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Pie de foto: ‘La Solitude’ de Matías Costa

En el blog Un mundo mirado, Javier Celán mantiene un diálogo con Matías Costa, quien habla de las fotografías de su proyecto The Family Project. Aquí os dejo un estracto.

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Este es el jardín de la casa de Julio Verne en Le Crotoy, Francia. En este lugar tenía una pérgola donde se sentaba a escribir, con un cartel que dice ¨La Solitude”. Yo amo la soledad, la necesito cada día de mi vida, supongo que necesito estar conmigo con la misma intensidad que necesito estar con aquellos a los que quiero.

Matías Costa.

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Sebastiao Salgado. Carta a los jóvenes fotógrafos

Seguimos despacito pero sin pausa con los especiales del aniversario. La cuarta entrada más compartida este año ha sido la carta de Paul Strand a los estudiantes de fotografía así que aquí os dejo fragmentos de una carta de Sebastiao Salgado que se publicó en la revista del colegio de periodistas de Barcelona en 1995.

Carta abierta de  Sebastiao Salgado a los jóvenes fotógrafos que quieren comprometerse.

Resumen de la extensa charla que la periodista y fotógrafa Ima Sanchís mantuvo con Salgado, en 1994 en París.

Tenía una pequeña bicicleta con motor que me llevaba de un extremo a otro de la ciudad, de una redacción a otra. Me pateaba todas las revistas y periódicos de París. Siempre he trabajado mucho. Hoy, el hecho de que me haya convertido en una referencia en el mundo de la fotografía documental, no es algo que me agrade, ni creo que deba ser el objetivo de ningún fotógrafo que se dedique a contar una pequeña parte de la historia de la humanidad. Sería un contrasentido. Lo que me ha ayudado a luchar y a vivir, a permanecer firme, ha sido la creencia de que con mi trabajo podría contribuir a crear un debate sobre los errores e injusticias de esta tierra. Los caminos son amplios y uno no puede abarcarlos todos, pero eso no es importante, lo que cuenta es que detrás de tus fotos haya una intención, un sentido que aglutine tu forma de entender la vida y que se exprese de una forma organizada y constante. (…)

La foto de la vida. La posibilidad  de participar siendo tú mismo, con todo tu ser, tu cultura, tu ideología, tu manera de hacer las cosas, en definitiva, con coherencia, en un momento histórico determinado. Participar viviéndolo y contándolo. ¿No es magnífico? (…) La técnica es una variable que tú utilizas para expresar  ese punto de vista y sólo es importante hasta que la dominas completamente. Cuando la técnica deja de ser una variable y se transforma en una constante, porque la has asimilado de una forma personal y te sientes a gusto con ella, entonces se convierte en el papel sobre el que tú vas a escribir. Cada uno tiene su técnica, pero eso no es lo importante, igual que tampoco lo es la elección del blanco y negro o del color. Lo verdaderamente importante e cómo tú, persona implicada en el momento histórico, vas a recibir informaciones del mundo en el que estás viviendo, las vas a ecuacionar en tu cabeza y vas a intervenir en esa realidad a través de la materialización de todo ese proceso.

La fotografía de militancia no es aquella que sostiene una ideología política, sino aquella que defiende la integridad del fotógrafo, de todos sus actos, y se proyecta en la forma de realizar su trabajo. Los reporteros gráficos son aquella gente que sigue la cresta de la ola de la historia y la cuenta. (…) Un reportero gráfico es un vector que une determinados acontecimientos de la vida de determinados grupos humanos con otros agrupamientos humanos que no han tenido la posibilidad de ver y entender esos acontecimientos de forma directa. (…)

Sebastiao Salgago

Los peligros que conllevan las nuevas tecnologías son importantes. Manipulación de las imágenes, falsificación, producción de imágenes en síntesis, la amalgama de varias fotografías para hacer una foto ideal. Pero de poco sirve únicamente tener miedo, hay que luchar para que se establezcan unas normas bien definidas que regulen esta manipulación, y ese movimiento debe partir de los propios fotógrafos.

