue el surrealismo. Y aún me siento muy surrealista pero él me dijo que si te etiquetan de surrealista no vas a llegar más lejos, que no te harán un encargo y que serás como una planta de invernadero. Olvídalo, haz lo que te de la gana, pero la etiqueta debe ser fotoperiodista. Y Capa era extremadamente coherente así que no volví a mencionar el surrealismo, ésa es mi pasión privada. Y lo que quiero, lo que busco, es asunto mío. No soy un reportero. Eso es accidental, un extra. Cuando voy a algún lugar, intento hacer una foto que resuma una situación que maraville, que atraiga la mirada y que  tenga una buena relación de las formas, que para mí es esencial. Un placer visual.

Madrid, 1933.

Madrid, 1933.

Había ritmo, la forma, la cabeza cae aquí, eso va hacia allá. Hay ritmo entre los diferentes elementos. Hay un cuadrado aquí, un rectángulo y otro… ¿Ves? Esos problemas me preocupan. El mayor placer para mí es la geometría que significa estructura. No puedes ir a hacer fotos de formas y figuras, pero es un placer sensual y un placer intelectual cuando tienes todo en su sitio. Es reconocer un orden que tienes en frente. (…) La diferencia entre una foto buena y una mediocre es cuestión de milímetros una diferencia diminuta pero esencial y si tomo la foto desde allí tendrá una distribución diferente que desde allí o allí. Y realmente es un pequeña recolocación con pequeños movimientos lo que estoy haciendo. No estoy saltando de arriba a abajo. Es una relación entre tu nariz, tus ojos, la ventana de atrás y ese mi placer… Establecer esas relaciones. Y a veces no hay foto. No pasa nada, no hay foto.

El periodismo es una forma de constatar. Bueno, algunos periodistas son escritores maravillosos pero otros ponen un hecho detrás de otro y los hechos no son interesantes. Es el punto de vista sobre esos hechos lo que importa y en la fotografía es la re-evocación de esos hechos.

Las fotografías que me importan son fotos que puedo mirar durante más de dos minutos y es mucho. No  hay muchas fotos que puedas mirar una y otra vez.

Henri Matisse en su casa “Le Rêve”. Los Alpes, 1944.

Lo más difícil para mí es el retrato. Es muy difícil. Es un signo de interrogación que pones en alguien intentando contar quién es, a qué puede aspirar, cuál es el significado de su expresión… Y la diferencia entre un retrato y una instantánea es que  en el retrato la persona acepta ser fotografiada. No es como alguien que ves, lo coges en la calle y ya.

Me gusta conocer a la gente en su ambiente. Es fascinante entrar en los hogares de la gente, mirarlos… Pero debes ser como un gato, sin molestar, de puntillas como un biólogo mirando a través de su microscopio. Cuando lo estudias todo, la gente reacciona de otra manera a cuando no sabes nada e intentas poner la cámara entre la piel de alguien y su camisa, no es fácil. Y las actitudes delante de la gente son muy distintas delante de la cámara. Algunos se sienten violentos, otros tímidos, algunos odian que les hagan fotos y a otros les encanta lucirse. Pillas a la gente muy rápido. Ves a la gente desnuda a través del visor, a veces los ves haciendo un steptease y puede resultar muy embarazoso. Recuerdo que tuve que fotografiar para Vogue a una mujer muy mayor, de Boston, una mujer maravillosa. Ella me sonrió pero era ese tipo de sonrisas que no puedes devolver. Ella quería ver la foto antes de que se publicara pero le dije que lo sentía mucho, que nunca lo hacía, que era una cuestión de confianza y ella estuvo de acuerdo. Me dijo “Ay, mis arrugas” y le dije que era su encanto propio porque después de todo depende de cómo te salen.  Es verdad, es la marca que te deja la vida. Depende de cómo la gente haya vivido y todo eso queda escrito en sus caras. Después de una cierta edad, pienso que tienes la cara que te mereces.

