Archive for the ‘ Y más ’ Category

Taller con Ricky Dávila en Lens

Lens es una escuela de fotografía de Madrid donde hacen talleres bastante interesantes. Y lo mejor, los graban. Aquí os dejo el que hicieron en enero Ricky Dávila.

Aquí os dejo la programación por si os interesa.

Un vistazo a los Escaparates de Anna Malagrida

Las imágenes de Escaparates se concentran en un dispositivo de visión –el escaparate– y se identifican con él para cancelar su uso y emplearlo como un vehículo de reflexión. Se trata de escaparates parisinos obstruidos, cubiertos con blanco de España, que impiden ver con claridad el interior. La mirada rebota al reflejo del entorno urbano y a la frontera material del cristal cubierto de inscripciones realizadas por los eventuales ocupantes de esos espacios. La tensión de la ciudad parece apropiarse de la forma de la pintura abstracta en estas imágenes a gran escala, ante las que podemos simultáneamente vernos envueltos o apreciar con distancia.

Más

Un vistazo a Scanwiches

No sabemos cómo se llama el tipo ni sabemos muy bien cómo lo hace pero nos encantan sus scanwiches. ¿A que abren el apetito?

Gelatina de frambuesa, mantequilla de cacahuetes y miel casera y pan blanco.

Pavo fresco, brotes, queso suizo y cebolla morada en baguette.

Hamburguesa de falafel, tomate, cebolla, brotes, pepino y tahini en pan integral.

Éste es el que lo hace.

Un vistazo a “De vuelta al futuro” de Irina Werning

Me encantan las fotos antiguas. Admito que soy una fotógrafa cotilla. En cuanto llego a casa de alguien, empiezo a husmear en sus cosas. A la mayoría de nosotros, nos fascina su aire retro, pero para mí, es más imaginar cómo se sentiría la gente y cómo serían si se les recreara ahora… Hace unos meses, me decidí a hacerlo. Así que fui invitando a la gente con mi cámara a volver a su futuro.

Irina Werning.

Un vistazo a “Nací gay, nací así”

En la imagen un niño rubio sonríe feliz a cámara. Viste un mono de cuadros, tiene los brazos en jarras y la pierna delicadamente doblada. Hace cuatro años, su protagonista, hoy un adulto gay, la colgó en su perfil de MySpace y a uno de sus amigos de la red social, el dj y promotor musical Paul V., se le encendió la bombilla.

“Pensé, ‘sería estupendo hacer un libro con fotos de niños gais, donde las imágenes muestren que nacieron ya así al igual que los heterosexuales nacen heterosexuales”, explica por correo electrónico el propio Paul, que reside en Los Ángeles y es reticente a decir a las claras su edad (“puedes decir que tengo perpetuamente 33 años… más un tercio”).

“Hacer un libro es complicado, así que decidí empezar con un blog y que la cosa fuera rodando. Así podría verlo cualquier persona del mundo, especialmente los menores gais. La idea me rondaba, pero lo que me empujó a hacerlo de una vez por todas fue la tristeza y la rabia que sentí ante los recientes suicidios de jóvenes gais en Estados Unidos y el éxito de proyectos como It Gets Better -‘la cosa va mejorando’, una web en la que adultos gais intentan animar a menores que estén sufriendo por su sexualidad contándoles su propia experiencia-. Me pareció que el blog podría ayudarles a sentirse menos solos y a ver que esos sentimientos y experiencias que están viviendo llevan décadas existiendo. Así que empecé rogando a mis amigos gais de Facebook para que me mandaran su propia foto y su historia y de pronto la cosa explotó. ¡Como un tsunami!”.

Paul lanzó el blog, borngaybornthisway (‘nací gay, nací así’), el domingo 9 de enero, hace dos semanas. A los tres días sumaba 60.000 páginas vistas. A los siete, más de 240.000. De momento, Paul ha subido 180 historias de personas que han colaborado mandando su foto y su relato. Le han llegado muchas más. Pero el éxito le ha desbordado.

Las fotos muestran a niños sonrientes disfrazados con vestidos y naranjas en los pechos o posando, con las rodillas cruzadas, camisetas de color rosa y un Pequeño Pony en el regazo, o con gestos de diva. También hay fotos de niñas a las que le gusta empuñar martillos, jugar con coches o al rugby. Entre los textos, breves y tiernos, hay relatos felices y también alguno triste, aunque siempre con un mensaje final positivo.

