Inundaciones en Paquistán por Juan José Millás.

Getty, 14-11-2010.

Cada uno en su casa

Inundaciones del verano en Pakistán. Una imagen vale más que mil palabras. Aun así, qué difícil resulta colocarse en la situación de esta gente desde el seco salón de nuestra casa.

Gracias a fotografías como la presente nos damos cuenta de que el periódico nos vincula a la realidad en la misma medida en que nos separa de ella (así también actúan las palabras: como filtros entre lo que nombran y nosotros). Si no hubiera sido por el diario, no habríamos sabido de las inundaciones en Pakistán, pero tampoco habríamos advertido que nos afectaban solo de un modo teórico. Justo donde termina la imagen concluye una realidad y comienza otra. Nosotros pertenecemos a la de acá. Aunque la instantánea está obtenida desde un punto de vista tal que tiene uno la impresión de que el agua le moja los zapatos, lo cierto es que al cambiar de página seguimos con los pies secos. No hay, pese a la apariencia, una continuidad entre lo que ocurre en el interior de la fotografía y lo que sucede dentro del salón de nuestra casa. El papel del diario es la frontera entre uno y otro lugar. Si te encuentras de este lado, estás a salvo, como el que desde la orilla ve bracear a alguien que se ahoga. Observen los rostros de estos desgraciados, verdaderos muertos en el trance de atravesar la laguna Estigia. Dirigen la mirada al objetivo sabiendo que la cámara marca el límite entre su realidad y la del que la observa. Suele decirse que el observador es víctima de lo que ve, cuando no responsable de lo que mira. Pero estas consideraciones son más literarias que otra cosa. La foto está firmada por una agencia de prensa del primer mundo. Los fotografiados, todos ellos sin nombre, pertenecen al tercero. Cada uno en su casa, y Dios en la de nadie.

El País Semanal.

Anuncios

Inundaciones en Paquistán por Juan José Millás.

Getty, 14-11-2010.

Cada uno en su casa

Inundaciones del verano en Pakistán. Una imagen vale más que mil palabras. Aun así, qué difícil resulta colocarse en la situación de esta gente desde el seco salón de nuestra casa.

Gracias a fotografías como la presente nos damos cuenta de que el periódico nos vincula a la realidad en la misma medida en que nos separa de ella (así también actúan las palabras: como filtros entre lo que nombran y nosotros). Si no hubiera sido por el diario, no habríamos sabido de las inundaciones en Pakistán, pero tampoco habríamos advertido que nos afectaban solo de un modo teórico. Justo donde termina la imagen concluye una realidad y comienza otra. Nosotros pertenecemos a la de acá. Aunque la instantánea está obtenida desde un punto de vista tal que tiene uno la impresión de que el agua le moja los zapatos, lo cierto es que al cambiar de página seguimos con los pies secos. No hay, pese a la apariencia, una continuidad entre lo que ocurre en el interior de la fotografía y lo que sucede dentro del salón de nuestra casa. El papel del diario es la frontera entre uno y otro lugar. Si te encuentras de este lado, estás a salvo, como el que desde la orilla ve bracear a alguien que se ahoga. Observen los rostros de estos desgraciados, verdaderos muertos en el trance de atravesar la laguna Estigia. Dirigen la mirada al objetivo sabiendo que la cámara marca el límite entre su realidad y la del que la observa. Suele decirse que el observador es víctima de lo que ve, cuando no responsable de lo que mira. Pero estas consideraciones son más literarias que otra cosa. La foto está firmada por una agencia de prensa del primer mundo. Los fotografiados, todos ellos sin nombre, pertenecen al tercero. Cada uno en su casa, y Dios en la de nadie.

El País Semanal.

  1. Nada. Ni por esas. Mientras nuestros pies sigan secos, nada. Cuando se mojen intentaremos ponerlos a buen recaudo. Los nuestros.
    Sabemos todo pero si no nos lo señalan una y otra vez se nos olvida enseguida, mirando, como estamos, escaparates.

  2. No tenemos tanta capacidad de empatizar. Nuestra frontera suele estar en desearle cosas buenas a esas personas de la foto, no más. Una mirada a los más desfavorecidos nos resulta curativo igual que si vemos a los que viven mejor que nosotros, nos resulta dañino. En fin, cruzamos los dedos y pensamos, que no me toque a mi.

  1. No trackbacks yet.

¿Qué opinas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: