Archive for the ‘ Versus ’ Category

James Nachtwey Vs Robert Frank

No tenía dinero para una escuela de fotografía, así que iba librerías cada día para estudiar cada libro que cayera en mis manos. The Americans de Robert Frank me dejó impactado. Era de tapa blanda, uno de los primeros libros que me pude permitir comprar. Lo he mirado unas cien veces en un año. El trabajo es tan crudo y directo… Parece que no hay barreras entre la fotografía y la vida. No es que las imágenes estén perfectamente cuidadas; son eléctricas. Frank no viajó a exóticos lugares ni se metió en sucesos dramáticos. Vió el drama latente en las situaciones más ordinarias. Podría hacer una foto dentro de un ascensor y ponerte los pelos de punta. La historia está escrita en la cara de la gente qu te cruzas por la calle cada día y sus ojos supieron verlo. The Americans está lleno de fotos geniales, pero aislar una sola estaría fuera de lugar. El libro es una entidad en sí misma, hecha añicos, y unida de nuevo.

Traducción de un fragmento de un artículo de Guardian, en el que varios fotógrafos comentan la obra de sus colegas. Pero ésta es la mejor 😉

Eugène Atget. En poder del viejo París

Eugène Atget por Berenice Abbott.

Atget no fue un esteta. Era una pasión dominante lo que le empujaba a registrar la vida. Con la lente maravillosa del sueño y la sorpresa, “fue” (es decir, fotografió) prácticamente todo lo que le rodeaba dentro y fuera de París, con visión de poeta. Como artista, veía en abstracto y yo creo que consiguió hacernos sentir lo que veía. Fotografiar, registrar la vida, dominar sus temas, fue tan esencial para él como lo era escribir para James Joyce o volar para Lindbergh…

Se ponía en pie con el alba y, después de estudiar la luz, partía, diríase que en dirección a todas partes. Su instinto le llevaba a sitios muy extraños, donde aparentemente no había nada de interés. (…) Yo tuve el honor de fotografiarle poco antes de su muerte; no llegó a ver el resultado. Murió en agosto de 1927. Y yo creo que con su misión cumplida.

Berenice Abbott, 1929

Eugene Atget Paris

Eugene Atget, Los muelles del Sena en invierno, París, 1923.

Era un hombre viejo, con cara de actor cansado. Trabajaba rodeado de una cantidad fabulosa de documentos, placas, pruebas, álbumes, libros. Pero ¡qué documentos! Durante 30 años, Atget ha fotografiado todo París, con la maravillosa intención de hacer soñar y sorprender. Éstos no son los álbumes que un artista deja a las librerías, sino la visión que un poeta lega a los poetas. Sin ceder nunca a lo pintoresco o lo meramente anecdótico, Eugène Atget ha enfocado a la vida (…) Lo ha visto todo con una mirada que merece los epítetos de sensible y moderna. Su espíritu era de la misma raza que Henri Rousseau, el Aduanero, y su perspectiva del mundo, determinada por un medio aparentemente mecánico, es también la visión de su alma…

Robert Desnos, 1927

Eugene Atget Paris

Euegene Atget, Parque Delessert, París, 1914.

La ciudad muere. Se dispersan sus cenizas. Pero la capital soñada que creo Atget alza sus baluartes inexpugnables bajo un cielo de gelatina. El laberinto de calles sigue su curso como un río. Y los cruces siempre se prestan a citas patéticas.

Robert Desnos, 1927

Eugene Atget París

Eugene Atget, Merendero, Porte de Ménilmontant, París, hacia 1910.

Hasta su muerte, treinta años después, cultivó de forma callada su oficio.  A un observador superficial le habría podido parecer el típico fotógrafo comercial de la época. No era avanzado; trabajaba pacientemente con técnicas que cuando las adoptó eran obsoletas, y cuando murió anacrónicas. Era poco dado a experimentar en el sentido habitual de la palabra, y menos a teorizar. No fundó ningún movimiento ni atrajo en torno a sí ningún círculo. Pero hizo fotografías que en cuanto a pureza e intensidad de la visión no han sido superadas.

