‘Líneas de expresión’ José Antonio Mesa Toré

El Duque y la Duquesa de Windsor por Richard Avedon, 1957.

Como las personas, también envejecen las fotografías. Llega un momento en que no nos reconocemos.

Imposible engañar a la cámara: la fealdad de espíritu arruina la belleza del modelo; la bondad del alma embellece la fealdad del cuerpo.

Después de posar, el retratado, la retratada se ponen en movimiento y continúan viajando hacia el fin. La imagen que acaban de tomar de ellos, estática, viaja hacia la eternidad.

Escribir la luz, revista Litoral, núm. 250.

 

‘Apuntes nómadas’ de Ryszard Kapuscinski

Éstos son el primer y último párrafo de los Apuntes nómadas, pero merece la pena leerlos completos. Los tenéis aquí.

Viajar descubriendo, la lectura y la reflexión conforman, todo unido, mis textos. Estas tres profundas raíces de mi escritura son las que persigo simultáneamente. Aparte de eso, me ayudan dos elementos: la poesía y la fotografía. (…)

Hoy el autor escribe después de haber leído infinidad de libros, de haber absorbido una infinidad de opiniones distintas y de meditar sobre las cuestiones más diversas desde múltiples perspectivas. La distinción entre lo que es cosecha propia y lo que se absorbe de fuera resulta cada vez más difícil. Y, así cada vez somos más compositores o arquitectos. Nuestra visión del mundo adquiere involuntariamente rasgos cubistas. Inconscientemente, participamos de un proceso creativo colectivo. Resulta prácticamente imposible saber quién escribe a partir de un yo auténtico. Ese yo auténtico ya no existe, ese yo femenino, masculino, o neutro, ha dejado, en rigor, de existir. La cuestión del talento y la individualidad se reduce cada vez más a una cuestión de selección, aprovechamiento, traslación de material y de cómo dotarlo de rasgos individuales.

Charles Baudelaire: ‘El público moderno y la fotografía’

Había leído por ahí una cita cortita del final de este texto y pensé que era preciosa pero, tirando del hilo, he encontrado el texto completo en el que Baudeleire pone a caldo a los fotógrafos. Lo he cortado porque es muy largo pero, como el peligro de las citas ya está más que demostrado, aquí podéis leer el texto completo.

Charles Baudelaire por Nadar, 1855.

(…) En esos días deplorables, una industria nueva se dio a conocer y contribuyó no poco a confirmar la fe en su necedad y a arruinar lo que podía quedar de divino en el espíritu francés (…) En materia de pintura y de estatuaria, el Credo actual de las gentes de mundo (…) es éste: “Creo en la naturaleza y no creo más que en la naturaleza (hay buenas razones para ello). Creo que el arte es y no puede ser más que la reproducción exacta de la naturaleza (…) De este modo, la industria que nos daría un resultado idéntico a la naturaleza sería el arte absoluto”. Un Dios vengador ha atendido a los ruegos de esta multitud. Daguerre fue su Mesías. Y entonces se dice: “Puesto que la fotografía nos da todas las garantías deseables de exactitud (eso creen, ¡los insensatos!), el arte es la fotografía”. A partir de ese momento, la sociedad inmunda se precipitó, como un solo Narciso, a contemplar su trivial imagen sobre el metal. Una locura, un fanatismo extraordinario se apoderó de todos esos nuevos adoradores del sol (…)

Como la industria fotográfica era el refugio de todos los pintores fracasados, demasiado poco capacitados o demasiado perezosos para acabar sus estudios, ese universal entusiasmo no sólo ponía de manifiesto el carácter de la ceguera y de la imbecilidad, sino que también tenía el color de la venganza. Que tan estúpida conspiración, en la que se encuentran, como en todas las demás, los embaucadores y los embaucados, pueda triunfar de una manera absoluta, no puedo creerlo (…)