En general, cuando hago un retrato hago algunas preguntas para ver la reacción de la gente cuando intentan hablar tan poco como sea posible, pero aún así debes establecer algún tipo de contacto. En cuanto a Matisse, estuve delante de él alrededor de hora y media en un silencio absoluto. Nos mirábamos el uno al otro a los ojos y quizás hice una foto buena (…) Fueron unas 6 fotos en hora y media y no hubo ninguna incomodidad.

Isla de Sifnos, Grecia, 1961.

A veces la gente me pregunta ¿cuántas fotos haces? ¿muchas al día? Siempre contesto que no hay una regla. A veces, como en esta foto en Grecia, vi el marco y todo y esperé a que alguien pasara e hice dos fotos, una de un cura ortodoxo con un sombrero redondo y otra a una niña. La de la niña estaba todo en relación con las otras formas mientras que la de él tenía algo más, era otra concepción y a veces no tienes una segunda oportunidad porque la gente se ha ido. Ése es el motivo por el que esta profesión crea tanta ansiedad. Porque estás siempre esperando, qué va a pasar, qué, qué? Es así todo el rato. Estás fotografiando y sí, quizás mejor así pero no debes fotografiar demasiado. Es como cuando comes o bebes demasiado, tienes que comer y beber pero no darte un atracón. Porque en el momento en el que levantas la mano el obturador quiere más y más y quizás la foto se encontraba en la mitad. Es una fracción de segundo, es un instinto. En fotografía debes ser rápido, como un animal de caza. Así la atrapas y la tomas y la gente ni siquiera lo nota. Y es precioso. Para mí, la fotografía es un placer físico. No hace falta tener mucha cabeza, sólo sensibilidad, un dedo y dos piernas. Es muy bonito cuando sientes que tu cuerpo está trabajando, lleno de aire y contactando con la naturaleza. Es precioso.

Soy extremadamente impulsivo, terriblemente impulsivo. Es una lata para mis amigos y familia. Soy un manojo de nervios pero me aprovecho de eso en la fotografía. Nunca pienso. Actúo, rápido. Tienes que olvidarte de ti mismo, tienes que ser tú mismo y olvidarte de ti mismo al mismo tiempo y así la imagen resulta mucho más fuerte. Lo que quieres y lo que ves. Tienes que implicarte completamente en lo que haces y no pensar. Las ideas son peligrosas. Tienes que pensar todo el tiempo pero cuando estás fotografiando no tienes que intentar forzar las cosas para explicar ni probar algo. No tienes que probar nada. Eso vendrá sólo.

La primera impresión es esencial, la primera vista es impactante, sorprendente. Salta hacia ti. Lo irás alimentando con tu propia vida, con tu gusto, con el bagaje intelectual que acarreas. Tus experiencias, tu amor, tu odio es un todo. Y la poesía es la esencia de todo. Hay dos elementos que están de repente en conflicto y hay una lucha entre ellos pero se da rara vez. No puedes buscarlo. Es como buscar la inspiración, todo llega enriqueciéndote a ti mismo y a tu vida. Es como decir que esperas por una buena foto. Por una foto genial… Pocas veces vas a hacer una foto genial. Tienes que ordeñar a una vaca muchas veces para tener mucha leche para poder hacer un pequeño trozo de queso. No comprendo lo que quiere decir “drásticamente nuevo” No hay ideas nuevas en el mundo, sólo cómo se disponen esas cosas.  Todo es nuevo, cada minuto es nuevo.  Me refiero a reexaminar. La vida cambia a cada minuto. El mundo se va formando cada minuto y es algo bello y trágico. Siempre hay polos y uno no puede existir sin el otro. Son estas tensiones las que siempre me han movido.

Fábrica de coches, Paris, 1959

Fábrica de coches, Paris, 1959.

Esta foto me gusta. Estaba conduciendo en Grecia, en las montañas del norte. Había un niño en la carretera que pastoreaba cabras. No sé si lo saludé o algo pero de repente empezó a andar con sus manos. Había tanto júbilo, tanta alegría en ese país yermo, en esa carretera polvorienta.

