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Patti Smith por Annie Leibovitz

La segunda entrada más visitada de este año ha sido el especial del año pasado Annie Leibovitz sobre los Rolling Stones. Así que este año dedicamos nuestro especial a Patti Smith.

patti

En 1979, el último álbum de Patti Smith, Easter,  y el single Because the Night estaban en el Top 20. Fue el primer gran éxito comercial de Patti e iba a ser portada de Rolling Stone. Había estado con ella y su banda en la carretera durante un tiempo, fotografiándolos en el escenario y haciendo un reportaje del backstage. Cuando llegamos a Nueva Orleans, decidimos hacer la sesión para la portada allí. Un asistente (justo empezaba a tenerlos), vino desde California  y le dije que quería fotografiar a Patti frente a una enorme pared en llamas. Supongo que estaba pensando en el verso ‘Desire is hunger is the fire I breathe’ [Deseo es hambre es el fuego que respiro] de Because of the Night.

El asistente me dijo que sabía cómo hacerlo. Alquilamos un almacén, colgó una red empapada en queroseno, Patti se puso delante y el asistente le prendió fuego. Duró alrededor de cinco segundos. La red se quemó y cayó al suelo. Era verano y hacía ya unos 43ºC grados dentro del almacén, pero decidimos que la única manera de mantener el fuego suficiente tiempo, era quemando los propios barriles de queroseno. En aquellos tiempos se podían hacer cosas así. No pensábamos en pedir  permisos a los bomberos ni nada de eso. El almacén no se quemó de milagro pero la espalda de Patti se quedó un poco marcada.

patti smithPatti está sudando y la camisa se le pega a la piel por el calor tan intenso. Viste su propia ropa y no hay nadie de estilismo, maquillaje o peluquería. Patti dice que la primera vez que vio la portada en los quiscos, pensó ‘¿Es así como soy?’ Dice que llegó a entender que la persona que vi al hacer la fotografía era alguien de quien ella no era consciente en aquel entonces. Que ella se convirtió en la persona de la fotografía.

En 1996, Patti volvió a Nueva York después de años viviendo tranquilamente en las afueras de Detroit. Su marido había muerto tras una larga enfermedad y su querido hermano murió de repente unas semanas después. Estaba desolada, con dos niños pequeños a los que cuidar. Un día caminaba por la calle sin rumbo, deprimida, y, cuando se dio cuenta de que estaba al lado de mi estudio, me llamó para ver si se podía pasarse. Surgió hacerle una foto de manera natural. Llevaba la chaqueta de cuero de su marido y parecía abrumadoramente vulnerable- tan franca, tan abierta. Patti piensa que la foto muestra una fuerza interior que la cámara vio en 1978 pero que llegó a descubrir con el tiempo y después de una amarga experiencia. Se usó para Gone Again, el álbum que fue punto de partida de su nueva vida y carrera.

Ambas fotografías son en gran parte la misma. Patti era la misma persona. Ha sido fotografiada en muchas ocasiones, siendo su amigo intimo Robert Mapplethorpe, el autor de las más conocidas. Es halagador pensar que Patti crea que mis fotos muestren algo que nadie más veía. Siempre me deja perpleja cuando la gente dice que una fotografía ha capturado a alguien. La fotografía es sólo una diminuta parte de la vida de una persona. Un trozo de ellos en un momento. Parece pretencioso pensar que puedes obtener algo más que eso.

At Work, Annie Leibovitz.

Patti Smith - Leibovitz-740049

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“Éramos unos niños” de Patti Smith.

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‘Peregrinación’, el último trabajo de Annie Leibovitz

Entrevista: 10 Preguntas a Annie Leibovitz.

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La segunda entrada más visitada de este año ha sido el especial del año pasado Annie Leibovitz sobre los Rolling Stones. Así que este año dedicamos nuestro especial a Patti Smith.

patti

En 1979, el último álbum de Patti Smith, Easter,  y el single Because the Night estaban en el Top 20. Fue el primer gran éxito comercial de Patti e iba a ser portada de Rolling Stone. Había estado con ella y su banda en la carretera durante un tiempo, fotografiándolos en el escenario y haciendo un reportaje del backstage. Cuando llegamos a Nueva Orleans, decidimos hacer la sesión para la portada allí. Un asistente (justo empezaba a tenerlos), vino desde California  y le dije que quería fotografiar a Patti frente a una enorme pared en llamas. Supongo que estaba pensando en el verso ‘Desire is hunger is the fire I breathe’ [Deseo es hambre es el fuego que respiro] de Because of the Night.