La poesía y el progreso son dos ambiciosos que se odian con un odio instintivo, y, cuando coinciden en el mismo camino, uno de los dos ha de valerse del otro. Si se permite que la fotografía supla al arte en algunas de sus funciones pronto, gracias a la alianza natural que encontrará en la necedad de la multitud, lo habrá suplantado o totalmente corrompido. Es necesario, por tanto, que cumpla con su verdadero deber, que es el de ser la sirvienta de las ciencias y de las artes, pero la muy humilde sirvienta, lo mismo que la imprenta y la estenografía, que ni han creado ni suplido a la literatura. Que enriquezca rápidamente el álbum del viajero y devuelva a sus ojos la precisión que falte a su memoria, que orne la biblioteca del naturalista, exagere los animales microscópicos, consolide incluso con algunas informaciones las hipótesis del astrónomo; que sea, por último, la secretaria y la libreta de cualquiera que necesite en su profesión de una absoluta exactitud material, hasta ahí tanto mejor. Que salve del olvido las ruinas colgantes, los libros, las estampas y los manuscritos que el tiempo devora, las cosas preciosas cuya forma va a desaparecer y que piden un lugar en los archivos de nuestra memoria, se le agradecerá y aplaudirá. Pero si se le permite invadir el terreno de lo impalpable y de lo imaginario, en particular aquel que sólo vale porque el hombre le añade su alma, entonces ¡ay de nosotros!

‘El público moderno y la fotografía’ en Salones y otros escritos sobre arte.

David Jiménez

Premios Unicef 2011

Ya han salido los premios Unicef 2011, entre ellos tenemos un español, JM López, que ha ganado el segundo. Aquí os dejo la traducción los textos que acompañan los tres primeros premios en la web de Unicef, donde también podéis ver las menciones de honor.

Primer Premio: ‘Niños de Sodoma’ de Kai Löffelbein

Estamos acostumbrados a recoger el papel usado, las botellas, etc. y llevar los aparatos electronicos a puntos de reciclaje o de vuelta al fabricante. Haciendo esto sentimos que administramos nuestros recursos sensatamente. (Aunque quizás no sea muy sensato seguir comprando cosas nuevas constantemente). Pero muchas veces no queda claro, a pesar de las prohibiciones legales, adónde van realmente nuestros aparatos. De acuerdo a las estimaciones de Naciones Unidas, alrededor de 100.000 toneladas de residuos electrónicos se exportan, por ejemplo, de Alemania a África cada año.

‘Sodoma y Gomorra’ es cómo llaman a los vertederos de residuos tóxicos en el barrio Agbogbloshie de Accra, capital de Ghana. Es donde niños y adolescentes desmontan ordenadores, teléfonos móviles, televisiones y otros aparatos y queman los sistemas electrónicos para conseguir metales valiosos. El aire se llena de vapores nocivos; plomo, cadmio, zinc, cromo, niquel y otras sustancias químicas son emitidas dañando la salud de todo aquel que las inhala: dolores de cabeza, mareos, erupciones cutáneas y daños en el sistema nervioso son las consecuencias. Sin mencionar los residuos altamente tóxicos que contaminan la tierra. El fotógrafo alemán Kai Löffelbein ha sido testigo de toda la complejidad del problema: en teoría, el contenido de los residuos electrónicos como oro, plata y paladio se debería reciclar en países industrializados como materias primas valiosas. Y técnicamente, en gobierno ghanés debería prohibir la importación de este tipo de residuos. Pero no existe esa prohibición porque la gente puede hacer dinero comerciando con la chatarra. Pero, al final, todo se trata del principio de que ‘el que contamina paga’. Aquellos que crean el problema son los responsables de tratar los residuos de manera sostenible. Es nuestra responsabilidad.

Texto original y reportaje completo.

Segundo Premio: ‘Sequía, pobreza y hambre’ de JM López.

Marisela tiene seis años y medio y pesa 9 kg. Alex tiene seis meses y pesa 3 kg, Maira tiene dieciséis años y pesa 20kg. Son tres de los muchos niños que están por debajo de su peso en el este de Guatemala sufren de malnutrición severa en el llamado ‘corredor seco’. Debido a la falta de nutrientes vitales en los periodos más importantes de su crecimiento, estos niños sufren daños físicos y psíquicos irreversibles.

Durante su investigación en las provincias de Jalapa, Chiquimula y Zacapa, el fotógrafo español JM López se encontraba contínuamente con los mismos problemas: incremento de la sequía en las tierras ya de baja calidad de que disponen los campesinos debido al cambio climático y a las décadas de retraso en la reforma agraria. El 15 por ciento de la población todavía posee el 70 por ciento de las tierras de cultivo del país.

Aparte de las instituciones en las que JM López ha tomado fotos y de la ayuda médica temporal que provee de suministro de nutrientes, es obvio que la mejora sostenible de las condiciones de vida en Guatemala sólo se puede conseguir con un cambio estructural y político global. Por lo tanto, Unicef junto con organizaciones afiliadas y el gobierno guatemalteco tienen como objetivo reducir la malnutrición crónica en niños menores de cinco años en un 10% para el 2014 así como garantizar acceso a servicios médicos para niños y mujeres embarazadas. En concreto, esta campaña se centrará en 130 comunidades con los indicadores sociales más bajos y los mayores porcentajes de pobreza y de población rural indígena.

Texto original y reportaje completo.

Tercer Permio: ‘La línea de polio en la arena’ de Mary F. Calvert

Kano es la capital del estado con el mismo nombre en Nigeria. Poliomelitis, normalmente abreviado a polio y también llamado parálisis infaltil, es una enfermedad viral incurable. ¿Qué tienen que ver Kano y Polio entre ellas? En 2002, el fanatismo religioso islámico combinó la falta de conocimiento con una campaña de odio contra la influencia occidental que llevó a Kano rechazar la campaña de la Organización Mundial de la Salud contra el polio. Se extendió el rumor de que le habían echado a la vacuna drogas que provocaban antifertilidad e incluso que Occidente las usaba para extender el SIDA. Las consecuencias fueron fatales: después de cuatro años de desinformación, más de 3000 niños contrajeron la polio. Pero la gran cantidad de niños que sufrían permanentes problemas de salud hicieron cambiar de idea hasta los líderes con más prejuicios. Ahora, apoyan las vacunas preventivas. Junto a otras organizaciones, Unicef ha estado llevando a cabo campañas de información y concienciación que han demostrado ser muy efectivas: de 2009 a 2010, el número de casos de polio en Nigeria, han descendido en un 95%.

Capturar la reivindicación del derecho a la integridad física y a la buena salud, en particular en mujeres y niños, ha sido la motivación principal que está detrás de las imágenes más impresionantes que la fotógrafa americana Mary F. Calvert ha hecho en muchos años.

Texto original y reportaje completo.

Citas: Alexey Titarenko

Movimiento, masa

Un artista, un fotógrafo por ejemplo, trae consigo ideas pero no sabe cómo son.
El acto de creación consiste en hacer esas ideas visibles a otros.

Aquí ponéis ver un documental en el que habla se ve cómo trabaja. Es la primera de tres partes. Es muy interesante. Lo siento pero sólo está en inglés.

Pie de foto: John Lennon y Yoko Ono por Annie Leibovitz

Hoy hace 31 años de la muerte de John Lennon, así que le vamos a hacer un pequeño homenaje.


La foto de John Lennon y Yoko Ono tumbados juntos en el suelo horas antes de su muerte tardé diez años en hacerla. La primera foto que hice de John fue mi primer encargo importante de Rolling Stones en 1970. Jann Wanner iba a Nueva York a hacerle una entrevista y lo convencí para ir con él, básicamente explicándole que le saldría más barato que cualquier otro fotógrafo. Cogí un vuelo barato y me quedé en casa de amigos. Luego me dijo Yoko que John y ella estaban impresionados de que Jann dejase a alguien como yo fotografiar a gente tan famosa. Estaban acostumbrados a los mejores fotógrafos del mundo y de repente aparece esta niña. Pero John no me trató como a una niña y me tranquilizó. Era honesto, sencillo y cooperador. Esa sesión marcó un precedente en mi trabajo con la gente conocida. John, una figura legendaria, a quien yo veneraba,  me enseñó que podía ser yo misma.