Para adaptarse al nuevo universo de comunicación, los fotógrafos tendrán necesariamente que cambiar la manera de pensar y realizar los reportajes. Hasta ahora, la fotografía documental tenía una dimensión muy precisa, la de ilustrar un texto. Yo creo que la fotografía va a tomar una dimensión mucho más amplia, habrá que contar una historia con la secuencia fotográfica. Cada vez más la comunicación se rige por la imagen: es posible es posible pasar una información visual de igual fuerza en España que en China, Brasil o Japón. El texto pasará a ser un complemento de la forma visual. (…) Será necesaria una adaptación en la manera de intervenir en la realidad y contar una historia con la fotografía, que deberá convertirse en una secuencia ideal con principio, desarrollo y fin. (…)

Es probable que el reportero tradicional desaparezca; tal como desaparecerán las grandes agencias de imagen, que actualmente están todas en crisis, si no encuentran una manera de adaptarse a las nuevas formas de información. La rapidez con que estas agencias distribuían las imágenes de actualidad, ya no es el concepto primordial, lo importante es la idea, la globalización, el punto de vista que un fotógrafo aporta sobre los problemas, su propuesta. Es necesaria una revolución del reportero gráfico. Si un joven hoy me preguntara:’¿Qué tengo que hacer para ser un buen reportero gráfico?’, le diría: estudia, procúrate una buena formación, una información general excelente. Tienes que tener una formación en economía, en antropología y en sociología porque vas a tener el privilegio de ser el centro de la información.

Sebastiao Salgado

Hay que hacer un esfuerzo muy grande de comprensión, de apertura, para entender la realidad en la que estamos involucrados. La sociedad en la que vivimos se ha convertido en algo muy complejo y a la vez muy pequeño. Vivimos en una comunidad planetaria, hay una aproximación de todas las economías, de todas las culturas; todos los problemas del mundo están relacionados. Antes era posible localizar la patria del capital, ahora resulta imposible, la crisis de Japón está íntimamente ligada con la crisis europea. La violencia, la falta de recursos que creíamos un monopolio del tercer mundo del tercer mundo, ya está llegando aquí. Vamos en dirección a la raza universal. Por primera vez en la historia de la humanidad vamos a ser modernos, porque vamos a ser urbanos, en treinta años el 70% de la población mundial vivirá en ciudades y la posibilidad de formación y de información en las ciudades es muy grande; continuamente, simultáneamente, sabremos lo que está ocurriendo en cualquier punto del planeta.

Son muchos los fotógrafos que me han expresado su temor ante la posibilidad de que el cine y el vídeo eclipsen la fotografía. ¿Será necesariamente ése el formato del nuevo universo informativo? Sinceramente, creo que no; porque la fotografía fija resume con claridad un pasaje de la historia. Cualquier fenómeno tiene puntos de intensidad cargados de poder. La fotografía fija ese momento, es un resumen poderoso de la realidad. Y un conjunto de fotografías te cuentan una historia de una forma mucho más contundente de cómo la pueden contar el formato vídeo o cine, donde existen momentos fuertes y momentos de total distracción, disolución. (…) Creo que el discurso fotográfico no va a perder su función, muy al contrario, se va a ver fortalecido por la necesidad de concentración de los mensajes. El texto, el vídeo y la fotografía no son alternativos, son complementarios.

El camino de todo fotógrafo, de todo profesional, es largo; y no siempre tan claro como desearíamos. (…) En esencia, creo que no se trata de especializarse, sino de concentrarse en lo que tú crees que es realmente importante y por lo que vale la pena luchar y vivir.

Capçalera: revista del Col·legi de Periodistes de Barcelona, marzo de 1995.

Sebastiao Salgado

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¿Qué es esto?

Sophie Calle existe. Ricardo Silva Romero (1/2)

Aquí os dejo un artículo de Ricardo Silva Romero publicado en 2003 para la Revista E. Como es muy largo, he seleccionado los mejores fragmentos y lo pondré en dos partes. La segunda parte ya está disponible aquí.

