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Nan Goldin habla sobre su último trabajo en el que retrata la infancia

Ya no fotografío adultos tanto como antes. No tengo hijos y psicológicamente la obsesión que tengo con ellos tiene bastante que ver con mis ganas de ser madre. Pero soy la madrina de los hijos de amigos por todo el mundo – en Berlín, Nueva York, Suecia e Italia. No recuerdo muy bien sobre lo que suponía ser una niña, así que quizás fotografiarlos me trae recuerdos. Son salvajes y mágicos, como llegados de otro planeta. Y todavía no están socialmente condicionados, así que pueden gritar y expresar sus sentimientos públicamente. A veces los envidio. Cuando estoy con un grupo de gente, los niños y yo nos miramos mutuamente y nos acabamos riendo de lo mismo sin mediar palabra.

He estado fotografiando niños desde principios de los ochenta y cada vez se ha ido convirtiendo en algo más importante. Veo un continuum en los hijos de mis amigos, algunos de los cuales han muerto. Es como esperar que mis amigos eduquen a un nueva especie de personas.

Los pases de diapositivas son el medio con el que mejor me expreso; son como películas que se pueden editar constantemente. Siempre van creciendo cuando los voy enseñando a lo largo de los años. Estas fotos son la segunda versión de un pase de diapositivas que expuse por primera vez en Atenas el año pasado. Las imágenes están editadas y sincronizadas con una banda sonora. La música era lo primero: todas las canciones las cantaban niños, excepto la primera que era sobre el embarazo.

Éste es uno de mis trabajos más optimistas: no se centra en la pérdida, la muerte o la oscuridad. En otros trabajos, he querido que la gente se desmayara, que vomitara o que llorara.También he querido tocarlos y hacerlos reír. Aquí no quiero que se mareen ni que vomiten, pero quiero sacar algo de esa nueva bruja puritana que caza a los niños y a su sexualidad. Todo el mundo ha salido del cuerpo de una mujer, y no debemos olvidarlo ni tenerle miedo. Me sorprende que haya tanta controversia sobre amamantar públicamente a un bebé, que se considere desagradable. O que sobre que los niños correteen desnudos, especialmente en Estados Unidos. Los niños no deberían asustarse de su propio cuerpo, es lo peor que puedes hacerle a un ser humano.

Algunas fotografías son recientes y otras de mi archivo. A todos los niños los conozco, mi sobrino, los gemelos de mi amiga Amanda, que he estado fotografiando desde 1989… Hay muchas fotos de Bruno, el chico con una carcomanía, que es el hijo de un amigo.  Hace poco encontré una nueva foto de él en la que aparece muy triste y realmente me conmueve.

En general, les encanta que les hagan fotos. Nunca preparo nada, cosa que a la gente le cuesta creer, pero es verdad. Simplemente dejo que los niños sean ellos mismos e intento averiguar quién son, y voy todo lo lejos que puedo. Me interesa cómo se identifican a sí mismos por el género. Creo que para ellos es algo fluido. Me atrae la melancolía que veo y cómo se refugian en su propio mundo. Me interesa la relación que tienen con sus padres – tanto si tienen una relación cercana como sentimientos encontrados. Hay una canción sobre un niño increíblemente cariñoso que no quiere que su madre se desnude: quiere cuidar de ella.

Me gustan los niños que se disfrazan. Probablemente mi fotografía favorita es la de mi hijastra Klara sobre una lata de pintura cantando envuelta en pañuelos. Siempre que iba a visitarlas, su hermana y ella se disfrazaban y hacían una actuación para mí.

El niño de camuflaje nació chica, pero decidió crecer como chico, después volvió a cambiar a los 15. La foto de la chica mirando a través de un agujero me recuerda mucho a mí misma, escondiéndome pero queriendo ver. El bebé en la almohada azul tenía como un año y cuando me miró sentí que sabía todo. Hay gente que dice que los niños saben todo y que la vida consiste en olvidar y quizás sea cierto. Saben algo que nosotros no sabemos porque acaban de salir del útero. Quería mostrar todo el desarrollo, así que he incluido bebés antes de que nacieran, como la de mi amiga embarazada riéndose en la bañera. Dio a luz aquella noche, cuando me fui y me gusta prensar que ese flash sacó al niño de su vientre.