Todo es interesante si profundizas un poco, pero al mismo tiempo no puedes fotografiar todo lo que veas. Hay sitios en los que el pulso se te acelera más que en otros… Después de la guerra no sé por qué pero tenía la sensación de que era importante ir a países coloniales. ¿Qué cambios van a ocurrir allí? Es por eso por lo que estuve tres años en oriente.

Estuve en India justo cuando Gandhi murió, después de la división de India y Pakistán y es cuando hay un cambio de situación cuando hay más tensión.  He estado viviendo en la India más de un año y el problema de la demografía, de la inmensidad del país, de la gente me preocupaba mucho. Me gusta vivir en los sitios, no me gusta ir de visita. Lo que se hace con tiempo, el tiempo lo respeta.

Nehru anuncia la muerte de Gandhi, Delhi, 1948.

Pasé en China los últimos tres meses del régimen de Kuo Ming-Tang. Lo vi caerse en pedazos y estuve allí cuando llegaron los comunistas. Me quedé otros seis meses. Los chinos siempre han estado entre regímenes caóticos, severos y tiranos.  Durante siglos han pasado de uno a otro. Tuve suerte de estar allí justo durante ese cambio. Una tradición y lo que permanece de ella, una actitud revolucionaria y una nueva concepción del hombre.

Interesar a la gente con lugares lejanos, impresionarlos, deleitarlos no es difícil. Lo más complicado es hacerlo en tu propio país. Sabes demasiado sobre él, cuando es tu propio bloque, tu propia rutina es difícil salir de ahí. Cuando voy al carnicero o lugares donde voy todo el tiempo, sé demasiado pero no lo suficiente para estar lúcido. Pero tienes que tener la mente abierta, ser consciente. Por eso la gente hace unas 10 fotos buenas en su vida. Lo interesante es la constancia. Seguir trabajando. Hay que reexaminar las cosas, intentar estar más lúcido y más libre y profundizar cada vez más. La cámara es un arma. No puedes probar nada pero al mismo tiempo es un arma. No es propaganda. En absoluto. Pero es una forma de gritar cómo te sientes. Me encanta la vida, me encantan los seres humanos, pero también odio a gente.  ¿Lo ves? La cámara puede ser una pistola pero también puede ser un diván de psicoanálisis. Puede ser un cálido beso. Puede ser un libro de bocetos. Y para mi, ésa es exactamente mi forma de sentir, disfruto tomando una foto, estando presente. Es una forma de decir sí. Es como las tres últimas palabras del Ulises de Joyce, que es uno de los trabajos más tremendos que se han escrito nunca. Es sí, sí, sí. Y así es la fotografía: sí sí, sí. No hay un quizás. Todos los quizás deberían ir a la basura porque es un instante, es una presencia, un momento, está ahí. Y es un respeto, es un gozo, el tremendo placer de decir sí. Incluso si es algo que odias, ¡sí! Es una afirmación. ¡Sí!

West Germany 1952-1953.

West Germany 1952-1953.

Henri Cartier-Bresson. La fotografía como afirmación

La cuarta entrada más vista de este año ha sido la segunda parte de la entrevista con Cartier Bresson. Aquí os dejo la traducción de una transcripción de audio de 1973 que he encontrado en el genial blog American Suburb X.

Palabras de Henri Cartier-Bresson

He estado haciendo fotos desde que era muy joven. No me acuerdo de qué edad tenía. Empecé pintando y dibujando y para mí la fotografía era un medio para dibujar, eso es todo.  Un boceto inmediato hecho con la intuición que no puedes corregir. Si tienes que corregirlo, será en la siguiente foto. La vida es fluida y a veces las fotos desaparecen y no hay nada que puedas hacer. No puedes decirle a alguien “ey, por favor, sonríe de nuevo y vuelve a poner ese gesto” La vida ocurre sólo una vez, para siempre.