El asistente me dijo que sabía cómo hacerlo. Alquilamos un almacén, colgó una red empapada en queroseno, Patti se puso delante y el asistente le prendió fuego. Duró alrededor de cinco segundos. La red se quemó y cayó al suelo. Era verano y hacía ya unos 43ºC grados dentro del almacén, pero decidimos que la única manera de mantener el fuego suficiente tiempo, era quemando los propios barriles de queroseno. En aquellos tiempos se podían hacer cosas así. No pensábamos en pedir  permisos a los bomberos ni nada de eso. El almacén no se quemó de milagro pero la espalda de Patti se quedó un poco marcada.

patti smithPatti está sudando y la camisa se le pega a la piel por el calor tan intenso. Viste su propia ropa y no hay nadie de estilismo, maquillaje o peluquería. Patti dice que la primera vez que vio la portada en los quiscos, pensó ‘¿Es así como soy?’ Dice que llegó a entender que la persona que vi al hacer la fotografía era alguien de quien ella no era consciente en aquel entonces. Que ella se convirtió en la persona de la fotografía.

En 1996, Patti volvió a Nueva York después de años viviendo tranquilamente en las afueras de Detroit. Su marido había muerto tras una larga enfermedad y su querido hermano murió de repente unas semanas después. Estaba desolada, con dos niños pequeños a los que cuidar. Un día caminaba por la calle sin rumbo, deprimida, y, cuando se dio cuenta de que estaba al lado de mi estudio, me llamó para ver si se podía pasarse. Surgió hacerle una foto de manera natural. Llevaba la chaqueta de cuero de su marido y parecía abrumadoramente vulnerable- tan franca, tan abierta. Patti piensa que la foto muestra una fuerza interior que la cámara vio en 1978 pero que llegó a descubrir con el tiempo y después de una amarga experiencia. Se usó para Gone Again, el álbum que fue punto de partida de su nueva vida y carrera.

Ambas fotografías son en gran parte la misma. Patti era la misma persona. Ha sido fotografiada en muchas ocasiones, siendo su amigo intimo Robert Mapplethorpe, el autor de las más conocidas. Es halagador pensar que Patti crea que mis fotos muestren algo que nadie más veía. Siempre me deja perpleja cuando la gente dice que una fotografía ha capturado a alguien. La fotografía es sólo una diminuta parte de la vida de una persona. Un trozo de ellos en un momento. Parece pretencioso pensar que puedes obtener algo más que eso.

At Work, Annie Leibovitz.

Patti Smith - Leibovitz-740049

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Los Rolling Stones por Annie Leibovitz

Seguimos con los especiales de aniversario, la tercera entrada más compartida de este año ha sido el Pie de foto de John Lennon y Yoko Ono comentado por Annie Leibovitz así que aquí os dejo la traducción del texto de su libro At Work en el que habla de su experiencia como fotógrafa oficial durante una gira de los Rolling Stones.música, salto, grupo

Cuando empecé a trabajar en Rolling Stone, no podíamos fotografiar una banda hasta que no venían a la ciudad. Apenas había viajado. Hice algunas fotos de los Rolling Stones cuando vinieron a San Francisco en 1971 y 1972 y recuerdo haber viajado a Los Ángeles cuando ensayaban. Tenía una ridícula idea de fotografiarlos en un coche, y mi amiga la escritora Eve Babitz me dijo que Tuesday Weld tenía un Cadillac dorado. Así que se lo pedimos prestado. Lo había hablado con Mick por teléfono y le parecía una buena idea. Probablemente estaba pensando en Elvis Presley o algo así. El grupo estaba ensayando en parking de Burbank y todos salieron para ver el coche. Dijeron que era un mal año. ‘Los coches son como el vino’, me explicó Mick, ‘hay años buenos y años malos’ y se fueron.

Truman Capote iba a escribir sobre la gira de 1972 para la revista y Jann me dijo que podía ir con ellos en dos o tres ciudades. Robert Frank estaba viajando con el grupo haciendo fotos de 16mm que más tarde se convertiría en Cocksucker Blues. El grupo se lo había encargado pero nunca salió a la luz supongo que por las escenas de drogas y sexo que grabó. Danny Seymour, amigo y asistente de Frank estaba bastante metido en eso. Murió misteriosamente mientras la película se editaba.