Mujer, artista

Sophie Calle existe. Pero quizás no convenga conocerla en persona. Si fuera el personaje de una novela todo estaría bien, pero ella respira, camina y persigue historias por nuestro mundo desde que se levanta hasta que se acuesta. Está viva. Es real. En este momento puede estar detrás de usted, en su ciudad, escondida en una cabina telefónica, en un inmenso almacén de cadena o en una fila para entrar a cine. Lleva veinticinco años espiándonos a todos e invitándonos a que invadamos su privacidad. Y no tiene pensado cambiar. No lo piensa ni por un segundo.  (…)

Nació el 9 de octubre de 1953 en París y siempre fue consciente de su nombre y su apellido. (…) Máscaras, falsas identidades, errancias: todo viene con el propio nombre. Ella se sintió perdida desde la infancia y, con “sabiduría callejera”, se ha buscado por todas partes desde que cumplió los seis años, cuando sus padres se separaron. (…) Quiere mucho a sus padres. Sospecha que se volvió artista para seducir a su padre, el coleccionista de arte, que siempre está esperando que alguien lo sorprenda. (…)

A los nueve años, en 1962, por espiar una conversación telefónica y hallar una carta abandonada en el lugar equivocado, llegó a la conclusión de que su padre no era su verdadero padre. Tres años después descubrió que sí lo era, pero esa inseguridad, ese deseo de oír todo el tiempo que la querían de verdad, marcó la búsqueda de sus historias. Caminaba hacia el colegio y todas las mañanas imaginaba, en un sótano del vecindario, en la calle Gassendi, que “un señor, atrapado ahí, sobrevivía gracias al amor que yo le daba”. Así era, así es. Sophie Calle encuentra ficciones en la realidad para satisfacer su única necesidad: sentirse a salvo. (…)

Sophie decidió visitar todos los museos de París y sobrevivir siete años, de ciudad en ciudad, de trabajo en trabajo, por todo el mundo. Fue durante ese tiempo cuando se dio cuenta de cuánto le interesaba imaginar la vida de los otros. (…) A comienzos de 1979, cuando volvió a París, se dedicó a reconocer su ciudad y a seguir a la gente por todas partes. Era un proyecto de vida. Quería averiguar, decía, si ellos sí sabían qué estaban haciendo en el mundo.

Desde el primero de abril de ese año emprendió, entonces, uno de sus trabajos más recordados, Los durmientes: “pedí a varias personas que me concedieran unas horas de su sueño. Que vinieran a dormir a mi cama. Que se dejaran fotografiar, que se dejaran mirar. Que respondieran a algunas preguntas. A cada persona le propuse una estancia de ocho horas: el tiempo que se acostumbra a dormir diariamente. La cama empezó a estar ocupada el domingo 1 de abril de las 17 horas y dejó de estarlo el lunes 9 de abril a las 10 horas”.

Así comienza Los durmientes. Las primeras dos, Gloria y Anne, llegan puntuales, se ríen un tiempo de ella (…) y después todo comienza a funcionar. Es increíble. Salvo una niñera paranoica, que no logra dormir porque siente que la artista va a degollarla, todo sale sin mayores problemas.

Sophie Calle, Venecia

El lunes 11 de febrero de 1980, después de seguir durante meses a desconocidos por la calle, “por el placer de seguirlos”, comenzó a escribir su primer libro.

“Un día seguí a un hombre y pocos minutos después lo perdí de vista. Aquella misma noche, por pura casualidad, me lo presentaron en una inauguración. Supe que tenía planeado irse de viaje a Venecia. Decidí seguirle la pista”. Henri B, el elegido, viajó con su esposa y con sus hijas, y Calle, dispuesta a todo, lo buscó por todas partes hasta que, el 15 de febrero, cuatro días después del comienzo de la aventura, lo encontró en una pensión de tercera llamada Casa de Stefani. Cuatro días después, el martes 19 de febrero a las 3 y 20 de la tarde, él la descubrió, y más o menos halagado, y haciéndose el que estaba acostumbrado a situaciones como esa, la invitó a tomar un café, pero no se dejó tomar una última foto. “No, eso es hacer trampa”, le dijo.(…)

Un año después,  Calle se recuperó de la sensación de vacío y consiguió empleo, durante tres semanas, como mucama del Hotel C. hotel

El 6 de marzo dejó el hotel con un nuevo libro entre sus manos: había espiado todos los cuartos que debía arreglar, había entrado en sus basuras, en el olor de sus camas destendidas, en las maletas y en las cartas y en los libros que habían leído la noche anterior. Había sido capaz de leer un diario íntimo y un testamento. De cada cuarto había tomado “una fotografía de los objetos que encontré” y había hecho “una descripción, día por día, de lo que había ahí” y había escrito, con todo ese material, un extraño libro. Uno que uno no sabe si mirar o no, pero finalmente lo mira. Uno que inquieta, da escalofríos, fascina.