No me interesa documentar. Documentar es extremadamente aburrido y el periodismo… Soy muy mal reportero y fotoperiodista. Cuando hice la exposición en el Museo de Arte Moderno en el 46, Capa, que era muy cuidadoso me dijo: no debes tener la etiqueta de fotógrafo surrealista. Toda mi formación fue el surrealismo. Y aún me siento muy surrealista pero él me dijo que si te etiquetan de surrealista no vas a llegar más lejos, que no te harán un encargo y que serás como una planta de invernadero. Olvídalo, haz lo que te de la gana, pero la etiqueta debe ser fotoperiodista. Y Capa era extremadamente coherente así que no volví a mencionar el surrealismo, ésa es mi pasión privada. Y lo que quiero, lo que busco, es asunto mío. No soy un reportero. Eso es accidental, un extra. Cuando voy a algún lugar, intento hacer una foto que resuma una situación que maraville, que atraiga la mirada y que  tenga una buena relación de las formas, que para mí es esencial. Un placer visual.

Madrid, 1933.

Madrid, 1933.

Había ritmo, la forma, la cabeza cae aquí, eso va hacia allá. Hay ritmo entre los diferentes elementos. Hay un cuadrado aquí, un rectángulo y otro… ¿Ves? Esos problemas me preocupan. El mayor placer para mí es la geometría que significa estructura. No puedes ir a hacer fotos de formas y figuras, pero es un placer sensual y un placer intelectual cuando tienes todo en su sitio. Es reconocer un orden que tienes en frente. (…) La diferencia entre una foto buena y una mediocre es cuestión de milímetros una diferencia diminuta pero esencial y si tomo la foto desde allí tendrá una distribución diferente que desde allí o allí. Y realmente es un pequeña recolocación con pequeños movimientos lo que estoy haciendo. No estoy saltando de arriba a abajo. Es una relación entre tu nariz, tus ojos, la ventana de atrás y ese mi placer… Establecer esas relaciones. Y a veces no hay foto. No pasa nada, no hay foto.

El periodismo es una forma de constatar. Bueno, algunos periodistas son escritores maravillosos pero otros ponen un hecho detrás de otro y los hechos no son interesantes. Es el punto de vista sobre esos hechos lo que importa y en la fotografía es la re-evocación de esos hechos.

Las fotografías que me importan son fotos que puedo mirar durante más de dos minutos y es mucho. No  hay muchas fotos que puedas mirar una y otra vez.

Henri Matisse en su casa “Le Rêve”. Los Alpes, 1944.

Lo más difícil para mí es el retrato. Es muy difícil. Es un signo de interrogación que pones en alguien intentando contar quién es, a qué puede aspirar, cuál es el significado de su expresión… Y la diferencia entre un retrato y una instantánea es que  en el retrato la persona acepta ser fotografiada. No es como alguien que ves, lo coges en la calle y ya.

Me gusta conocer a la gente en su ambiente. Es fascinante entrar en los hogares de la gente, mirarlos… Pero debes ser como un gato, sin molestar, de puntillas como un biólogo mirando a través de su microscopio. Cuando lo estudias todo, la gente reacciona de otra manera a cuando no sabes nada e intentas poner la cámara entre la piel de alguien y su camisa, no es fácil. Y las actitudes delante de la gente son muy distintas delante de la cámara. Algunos se sienten violentos, otros tímidos, algunos odian que les hagan fotos y a otros les encanta lucirse. Pillas a la gente muy rápido. Ves a la gente desnuda a través del visor, a veces los ves haciendo un steptease y puede resultar muy embarazoso. Recuerdo que tuve que fotografiar para Vogue a una mujer muy mayor, de Boston, una mujer maravillosa. Ella me sonrió pero era ese tipo de sonrisas que no puedes devolver. Ella quería ver la foto antes de que se publicara pero le dije que lo sentía mucho, que nunca lo hacía, que era una cuestión de confianza y ella estuvo de acuerdo. Me dijo “Ay, mis arrugas” y le dije que era su encanto propio porque después de todo depende de cómo te salen.  Es verdad, es la marca que te deja la vida. Depende de cómo la gente haya vivido y todo eso queda escrito en sus caras. Después de una cierta edad, pienso que tienes la cara que te mereces.