Estaba asombrada con Robert Frank. Aquí era un maestro. No podía creer que lo viera trabajando durante unos días. Un día cogió mi cámara, yo estaba aterrada, era como estar con Dios, la sostuvo y me dijo ‘no puedes hacer fotos de todo’. Fue un consejo reconfortante. Siempre te pierdes cosas. Le tienes apego a esa máquina, a su ritmo. Las cosas se mueven delante de ti y se supone que  tienes que capturarlas, pero no siempre es posible. Aunque Robert Frank no parecía perderse nada. Era incansable. Nunca dejaba de trabajar.

Supongo que al grupo le gustaron algunas fotos de las que hice entonces y tres años más tardes me llamó Mick y me preguntó si me gustaría ser la fotógrafa de su gira. Mick es muy inteligente. Comprende que la documentación de una banda es importante. Como el presidente o la reina tienen un fotógrafo.

Janis Joplin por Bob Seidemann

Janis Joplin por Bob Seidemann

Mick me pidió que fuera su Cartier-Bresson. No sé a lo que se refería con eso. Creo que quería que fuera porque era joven y podía darle vidilla. Podría ser una combinación interesante. Por supuesto, había otros fotógrafos que estaban más involucrados con la música y más interesados en vivir la vida que vivían los músicos que yo. Por ejemplo, Jim Marshall. Pasaba mucho tiempo con los músicos. Eran amigos. Bob Seidemann había hecho la famosa foto de Janis Joplin desnuda llevando sólo collares y mostrando un pezón. Y también hizo la fotografía de la chica pelirroja desnuda, que parecía haber sido pintada por Boticelli, de la carátula del álbum Janis Joplin. Bob también hizo pósters para el Fillmore. David Gahr estuvo años fotografiando a músicos. Le encantaba la música. Estuvo en el Newport Folk Festival a principios de los sesenta y había fotografiado a Dylan, Springsteen y Miles Davis. Baron Wolman habia sido el director de fotografía de los comienzos de la revista Rolling Stone.

Yo admiraba a todos esos fotógrafos pero me resultaba difícil trabajar durante los conciertos. Nunca podías apartar la vista de la cámara y estabas a merced de la gente de iluminación que normalmente estaban drogados. Además, tenías que estar preparada que el público te aplastase. Al final del concierto siempre corrían hacia el escenario, así que si estabas delante, tenías que estar preparada. Dos canciones antes del final, metía todas mis cámaras menos una en la mochila y aseguraba las solapas y me la ataba alrededor de pecho. Al final, la ola de gente se dispersaba pero podías ser arrastrada muchos metros antes de que eso ocurriera. Recuerdo un concierto de Aretha Franklin en el que fui empujada prácticamente hasta el escenario. Tenías que dejar simplemente tu cuerpo suelto y no tratar de resistirte.

No obstante, le dije a Jann que quería irme de gira con los Rolling Stones y me dijo que no podía garantizarme que a la vuelta tuviera trabajo para mí pero pensé que era una oportunidad demasiado buena para dejarla pasar. Robert Frank había fotografiado a los Rolling Stones y ahora era mi turno.

El grupo estaba ensayando en un local de Andy Warhol en Montauk, al final de Long Island, así que me fue de la ciudad durante un mes, luego tuvieron el descanso y  en junio comenzó la gira. Yo era muy ingenua, me llevé mis raquetas de tenis. Pensaba tomar clases de una ciudad a otra. No tenía ni idea en lo que me estaba metiendo. Me pagaban unos cuantos cientos de dólares a la semana y se suponía que debía hacer fotos publicitarias pero sólo fui capaz de hacer un par el primer día y nada más. Nunca más volví a estar despierta durante el día. Siempre estaba con el grupo.

Keith Richards, 1977. Annie Leibovitz

 

En ese momento, pensaba que la forma de hacer las mejores fotos era convertirse en un camaleón. Convertirse en parte de lo que estaba ocurriendo de forma que nadie notase que estabas allí. Por supuesto fue increíblemente estúpido por mi parte elegir una situación así de la que formar parte. Hice todo lo que se suponía que había que hacer si vas de gira con los Rolling Stones. Fue la primera vez en mi vida que algo me sobrepasó.