Llevaba mis tres Nikon con un objetivo 105mm y un fotómetro. En un momento dado, mientras John hablaba con Yoko, yo estaba con mi 105 para hacer una primera lectura y John me miró. Fue una larga mirada. Parecía mirarme fijamente, entonces pulsé el disparador. Ésa fue la foto que Jann eligió para la portada cuando volvimos a San Francisco.

Diez años más tarde, se publicó el album de John y Yoko Double Fantasy y Jonathan Cott había entrevistado a John para Rolling Stones. Los fotografié en su apartamento en Dakota a principios de diciembre y volví unos días más tarde con una idea concreta en mente. En la portada del nuevo álbum, John y Yoko aparecían besándose. Era un simple beso en una época de saturación. Pensé en cómo la gente se acurruca en la cama y le pedí que posaran desnudos abrazándose. Nunca se habían avergonzado de desnudarse, había un desnudo frontal en el disco de Two Virgins, el primer álbum que grabaron juntos. Eran artistas. John no tuvo problema con la idea pero Yoko, por alguna razón,  dijo que no quería quitarse los pantalones. Así que le dije, ‘Ok, entonces déjatelo todo’.

Hice una Polaroid de los dos tumbados y John la miró y dijo “Has capturado nuestra relación a la perfección”. Había pasado los últimos cinco años siendo amo de casa, cuidando a su hijo Sean y el nuevo álbum era el retorno a su carrera musical. Me llevó a parte y me dijo que sabía que la revista quería una foto sólo de él en la portada pero que quería que también saliera Yoko. Me dijo que era muy importante.

La foto fue tomada una tarde en una habitación que daba a Central Park. Íbamos a quedar más tarde para ver las diapositivas pero esa misma noche, cuando John volvía de  una grabación, un fan trastornado le disparó. Me lo dijo Jann. Habían llevado a John al Roosevelt Hospital, y fui a hacer algunas fotos a la gente que allí se había congregado. Sobre media noche, salió un médico. Me subí a la silla y lo fotografié anunciando la muerte de John. Luego volví a Dakota y estuve con la gente en duelo sujetando velas.

Ahora, la foto parece como el último beso. Jann decidió publicarla en portada sin ningún texto, excepto el logo de Rolling Stones. Cuando fui al apartamento de John y Yoko para enseñarle la maqueta, estaba tumbada en la cama en una habitación oscura. Me dijo que estaba satisfecha con lo que habíamos hecho.

Annie Leibovitz At Work.

Citas: Bernard Plossu

No hay azar para un fotógrafo. Le pasa lo que está buscando.

Más.

‘Sophie Calle existe’ por Ricardo Silva Romero II

Aquí os dejo la segunda y última parte del artículo, a ver si os gusta.

sophie calle perfil

Unos días antes, en la calle, se había encontrado una libreta de teléfonos. Se la había devuelto a su dueño, Pierre D, sin dejarle su nombre ni nada, pero antes le había sacado fotocopia a todo su contenido. Eso hizo. Revisó página por página, fue a las direcciones y llamó a los teléfonos. Y, con todas esas versiones sobre la personalidad del tal Pierre D, procedió a inventarse su retrato y se aproximó tanto a la realidad que logró convencer al editor de aquel periódico, La Liberación, de publicar, día por día, parte del perfil. Cada mañana aparecía una pequeña entrevista con alguna de las personas cuyos datos aparecían en la libreta y, al lado, una fotografía de algún objeto favorito de Pierre D. La gente, después de un par de entregas, esperaba ansiosa el nuevo capítulo. Como en una novela de Dickens o de Dumas.

