Un trabajo al aire libre. Rosa Olivares.

Este trimestre la revista EXIT dedica su número a la fotografía de arquitectura. Esta categoría tan fascinantes normalmente no es muy apreciada por el gran público, así que si sois de los que pensais que las fotos de edificios no sirven para nada, leedlo, que seguro que cambiais de opinión.

Lo he ilustrado con fotografías de Hélène Binet, una de las artistas a la que le dedican este número. Espero que os guste.

Un trabajo al aire libre.
Rosa Olivares.

Siempre se ha definido al fotógrafo como a un cazador de imágenes. El reportero, el documentalista, el fotógrafo de guerra, tiran miles de fotografías, siempre esperando que en una de ellas aparezca fijada esa mirada fugaz, el terror suspendido en un estruendo, todo lo que el ojo humano ve en una milésima de segundo y que muy pocas veces se llega a tiempo de fijar en una fotografía. Todos ellos trabajan con imágenes en acción, con personas que se mueven, soldados que corren, con la vida en movimiento. Pero hay otros que trabajan con sujetos inmóviles, con temas estáticos. Son los fotógrafos especializados en arquitectura. Son los que han creado esas imágenes increíbles en las que muchas veces no reconocemos el edificio real que representan. Artistas por encargo, la mayor parte de las veces su trabajo depende del taller de un arquitecto o de la comisión de una publicación especializada. Tienen que ceñirse a un tema concreto, retratar un edificio, seguir el proceso de construcción, de tal forma que el trabajo del arquitecto, quede realzado. Tienen que conseguir que lo representado alcance el grado de obra maestra, quedando ellos en un segundo plano, como mercenarios técnicos cuyos nombres solamente conocen los especialistas, los arquitectos y los editores del gremio. Sin embargo su trabajo no solamente es esencial dentro de la arquitectura, como dice Hisao Suzuki “La fotografía de arquitectura es una necesidad: es casi imposible para un arquitecto presentar su obra sin buenos fotógrafos”, sino que llega un punto que empieza a independizarse del motivo fotografiado. Es decir, la foto de arquitectura puede crecer al margen del arquitecto, al margen de la construcción.


Abordamos el tema de la arquitectura en la fotografía o de la fotografía de arquitectura, que no siendo lo mismo viene a ser una sola cosa (como la cara que se mira en un espejo, que sin ser lo mismo es una sola), en dos números de EXIT consecutivos. Cerramos un año y abrimos otro a caballo de uno de los temas más característicamente fotográficos. Una de las primeras fotografías de la historia es de una fachada, la hizo Fox Talbot en agosto de 1835, Latticed Window, y poco después, en 1839 las vistas de París tomadas por Louis-Jacques-Mandé Daguerre inician una larga tradición.

En ese momento uno de los problemas de la fotografía era el tiempo de exposición, el modelo tenía que quedarse inmóvil durante demasiado tiempo para que la imagen quedase nítidamente fijada en el papel. Era más cómodo para el fotógrafo trabajar con objetos, con bodegones, y con edificios que no solamente permanecerían inmóviles una eternidad sino que además planteaban otros retos como el de trabajar con luz natural, el tamaño del objeto retratado, la perspectiva y otros aspectos que sirvieron para investigar y asentar las bases de la fotografía actual. Como en tantos otros terrenos antes que la fotografía era el dibujo el que servía para presentar un proyecto y el que dejaría documentación del nuevo edificio y sus detalles de construcción.

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Un trabajo al aire libre. Rosa Olivares.

Este trimestre la revista EXIT dedica su número a la fotografía de arquitectura. Esta categoría tan fascinantes normalmente no es muy apreciada por el gran público, así que si sois de los que pensais que las fotos de edificios no sirven para nada, leedlo, que seguro que cambiais de opinión.

Lo he ilustrado con fotografías de Hélène Binet, una de las artistas a la que le dedican este número. Espero que os guste.

Un trabajo al aire libre.
Rosa Olivares.

Siempre se ha definido al fotógrafo como a un cazador de imágenes. El reportero, el documentalista, el fotógrafo de guerra, tiran miles de fotografías, siempre esperando que en una de ellas aparezca fijada esa mirada fugaz, el terror suspendido en un estruendo, todo lo que el ojo humano ve en una milésima de segundo y que muy pocas veces se llega a tiempo de fijar en una fotografía. Todos ellos trabajan con imágenes en acción, con personas que se mueven, soldados que corren, con la vida en movimiento. Pero hay otros que trabajan con sujetos inmóviles, con temas estáticos. Son los fotógrafos especializados en arquitectura. Son los que han creado esas imágenes increíbles en las que muchas veces no reconocemos el edificio real que representan. Artistas por encargo, la mayor parte de las veces su trabajo depende del taller de un arquitecto o de la comisión de una publicación especializada. Tienen que ceñirse a un tema concreto, retratar un edificio, seguir el proceso de construcción, de tal forma que el trabajo del arquitecto, quede realzado. Tienen que conseguir que lo representado alcance el grado de obra maestra, quedando ellos en un segundo plano, como mercenarios técnicos cuyos nombres solamente conocen los especialistas, los arquitectos y los editores del gremio. Sin embargo su trabajo no solamente es esencial dentro de la arquitectura, como dice Hisao Suzuki “La fotografía de arquitectura es una necesidad: es casi imposible para un arquitecto presentar su obra sin buenos fotógrafos”, sino que llega un punto que empieza a independizarse del motivo fotografiado. Es decir, la foto de arquitectura puede crecer al margen del arquitecto, al margen de la construcción.


Abordamos el tema de la arquitectura en la fotografía o de la fotografía de arquitectura, que no siendo lo mismo viene a ser una sola cosa (como la cara que se mira en un espejo, que sin ser lo mismo es una sola), en dos números de EXIT consecutivos. Cerramos un año y abrimos otro a caballo de uno de los temas más característicamente fotográficos. Una de las primeras fotografías de la historia es de una fachada, la hizo Fox Talbot en agosto de 1835, Latticed Window, y poco después, en 1839 las vistas de París tomadas por Louis-Jacques-Mandé Daguerre inician una larga tradición.

En ese momento uno de los problemas de la fotografía era el tiempo de exposición, el modelo tenía que quedarse inmóvil durante demasiado tiempo para que la imagen quedase nítidamente fijada en el papel. Era más cómodo para el fotógrafo trabajar con objetos, con bodegones, y con edificios que no solamente permanecerían inmóviles una eternidad sino que además planteaban otros retos como el de trabajar con luz natural, el tamaño del objeto retratado, la perspectiva y otros aspectos que sirvieron para investigar y asentar las bases de la fotografía actual. Como en tantos otros terrenos antes que la fotografía era el dibujo el que servía para presentar un proyecto y el que dejaría documentación del nuevo edificio y sus detalles de construcción.

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