John Szarkowski, 1973.

Eugene Atget París

Eugene Atget, cantante callejera y organillero, París, 1898.

Durante más de veinte años he recopilado, con mi trabajo y mi iniciativa individual, en todas las viejas calles del viejo París, fotografías, en formato 18 x 24, documentos artísticos de la hermosa arquitectura de los siglos que van del XVI al XIX: antiguos palacetes, mansiones históricas o curiosas, hermosas fachadas, hermosas puertas, hermosas carpinterías, aldabas, viejas fuentes, escaleras de estilos definidos (de madera y hierro forjado), los interiores de todas las iglesias de París, etc.

Esta enorme colección, artística y documental, está hoy en día concluída. Puedo decir que tengo en mi poder todo el viejo París.

Encaminado ya hacia los 70 años sin tener para después de mis días heredero ni sucesor, me inquieta y me atormenta el futuro de esta hermosa colección de fotografías, que puede caer en manos que no conozcan su valor y acabar desapareciendo sin beneficio de nadie.

Extracto de una carta dirigida a Paul Leon, director de Bellas Artes el 12 de noviembre de 1920.

Eugene Atget, París

Eugene Atget, tranavía, Estación de Orleans, París, 1903.

Las citas están sacadas de la exposición de la Fundación Mapfre, que no os podéis perder.

Enrique Meneses Vs Gervasio Sánchez.

Gervasio, el san bernardo de los desaparecidos

Estábamos sentados junto al piano de cola de aquel comedor del Holiday Inn.  Era  un sábado cualquiera de julio de 1993, en Sarajevo sitiado. Una veintena de mesas, velas, ruidosos periodistas americanos en un par de mesas juntadas. Con ellos guapísimas chicas, casi todas estudiantas que dominaban el  inglés y que comían con los informadores más ricos de aquel salón lleno de periodistas. Nosotros también necesitábamos transporte e interpretes pero con otras tarifas. La comida servida procedía del mercado negro pero también guisqui que los americanos pedían a 100 dólares la botella .

Al fondo del comedor, un enorme cortinaje negro cubría lo que debió ser una fantástica vista, nunca supe qué se veía. Del otro lado del cortinon, los serbios. De espalda a ellos, en aquel comedor, Susan Sontag, con sus 60 años, a la que venía a dar un beso su hijo David Rieff, también periodista. En nuestra mesa redonda, Gervasio Sánchez, Alfonso Armada y yo además de un italiano que partía al día siguiente. Hablábamos de lo que hablan los periodistas en zona de guerra, de las ganas de terminar el trabajo, de lo que cada cual ha visto durante el día en tal o cual barrio de la ciudad. La visita al Hospital Kosovo para contar muertos y heridos, victimas de los francotiradores, charlar con  los cirujanos con mascarilla desgastada y casco de minero para iluminar la mesa de operaciones. “No tenemos anestesia. Lo que más hacemos es amputaciones de miembros. Están naciendo más niños que antes de la guerra”. El desafío de la vida ante la muerte, dije cuando supe el dato. “Y la falta de electricidad y televisión” me completó una joven enfermera.

Hablábamos  de nuestros recuerdos de otras zonas de conflicto. Mis jóvenes compañeros veían en mi veteranía una confirmación de que lo que hacíamos es la profesión más bella del mundo y, en algunos momentos, la más peligrosa. Cuando contaba a mis compañeros que yo fui el único periodista español del lado egipcio cuando Israel, Francia y Gran Bretaña atacaban por todos los frentes, en Octubre de 1956, no podían creer que ya había estado en la guerra del Canal de Súez, 37 años antes, cuando ninguno de ellos había nacido.

Yo había estado varios años siendo editor o con programas de radio y televisión alejado del riesgo. Yo era un desconocido en las facultades de Periodismo y Gervasio y Alfonso se escandalizaban. ¿Por qué deberían haber hablado de mi?  me preguntaba yo.Los criterios académicos y la realidad del periodismo son como el agua y el aceite. Mi reportaje de Fidel Castro y el Che en  Sierra Maestra les fascinaba y sentían vértigo al pensar que hacía cuatro décadas que yo había bajado de aquella montañas  de Cuba.