Tres semanas después de que apareciera la última entrega de La libreta de direcciones, el periódico publicó, en el mismo formato, la respuesta de Pierre D, firmada con su nombre verdadero, Pierre Baudry, en la que explicaba, con rabia, que había estado todo el tiempo en Noruega filmando un documental y que, al volver a su casa, en París, había descubierto que una persona que no conocía había expuesto a la luz pública los detalles de su vida y de su personalidad. Entre estos, su odio a cualquier forma de publicidad. Al lado de su carta, además, exigía publicar una foto de Sophie Calle sin ropa. Quería que ella aprendiera que cuando se habla de alguien se debe recordar que “no es un objeto, una víctima, una presa”. Sophie Calle aún sonríe cuando se le pregunta por el tema. “Todavía está resentido”, dice, “me lo ha hecho saber”.

sophie calle blind ciegosUn par de años después, en 1986, Calle organizó la que puede ser la más conmovedora de sus instalaciones: Los ciegos. “Conocí a personas ciegas de nacimiento. Nunca habían visto. Les pregunté cuál era su imagen de la belleza”. Algunos reaccionaron con violencia: dijeron que la exposición era una prueba más del abuso de poder y la indiscreción que caracterizaban la enfermiza obra de Sophie Calle. Otros, menos histéricos, dijeron que el punto era, precisamente, el contrario: cuando le toma una fotografía a un ciego, el artista se queda sin poder. En el arte se puede interpretar cualquier cosa, claro, así que lo mejor es no pensar demasiado.

Los años siguientes los dedicó a construir objetos autobiográficos. Fotografió los limites que los judíos se inventan en Jerusalén para salir a la calle el día del Sabbat sin invadir el espacio privado. Inventó, en 1990, Las tumbas, una exposición que es, en realidad, un cementerio de fotografías de lápidas en las que sólo aparecen palabras como “madre”, “padre” o “gemelos”. El 18 de marzo de ese mismo año, además, “fueron robados, del Isabella Stewart Gardner Museum de Boston, cinco dibujos de Degas, una copa, un águila napoleónica y seis cuadros de Rembrandt, Flinck, Manet y Vermeer. Pedí a los conservadores, guardias y otros empleados que me describieran, ante los espacios ya vacíos, el recuerdo que guardaban de los objetos ausentes”. Tomó las fotos de los espacios vacíos. Llamó a ese trabajo La ausencia.

tumbas sophie calle grave mother mamá

Pero lo que de verdad marcará esos años de su vida será el encuentro en un bar con Greg Shepard, un más o menos conocido retratista americano que le prestará las llaves de su apartamento y desaparecerá por un tiempo. Sola, en ese apartamento ajeno, Sophie se obsesionará con el fotógrafo y con sus “resoluciones para el nuevo año: no mentir más, no morder más”. El 20 de enero del año siguiente, 1990, Shepard reaparecerá y le pondrá una cita en aeropuerto de Orly, pero al final la dejará plantada. Un año después, el 10 de enero de 1991, a las siete de la noche, la llamará de nuevo y le dirá “soy Greg Shepard, estoy en Orly, llevo un año de retraso, ¿quiere usted verme?” Entonces comenzará el romance. Y un primero y último falso documental titulado No sex last night que será estrenado en los canales comerciales de televisión y que describirá el viaje de la pareja a una iglesia de Las Vegas para casarse con un par de anillos arrendados.

Una nueva exposición, El marido, se convertirá, unos meses después, en una bitácora de su matrimonio fallido: comienza cuando Shepard le regala La carta de amor, su bien más preciado, una pintura del siglo 19. Sigue el martes 10 de marzo de 1992, a las 11 y 50, cuando “me arrojó a la cara los siguientes objetos: una cacerola vacía, un tostador de pan, un sofá amarillo de dos plazas, cuatro cojines, una biografía de Bruce Nauman y un teléfono negro que me destrozó el tabique. Quedaba un agujero en el muro: lo oculté detrás de nuestra fotografía de boda”. Continúa con un capítulo titulado La rival: en él descubre que nadie, jamás, le ha escrito una carta de amor.

