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Martin Parr participará en la revista ‘Colors’

 

Martin Parr, sosteniendo una muñeca rosa de Albania que compró en 1989. Un souvenir comunista de su colección que ahora comparte con los lectores de Colors.

Martin Parr, coleccionista de lo bizarro

El fotógrafo se ha ganado la gloria retratando la miseria de los pobres y el derroche de los ricos. Ahora comparte su devoción por los objetos políticos con la revista Colors.

Martin Parr (Epsom, 1952) está en deuda con Margaret Thatcher. Gracias a ella comenzó su colección de parafernalia política. O, mejor dicho, gracias al odio hacia ella. “Todo empezó con un plato con su cara estampada. La detestaba, por eso lo compré. Me costaba creer que alguien coleccionara cosas relacionadas con ella, así que lo hice yo. El odio es un motor excelente, tan fuerte como la admiración, a la hora de emprender una colección”, dice desde la apacibilidad de su hogar cercano a Bristol. Al célebre fotógrafo inglés no le gusta mucho extenderse en explicaciones sobre su trabajo y no lo oculta demasiado.

El hombre que hace unos pocos años declaró que “la riqueza es la nueva pobreza” y cambió el costumbrismo de las clases bajas y medias por sus series centradas en el lujo ha descubierto recientemente al mundo su faceta de coleccionista. “Me recuerdo así desde siempre. Ser fotógrafo es, de alguna manera, convertirte en coleccionista de tu propia memoria”, argumenta. A recopilaciones infantiles de sellos, monedas, puzles, fósiles y nidos de pájaro le han sucedido otras: postales aburridas, libros de fotografía (se precia de tener una de las compilaciones más nutridas del mundo, con unos 12.000 ejemplares) o souvenirs políticos. Muchos de estos pasaron a formar parte de Parrworld, una exposición itinerante organizada hace dos años y medio. “Desgraciadamente, no hay planes para llevarla a España”, especifica. En ella destacan sus objetos propagandísticos de la huelga de mineros de 1984 en Gran Bretaña (“el yang de la Dama de Hierro”), sus 85 relojes de Sadam Husein (“algo muy difícil de encontrar en estos días”) o las Nike inspiradas en Obama. “Tengo alertas puestas en eBay sobre los temas que más me interesan”, revela.

Parr participa junto con un montón de coleccionistas anónimos en el especial sobre el tema que acaba de editar Colors, la publicación de Fabrica (propiedad de Benetton). “Es una revista que me encanta. Sencillamente, me enviaron un e-mail y dije que sí”. El fotógrafo asegura mantenerse alejado de Twitter y Facebook “porque no lo necesito. Si quiero contactar con alguien, le escribo un e-mail, y si me quieren encontrar, tengo una web estupenda”.

Y su mujer, Susie, ¿qué tiene que decir de su afán por acumular? “Oh, desde que empezó la exposición está mucho más tranquila, ya no tengo casi nada en casa”. Y en un gesto de perfecta sincronía marital, nos la pone un momento al teléfono para que explique en español el porqué de la afición de su señor esposo: “Es una debilidad humana”. Cuando salgan estas líneas, Martin Parr estará camino a St. Moritz (Suiza) para continuar compartiendo sus debilidades con la gente pudiente en la copa mundial de polo.

Borja Bas, El País.

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Entrevista a Elliot Erwitt sobre la investidura de Obama.

PDN: ¿Cuál fue su estrategia para cubrir el día de la toma de posesión de Obama?

EE: Supongo que  mi plan principal era mantener la calma. Pero creo que me falló.

PDN: Estuviste allí unos días antes en distintos lugares ¿Qué estabas buscando?

EE: En concreto, tenía un lugar en uno de los stands para la investidura en sí, y luego tenía la entrada para uno de los bailes. Esos fueron los dos únicos actos oficiales. El resto fue sólo pasear por allí y hacer  fotos de la gente y del ambiente.

PDN: ¿Qué pensaste?

EE: Varias cosas. El  evento fue, por supuesto, extraordinario.  Muy emocionante, a pesar de la la policía, de las dificultades para moverse por allí y del frío que calaba los huesos.

Casi llegué a pensar que quienquiera que fuera el que había organizado el tráfico y todo, estaba intentando de mosquear a la gente para que no les gustara mucho Obama.  Pero no le salió bien.

PND: ¿No puso a la gente de mal humor?

EE: Eso era lo increíble. Personalmente, tenía que estar en mi puesto a las 5 de la mañana. Eso significa estar en un pequeño puesto  desde las cinco de la mañana hasta las once y media cuando empezaba todo,  además de otra hora y media que duraba el evento. Así que eran casi ocho horas en el frío helado. No era un sitio muy cómodo donde pasar el tiempo.  Pero luego todo el mundo parecía tener el mismo problema. No era sólo yo. Creo que la situación no podía mejorar por tanta preocupación por la seguridad.

PDN: ¿Parecía en algunos aspectos diferente a otras investiduras?

EE: Te diré una cosa. Aparte de la incomodidad y todo eso, en el momento de la ceremonia en sí, no podías evitar emocionarte. Fue un momento muy conmovedor. Y estoy seguro de que así fue para todo el mundo, aunque hubiesen estado encabronados hasta entonces. Mereció la pena.

PDN: Tienes una foto de uno de los bailes que parece que hay por lo menos cien personas hacienda fotos. ¿Qué piensas sobre eso?

EE: Todo el mundo tiene una cámara. Todo el mundo está hacienda fotos. Incluso en el stand durante la investidura, la gente tomaba fotos. Realmente es extraordinario. No hay ningún evento que no esté documentado.

PDN: Hay muchas formas de interpretar este desarrollo. ¿Crees que es algo positivo, o que la gente debería vivir un poco más estos momentos y perder menos tiempo documentándolos?

EE: Creo que es algo más que la necesidad de la gente de jugar con sus cámaras. No lo sé. Considerando el evento, no puedes evitarlo. Sólo quieres saber que estuviste allí. Es una especie de prueba de que existes. Así que desde ese punto de vista, no lo veo mal.

PDN: También tienes una foto  de un bailarín burlesco tomada unos días antes. ¿Cómo acabó allí?

 

EE: Era un baile no oficial. Era un baile burlesco.  No apareció allí, Obama. Estoy seguro de que fue porque era el día de antes. De otro modo, probablemente hubiese estado allí.

PDN: Algo más que quieras añadir sobre tu estancia en Washington ese día?

EE: No comáis en la estación de tren. Especialmente no toméis una hamburguesa de bisón.

PDN: Parece que tuviste un viaje duro. Frío, dificultad para moverte por allí, mala comida…

EE: Sí, pero mereció la pena.

Fuente  PDN.

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