No salgo con la cámara últimamente. No tengo la misma relación con ella. Nunca he considerado la fotografía como un arte elevado. Todo el mundo hace fotos, ahora hasta los teléfonos las hacen. Todo el tema digital me deprime mucho; mi proceso creativo ha desaparecido. Había un montón de cosas que podrían salir en la fotografía sin que lo supieras, cosas que no sabías que estaban ahí hasta que veías la fotografía; ahora todo es muy monótono. Y realmente nunca  me he considerado fotógrafa.

Creo que mi trabajo surge de una visión humanista del mundo, más que de una manipulación o versión teórica del arte. Trata de la gente y los lugares que amo, y eso me fascina.


Influencias: Cuando estaba empezando, John Cassavetes, Guy Bordin y August Sander. Ahora, Christer Stromholm y Anders Petersen.

Mejor consejo: No lo hagas. Hay demasiados fotógrafos. Intenta implicarte políticamente con algo que realmente importe.  Y a no ser que necesites hacer arte para seguir vivo, no lo hagas.

Momento culminante: Aprecio todo lo que va llegando y no sabía que vendrían más. Pero la retrospectiva en el Whitney, en 1996; el último libro que publiqué, The Beautiful Smile, y la exposición en el Louvre fueron momentos realmente culminantes.

Peor momento: Los últimos siete años, no he podido publicar un libro por un contrato y se me ha considerado una artista muerta.

El artículo original en inglés es de Guardian y aquí podéis ver más fotos.

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Nan Goldin habla sobre Cookie Mueller.

Nan Goldin. Infancia

Ya no fotografío adultos tanto como antes. No tengo hijos y psicológicamente la obsesión que tengo con ellos tiene bastante que ver con mis ganas de ser madre. Pero soy la madrina de los hijos de amigos por todo el mundo – en Berlín, Nueva York, Suecia e Italia. No recuerdo muy bien sobre lo que suponía ser una niña, así que quizás fotografiarlos me trae recuerdos. Son salvajes y mágicos, como llegados de otro planeta. Y todavía no están socialmente condicionados, así que pueden gritar y expresar sus sentimientos públicamente. A veces los envidio. Cuando estoy con un grupo de gente, los niños y yo nos miramos mutuamente y nos acabamos riendo de lo mismo sin mediar palabra.

He estado fotografiando niños desde principios de los ochenta y cada vez se ha ido convirtiendo en algo más importante. Veo un continuum en los hijos de mis amigos, algunos de los cuales han muerto. Es como esperar que mis amigos eduquen a un nueva especie de personas.

Los pases de diapositivas son el medio con el que mejor me expreso; son como películas que se pueden editar constantemente. Siempre van creciendo cuando los voy enseñando a lo largo de los años. Estas fotos son la segunda versión de un pase de diapositivas que expuse por primera vez en Atenas el año pasado. Las imágenes están editadas y sincronizadas con una banda sonora. La música era lo primero: todas las canciones las cantaban niños, excepto la primera que era sobre el embarazo.

Éste es uno de mis trabajos más optimistas: no se centra en la pérdida, la muerte o la oscuridad. En otros trabajos, he querido que la gente se desmayara, que vomitara o que llorara.También he querido tocarlos y hacerlos reír. Aquí no quiero que se mareen ni que vomiten, pero quiero sacar algo de esa nueva bruja puritana que caza a los niños y a su sexualidad. Todo el mundo ha salido del cuerpo de una mujer, y no debemos olvidarlo ni tenerle miedo. Me sorprende que haya tanta controversia sobre amamantar públicamente a un bebé, que se considere desagradable. O que sobre que los niños correteen desnudos, especialmente en Estados Unidos. Los niños no deberían asustarse de su propio cuerpo, es lo peor que puedes hacerle a un ser humano.