En general, cuando hago un retrato hago algunas preguntas para ver la reacción de la gente cuando intentan hablar tan poco como sea posible, pero aún así debes establecer algún tipo de contacto. En cuanto a Matisse, estuve delante de él alrededor de hora y media en un silencio absoluto. Nos mirábamos el uno al otro a los ojos y quizás hice una foto buena (…) Fueron unas 6 fotos en hora y media y no hubo ninguna incomodidad.

Henri Cartier-Bresson

Henri Cartier-Bresson, Isla Sifnos, Grecia, 1961.

A veces la gente me pregunta ¿cuántas fotos haces? ¿muchas al día? Siempre contesto que no hay una regla. A veces, como en esta foto en Grecia, vi el marco y todo y esperé a que alguien pasara e hice dos fotos, una de un cura ortodoxo con un sombrero redondo y otra a una niña. La de la niña estaba todo en relación con las otras formas mientras que la de él tenía algo más, era otra concepción y a veces no tienes una segunda oportunidad porque la gente se ha ido. Ése es el motivo por el que esta profesión crea tanta ansiedad. Porque estás siempre esperando, qué va a pasar, qué, qué? Es así todo el rato. Estás fotografiando y sí, quizás mejor así pero no debes fotografiar demasiado. Es como cuando comes o bebes demasiado, tienes que comer y beber pero no darte un atracón. Porque en el momento en el que levantas la mano el obturador quiere más y más y quizás la foto se encontraba en la mitad. Es una fracción de segundo, es un instinto. En fotografía debes ser rápido, como un animal de caza. Así la atrapas y la tomas y la gente ni siquiera lo nota. Y es precioso. Para mí, la fotografía es un placer físico. No hace falta tener mucha cabeza, sólo sensibilidad, un dedo y dos piernas. Es muy bonito cuando sientes que tu cuerpo está trabajando, lleno de aire y contactando con la naturaleza. Es precioso.

Soy extremadamente impulsivo, terriblemente impulsivo. Es una lata para mis amigos y familia. Soy un manojo de nervios pero me aprovecho de eso en la fotografía. Nunca pienso. Actúo, rápido. Tienes que olvidarte de ti mismo, tienes que ser tú mismo y olvidarte de ti mismo al mismo tiempo y así la imagen resulta mucho más fuerte. Lo que quieres y lo que ves. Tienes que implicarte completamente en lo que haces y no pensar. Las ideas son peligrosas. Tienes que pensar todo el tiempo pero cuando estás fotografiando no tienes que intentar forzar las cosas para explicar ni probar algo. No tienes que probar nada. Eso vendrá sólo.

La primera impresión es esencial, la primera vista es impactante, sorprendente. Salta hacia ti. Lo irás alimentando con tu propia vida, con tu gusto, con el bagaje intelectual que acarreas. Tus experiencias, tu amor, tu odio es un todo. Y la poesía es la esencia de todo. Hay dos elementos que están de repente en conflicto y hay una lucha entre ellos pero se da rara vez. No puedes buscarlo. Es como buscar la inspiración, todo llega enriqueciéndote a ti mismo y a tu vida. Es como decir que esperas por una buena foto. Por una foto genial… Pocas veces vas a hacer una foto genial. Tienes que ordeñar a una vaca muchas veces para tener mucha leche para poder hacer un pequeño trozo de queso. No comprendo lo que quiere decir “drásticamente nuevo” No hay ideas nuevas en el mundo, sólo cómo se disponen esas cosas.  Todo es nuevo, cada minuto es nuevo.  Me refiero a reexaminar. La vida cambia a cada minuto. El mundo se va formando cada minuto y es algo bello y trágico. Siempre hay polos y uno no puede existir sin el otro. Son estas tensiones las que siempre me han movido.

Fábrica de coches, Paris, 1959

Fábrica de coches, Paris, 1959.