Nos despedimos prometiendo volver a encontrarnos en Madrid. Ser freelance no te permite aguantar demasiado en zona de guerra. Cien dólares diarios de hotel, cien de estudiante-interprete y otros cien del coche ,de otro universitario ,es mucho dinero cuando solo tienes la seguridad de que lo recuperarás si tu trabajo es satisfactorio. Mi acreditación era de “Tiempo” y acabé vendiéndoselo a “Diario 16″.  Pero vivir en la inseguridad, en esta profesión,  es vivir. Y aquel sábado, como si estuviésemos en una película de Fellini, con el ruido de fondo no tan lejano, de ametralladoras y morteros, apareció un pianista de frac, se sentó al piano y empezó a deleitarnos con Chopin y Strauss. Me sentí en pleno Imperio austro-húngaro. antes de que aquí, en Sarajevo, Gavrilo Princip asesinara al archiduque Francisco Fernando de Austria y su esposa, Sofía Chotek, y comenzase la Primera Guerra Mundial.

Desde aquel encuentro nuestro, Gervasio ha seguido un camino inédito en el mundo del periodismo y de la investigación: Se interesó por los “después” de las guerras. ¿Que había sido de aquella mujer que  perdió a su hijo en la masacre del Mercado de Sarajevo? ¿Se habría casado aquella muchacha que lloraba junto al novio herido? Buscar la Historia del después es, a veces, reconfortante ver cómo el ser humano caído se levanta y anda, con ortopedia o simples muletas, pero anda. Y los desaparecidos de Argentina, Chile, Colombia, Laos, Irak aparecen en modestas fotos que sujetan sus deudos con paciencia de siglos.

Ahora en España la gente puede ver y escuchar en exposiciones y conferencias, lo que es la misión de Gervasio, este buen samaritano, este perro San Bernardo que pacientemente reconstruye vidas e intenta minorar el dolor de las víctimas de la guerra. Al  senequismo cordobés unió Gervas la tozudez maña tras su matrimonio con Carmen “Choco” y tener a Diego al que ha educado llevándolo a los campos de batalla de Sierra Leona, Laos, Sarajevo, Kosovo o Tinduf,  para enseñarle el daño que han hecho, después de las guerras, las bombas de racimo, esas pequeñas pelotas de golf de  colores vivos y que salen por millares de las bombas portadoras.  Termina la contienda y esas pelotitas  siguen segando miembros de niños que las encuentran y quieren jugar con ellas, los campesinos arando sus campos. Para ellos la guerra no termina nunca.

El hombre que más ha hecho porque se prohibiese la fabricación y venta de esas armas, ha sido “Gerva”, el periodista que documenta y hace visibles los familiares que tienen desaparecidos, el mismo que lucha contra el empleo de niños y niñas como soldados en las guerras africanas. Gervasio Sánchez tiene un Seminario de Periodismo Humano en Albarracín, todos los otoños. Estuve en el de 2001 y ahora al cumplirse 10 años de estos encuentros veteranos y novatos.. Se han presentado 300 jóvenes periodistas y otros 60 fueron rechazados porque Albarracín tiene 1.300 habitantes y no puede alojar a más de 300.

De vez en cuando, hojeo los magníficos libros de Gervas, publicados por Blume, mientras escucho las czardas de Monti al piano y recuerdo aquel sábado mágico de julio de 1993, hace ya… ¡17 años!

Blog de Enrique Meneses.

Greg Marinovich habla de su amigo Joao Silva.

Traducción de un artículo que Greg Marinovich ha colgado en su blog.

Kevin Carter (derecha), Joao Silva (centro) y Gary Bernard después de la muerte de Abdul Sharif en Kathlehong el 9 de enero de 1994. Kevin y Gary se suicidaron. (Foto de Mykal Nicolau)

Joao Silva es el más valiente y con más coraje de los fotorreporteros contemporáneos. Sin excepción.