Algunas fotografías son recientes y otras de mi archivo. A todos los niños los conozco, mi sobrino, los gemelos de mi amiga Amanda, que he estado fotografiando desde 1989… Hay muchas fotos de Bruno, el chico con una carcomanía, que es el hijo de un amigo.  Hace poco encontré una nueva foto de él en la que aparece muy triste y realmente me conmueve.

En general, les encanta que les hagan fotos. Nunca preparo nada, cosa que a la gente le cuesta creer, pero es verdad. Simplemente dejo que los niños sean ellos mismos e intento averiguar quién son, y voy todo lo lejos que puedo. Me interesa cómo se identifican a sí mismos por el género. Creo que para ellos es algo fluido. Me atrae la melancolía que veo y cómo se refugian en su propio mundo. Me interesa la relación que tienen con sus padres – tanto si tienen una relación cercana como sentimientos encontrados. Hay una canción sobre un niño increíblemente cariñoso que no quiere que su madre se desnude: quiere cuidar de ella.

Me gustan los niños que se disfrazan. Probablemente mi fotografía favorita es la de mi hijastra Klara sobre una lata de pintura cantando envuelta en pañuelos. Siempre que iba a visitarlas, su hermana y ella se disfrazaban y hacían una actuación para mí.

El niño de camuflaje nació chica, pero decidió crecer como chico, después volvió a cambiar a los 15. La foto de la chica mirando a través de un agujero me recuerda mucho a mí misma, escondiéndome pero queriendo ver. El bebé en la almohada azul tenía como un año y cuando me miró sentí que sabía todo. Hay gente que dice que los niños saben todo y que la vida consiste en olvidar y quizás sea cierto. Saben algo que nosotros no sabemos porque acaban de salir del útero. Quería mostrar todo el desarrollo, así que he incluido bebés antes de que nacieran, como la de mi amiga embarazada riéndose en la bañera. Dio a luz aquella noche, cuando me fui y me gusta prensar que ese flash sacó al niño de su vientre.

No salgo con la cámara últimamente. No tengo la misma relación con ella. Nunca he considerado la fotografía como un arte elevado. Todo el mundo hace fotos, ahora hasta los teléfonos las hacen. Todo el tema digital me deprime mucho; mi proceso creativo ha desaparecido. Había un montón de cosas que podrían salir en la fotografía sin que lo supieras, cosas que no sabías que estaban ahí hasta que veías la fotografía; ahora todo es muy monótono. Y realmente nunca  me he considerado fotógrafa.

Creo que mi trabajo surge de una visión humanista del mundo, más que de una manipulación o versión teórica del arte. Trata de la gente y los lugares que amo, y eso me fascina.


Influencias: Cuando estaba empezando, John Cassavetes, Guy Bordin y August Sander. Ahora, Christer Stromholm y Anders Petersen.

Mejor consejo: No lo hagas. Hay demasiados fotógrafos. Intenta implicarte políticamente con algo que realmente importe.  Y a no ser que necesites hacer arte para seguir vivo, no lo hagas.

Momento culminante: Aprecio todo lo que va llegando y no sabía que vendrían más. Pero la retrospectiva en el Whitney, en 1996; el último libro que publiqué, The Beautiful Smile, y la exposición en el Louvre fueron momentos realmente culminantes.

Peor momento: Los últimos siete años, no he podido publicar un libro por un contrato y se me ha considerado una artista muerta.

El artículo original en inglés es de Guardian y aquí podéis ver más fotos.

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Nan Goldin habla sobre Cookie Mueller.

Entrevista a Phil Toledano

¡Aquí la tenemos por fin! Perdonad que no la haya colgado antes pero entre las vacaciones, la fiesta y la revolución no he tenido mucho tiempo. A ver qué os parece.

¿Por qué haces fotos?

Mi padre era pintor y yo era un negado para la pintura, ¡así que empecé a hacer fotografías!

