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Stephen Shore. Las semillas del tiempo

La Fundación Mapfre de Madrid acoge hasta el 23 de noviembre una gran retrospectiva de Stephen Shore, artista que revolucionó la fotografía contemporánea. La exposición abarca cuarenta años de su carrera a lo largo de unas 260 imágenes, una oportunidad única para acercarnos a la obra de uno de los fotógrafos más influyentes del siglo XX.

Agosto de 1972. Amarillo, Texas,  Uncommon Places.

Amarillo, Texas, agosto de 1972. American Surfaces.

[Sobre American Surfaces] Seguía buscando una fotografía menos mediada, una experiencia menos mediada. Todavía se trataba de hacer una fotografía que fuera menos producto de las convenciones visuales y artísticas. Así que como experimento mental intentaba tomar una instantánea de mi campo visual. “¿Qué aspecto tiene esto ahora? ¿Cómo estoy mirando algo?” Lo hacía sin cámara pero utilizaba la experiencia como guía para estructurar las fotografías.

Golden Nugge, 27 Junio, 1978, Las Vegas, EEUU.

Golden Nugge, Las Vegas, EEUU. 27 de junio de 1978

Recuerdo haber leído una historia china llamada El cocinero del príncipe Wen Hui. El príncipe se maravilla de la facilidad con que su cocinero corta un trozo de carne, y le pregunta cómo lo hace. El cocinero le responde: “Un cocinero corriente le da tajos a la carne y tiene que cambiar de cuchillo una vez al mes. Un buen cocinero corta la carne en filetes y cambia el cuchillo una vez al año. Pero yo corto la carne con la mente. Encuentro intersticios e inserto la hoja ahí. He tenido este cuchillo durante los últimos veinte años y nunca he tenido que afilarlo”. Recuerdo leer esto y pensar: “Bueno, no es más que un poco de valiosa sabiduría china”, y me olvidé de ello. Y después en los años 80, cuando estaba trabajando en la cuestión del espacio en la fotografía me acordé de la historia. Comprendí que eso era a lo que yo aspiraba. Una vez me he ocupado de todos los controles, de los físicos y los estructurales, lo que hago es cambiar mi mente. La manera de crear profundidad en la foto de un paisaje sin elementos formales que verdaderamente parezcan permitirla consiste en tener una imagen mental tridimensional y confiar en que mi experiencia como fotógrafo sea suficiente para poder tomar decisiones mínimas que conseguirán eso. No me esfuerzo, todo lo que hago es cambiar mi mente, alterar mi percepción.

West Third Street, Parkersburg, West Virginia, 16 de mayo de 1974. Uncommon Places

West Third Street, Parkersburg, West Virginia, 16 de mayo de 1974. Uncommon Places.

Si vuelvo a pensar en los años 1970, cuando yo intentaba lograr un dominio formal, siempre que tenía una cuestión en la cabeza la exploraba no sólo en mi obra sino también viendo el trabajo de otros fotógrafos. Veía cómo los fotógrafos que se habían planteado esos mismos temas en el pasado los habían resuelto. Me sentía como un aprendiz dentro de una tradición que quizás empezara con… no sé… George Washington Wilson, vía Francis Frith y Timothy O’Sullivan, Carleton Watkins y Charles Marville, Eugène Atget y, obviamente, Walker Evans. Era gente que usaba especialmente la cámara de gran formato. Había otros que yo sentía que se habían ocupado conscientemente de estos problemas e iban dejando huellas para que yo aprendiera de ellos.

Stephen Shore, Uncommon Places

Natural Bridge, Nueva York, 31 de julio de 1974. Uncommon Places

Es cierto que me encuentro con gente que describe esas fotos como “nostálgicas”. Pero en su momento, al verlas, habrían pensado: “¿Por qué fotografía todo esto? ¡Simplemente es como son las cosas!”. Pero yo diría que tenía conciencia de cómo cambian las fotografías con el tiempo, algo que había aprendido de Walker Evans. Un coche funciona de un modo muy específico en una fotografía porque los coches cambian más rápido que los edificios. Un edificio puede tener quinientos años, pero un coche no va a tener más de cinco o diez años, aunque a veces Evans fotografiaba coches especialmente viejos. Una fila de coches en una calle le da a la fotografía un marco temporal concreto. Los coches son las semillas del tiempo.

Exposición de Stephen Shore en Fundación Mapfre

Condado de Sutherland, Escocia, 1988.

No elijo los lugares sólo por cuestiones formales, puesto que esas cuestiones no pueden separarse de tus sentimientos hacia el lugar. Yo sentía una conexión con esos paisajes, sentía lo que significaba estar ahí. Escocia… no sé cómo sucedió. Quería un terreno abierto que fuera frondoso, no seco, y nunca había estado ahí. Consulté un mapa topográfico y elegí un lugar en las Altas Tierras escocesas. Tuve suerte y pasé un buen mes allí. Era justo lo que quería. Me pareció un lugar emocionalmente muy fuerte. Durante años soñé con esos paisajes de Escocia.