Hay relatos felices como el de Matt, de 42 años y originario de Virginia (EE UU), que envía una foto de cuando tenía seis años y posaba soñador y delicado: “Recuerdo esta etapa de mi vida como súper libre y feliz, con mucho potencial y creatividad. Me sentía querido y a salvo. Me daba cuenta de que era diferente de los demás niños pero lo vivía como un don, algo especial que me hacía ser tan… yo!”. O casos como el de John, de 50 años y originario de Georgia (EEUU), que envía una foto de sus 5 años y el siguiente texto-revulsivo: “Así era yo antes de las mofas, del adoctrinamiento, antes de que me obligaran a hacer deporte, antes de la vergüenza (…). Desde que tengo memoria soy diferente. Ojalá pudiera encontrar algo de humor en esta imagen para embellecer mi relato”.

“Nuestra sexualidad está predeterminada”

Aunque menos numerosos, también hay relatos de mujeres. Como Morgan, de 50 años, que envía una foto de cuando tenía ocho y le gustaba ponerse el uniforme de boyscout de su hermano. “Me encantaba, estaba lleno de bolsillos, con cinturón y corbata (…). Yo quería ir con él y escalar montañas. Pero me metieron en las girlscouts, con mi falda, haciendo cosas de chicas y vendiendo galletas. No duré mucho… Respecto al uniforme de mi hermano, me tuve que conformar con desfilar con él por casa. Cuando veo esta foto me acuerdo de lo natural que era para mí ser un chicazo. Me parece clarísimo que nuestra sexualidad está predeterminada y no es en absoluto una elección”.

También escribe Samantha, de 23 años, y residente en la “Iowa rural”, que envía una foto de cuando tenía dos años en la que sale empuñando un destornillador: “Siempre fui un chicazo. Pedí una caja de herramientas a los nueve años. En esta foto estoy ayudando a mis tíos y mi padre a montar mi propio balancín”.

La inmensa mayoría de los relatos son de estadounidenses aunque también hay algún que otro foráneo. Como Javier, un andaluz que envía una foto de un veraneo y el siguiente texto: “Este soy yo con ocho años. Cada verano iba de camping con mi familia. Me encantaba y me gustaba especialmente estar en el vestuario de los hombres. Me tiraba horas viendo a los hombres de 40 secando sus cuerpos peludos”.

El éxito ha cogido tan de sorpresa a Paul que todavía no le ha dado tiempo a escoger la foto que ilustre su propio relato, ocupado como anda administrando el blog. “Lo mejor es que todo el que lo ve, lo pilla”, concluye el creador de este tierno homenaje a esos niños que crecieron sabiendo que eran diferentes.

El País.

Un vistazo a ‘Tokio compression’ de Michael Wolf

Adoro Tokio compression de Michael Wolf.

Ed Kashi gana el Premio Unicef 2010.

Vietnam, el legado de la guerra.

La guerra de Vietnam acabó en 1975. Los Estados Unidos retiraron sus tropas y el Norte y el Sur de Vietnam se volvieron a unir. Después de 35 años, el mundo no le sigue prestando atención al drama. Pero para los vietnamitas el legado del ataque americano continúa. Fue una guerra cruel y brutal que además fue extremamente perjudicial para el medio ambiente. Las fuerzas estadounidenses usaron el herbicida Agente Naranja para destruir el follaje que los norvietnamitas usaban para cubrirse. El Agente Naranja contiene dioxinas que causan cáncer y dañan los genes. Los efectos de la sustancia tóxica pueden verse en la gente de Vietman hoy en día: cáncer, trastornos inmunitarios y deformidades severas. Según las estimaciones oficiales, hay 1.2 millones de niños discapacitados en Vietnam. En las áreas rurales, este porcentaje es significativamente mayor que en zonas urbanas. La cara de la niña de 9 años Nguyen Thi Ly es un triste ejemplo de este tóxico legado.

Nguyen Thi Ly y los demás niños afectados fotografiados por Ed Kashi viven en Da Nang. Él se preocupa especialmente por los pequeños “veteranos de guerra”. Da Nang era una base de operaciones americana donde se almacenaron toneladas de Agente Naranja para misiones de defoliación. (…)

En esta serie, el fotógrafo americano Ed Kashi muestra el día a día de dos familias que reciben ayuda de la organización Children of Vietnam. “Creo profundamente en el poder de las imágenes estáticas para cambiar la mentalidad de la gente”. Con estas fotos, quiere mostrar que la guerra causa sufrimiento constante, no sólo a una generación.

UNICEF

Un vistazo a ‘La última cena’ de James Reynolds

La última cena de James Reynolds documenta la última comida que los condenados en el corredor de la muerte piden antes de ser ejecutados.

Louis Jones Jr. Cargos: rapto, violación y asesinato. Última cena: fruta variada (un plátano, una piña, un coco, un mango, una manzana, un kiwi y uvas).

Victor Feguer. Cargos: asesinato. Última cena: una aceituna negra.

Gary Mark. Cargos: robo con violencia y asesinato. Última cena: seis huevos duros, una hamburguesa y un café.

Más.