– Sergio Edgardo Andrada Lapenne: ¿Qué entiendes por arte?

Creo que el arte, por lo menos para mí, es una expresión de lo que llevo dentro. Cosas intelectuales o emocionales, sentimientos y pensamientos que tengo que exteriorizar.

– Tus primeros trabajos, como Gamers, eran muy intelectuales, pero poco a poco se han ido volviendo más emocionales. ¿Ha sido una evolución consciente? ¿Ha sido una búsqueda interior o simplemente ha ocurrido de forma inconsciente?

Sin duda ha sido algo inconsciente. Sólo sigo lo que me dicta el corazón, pero también he de decir que desde que hice Days with my father estoy mucho más enfocado en mi enterior de lo que solía estar.

– Fer Gómez: Me encanta tu trabajo Days with my father. Creo que has sido capaz de encontrar la belleza en la enfermedad de tu padre. Supongo que ha sido un proyecto muy conmovedor. ¿Fue muy difícil para ti llevar a cabo este proyecto?

No me costó hacer ‘Days’, lo que fue duro fue la experiencia de cuidar a mi padre, de enfrentarme a la idea de la muerte, ambas, la suya y la mía, cada día, durante tres años.


– He oído que se va a hacer una película de Days with my father, ¿nos puedes adelantar algo? ¿Vas a dirigirla tú?

Una compañía de Los Ángeles me ofreció llevar el libro al cine. Ya he escrito un boceto con un amigo y espero que también escribamos el guión. No creo que la dirija. Será un largo camino hasta que se haga realidad, pero el proceso será interesante. Evidentemente estoy preocupado de que la historia, o la idea, se pierda o se convierta en algo que no es lo que quiero, ¡pero ahora mismo no puedo hacer mucho!

– En Kim Jong Phil,  usas la pintura en lugar de la fotografía. ¿Te gustó la experiencia? ¿Vas a seguir experimentando con distintas formas de expresión?

America The Gift Shop y Kim Jong Phil son las dos ideas no-fotográficas y realmente me encanta expresarme más allá de la fotografía, aunque realmente no hago yo mismo las pinturas ni las piezas, ¡sólo se me ocurren las ideas!… Para ser sincero, lo que hoy en día me inspira de verdad no son tanto fotografías sino la escultura, la pintura, las instalaciones…

-¿Vas a seguir trabajando en The reluctant father?

No estoy seguro. Realmente no sé si es bueno. Puede que termine de manera demasiado “pulcra”.

– ¿Cómo sabes cuándo un proyecto está acabado? ¿Cómo sabes cuándo tienes que dejar de hacer fotos?

Siempre sé cuándo algo ya está terminado. Siempre procuro no decir demasiado. Muchos fotógrafos dicen demasiado y no dejan espacio ni a preguntas, ni a la imaginación.

-¿De dónde sacas las ideas para tu trabajo?

De todo y de nada… Sinceramente, no tengo ni idea…  Me asombra y me aterra, sería mucho más fácil si supiera de dónde surgen mis ideas…

Fernando Gómez: ¿Piensas en cómo se va a vender un trabajo cuando lo realizas?

Nunca… De hecho, la mayoría de mi trabajo no vende en absoluto… Lamentablemente, no hago arte que la gente quiera colgar en el salón encima del sofá.

– Fernando Gómez: ¿Cuáles son las mejores lecciones que has aprendido hasta ahora a lo largo de tu carrera?

Que todo es posible, y que no me va llegar el éxito de la noche a la mañana.

– Fernando Gómez: ¿Hay algo que sigas aprendiendo sobre fotografía?

Realmente no estoy aprendiendo sobre fotografía. Aprendo sobre mí mismo, hasta dónde puedo llegar, hasta dónde me gustaría llegar…

Moni Navarro: ¿Analógico o digital? ¿Por qué?

Digital, todo el rollo técnico me da mucha pereza.

-¿Retocas tú mismo o tienes un equipo que te ayude habitualmente con la edición?