Unas tres semanas después de la aventura en el hotel, (…) se empeñó en darle la vuelta a la experiencia. Llevaba demasiado tiempo siguiendo a los demás y quería, “de alguna manera, invertir las relaciones, así que le pedí a mi madre que contratara un detective privado para que me siguiera, sin que supiera que yo lo había arreglado, y me diera pruebas fotográficas de mi existencia”. Y así ocurrió. Salió temprano en la mañana, compró una flores, se encontró con sus amigas, con su editor y son su papá (…) y terminó su día en el Centro Georges Pompidou, en una exposición de autorretratos, y en una fiesta que se acabó a las tres de la mañana. La historia de El detective sería colgada, en unos años, en las principales galerías del mundo.

Los primeros cinco años de su década de los 80 (…) Viajó a México y, según Hervé Guibert, escritor, “se masturbaba en una hamaca y leía las obras completas de Jean Genét hasta que un nativo la estranguló para violarla y le dio por muerta cuando la vio con un ojo medio abierto”. Estuvo en el Bronx pidiéndole a extraños en la calle que la llevaran a su lugar favorito, en Moscú fotografiando a un tipo que no le entendía ni una palabra y en Japón viendo peleas de sumos y haciéndose entender por señas. Unos meses después, en París, se dedicó a escogerle la ropa a un desconocido con muy mal gusto. Le enviaba corbatas y camisas sin que se enterara. Firmaba todos los paquetes como “anónimo”.

Por culpa de su amante de ese tiempo, estuvo a punto de rendirse. Pero no lo hizo. En cambio, apareció en un club de la Plaza Pigalle, junto con una amiga que le tomaba fotos, convertida en una profesional del striptease. (…) Pero la prueba más difícil para los nervios del espectador, del lector, de las obras de Calle, apareció unos días después en el diario La Liberación, desde 2 de agosto hasta el 4 de septiembre de 1983…

detective

Ya está lista la segunda parte.

Exposición de Alécio de Andrade en la Casa de América

PhotoEspaña se termina y, aunque la decepción este año ha sido general, vengo a recomendaros una de las exposiciones, la mejor que he visto hasta ahora: El Louvre y sus visitantes, que está en la Casa de América (hasta el 11 de Septiembre). Alécio se pasó cerca de cuarenta años haciendo fotos en el museo y llegó a recopilar hasta doce mil negativos.

Fotógrafo y poeta, pianista y amigo de escritores y músicos de todo el mundo, Alécio de Andrade (1938-2003), brasileño residente en París, recorrió durante casi treinta y nueve años las salas del museo del Louvre, a partir de 1964, sus visitas nos han dejado 12.000 fotografías. Cada imagen semeja una escena de teatro que contemplamos por encima de los hombros del artista, mientras los visitantes ofician de actores. Una visión poética cuyo sentido del humor se une a la ternura para revelarnos tanto la apropiación de los espacios del museo por el público, como las relaciones, a veces insólitas, que se establecen entre ciertos visitantes y ciertas obras de arte. Sin procurar la cronología ni presentar un panorama de las transformaciones acaecidas en el museo a través de los años, la exposición de 62 fotografías y el libro que la acompaña imaginan las diferentes etapas de una visita a la manera de un guión cinematográfico.

Texto de información de la Casa de América.

Las fotografías que presento quizá tengan en común el devolver, a ese lugar tan visitado, la presencia y la intimidad de la mirada de quienes, habiendo venido a contemplar cuadros o esculturas, a menudo es poco lo que ven, y sin embargo en un instante puede suceder que se encuentren con una obra, o incluso con un detalle, que les conmueva más que ninguna otra cosa.