Una gira de rock and roll es antinatural. Te mueves en el tiempo y el espacio demasiado rápido. La experiencia es extrema. Está la grandeza de las actuaciones y el aislamiento y la soledad que les sigue. La banda era como un grupo de chicos perdidos a los que salvó la música. Les dio la razón para existir. Cuando no estaban de gira, no pasaban mucho tiempo juntos. En la carretera, trabajaban. Mick y Keith no hablaban nunca. Se suponía que la guitarra de Keith tenía que amplificarse tan alto como la voz de Mick. Ambas se alcanzaban en una lucha romántica. Fue la primera vez en mi vida -y en aquél entonces ya llevaba cinco años trabajando en Rolling Stone– que veía cómo se hacía la música. Vi cómo se producía de manera natural. Los compases que oía en las habitaciones de los hoteles durante la gira fueron las canciones del próximo álbum, Memory Motel y Fool to Cry.

La fotografía que para mí fue emblemática de la gira de 1975 fue la de Mick en el ascensor. Era cuando se acercaba el final de la gira y no tenía los pies en el suelo. Estaba volando. Era el objeto más bonito. Como una mariposa. Etéreo. Después de tanto tiempo en la carretera, sus bailes eran muy sueltos. Era casi surrealista. Siempre estaba al tanto de dónde estaba Mick. Lo que puede parecer haber sido una molestia para él se convirtió en una fuente de consuelo. El saber que yo estaba por ahí cerca. Fue una relación de modelo/fotógrafo de tipo obsesivo. Recuerdo que me pidió que le dijera si quería que estuviese en un lugar específico del escenario en algún momento del concierto pero me pareció inabordable. No podía pensar en nada que pudiera hacer aparte de lo que ya hacía.

Annie Leibovitz

Annie Leibovitz Mick Jagger en el escenario

 

Al final de cada concierto había dos o tres bises planeados. Nada era improvisado. El grupo era más profesional de lo que había visto nunca. Llevaban un tiempo siéndolo. Siempre siempre se preocupaban por hacer una buena actuación, sin importarles el tamaño de la sala de conciertos. Después del último bis, cuando todo el mundo pensaba que saldrían de nuevo al escenario, salían pitando. Cada noche, Mick se echaba por la cabeza muchos cubos de agua y podía salir del escenario completamente mojado con el maquillaje de ojos completamente corrido. Se envolvía en toallas y se metía en el coche. Normalmente se iban directamente al avión pero la noche que lo fotografié en el ascensor pasábamos la noche en la ciudad. La fotografía estaba hecha subiendo a la habitación de Mick. Estábamos solos. Ambos estábamos igual de absortos. No por las drogas, sino por todo el viaje, la falta de sueño y el esfuerzo de los conciertos.

En esa gira, aprendí sobre fuerza. Sobre cómo la gente en el público puede perder el sentido de sí mismos y fundirse en una masa mecánica y frenética. Mick y Keith tienen un poder tremendo dentro y fuera del escenario. Podían entrar en una habitación como jóvenes dioses. Me di cuenta de que la proximidad de ellos me dio fuerza también. Algo así como una nueva condición. No tenía nada que ver con mi trabajo. Era fuerza por asociación.

Hice cientos de carretes durante esa gira. Sólo unas cuantas fotos se publicaron en Rolling Stone, pero no miré la mayoría hasta años después, cuando estaba organizando fotos para el libro y la exposición de mi trabajo desde 1970 a 1990. Incluí algunas de las fotografías e intenté transmitir lo duro que fue todo pero creo que no lo conseguí. Cuanto más lo intentaba, más románticas parecían las fotografías.

He estado en muchos autobuses de gira y en muchos conciertos, pero las mejores fotografías de músicos en el trabajo las he hecho durante la gira de los Rolling Stones. Probablemente haya pasado más tiempo con ellos que con cualquier otro tema que haya tratado. Para mí, la historia de las fotografías es la historia de cómo casi me perdí a mí misma y cómo volví y lo que significa estar sumamente implicada con el tema. Lo que me salvó fue tener la cámara junto a mí. Estaba allí para recordarme quién era y qué hacía. Me apartó de ellos.

Annie Laibovitz

Annie Leibovitz, Mick Jagger en el ascensor. Nueva York, 1975.