Esta foto me gusta. Estaba conduciendo en Grecia, en las montañas del norte. Había un niño en la carretera que pastoreaba cabras. No sé si lo saludé o algo pero de repente empezó a andar con sus manos. Había tanto júbilo, tanta alegría en ese país yermo, en esa carretera polvorienta.

Todo es interesante si profundizas un poco, pero al mismo tiempo no puedes fotografiar todo lo que veas. Hay sitios en los que el pulso se te acelera más que en otros… Después de la guerra no sé por qué pero tenía la sensación de que era importante ir a países coloniales. ¿Qué cambios van a ocurrir allí? Es por eso por lo que estuve tres años en oriente.

Estuve en India justo cuando Gandhi murió, después de la división de India y Pakistán y es cuando hay un cambio de situación cuando hay más tensión.  He estado viviendo en la India más de un año y el problema de la demografía, de la inmensidad del país, de la gente me preocupaba mucho. Me gusta vivir en los sitios, no me gusta ir de visita. Lo que se hace con tiempo, el tiempo lo respeta.

Nehru anuncia la muerte de Gandhi, Delhi, 1948.

Pasé en China los últimos tres meses del régimen de Kuo Ming-Tang. Lo vi caerse en pedazos y estuve allí cuando llegaron los comunistas. Me quedé otros seis meses. Los chinos siempre han estado entre regímenes caóticos, severos y tiranos.  Durante siglos han pasado de uno a otro. Tuve suerte de estar allí justo durante ese cambio. Una tradición y lo que permanece de ella, una actitud revolucionaria y una nueva concepción del hombre.

Interesar a la gente con lugares lejanos, impresionarlos, deleitarlos no es difícil. Lo más complicado es hacerlo en tu propio país. Sabes demasiado sobre él, cuando es tu propio bloque, tu propia rutina es difícil salir de ahí. Cuando voy al carnicero o lugares donde voy todo el tiempo, sé demasiado pero no lo suficiente para estar lúcido. Pero tienes que tener la mente abierta, ser consciente. Por eso la gente hace unas 10 fotos buenas en su vida. Lo interesante es la constancia. Seguir trabajando. Hay que reexaminar las cosas, intentar estar más lúcido y más libre y profundizar cada vez más. La cámara es un arma. No puedes probar nada pero al mismo tiempo es un arma. No es propaganda. En absoluto. Pero es una forma de gritar cómo te sientes. Me encanta la vida, me encantan los seres humanos, pero también odio a gente.  ¿Lo ves? La cámara puede ser una pistola pero también puede ser un diván de psicoanálisis. Puede ser un cálido beso. Puede ser un libro de bocetos. Y para mi, ésa es exactamente mi forma de sentir, disfruto tomando una foto, estando presente. Es una forma de decir sí. Es como las tres últimas palabras del Ulises de Joyce, que es uno de los trabajos más tremendos que se han escrito nunca. Es sí, sí, sí. Y así es la fotografía: sí sí, sí. No hay un quizás. Todos los quizás deberían ir a la basura porque es un instante, es una presencia, un momento, está ahí. Y es un respeto, es un gozo, el tremendo placer de decir sí. Incluso si es algo que odias, ¡sí! Es una afirmación. ¡Sí!

West Germany 1952-1953.

West Germany 1952-1953.

Pie de foto: ‘Tormenta de arena’ de Steve McCurry

Era el año 1984, iba en un taxi conduciendo a través del desierto en Rajasthan en el noroeste de la India. Era Junio, el mes más caluroso, y se levantó esta tormenta de arena. Pasé de un día claro y soleado a uno oscuro y polvoriento, con un fuerte viento. Mi primera reacción fue proteger mi equipo, pero luego me di cuenta de que debería salir y hacer algunas fotos porque era muy dramático. Después de todo, siempre puedes comprar una cámara nueva pero las buenas fotos escasean.

Empecé a mirar a mi alrededor y vi estas mujeres. Habían estado trabajando al borde de la carretera y cuando empezó la tormenta se abrazaron para protegerse. Así que corrí a través del campo hasta donde ellas estaban.