El retoque sólo lo hago en trabajos editoriales, pero lo hacen otros. Yo soy muy malo para ese tipo de cosas.

-Fernando Gómez: Alguna vez has dicho que las fotografías deberían ser como frases inacabadas, que siempre debería haber espacio para hacerse preguntas. ¿Qué preguntas y respuestas crees que la gente se hace sobre tu trabajo? ¿Crees que el mismo proyecto puede provocar preguntas completamente distintas?

¡No tengo ni idea, habría que preguntárselo a ellos! Pero en cierto modo, me encanta que el mismo proyecto provoque distintas preguntas a distintas personas. ¿No es esa una de las funciones del arte, remover las mentes?

-¿Cómo fue la experiencia de ser seleccionado en Descubrimientos PhotoEspaña 2010?

Me alegré de ser seleccionado ¡pero me decepcionó no ganar! Le tengo mucho cariño a España porque que es de donde vino mi familia… hace ya mucho tiempo.

– ¿Cómo te enfrentas a los premios y el reconocimiento?

No creo creo que mi trabajo sea tan reconocido, así que siempre me sorprenden.

– Gloria: ¿Qué otras cosas te apasionan a parte del arte y la fotografía?

La luz, mirarlo todo, poder sorprenderme, el arroz frito con pollo, hacer reír incontrolablemente a mi hija de dos años, los videojuegos, sentirme anónimo, oír a alguien decir que le gusta mi trabajo…

– Un consejo
Haz exactamente lo que quieras hacer y no hagas caso de nadie. Si tienes un don, el mundo te lo hará saber tarde o temprano.

No desesperéis que la de Enrique Meneses que saliendo del horno… Espero.

Aquí tenéis la versión original en inglés.

“Haunted”, nueva exposición en el Guggenheim de Bilbao

Haunted, a la caza del embrujo fotográfico

El Guggenheim Bilbao refleja la incorporación de la fotografía al arte, desde Rauschenberg a Marina Abramovic

«Haunted: fotografía-vídeo-performance contemporáneos» es el título del último gran fichaje de otoño del Guggenheim Bilbao, una exposición centrada en el impacto de la incorporación de la imaginería fotográfica a las prácticas artísticas del último medio siglo.

Tras el adiós de Anish Kapoor, la segunda planta del museo acoge más de centenar de obras, entre pinturas, vídeos, cine e instalaciones, que llevan la firma de artistas consagrados como Marina Abramovic, Cindy Sherman, Richard Prince, Christian Boltanski, Philippe Parreno, Richter o Jeff Wall, y que evidencian el paso de la fotografía a la categoría de arte.

El director general del Museo bilbaíno, Juan Ignacio Vidarte, y los comisarios de la muestra, Jennifer Blessing y Nat Trotman, presentaron este viernes la muestra, una versión ampliada de la exhibida en el Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York hasta septiembre.

Entre las novedades destacan la serie de cuatro obras de gran formato realizadas por Jeff Wall en 2007 para el Deutsche Guggenheim de Berlín, así como una performance final de Tacita Dean, incluida en la presentación de Nueva York, pero que ha sido reconfigurada y completada para el museo bilbaíno.

Melancolía

Recién iniciados los sesenta, Robert Rauschenberg y Warhol incorporan fotografías y piezas periodísticas en sus pinturas cuestionando la noción del arte como expresión de un autor singular y heroico. El arte ficha para sí la fotografía. Un hito que «define la producción creativa desde entonces», señala el director del museo. Arranca la exposición con la obra sin título de Rauschenberg (1963), en el que introduce a su amigo Merce Cunningham bailando en un rectángulo blanco. A su lado, «Desastre naranja. Nº5», del mismo año, en la que Warhol serigrafía la imagen de una silla eléctrica vacía sobre fondo naranja.

Un aura de melancolía protagoniza las salas del edificio de Gehry. Las obras, expuestas por decenas, encarnan los traumas de la pérdida y «parecen embrujadas» por el pasado, la historia del arte y la difusión de los medios de reproducción, subrayaron los responsables de la muestra.