 

Pie de foto: Los Rolling Stones por Annie Leibovitz

Seguimos con los especiales de aniversario, la tercera entrada más compartida de este año ha sido el Pie de foto de John Lennon y Yoko Ono comentado por Annie Leibovitz así que aquí os dejo la traducción del texto de su libro At Work en el que habla de su experiencia como fotógrafa oficial durante una gira de los Rolling Stones.música, salto, grupo

Cuando empecé a trabajar en Rolling Stone, no podíamos fotografiar una banda hasta que no venían a la ciudad. Apenas había viajado. Hice algunas fotos de los Rolling Stones cuando vinieron a San Francisco en 1971 y 1972 y recuerdo haber viajado a Los Ángeles cuando ensayaban. Tenía una ridícula idea de fotografiarlos en un coche, y mi amiga la escritora Eve Babitz me dijo que Tuesday Weld tenía un Cadillac dorado. Así que se lo pedimos prestado. Lo había hablado con Mick por teléfono y le parecía una buena idea. Probablemente estaba pensando en Elvis Presley o algo así. El grupo estaba ensayando en parking de Burbank y todos salieron para ver el coche. Dijeron que era un mal año. ‘Los coches son como el vino’, me explicó Mick, ‘hay años buenos y años malos’ y se fueron.

Truman Capote iba a escribir sobre la gira de 1972 para la revista y Jann me dijo que podía ir con ellos en dos o tres ciudades. Robert Frank estaba viajando con el grupo haciendo fotos de 16mm que más tarde se convertiría en Cocksucker Blues. El grupo se lo había encargado pero nunca salió a la luz supongo que por las escenas de drogas y sexo que grabó. Danny Seymour, amigo y asistente de Frank estaba bastante metido en eso. Murió misteriosamente mientras la película se editaba.

Estaba asombrada con Robert Frank. Aquí era un maestro. No podía creer que lo viera trabajando durante unos días. Un día cogió mi cámara, yo estaba aterrada, era como estar con Dios, la sostuvo y me dijo ‘no puedes hacer fotos de todo’. Fue un consejo reconfortante. Siempre te pierdes cosas. Le tienes apego a esa máquina, a su ritmo. Las cosas se mueven delante de ti y se supone que  tienes que capturarlas, pero no siempre es posible. Aunque Robert Frank no parecía perderse nada. Era incansable. Nunca dejaba de trabajar.

Supongo que al grupo le gustaron algunas fotos de las que hice entonces y tres años más tardes me llamó Mick y me preguntó si me gustaría ser la fotógrafa de su gira. Mick es muy inteligente. Comprende que la documentación de una banda es importante. Como el presidente o la reina tienen un fotógrafo.

Janis Joplin por Bob Seidemann

Janis Joplin por Bob Seidemann

Mick me pidió que fuera su Cartier-Bresson. No sé a lo que se refería con eso. Creo que quería que fuera porque era joven y podía darle vidilla. Podría ser una combinación interesante. Por supuesto, había otros fotógrafos que estaban más involucrados con la música y más interesados en vivir la vida que vivían los músicos que yo. Por ejemplo, Jim Marshall. Pasaba mucho tiempo con los músicos. Eran amigos. Bob Seidemann había hecho la famosa foto de Janis Joplin desnuda llevando sólo collares y mostrando un pezón. Y también hizo la fotografía de la chica pelirroja desnuda, que parecía haber sido pintada por Boticelli, de la carátula del álbum Janis Joplin. Bob también hizo pósters para el Fillmore. David Gahr estuvo años fotografiando a músicos. Le encantaba la música. Estuvo en el Newport Folk Festival a principios de los sesenta y había fotografiado a Dylan, Springsteen y Miles Davis. Baron Wolman habia sido el director de fotografía de los comienzos de la revista Rolling Stone.

Yo admiraba a todos esos fotógrafos pero me resultaba difícil trabajar durante los conciertos. Nunca podías apartar la vista de la cámara y estabas a merced de la gente de iluminación que normalmente estaban drogados. Además, tenías que estar preparada que el público te aplastase. Al final del concierto siempre corrían hacia el escenario, así que si estabas delante, tenías que estar preparada. Dos canciones antes del final, metía todas mis cámaras menos una en la mochila y aseguraba las solapas y me la ataba alrededor de pecho. Al final, la ola de gente se dispersaba pero podías ser arrastrada muchos metros antes de que eso ocurriera. Recuerdo un concierto de Aretha Franklin en el que fui empujada prácticamente hasta el escenario. Tenías que dejar simplemente tu cuerpo suelto y no tratar de resistirte.