A través de este juego de miradas simultaneas, también la historia de la pintura se desarrolla en orden disperso dentro del espacio descompuesto de la camera obscura. De nuevo se trata de un encuentro de un espacio repleto de historia, cargado con el peso de un rico pasado, y esas siluetas fugaces, esos rostros indiferentes, sorprendidos o seducidos por lo que han captado durante un instante y que dejará una imagen perdurable en su memoria.

Alécio de Andrade

En su web podéis ver más fotos.

Entrevista a James Nachtwey

Esta entrevista se la hicieron a James Nachtwey después de ganar el World Press Photo en el 1993 por su trabajo sobre el hambre en Somalia. La he transcrito directamente del catálogo.

¿Por qué decidió ir a Somalia?

En los últimos años, había estado siguiendo de cerca la situación en Somalia, y la magnitud del desastre hizo que sintiera la necesidad de contribuir de alguna manera. Lo primero que se me ocurrió fue enviar dinero a varias organizaciones de ayuda activas en la región, pero después de pensarlo un tiempo me pareció que era una solución demasiado impersonal. Así que me decidí a ir a Somalia y ejercer mi trabajo como fotógrafo. No conseguí que me asignaran un trabajo ni apoyo económico, pero decidí irme de todas formas.

¿Estaba emocionalmente preparado para lo que iba a encontrar allí?

No creo que nada hubiese podido prepararme para enfrentarme a lo que vi. Y todo ello, a pesar de no ser la primera vez que fotografiaba pueblos hambrientos, cosa que ya había hecho en Sudán y Etiopía.

Pero nunca había visto una situación tan dramática como ésta. La mayoría de la gente de Etiopía vivía en campamentos, donde recibían una alimentación y atención constante y continuada. En Somalia, la situación todavía no había llegado a esa etapa. Aún llegaban personas del interior del país sin saber todavía dónde daban comida y mucho de los alimentos no llegaban a su destino debido a los saqueadores. La situación era mucho más caótica y las necesidades mucho mayores de lo que había visto hasta el momento.

¿Cómo reaccionan estas personas ante la cámara?

En realidad no reaccionan. Tienen tantas preocupaciones tan urgentes que la mayoría de cosas de su alrededor les pasan inadvertidas. Es una de las consecuencias de la malnutrición. Probablemente pensarían que formaba parte de las organizaciones de ayuda que trabajaban allí. Y en parte tenían razón porque me sentía parte de este esfuerzo. Después de todo, la razón de mi viaje era concienciar a la gente para animarla a ayudar a esta gente. No puedo imaginar otra razón para hacer este reportaje. Además, hace que la ayuda llegue de una forma más inmediata. A Baidoa seguían llegando personas que no sabían dónde estaban los centros de distribución de comida. Algunos estaban tan débiles que ni siquiera eran capaces de mantenerse en pie para ir a buscarlos. Cada vez que me encontraba a alguien en esta situación, las llevaba en mi coche. Si los hubiese abandonado, probablemente habrían muerto. No hay nada que te haga sentir más impotente que ver a alguien morir a tu lado.

¿Cuánto tiempo estuvo en Somalia?

Estuve en dos ocasiones: La primera vez estuve diez días en Baidoa y la segunda cinco días en Bardera. Las condiciones eran extremadamente malas en ambas localidades.

¿Qué le llevó a volver al país?

El segundo viaje lo hice trabajando para el periódico francés Libération, que habían visto las fotos del primer viaje. Pero para ser sincero, una parte agoísta dentro de mí no quería volver. Aún estaba asustado y muy cansado por todo lo que había vivido. A pesar de ello, nunca hubiese rechazado la oportunidad de volver, me sentía obligado a hacerlo.

¿Se hace una idea de la repercusión que puede hacer tenido su trabajo?

Sería imposible de calcular. Pero siempre sucede con el trabajo de la prensa en general. Por supuesto, me gustaría que mi trabajo tuviera un impacto en la opinión pública, cualquiera que fuese el tema que tratara. Pero es imposible saber en qué medida mi trabajo afecta a la gente. Se podía decir que tengo una especie de creencia metafísica en el efecto de los medios de comunicación de masas. Estoy seguro de que la gente responde a esos estímulos. Creo que la prensa en general (y no sólo me refiero a la fotografía) contribuyó a la mejora de las condiciones en Somalia, sobre todo en el envío de ayuda. Lo malo fue que cuando llegó esta ayuda, la catástrofe ya era irremediable.  Me hubiera gustado ir antes pero otros compromisos no me lo permitieron.