Estaban cantando alguna canción religiosa, ajena para mí, pero angustiosa por el viento y el polvo. Era muy difícil respirar. No podías ver. Es entonces cuando la mayoría de la gente corre a protegerse. Estaba intentando conseguir un par de fotos y mantener la compostura. Estuve allí alrededor de dos o tres minutos, después se pasó la tormenta y eso fue todo.

Creo que la foto transmite una buena  sensación de cómo es una tormenta de arena. Hay un buen juego para conseguirlo, la composición es fuerte y los colores interesantes. Parece como si estuvieses mirando desde arriba esas vasijas, así que debí de utilizar un objetivo ligeramente gran angular –simplemente cogí lo primero que pillé y corrí atravesando ese campo. Pero se ve bien. Y al final, no se me estropeó la cámara.

The Guardian

Steve McCurry. Tormenta de arena

Era el año 1984, iba en un taxi conduciendo a través del desierto en Rajasthan en el noroeste de la India. Era Junio, el mes más caluroso, y se levantó esta tormenta de arena. Pasé de un día claro y soleado a uno oscuro y polvoriento, con un fuerte viento. Mi primera reacción fue proteger mi equipo, pero luego me di cuenta de que debería salir y hacer algunas fotos porque era muy dramático. Después de todo, siempre puedes comprar una cámara nueva pero las buenas fotos escasean.

Empecé a mirar a mi alrededor y vi estas mujeres. Habían estado trabajando al borde de la carretera y cuando empezó la tormenta se abrazaron para protegerse. Así que corrí a través del campo hasta donde ellas estaban.

Estaban cantando alguna canción religiosa, ajena para mí, pero angustiosa por el viento y el polvo. Era muy difícil respirar. No podías ver. Es entonces cuando la mayoría de la gente corre a protegerse. Estaba intentando conseguir un par de fotos y mantener la compostura. Estuve allí alrededor de dos o tres minutos, después se pasó la tormenta y eso fue todo.

Creo que la foto transmite una buena  sensación de cómo es una tormenta de arena. Hay un buen juego para conseguirlo, la composición es fuerte y los colores interesantes. Parece como si estuvieses mirando desde arriba esas vasijas, así que debí de utilizar un objetivo ligeramente gran angular –simplemente cogí lo primero que pillé y corrí atravesando ese campo. Pero se ve bien. Y al final, no se me estropeó la cámara.

Steve McCurry, The Guardian

Pie de foto de Mary Ellen Mark.

Ésta fue tomada en India, en un circo de Ahmedabad. Creo que se llamaba Great Golden Circus. Soy una fotógrafa de calle, pero estoy interesada en cualquier imagen irónica o caprichosa, y hay algo muy romántico sobre el circo. Estaba haciendo un libro, estuve seis meses viajando, vi 18 circos diferentes y fue una temporada maravillosa. Creedme, no puede haber un lugar más extraño para un circo que India.

Tenía una cita para fotografiar a Ram Prakash Singh y el elefante que domaba, llamado Shyama. Singh tenía un ego enorme además él también era el maestro de ceremonias, el número uno- lo que explica la expresión de su cara. Realmente pensaba que la fotografía era sobre él. Siempre dejo al retratado para ver qué se le ocurre, y él se enrolló la trompa del elefante alrededor del cuello. Pensé que era genial e hice  un par de carretes. Pero cuando después miré las fotografías, noté que en una de ellas Shyama había deslizado su mirada hacia un lado, así que parecía que tenía una cara un poco malévola. Esa foto era definitivamente la seleccionada.

A veces trabajo en color, pero creo que las imágenes con las que más conecto, históricamente hablando, son en blanco y negro. Veo más en blanco y negro –me gusta su abstracción.

La foto tiene una cualidad muy antropomórfica. Es por eso por lo que me gusta tanto: creo que Shayma se estaba comunicando conmigo de algún modo. Tuvo que estar en la misma posición durante un rato. Se cansó de la sesión. Un año más tarde, nos enteramos de que Shyama murió al comer chapati (pan indio) envenenado.

Guardian.co.uk

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