No obstante, le dije a Jann que quería irme de gira con los Rolling Stones y me dijo que no podía garantizarme que a la vuelta tuviera trabajo para mí pero pensé que era una oportunidad demasiado buena para dejarla pasar. Robert Frank había fotografiado a los Rolling Stones y ahora era mi turno.

El grupo estaba ensayando en un local de Andy Warhol en Montauk, al final de Long Island, así que me fue de la ciudad durante un mes, luego tuvieron el descanso y  en junio comenzó la gira. Yo era muy ingenua, me llevé mis raquetas de tenis. Pensaba tomar clases de una ciudad a otra. No tenía ni idea en lo que me estaba metiendo. Me pagaban unos cuantos cientos de dólares a la semana y se suponía que debía hacer fotos publicitarias pero sólo fui capaz de hacer un par el primer día y nada más. Nunca más volví a estar despierta durante el día. Siempre estaba con el grupo.

En ese momento, pensaba que la forma de hacer las mejores fotos era convertirse en un camaleón. Convertirse en parte de lo que estaba ocurriendo de forma que nadie notase que estabas allí. Por supuesto fue increíblemente estúpido por mi parte elegir una situación así de la que formar parte. Hice todo lo que se suponía que había que hacer si vas de gira con los Rolling Stones. Fue la primera vez en mi vida que algo me sobrepasó.

Una gira de rock and roll es antinatural. Te mueves en el tiempo y el espacio demasiado rápido. La experiencia es extrema. Está la grandeza de las actuaciones y el aislamiento y la soledad que les sigue. La banda era como un grupo de chicos perdidos a los que salvó la música. Les dio la razón para existir. Cuando no estaban de gira, no pasaban mucho tiempo juntos. En la carretera, trabajaban. Mick y Keith no hablaban nunca. Se suponía que la guitarra de Keith tenía que amplificarse tan alto como la voz de Mick. Ambas se alcanzaban en una lucha romántica. Fue la primera vez en mi vida -y en aquél entonces ya llevaba cinco años trabajando en Rolling Stone– que veía cómo se hacía la música. Vi cómo se producía de manera natural. Los compases que oía en las habitaciones de los hoteles durante la gira fueron las canciones del próximo álbum, Memory Motel y Fool to Cry.

La fotografía que para mí fue emblemática de la gira de 1975 fue la de Mick en el ascensor. Era cuando se acercaba el final de la gira y no tenía los pies en el suelo. Estaba volando. Era el objeto más bonito. Como una mariposa. Etéreo. Después de tanto tiempo en la carretera, sus bailes eran muy sueltos. Era casi surrealista. Siempre estaba al tanto de dónde estaba Mick. Lo que puede parecer haber sido una molestia para él se convirtió en una fuente de consuelo. El saber que yo estaba por ahí cerca. Fue una relación de modelo/fotógrafo de tipo obsesivo. Recuerdo que me pidió que le dijera si quería que estuviese en un lugar específico del escenario en algún momento del concierto pero me pareció inabordable. No podía pensar en nada que pudiera hacer aparte de lo que ya hacía.

Al final de cada concierto había dos o tres bises planeados. Nada era improvisado. El grupo era más profesional de lo que había visto nunca. Llevaban un tiempo siéndolo. Siempre siempre se preocupaban por hacer una buena actuación, sin importarles el tamaño de la sala de conciertos. Después del último bis, cuando todo el mundo pensaba que saldrían de nuevo al escenario, salían pitando. Cada noche, Mick se echaba por la cabeza muchos cubos de agua y podía salir del escenario completamente mojado con el maquillaje de ojos completamente corrido. Se envolvía en toallas y se metía en el coche. Normalmente se iban directamente al avión pero la noche que lo fotografié en el ascensor pasábamos la noche en la ciudad. La fotografía estaba hecha subiendo a la habitación de Mick. Estábamos solos. Ambos estábamos igual de absortos. No por las drogas, sino por todo el viaje, la falta de sueño y el esfuerzo de los conciertos.

En esa gira, aprendí sobre fuerza. Sobre cómo la gente en el público puede perder el sentido de sí mismos y fundirse en una masa mecánica y frenética. Mick y Keith tienen un poder tremendo dentro y fuera del escenario. Podían entrar en una habitación como jóvenes dioses. Me di cuenta de que la proximidad de ellos me dio fuerza también. Algo así como una nueva condición. No tenía nada que ver con mi trabajo. Era fuerza por asociación.