Río Merced, Parque Nacional Yosemite, California. 13 de agosto de 1979.

Río Merced, Parque Nacional Yosemite, California. 13 de agosto de 1979.

Yo veo el trabajo de algunos de mis estudiantes, algunos se esfuerzan y acaban consiguiendo algo, pero otros tienen algo desde el principio. Uno de los indicadores del éxito es la ambición. Con algunos estudiantes yo sé que tienen más talento del que ellos creen tener, pero son poco ambiciosos. Y sé que pronto recibirán muchas otras influencias (las exigencias de la vida, tener un trabajo, una vida amorosa) y dejarán la fotografía. Es muy fácil descubrir que no tienes tiempo para tu arte.

Podéis ver la exposición en la sala Barbara de Braganza hasta el 23 de noviembre. Si no estáis es Madrid, ésta es una muy buena excusa para acercaros, o si no siempre podéis acceder a la visita virtual. En este vídeo, además, Stephen Shore hace un recorrido a lo largo de la exposición explicando cada trabajo.

Todas las citas están extraídas de una entrevista de David Campany a Stephen Shore publicada en el catálogo de la exposición.

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Stephen Shore, lo ordinario como extraordinario

Tucumcari, Nuevo México. Julio, 1972.

Hasta los 23 años, viví la mayor parte del tiempo en unos pocos kilómetros cuadrados en Manhattan. En 1972, salí de viaje con un amigo a Amarillo, Texas. No conduje, así que mi primera visión de América estuvo enmarcada por la ventanilla de pasajero de un coche.

Pueblo Bonito, Nuevo México. Junio, 1972.

Pueblo Bonito, Nuevo México. Junio, 1972.

Así, en 1972, salí en mi primer viaje fotográfico de carretera, la serie que se llama America Surfaces. Unos días después de dejar Nueva York, me di cuenta que quería realizar un diario fotográfico del viaje: cada plato que comía, cada persona que me encontraba, cada cama en la que dormía, cada retrete que utilizaba, cada ciudad por la que pasaba.

Toledo, Ohio. Julio, 1972.

Toledo, Ohio. Julio, 1972.

También me di cuenta de que conduciendo por largos períodos de tiempo, viendo el mundo pasar por el parabrisas, me llevaba a un estado mental de claridad y de concentración. Robet Benton, quien escribió el guión para la gran película de carretera, Bonnie and Clyde, ha hablado de descubrir, durante su juventud en Texas, que el conducir por largos periodos de tiempo le llevaba a un estado de trance. A mí me parece que esta experiencia, más que un trance, es el hecho de estar más atento, pero entiendo lo que el trataba de decir. En mis viajes de carretera, soy como un explorador viajando en una burbuja de familiaridad, mi coche. Es la libertad de viajar en la dirección que yo quiera durante el tiempo que quiera. Cada viaje es una aventura.

Holbrook, Arizona. Junio,1972.

Holbrook, Arizona. Junio,1972.

Fue en el restaurante Trail’s End, en Kanab, Utah, en 1973, había estado allí una año antes fotografiando un cuadro en la pared con mi cámara de 35 mm, tenían un maravilloso papel cowboy, recuerdo. Había descubierto el gran formato, la fotografía a color era la mejor forma de comunicar la intensidad de esos momentos, así que había vuelto a Kanab con mi cámara de gran formato para repetir la foto, y fui al Trail’s End a desayunar.

La comida era un aspecto de la vida cotidiana que no había fotografiado mucho. Estaba interesado en lo que podía pedir y en como sería. Cuando la comida llegó, los platos estaban decorados con marcas, como las que los vaqueros utilizan para identificar su ganado. Los pancakes tenían mantequilla derretida, sirope de arce y el melón al lado. Había leche, y agua en un vaso tintado. En esos días, era un plato de comida normal para mí, pero la calidad de la luz de esa mañana hizo que todo resplandeciera.

El mantel era maravilloso. La superficie de la mesa, el formica, estaba fantástica. La estamos viendo 34 años después, por supuesto, pero entonces no tenía la apariencia antigua de los 70. Así era como América era entonces. No sé si tengo una foto favorita, pero ésta destaca como la mejor que hice ese año.

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Breakfast, Trail’s End Restaurant, Kanab, Utah, 1973

Ver algo espectacular y reconocerlo como una gran posibilidad fotográfica no va a suponer un gran avance. Pero el ver algo ordinario, algo que ves todos los días y reconocer sus posibilidades fotográficas, eso es en lo que yo estoy interesado.

Trato de comunicar cómo es el mundo en un estado despierto de conciencia, en esos momentos cuando todo parece más claro, cuando la mente está tranquila y las cosas parecen más lúcidas. Puede tener algo que ver con la luz, o con una buena noche de sueño. Éste fue uno de esos momentos.

Ginger Shore, Causeway Inn, Tampa, Florida, 17 de noviembre de 1977

Fuentes: 1, 2 y 3

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