«Exploran la pulsión de un tiempo pasado que palpita en el arte contemporáneo que utiliza la imagen fija o en movimiento como lenguaje artístico», apunta Vidarte, para quien el arte de la fotografía encarna «el anhelo melancólico» por un pasado irrecuperable. Una exhibición sorprendente que sugiere otra interesante reflexión: ¿la fotografía como reproducción de la realidad o, más bien, como catalizador de experiencias?

Itziar Reyero. Día 05/11/2010

ABC.

Una exposición de Larry Clark es censurada en París.

El artista Santiago Sierra, durante una proyección de su vídeo Los penetrados. Fotografía de Gorka Lejarcegi

 

En arte casi todo vale

La censura parcial a la exposición de Larry Clark en París reabre el debate sobre los límites de la creación – Las fronteras se desplazan de la mano de la moral

 

TEREIXA CONSTENLA 23/10/2010

Larry Clark es un especialista en fotografiar menores que juegan a malotes. Sus adolescentes se deslizan hacia el lado oscuro antes de tener edad para votar: hay sexo precoz, jeringas con falsos paraísos, pistolas que dicen la última palabra. También gracietas que solo hacen gracia a los adolescentes: una panda hace un calvo (muestra el trasero) en una de las instantáneas.

Y aunque Larry Clark es ya un viejo conocido de las polémicas -lleva retratando esos mundos peligrosos y duros de los menores desamparados desde los sesenta-, su última exposición en el Museo de Arte Moderno de París ha vuelto a encender la mecha. ¿Se excede Clark? ¿Lo hace el Ayuntamiento de París, que ha prohibido el acceso a los menores de 18 años a la exposición? ¿Se alimentan controversias para tener éxito?

Vayamos por partes. El Ayuntamiento de París ha vetado la entrada a menores porque considera que, según la legislación francesa, algunas de las 200 obras pueden ser consideradas pornográficas. Cabían otros caminos, incluido uno expeditivo. “Si vas a prohibir el acceso a un determinado público, es mejor no montar la exposición”, sostiene Iñaki Martínez Antelo, que dirige el Museo de Arte Contemporáneo de Vigo (Marco). “Cuando programas una exposición así ya sabes que se generará polémica, tienes que pensar a quién va dirigida si estás al frente de una institución pública”, añade.

Desde luego, los gestores franceses no pueden escudarse en el desconocimiento. Clark es un clásico sobre el que se polemiza una y otra vez. Lo de París es un calco de lo ocurrido ¡en Valencia en 1994! La sala Parpalló mostró ese año fotos de Larry Clark y el japonés Nobuyoshi Araki (masturbaciones juveniles, adolescentes drogados, menores acobardados…) que hicieron temblar sotanas y correr ríos de tinta con gran eficacia: la Fiscalía de Valencia prohibió la entrada a la exposición a menores de 18 años si no iban acompañados.

Polémica y censura suelen ir de la mano. Robert Mapplethorpe, uno de los grandes de la fotografía contemporánea, fue también uno de los artistas más censurados del siglo XX por la sexualidad explícita de sus obras (muchas homosexuales, para mayor escándalo de morales conservadoras). Aunque fue encumbrado tras su muerte, su obra parece condenada a perturbar hasta la eternidad. El último ataque le llegó de una de las redes del futuro. Facebook vetó las campañas publicitarias sobre Night work, el último disco de la banda neoyorquina Scissor Sisters, por considerar que la portada resultaba inapropiada. En ella -una imagen de Mapplethorpe- se veían nalgas y muslos del bailarín clásico Peter Reed, marcados por las mallas de ballet, al acabar una coreografía.

“Si a estas alturas alguien piensa que es pornografía cualquier foto de Mapplethorpe, está claro que tiene un criterio erróneo, por no emplear una palabra más fuerte”, reprocha José Guirao, director de La Casa Encendida. “Hannah Montana me parece más pornográfica, aunque no en el sentido clásico del término”. Y pregunta: “¿Son pornográficas las escenas de ninfas y faunos, la mitología renacentista colgada en museos nacionales o Las tres Gracias de Rubens?”.