Tiene inclinación por el peligro y el riesgo pero nunca es imprudente. Y menos en las numerosas  zonas en guerra que cubre. Aunque cuando estás detrás de la rueda de un coche o subido a una moto, mientras menos hables, mejor.

Él es un humanista, con una discreta y subestimada empatía por cada persona que conoce, que fotografía o con quien cruza unas palabras. Generoso y divertido, hace fotografías que son elegíacas, elegantes e importantes documentos de vidas arriesgadas, vidas queridas y vidas perdidas.

Mi hijo Luc, de 5 años, seguido de cerca por Madeline, de 4, ha entrado mientras escribía esto. Ellos piensan que Joao es el mejor. Nota: todos los niños y animales piensan que Joao es el mejor.

Luc me ha mirado solemnemente y me ha dicho, “Siempre que te han disparado, ¿estaba Joao allí para ayudarte?”

Sí, he contestado, y sentí un chorro de lágrimas y un nudo en la garganta. Luc vino y me abrazó fuerte, “yo también estoy triste, papá” me dijo entre sollozos.

Madeline, que estaba detrás, cogió su pañuelo y dijo “le lavaré las piernas para parar la sangre. Esta tela es muy suave”.

El sábado 23, a miles de millas de mí, mi mejor amigo y hermano del alma, perdió la parte inferior de ambas piernas por culpa de una mina antipersonal mientras seguía a las tropas estadounidenses que estaban de patrulla de limpieza de minas. En medio de lo sólo un mutilado puede imaginar, Joao pidió su cámara para hacer fotos de sus heridas. Joao está ahora en Alemania, en el hospital militar de Estados Unidos y está estable.

Joao estaba en Afganistán para el New York Times, quien le ha contratado de fotógrafo durante muchos años.

Afgano disparando cerca de Charikar en 1999. Joao Silva haciendo una foto a la derecha. (Foto de Greg Marinovich)

Henri-Cartier Bresson Vs Robert Capa.

Capa para mí llevaba el traje de luces de un gran torero, aunque él no mataba; jugador empedernido, se debatía generosamente por él y por los demás en un torbellino.

La fatalidad quiso golpearle en plena gloria.

Cartier-Bresson, 18 de enero de 1998. Extraído de Fotografiar del natural.

Henri Cartier-Bresson Vs Robert Doisneau.

Nuestra amistad se pierde en la noche de los tiempos. Nos hemos quedado sin su risa llena de compasión, sin sus réplicas contundentes de gracia y profundidad. Nunca hacía repeticiones inútiles, cada vez la sorpresa. No obstante, su bondad profunda,  el amor de los seres y de una vida modesta, se halla para siempre en su obra.

París, 1956 (Robert Doisneau)

Texto extraído de Fotografiar del natural, de Henri Cartier-Bresson.

Duane Michals Vs la fotografía actual.

En esta entrevista Duane Michals pone a caldo los criterios por los que se rige en la actualidad la calidad de una fotografía. Os dejo unos fragmentos, pero la entrevista completa la verdad es que no tiene desperdicio.



Me gustaría mirar el mundo de la fotografía contemporánea y su mercado a través de sus ojos.

Cuando me convertí en fotógrafo, en los años sesenta, la fotografía era muy conservadora: podías ser Ansel Adams o Cartier-Bresson, las posibilidades eran verdaderamente limitadas. La fotografía esperaba todavía el reconocimiento, necesitaba ser considerada arte. Así, desafortunadamente, perdía su propia virginidad del peor modo posible: intentando imitar la pintura y tomando de ella, de hecho, los peores vicios. Por ejemplo, para que una fotografía sea reconocida como arte ya no nos tenemos que preocupar por sus contenidos, sino por sus dimensiones. Precisamente como ocurre con la pintura: piensa que Paul Klee durante años fue considerado un artista menor porque trabajaba con formatos pequeños. ¿Te das cuenta? Para que te tomen en serio tienes que hacer cuadros grandes.