Hice cientos de carretes durante esa gira. Sólo unas cuantas fotos se publicaron en Rolling Stone, pero no miré la mayoría hasta años después, cuando estaba organizando fotos para el libro y la exposición de mi trabajo desde 1970 a 1990. Incluí algunas de las fotografías e intenté transmitir lo duro que fue todo pero creo que no lo conseguí. Cuanto más lo intentaba, más románticas parecían las fotografías.

He estado en muchos autobuses de gira y en muchos conciertos, pero las mejores fotografías de músicos en el trabajo las he hecho durante la gira de los Rolling Stones. Probablemente haya pasado más tiempo con ellos que con cualquier otro tema que haya tratado. Para mí, la historia de las fotografías es la historia de cómo casi me perdí a mí misma y cómo volví y lo que significa estar sumamente implicada con el tema. Lo que me salvó fue tener la cámara junto a mí. Estaba allí para recordarme quién era y qué hacía. Me apartó de ellos.

ascensor, albornoz, lift

Pie de foto: John Lennon y Yoko Ono por Annie Leibovitz

Hoy es el aniversario de la muerte de John Lennon, asesinado el 8 de diciembre de 1980. Ésta es la última fotografía que se le hizo, tomada por Annie Leibovitz. Aquí nos cuenta la historia.


La foto de John Lennon y Yoko Ono tumbados juntos en el suelo horas antes de su muerte tardé diez años en hacerla. La primera foto que hice de John fue mi primer encargo importante de Rolling Stone en 1970. Jann Wanner iba a Nueva York a hacerle una entrevista y lo convencí para ir con él, básicamente explicándole que le saldría más barato que cualquier otro fotógrafo. Cogí un vuelo barato y me quedé en casa de amigos. Luego me dijo Yoko que John y ella estaban impresionados de que Jann dejase a alguien como yo fotografiar a gente tan famosa. Estaban acostumbrados a los mejores fotógrafos del mundo y de repente aparece esta niña. Pero John no me trató como a una niña y me tranquilizó. Era honesto, sencillo y cooperador. Esa sesión marcó un precedente en mi trabajo con la gente conocida. John, una figura legendaria, a quien yo veneraba,  me enseñó que podía ser yo misma.

Llevaba mis tres Nikon con un objetivo 105mm y un fotómetro. En un momento dado, mientras John hablaba con Yoko, yo estaba con mi 105 para hacer una primera lectura y John me miró. Fue una larga mirada. Parecía mirarme fijamente, entonces pulsé el disparador. Ésa fue la foto que Jann eligió para la portada cuando volvimos a San Francisco.

Diez años más tarde, se publicó el album de John y Yoko Double Fantasy y Jonathan Cott había entrevistado a John para Rolling Stone. Los fotografié en su apartamento en Dakota a principios de diciembre y volví unos días más tarde con una idea concreta en mente. En la portada del nuevo álbum, John y Yoko aparecían besándose. Era un simple beso en una época de saturación. Pensé en cómo la gente se acurruca en la cama y le pedí que posaran desnudos abrazándose. Nunca se habían avergonzado de desnudarse, había un desnudo frontal en el disco de Two Virgins, el primer álbum que grabaron juntos. Eran artistas. John no tuvo problema con la idea pero Yoko, por alguna razón,  dijo que no quería quitarse los pantalones. Así que le dije, ‘Ok, entonces déjatelo todo’.

Hice una Polaroid de los dos tumbados y John la miró y dijo “Has capturado nuestra relación a la perfección”. Había pasado los últimos cinco años siendo amo de casa, cuidando a su hijo Sean y el nuevo álbum era el retorno a su carrera musical. Me llevó a parte y me dijo que sabía que la revista quería una foto sólo de él en la portada pero que quería que también saliera Yoko. Me dijo que era muy importante.

La foto fue tomada una tarde en una habitación que daba a Central Park. Íbamos a quedar más tarde para ver las diapositivas pero esa misma noche, cuando John volvía de  una grabación, un fan trastornado le disparó. Me lo dijo Jann. Habían llevado a John al Roosevelt Hospital, y fui a hacer algunas fotos a la gente que allí se había congregado. Sobre media noche, salió un médico. Me subí a la silla y lo fotografié anunciando la muerte de John. Luego volví a Dakota y estuve con la gente en duelo sujetando velas.