¿Es pornográfico el vídeo Los penetrados de Santiago Sierra, pero no lo es el mural pintado en una casa de Pompeya hace casi 2.000 años donde una pareja heterosexual practica sexo anal? La pintura romana puede verse en el Museo de Nápoles, el vídeo de Santiago Sierra (Madrid, 1966) se proyectó en la galería Helga de Alvear en 2009. Las creaciones de Sierra dan mucho que hablar y, como mínimo, algo que pensar. En la Bienal de Venecia de 2003 tapió el pabellón español e impidió el acceso a quienes no estuvieran documentados -para denunciar las restricciones comunitarias a los inmigrantes-, y en una galería de Londres mostró en 2007 módulos construidos con excrementos humanos recogidos en ciudades indias por parias que purgaban así la maldad desplegada en vidas anteriores.

Los penetrados es un vídeo de 45 minutos, que muestra todas las combinaciones posibles de penetración anal entre hombres y mujeres de raza blanca y negra. Se filmó con voluntarios -que percibieron 250 euros por participar- captados mediante un anuncio en la prensa. Sierra ha rehusado hablar para este artículo, pero sí lo hizo en 2009, en plena exposición: “Probablemente sea pornografía. Entiendo que la pornografía son imágenes de gente fornicando y nada más, sin trama, y eso es Los penetrados”. Reacio a explicar su obra, añadía: “En mi trabajo la gente tiene libertad para pensar por sí misma. No es necesaria mi guía”. ¿Qué pretendía con el vídeo? Denunciar la paranoia y el temor de la sociedad blanca hacia los inmigrantes africanos; la sexualidad le pareció la vía más contundente. ¿Un provocador? Al artista le molesta tal etiqueta.

Pero claro que hay especialistas en provocar y programadores especializados en ficharles. Para el artista Rogelio López Cuenca (Nerja, 1959), la “censura parcial” de Clark en París le parece “una parte indispensable del show”. Conviven, dice, dos tendencias: el uso de artistas provocadores como “una cara de la estrategia y retórica dominantes en la publicidad comercial” y la exclusión de creadores controvertidos por empresas patrocinadoras “que no quieren verse asociadas de ningún modo a asuntos polémicos”.

La censura de hoy le parece a López Cuenca más sutil y versátil. “Nadie se quiere reconocer en el papel de censor, que ha sufrido un gran descrédito público. Con frecuencia se delega esa responsabilidad en otros invisibles”. Habla desde la experiencia: sufrió censuras “más veces de lo que hubiera esperado”. La inviabilidad económica suele ser un argumento recurrente -y menos impopular- para quitarse de en medio un proyecto controvertido. “Tienes que negociar permanentemente la adecuación de la obra a las posibilidades de realización y divulgación”, cuenta. En conclusión, la libertad del creador es “ilusoria”.

Los límites artísticos se desplazan con la moral de la época. Al margen de episodios rancios como el de Facebook, la homosexualidad apenas escandaliza ya en las democracias occidentales. “En primer lugar antepondría a la religión, estamos en un periodo muy fundamentalista, incluyendo a todas las religiones”, señala Estrella de Diego, ensayista y catedrática de Arte Contemporáneo de la Universidad Complutense. Los otros temas calientes, según Iñaki Martínez Antelo, son el terrorismo y los menores. De lo último, además de Clark, sirva este ejemplo curioso: la Wikipedia británica bloqueó temporalmente el acceso a la portada a Virgin killer, un antiguo disco de Scorpions de 1976, porque mostraba a una niña desnuda, para minimizar los contenidos “indecentes” en la Red. Cuatro décadas han endurecido la tolerancia hacia la utilización de menores.