Sophie calle, shepard, el divorcio, pis“Yo quería una carta suya, pero él no la escribía”, dice en un texto de El marido, y, como cuando tenía nueve años, se dedica a buscar y al final encuentra una, en el escritorio de Shepard, que no va dirigida a ella. “Taché la H y la reemplacé por S”, dice: “esa carta de amor se convirtió en la que yo nunca había recibido”. El 20 de junio de 1992, consciente de que sus amigos y su familia no han quedado contentos al verla casarse en video, y porque quería hacer realidad “el sueño de todas las mujeres: ponerse un traje de novia”, decidió organizar una boda falsa y tomar una fotografía. “Coronaba con una falsa boda, así, la historia más verdadera de mi vida”.

La bitácora continúa. El 3 de octubre de 1992, a pesar de cierta esperanza que le había vuelto al cuerpo, descubre otras cartas dirigidas a la rival. “Seré libre en octubre”, dice en alguna de ellas Shepard: “con Sophie tengo a ese niño que no habría existido sin la pasión que siento por ti”. Calle sabe, entonces, que todo debe terminar. Sólo le pide a Shepard un último favor. Que, para terminar el diario de su matrimonio, pose con ella mientras simulan, por última vez, la fantasía que siempre ponían en escena: se para detrás de Shepard, le abre la bragueta y lo ayuda a orinar de pie, como cualquier hombre. Esa es la penúltima foto, el penúltimo texto. La historia termina cuando Calle cierra los ojos mientras un nuevo amante ocupa su cama.

Ese mismo año la resonancia de la obra –o bueno: de sus extraños proyectos de vita- quedó comprobada con la aparición de Leviatán, la séptima novela de Paul Auster. En la primera página, antes de comenzar la historia, el autor le agradecía a Sophie Calle que le hubiera permitido “mezclar la realidad con la ficción” porque uno de sus personajes principales, María Turner, resultaba ser, en las páginas de su relato, una mujer que, artista o no, ponía en escena sus propias obsesiones: “algunos decían que era fotógrafa, otros se referían a ella llamándola conceptualista y otros la consideraban escritora, pero ninguna de estas descripciones era exacta”. Se hacía seguir por un detective para que su informe la convirtiera en un ser imaginario, perseguía a hombres a otras ciudades, se hacía pasar por camarera de hotel “para reunir información sobre los huéspedes” y había buscado, uno por uno, a todos los nombres que encontró anotados en una libreta de direcciones abandonada en la calle.

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Calle quiso darle la vuelta al juego y traer a María Turner de la ficción a la realidad: “Paul Auster usa algunos episodios de mi vida para crear a un personaje que pronto me deja y vive su propia historia. Para unirme más con María, decidí hacer todo lo que ella sí hizo y yo nunca había hecho: como ella, durante cada día me impuse una dieta cromática que consistía en comer alimentos del mismo color y sólo me permití actos que comenzaran con una letra cualquiera del alfabeto”. Era un juego. Al comienzo, Calle sólo quería ser María y ya, pero después, metida en ese nuevo mundo, se atrevió a proponerle a Auster algo aún más arriesgado, más complejo: que fuera el autor de sus actos.

“Le pedí que durante un año me diera las órdenes que le da a uno de sus personajes, que hiciera lo que quisiera conmigo, pero él me dijo que no quería ser responsable por las cosas que me ocurrieran por culpa de un guión que escribiera para mí”. Prefirió enviarle unas Instrucciones personales para Sophie Calle sobre cómo mejor la vida en Nueva York (porque ella me lo pidió…): Calle tenía que sonreírle y hablarle a los extraños, darles de comer y de fumar a los mendigos, escoger una esquina de la ciudad como suya, vivir en una cabina telefónica en Tribeca, en la esquina de las calles Greenwich y Harrison, y decorarla y limpiarla como si fuera su casa. El resultado de todas esas aventuras es Juego doble, un lujoso libro editado en 1998.