Ahora, la foto parece como el último beso. Jann decidió publicarla en portada sin ningún texto, excepto el logo de Rolling Stone. Cuando fui al apartamento de John y Yoko para enseñarle la maqueta, estaba tumbada en la cama en una habitación oscura. Me dijo que estaba satisfecha con lo que habíamos hecho.

Annie Leibovitz At Work.

‘Peregrinación’, el último trabajo de Annie Leibovitz

Cataratas del Niagra

El último trabajo de Annie Leibovitz se titula Pilgrimage, (Peregrinación), y en él no aparecen actores, modelos ni políticos, de hecho no fotografía a una sola persona. Es un recorrido por lugares y objetos relacionados con gente que le importa.

El proyecto lo concibió con Susan Sontag pero, tras la muerte de ésta y la mala racha financiera que sufre, lo dejó apartado. Agobiada por el dinero y los abogados, decidió pasar unas semanas con sus hijas en las cataratas del Niagra para recompensarlas. Nada fue bien durante el viaje, pero cuando por fin llegó a las cataratas se quedó “impresionada por la belleza del agua” y esa foto se convirtió en el comienzo de esta peregrinación así como en la portada del libro.

Fue un infierno hacer este libro con todo lo que estaba pasando. Me decían constantemente que no me daría dinero y que lo dejara. Pero realmente quería hacerlo. Tenía que salvar mi alma.

Patio de la casa de Georgia O’Keeffe en Abiquiu, Nuevo México.

Una de las visitas más emocionantes fue a Nuevo México:

Cuando era joven, Georgia O’Keeffe representaba un gran concepto, una idea estereotípica, para nosotras, de lo que es ser mujer. Pero esa idea nunca llegó a calar realmente en mí.

Fue a su casa y, en cuanto entró a su estudio, empezó a llorar.

Fue muy emotivo. Ella fue real. Fue muy criticada. Volví varias veces. Lo primero que me llamó la atención es lo poco que necesitas. Ella tenía sus vistas. Su cama. Hacía sus propios pasteles. Tenía música, adoraba la música. ¡Tenía los mejores altavoces! Pero no demasiadas cosas.

En cuanto al hecho de fotografiar objetos y lugares en lugar de personas, como siempre ha hecho, comenta:

Tuve que aprender a fotografiar objetos. No conocemos a Thoreau, ¿verdad? Lo único que tenemos es su trabajo y sus cosas. La primera vez que vi la cama de mimbre en la que dormía, me sentí tan desbordada que no sabía como afrontarlo. (…) He tenido una sensación parecida a la que tengo cuando fotografío a las personas. En realidad, nunca me alejo de la gente. Para mí, éstas también son fotografías de personas. Es lo único que nos queda para conocerlos. Me enfrento a las cosas que se están desvaneciendo, desmoronando, desapareciendo. ¿Cómo podemos conservarlas?

Habitación de Virginia Woolf en Charleston, Inglaterra.

Hablando del proceso de creación artística, comenta:

El talento es algo que puede tener cualquiera, pero puede desaparecer. Necesita que lo alimenten, que lo cuiden. Lo mejor de hacerse mayor es que sabes lo que haces -si te centras en algo. No es que sea más fácil pero te vuelves más fuerte. Peregrinación es una ejercicio para cuidar lo que hago. Mis libros son la forma que tengo de expresarme por completo.

Y concluye:

Animaría a cualquiera a que hicieran su propia lista. Mi libro es una meditación de cómo vivimos. Es una idea anticuada pero siempre deberías intentar hacer lo que te encanta hacer.

Laboratorio de Ansel Adams en Carmel, Calif.

Fuente y más fotos en el NYTimes.

Aquí tenéis una entrevista en la que habla del libro. Y si alguien anda por Nueva York, esta tarde estará firmando el libro a las 7 pm aquí y el 9 de diciembre estará en el ICP.

A lo mejor también te interesa:

– Entrevista: 10 Preguntas a Annie Leibovitz.

– Biografía de Annie Leibovitz (I)  y (II)

– Annie Leibovitz At Work.

– Annie Leibovitz vs Diane Arbus y Richard Avedon.

Entrevista a Annie Leibovitz

En este vídeo Annie Leibovitz habla de su forma de trabajar, iluminar etc. Es cortito pero interesante.

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