Impere la moral que impere, ni para la académica, ni para el creador, ni para los programadores deben colocarse límites al arte. “Los límites son censura, es mejor que sobre a que falte, aunque muchas imágenes están hechas para epatar y escandalizar”, argumenta De Diego. La barrera, para el director de La Casa Encendida, es nítida: el Código Penal. “No matar a nadie, no secuestrar… El arte forma parte de la vida y lo que no sea delito tiene cabida en el arte”, afirma el ex director del Reina Sofía. Durante su etapa en este museo, si las exposiciones incluían obras duras, se advertía con un cartel. Esto le parece suficiente: “Visitar una exposición no es obligatorio, están en locales cerrados”.

-¿En ningún caso habría que limitar el acceso de menores?

-Creo que no. ¿Está regulado que un niño de 14 años no acceda en Internet a webs violentas? No sé entonces por qué tenemos que regularlo en el arte.

El País.

Entrevista a Ferdinando Scianna.

Fiesta del Santísimo Crucifijo en Calatafimi (Sicilia), 1982

De la entrevista que publicó ayer El País, me quedo con esto:

Mi concepción de la fotografía se centra en la idea del relato y de la memoria. Lo mismo que sustenta la literatura. Esta consideración resulta provocadora para la deriva de la noción de fotografía en la cultura contemporánea. La fotografía fue históricamente vivida y pensada como instrumento de documentación y testimonio. Sirvió para guardar nuestra memoria, la huella del tiempo que corre inexorable. Era escritura de la realidad. Hoy ha mutado su concepto central. Se mira, se muestra y se usa la imagen fotográfica como cualquier objeto estético. Se exige un acercamiento a ella igual al que requiere un cuadro.

Más.

Hace tiempo, publicamos otra entrevista suya realizada 2002. Podéis leerla aquí y aquí.

Citas: Helena Almeida.

seduzir Helena Almeida

“Me siento bastante sola: no participo en grupos, pero es una elección, no me quejo, sé que lo exige mi trabajo. Creo en el debate en el taller y me esfuerzo para que mi obra sea honesta. No necesito el acompañamiento del éxito, del reconocimiento, aunque sin duda es agradable. Cuando expuse en Lisboa, en el Centro Cultural de Belém, en 2004, fue muy emocionante ver cómo se acercaba gente joven, artistas que querían conocerme, pero yo pertenezco a una generación que pensábamos que, por ser artistas, íbamos a ser siempre pobres y la idea de alcanzar el reconocimiento la veíamos muy lejana. Ahora los artistas quieren exponer en todas las galerías de moda, en todos los espacios… Yo tengo una formación muy diferente: sigo viendo al artista como un idealista, que necesita trabajar mucho y muy duro: ni quiero hacer muchas exposiciones ni necesito el reconocimiento exterior. Me interesa el placer que encuentro al trabajar, ser capaz de analizar la parte oculta, lo desconocido que hay dentro de mí”.

helena almeida

Lee.

Helena Almeida. Lo desconocido que hay dentro de mí

seduzir Helena Almeida

Me siento bastante sola: no participo en grupos, pero es una elección, no me quejo, sé que lo exige mi trabajo. Creo en el debate en el taller y me esfuerzo para que mi obra sea honesta. No necesito el acompañamiento del éxito, del reconocimiento, aunque sin duda es agradable. Cuando expuse en Lisboa, en el Centro Cultural de Belém, en 2004, fue muy emocionante ver cómo se acercaba gente joven, artistas que querían conocerme, pero yo pertenezco a una generación que pensábamos que, por ser artistas, íbamos a ser siempre pobres y la idea de alcanzar el reconocimiento la veíamos muy lejana. Ahora los artistas quieren exponer en todas las galerías de moda, en todos los espacios.… Yo tengo una formación muy diferente: sigo viendo al artista como un idealista, que necesita trabajar mucho y muy duro: ni quiero hacer muchas exposiciones ni necesito el reconocimiento exterior. Me interesa el placer que encuentro al trabajar, ser capaz de analizar la parte oculta, lo desconocido que hay dentro de mí.

Helena Almeida.

Helena Almeida

A Bigger Splash. Painting after Performance. Helena Almeida, 1975.

Lee.

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