Los últimos años de Calle no han sido más tranquilos que los anteriores. En 1994 presentó, con música de Laurie Anderson, La visita guiada: en medio de los objetos más importantes de un museo en Amsterdan, ponía, por ejemplo, la revista que leía su abuela el día de su muerte. En 1996 presentó Ritual de cumpleaños: “me da miedo que se olviden de mí el día de mi cumpleaños. Con el fin de librarme de esta inquietud, entre 1980 y 1993, invité once veces, el 9 de octubre siempre que fue posible, a un número igual al número de años que cumplía. La mayor parte de regalos no los he usado nunca. Después de tenerlos expuestos en casa durante un año, los he ido guardando para tener al alcance de la mano estas pruebas de afecto”. Eso era lo que veía el espectador: catorce armarios blancos llenos de regalos de cumpleaños.

En los últimos dos años, en medio de todas las publicaciones y las exposiciones de su obra completa, Calle ha presentado dos trabajos dignos de su leyenda: Dolor exquisito son 92 fotografías sobre el horrible viaje que hizo entre 1984 y 1985 cuando su amante de ese entonces la dejó abandonada en Japón y ella tuvo que superar, día por día, su dolor: “ahora sólo es una historia, pero 15 años antes fue el momento más triste de mi vida”. Encuentro: Sophie Calle y Sigmund Freud es una exposición convertida en libro en el que sus recuerdos de infancia y sus objetos personales aparecen junto a las colecciones que Freud atesoraba en su casa. “Cuando me hicieron la propuesta, de inmediato se me vino una imagen a la cabeza: la de mi vestido de novia sobre la cama en la que durmió el primer psiquiatra. Entonces dije que aceptaba”.

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Está más que comprobado: Sophie Calle existe, pero podría ser el personaje de una novela. Es más: quiere serlo, lo es. Observa y es observada y vive su cotidianidad como si fuera un ritual, como si fuera la puesta en escena de una historia que al final tendrá sentido. Por eso lo mejor es no encontrársela jamás. Porque si nos dieran la oportunidad de estar cara a cara con Alejandra Vidal, la mujer fatal de Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sábato, tampoco querríamos aceptarla.

Sí, eso es. Sophie Calle tiende a llegar a la ficción. Porque para que la ficción aparezca, lo sabemos, sólo es necesario tener necesidades secretas y vacíos en la vida. Y ella los ha coleccionado desde siempre. Ahora mismo grabará voces en un centro comercial, tratará de seguirle la pista a una persona que ha visto en el metro o imaginará la vida que ocurre en la única ventana encendida de una pequeña cuadra de París. No tiene pensado cambiar. No lo piensa ni por un segundo.

sophie calle, ojo agujero

Entrevista a Isabel Muñoz

Entrevista  realizada por RT en Junio de 2011 con motivo de una exposición realizada en Moscú.

La he encontrado en Milestímulos.

‘Sophie Calle existe’ por Ricardo Silva Romero

Aquí os dejo un artículo de Ricardo Silva Romero publicado en 2003 para la Revista E. Como es muy largo, le he quitado algunos trozos y lo pondré en dos partes. Si os morís de impaciencia y no podés aguantar la espera, lo tenéis aquí.

Mujer, artista

Sophie Calle existe. Pero quizás no convenga conocerla en persona. Si fuera el personaje de una novela todo estaría bien, pero ella respira, camina y persigue historias por nuestro mundo desde que se levanta hasta que se acuesta. Está viva. Es real. En este momento puede estar detrás de usted, en su ciudad, escondida en una cabina telefónica, en un inmenso almacén de cadena o en una fila para entrar a cine. Lleva veinticinco años espiándonos a todos e invitándonos a que invadamos su privacidad. Y no tiene pensado cambiar. No lo piensa ni por un segundo.  (…)