Pasqual Maragall se autorretrata

Autorretrato en móvil de Pasqual Maragall

El político edita un conmovedor libro con imágenes tomadas con su teléfono

“Cuando ya no puedes cambiar la realidad, lo que haces es fijarla; aunque en el fondo estás reordenando el pasado”. El ex presidente de la Generalitat Pasqual Maragall, que padece la enfermedad de Alzhéimer, explica así por qué publica ahora un libro con fotografías hechas con su teléfono móvil . Su título, Pasqual Maragall mira (Editorial Blume), no solo es un juego de palabras con su segundo apellido, es también la escueta definición de un trabajo tan seductor como este político de raza. Él insiste en fijar su imagen, que no es otra cosa que fijar su propia memoria.

El libro va acompañado por una exposición en el Arts Santa Mónica de Barcelona, que se inauguró ayer con la presencia del propio Maragall y que podrá visitarse hasta el 8 de diciembre.

La elección del móvil como herramienta es decisiva. Como señalaba ayer el director del centro, Vicenç Altaió, las nuevas tecnologías transforman la memoria y crean una cultura de la memoria visual. En este caso, añadió, estamos ante la “tecnología democrática” por excelencia.

El libro tiene su origen en la relación de Maragall con la fotógrafa Caro García, que en 2008 compartió un viaje con la familia del ex alcalde de Barcelona por Argentina y de vuelta autoeditó un volumen con las imágenes que había tomado y se lo mandó. Pasqual le contestó con un mensaje en el que incluía una foto y el siguiente comentario: “¡Qué poderosas son las imágenes!”. “¿Por qué no lo hacemos con las tuyas?”, fue la respuesta de García. Y así arrancó el proyecto. Maragall y García seleccionaron 178 imágenes de las casi 1.000 que había hecho a lo largo de un año. No tenían suficiente resolución, por lo que decidieron imprimirlas y trabajar con las copias, lo que les permitió una dosis de creatividad. La construcción del libro no es cronológica, sino en base a criterios estéticos y derivados del juego que establecieron. “Descubrimos que las fotos se emparejaban por razones, que podían ser estéticas, documentales o narrativas”, explicaba ayer García.

“La fotografía es un vicio de ex”, ironizó Maragall, “de ex alcalde, de ex político… Cuando ya no puedes cambiar la realidad, lo que haces es fotografiarla y, como mucho, retocarla estéticamente. En realidad lo que haces es reordenar el pasado”. El presente, añadió, “es el día a día y el futuro es incierto”. Tan incierto, admitió, como la evolución de esa enfermedad cruel que padece que borra la memoria, que nos borra, y de la que Maragall habla sin tapujos. “Estoy diagnosticado y no se sabe cómo avanzará la enfermedad, pero espero que los científicos encuentren una solución y mis nietos ya superen el alzhéimer”. El trato que hicieron Maragall y García fue que solo podían utilizarse fotos hechas por él. No sorprende que buena parte sean autorretratos ante espejos y superficies reflectantes. Pero él tiene otra explicación: “Supongo que tiene que ver con la enfermedad, con la necesidad de fijar la presencia”. Y añade coqueto: “Y también con la egolatría”.

La mitad de los beneficios de la venta del libro se destinará a la Fundación Pasqual Maragall Alzheimer Internacional.

El País.

Más fotos.

“Éramos unos niños” de Patti Smith.

Como ya sabréis, el miércoles pasado Patti Smith, ganó el Premio Nacional de Literatura de EEUU por la memoria en la que narra su relación con Robert Mapplethorpe. Aquí os dejo un fragmento y las primeras páginas en pdf… La verdad es que te deja con ganas de más.

Solíamos reírnos de cuando éramos pequeños. Decíamos que yo había sido una niña mala que intentaba ser buena y él un niño bueno que intentaba ser malo. A lo largo de los años, aquellos papeles se fueron invirtiendo hasta que terminamos aceptando nuestra doble naturaleza. Albergábamos principios opuestos, luz y oscuridad.

Yo era una niña soñadora y sonámbula. Irritaba a mis profesores con mi precoz capacidad lectora unida a una incapacidad para aplicarla a nada que ellos consideraran práctico. Todos acababan diciendo que fantaseaba demasiado, que siempre tenía la cabeza en otro sitio. No sé dónde estaría ese sitio, pero yo a menudo terminaba en el rincón, sentada en una banqueta a la vista de todos con un sombrero cónico de papel.

Más adelante, hice a Robert dibujos grandes y muy detallados de aquellos cómicos momentos de humillación. Él disfrutaba con ellos y parecía valorar todas las cualidades que repugnaban a otros o los alejaban de mí. A través de aquel diálogo visual, mis recuerdos de infancia se hicieron suyos.

Éramos unos niños, Patti Smith.

Primeras páginas en pdf.

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