-¿Me puede poner un ejemplo?
Andreas Gursky, que en este momento es el más “hot”, el más famoso, el más nuevo, en realidad es el fotógrafo más aburrido del mundo. Fotografía el interior de los supermercados, los campos de fútbol, las recepciones de los hoteles; parecen fotos de un informe anual de una empresa cualquiera, pero son enormes, por lo menos tres metros por no sé cuánto. Si redujeras las fotos de Gursky a un tiraje de 24 x 30 centímetros, podrías ver lo que realmente es: ¡aburrido! Por lo tanto es una cuestión de medidas. Además, hoy en día tienes que fotografiar en color. Y luego, la otra cualidad fundamental, es declarar que no eres fotógrafo, sino “fotógrafo guión artista”.

Porque si eres sólo fotógrafo, tus trabajos valen 5.000 dólares, pero si eres “fotógrafo guión artista”, o sea un artista que utiliza la fotografía, entonces tus fotos valen 70.000 dólares.

-En realidad Gursky ni siquiera es de los más aburridos.
-¡Ah! Es verdad, Tillmans es todavía más aburrido: retratos de gente de pie, mirándote. Pero pretende ser vanguardia, cuando en realidad sólo es “retaguardia”. No hay nada original y esos retratos no tienen nada que ver con la interioridad de la persona. Creo que esta evolución es una tragedia, a nadie le importa ya el contenido. Y si tiene que haber un contenido, lo importante es que sea chocante; éste es el otro filón. Gente como Andrés Serrano o Witkin…, decapitaciones “a go go”. O toda la escuela inglesa concentrada en el shock como Damien Hirst o esa mujer que se fotografía en la cama mientras practica el sexo. El shock es el último refugio del escándalo. La gente que no tiene ideas confía en el shock. ¡Es una lástima!

-Cuando pienso en el mercado de la fotografía me viene a la mente esta frase suya: “No intentes nunca ser artista. Sencillamente haz tu trabajo y si tu trabajo es auténtico se convertirá en arte”.

-Yo amo a Balthus. él tenía un gran desprecio por aquellos a los que llamaba “los diplomados de las escuelas de arte”, supongo que, ante todo, porque la idea de que puedas ir a una escuela de arte y aprender a convertirte en un artista es ridícula. Puedes entender que un médico o un dentista vayan a la escuela para aprender su oficio, pero no un artista. Sin embargo, ahora son esos estudiantes quienes dictan las reglas, quienes definen qué es el arte; de hecho esos famosos artistas de hoy son diplomados de las escuelas. Pero la escuela transforma al artista en alguien que crea para el mercado. Piensa que, incluso, a la obra la llaman “producto”; eso lo dice todo. Me cuentan que muchas galerías van a esas escuelas a descubrir quién será “hot”, quién será la próxima cara del mercado.

(…) Pero, para mí, la cuestión sigue siendo que tienes que tener algo que expresar, y si esa necesidad que tienes es grande, incluso sin una licenciatura, encontrarás el modo de expresarte a través de una fotografía. ¿Conoces el libro El zen y el tiro con el arco? En él se explica claramente: lo que cuenta no es intentar dar en el blanco, sino lo que haces para perfeccionar tu forma y si tu forma alcanza la perfección, entonces darás en el blanco. Así, los que piensan sólo en dar en el blanco (y su blanco es convertirse en artistas) en realidad no tienen tiempo para perfeccionar su forma, actúan en función del blanco. Y, la mayoría de las veces, el resultado es lo que se ve hoy, un producto blando, sin mundo interior, que carece de pasión; como si hubiera sido producido por una máquina. Y además ocurre que, si tienes éxito, has de seguir produciéndolo una y otra vez. Por ejemplo Cindy Sherman sigue haciendo autorretratos porque es lo que vende. Luego ha intentado acercarse a otros temas como las fotos de vómito y las de sexo, pero los retratos venden más.

Hombre, me ha tocado un poco la fibra con Andrés Serrano y Joel-Peter Witkin pero hay que reconocer que tiene razón en todo lo que dice.

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