¿Por qué no se ven en sus fotografías los aspectos más políticos de la situación, como el saqueo de alimentos?

Estuve en Somalia muy poco tiempo. Fui con la intención de fotografiar el hambre y me concentré en eso. No tenía la intención. No quería ejercer de reportero, sino motivar a la gente a ayudar a esta gente.

¿Por qué las hizo en blanco y negro?

Me pareció que así podría plasmar mejor el impacto emocional de la situación, que ayudaría a fortalecer el mensaje. La historia era sumamente sencilla, casi brutal en su simplicidad.

¿Le gustaría añadir algo más?

Me gustaría felicitar y agradecer por su trabajo a las organizaciones y personas que se esfuerzan en ayudar a Somalia, especialmente a la Cruz Roja Internacional, que me ofreció hospitalidad y apoyo. si no hubiese sido por su ayuda, quizás no hubiese sido posible conseguir estos resultados. Fue un esfuerzo compartido pero la tarea aún no ha terminado. La reconstrucción de Somalia será un largo y complicado proceso.

Somalia, 1992, Primer Premio World Press Photo 1993

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Fotografías de James Nachtwey sobre el tsunami de Japón

James Nachtwey

Jodi Bieber habla sobre la foto de Bibi Aisha (World Press Photo 2011)

 

Fotos encontradas entre los escombros de Japón

El centro de Minamisanriku, un puerto pesquero de la costa noreste de Japón, ha desaparecido. Fue completamente arrasado por el tsunami que devastó el país el 11 de marzo. Cuando lo miro desde lo alto de una colina, durante un encargo que tuve allí la semana pasada, me resultaba difícil imaginar que ese pueblo hubiera existido realmente, que hubiera gente que tuviera allí su vida.

La mayoría de las casas se construyeron en llanuras entre montañas y desaparecieron. Caminando entre los escombros, descubrí varias señales de vida. Lo que encontré, a vista entre los restos, fueron fotografías. Son unos pocos fragmentos de las vidas de aquellas personas lo que queda.

Ko Sasaki

Más.

Literatura y fotografía. Julio Cortázar

La novela y el cuento se dejan comparar analógicamente con el cine y la fotografía, en la medida en que una película es en principio un “orden abierto”, novelesco, mientras que una fotografía lograda presupone una ceñida limitación previa, impuesta en parte por el reducido campo que abarca la cámara y por la forma en que el fotógrafo utiliza estéticamente esa limitación. No sé si ustedes han oído hablar de su arte a un fotógrafo profesional; a mí siempre me ha sorprendido el que se exprese tal como podría hacerlo un cuentista en muchos aspectos. Fotógrafos de la calidad de un Cartier-Bresson o de un Brasai definen su arte como una aparente paradoja: la de recortar un fragmento de la realidad, fijándole determinados límites, pero de manera tal que ese recorte actúe como una explosión que abre de par en par una realidad mucho más amplia, como una visión dinámica que trasciende espiritualmente el campo abarcado por la cámara.

Mientras en el cine, como en la novela, la captación de esa realidad más amplia y multiforme se logra mediante el desarrollo de elementos parciales, acumulativos, que no excluyen, por supuesto, una síntesis que dé el “clímax” de la obra, en una fotografía o en un cuento de gran calidad se procede inversamente, es decir que el fotógrafo o el cuentista se ven precisados a escoger y limitar una imagen o un acaecimiento que sean significativos, que no solamente valgan por sí mismos, sino que sean capaces de actuar en el espectador o en el lector como una especie de apertura, de fermento que proyecta la inteligencia y la sensibilidad hacia algo que va mucha más allá de la anécdota visual o literaria contenidas en la foto o en el cuento. Un escritor argentino, muy amigo del boxeo, me decía que en ese combate que se entabla entre un texto apasionante y su lector, la novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knock-out.

El patio del Diablo.

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