Nació el 9 de octubre de 1953 en París y siempre fue consciente de su nombre y su apellido. (…) Máscaras, falsas identidades, errancias: todo viene con el propio nombre. Ella se sintió perdida desde la infancia y, con “sabiduría callejera”, se ha buscado por todas partes desde que cumplió los seis años, cuando sus padres se separaron. (…) Quiere mucho a sus padres. Sospecha que se volvió artista para seducir a su padre, el coleccionista de arte, que siempre está esperando que alguien lo sorprenda. (…)

A los nueve años, en 1962, por espiar una conversación telefónica y hallar una carta abandonada en el lugar equivocado, llegó a la conclusión de que su padre no era su verdadero padre. Tres años después descubrió que sí lo era, pero esa inseguridad, ese deseo de oír todo el tiempo que la querían de verdad, marcó la búsqueda de sus historias. Caminaba hacia el colegio y todas las mañanas imaginaba, en un sótano del vecindario, en la calle Gassendi, que “un señor, atrapado ahí, sobrevivía gracias al amor que yo le daba”. Así era, así es. Sophie Calle encuentra ficciones en la realidad para satisfacer su única necesidad: sentirse a salvo. (…)

Sophie decidió visitar todos los museos de París y sobrevivir siete años, de ciudad en ciudad, de trabajo en trabajo, por todo el mundo. Fue durante ese tiempo cuando se dio cuenta de cuánto le interesaba imaginar la vida de los otros. (…) A comienzos de 1979, cuando volvió a París, se dedicó a reconocer su ciudad y a seguir a la gente por todas partes. Era un proyecto de vida. Quería averiguar, decía, si ellos sí sabían qué estaban haciendo en el mundo.

Desde el primero de abril de ese año emprendió, entonces, uno de sus trabajos más recordados, Los durmientes: “pedí a varias personas que me concedieran unas horas de su sueño. Que vinieran a dormir a mi cama. Que se dejaran fotografiar, que se dejaran mirar. Que respondieran a algunas preguntas. A cada persona le propuse una estancia de ocho horas: el tiempo que se acostumbra a dormir diariamente. La cama empezó a estar ocupada el domingo 1 de abril de las 17 horas y dejó de estarlo el lunes 9 de abril a las 10 horas”.

Así comienza Los durmientes. Las primeras dos, Gloria y Anne, llegan puntuales, se ríen un tiempo de ella (…) y después todo comienza a funcionar. Es increíble. Salvo una niñera paranoica, que no logra dormir porque siente que la artista va a degollarla, todo sale sin mayores problemas.

Sophie Calle, Venecia

El lunes 11 de febrero de 1980, después de seguir durante meses a desconocidos por la calle, “por el placer de seguirlos”, comenzó a escribir su primer libro.

“Un día seguí a un hombre y pocos minutos después lo perdí de vista. Aquella misma noche, por pura casualidad, me lo presentaron en una inauguración. Supe que tenía planeado irse de viaje a Venecia. Decidí seguirle la pista”. Henri B, el elegido, viajó con su esposa y con sus hijas, y Calle, dispuesta a todo, lo buscó por todas partes hasta que, el 15 de febrero, cuatro días después del comienzo de la aventura, lo encontró en una pensión de tercera llamada Casa de Stefani. Cuatro días después, el martes 19 de febrero a las 3 y 20 de la tarde, él la descubrió, y más o menos halagado, y haciéndose el que estaba acostumbrado a situaciones como esa, la invitó a tomar un café, pero no se dejó tomar una última foto. “No, eso es hacer trampa”, le dijo.(…)

Un año después,  Calle se recuperó de la sensación de vacío y consiguió empleo, durante tres semanas, como mucama del Hotel C. hotel

El 6 de marzo dejó el hotel con un nuevo libro entre sus manos: había espiado todos los cuartos que debía arreglar, había entrado en sus basuras, en el olor de sus camas destendidas, en las maletas y en las cartas y en los libros que habían leído la noche anterior. Había sido capaz de leer un diario íntimo y un testamento. De cada cuarto había tomado “una fotografía de los objetos que encontré” y había hecho “una descripción, día por día, de lo que había ahí” y había escrito, con todo ese material, un extraño libro. Uno que uno no sabe si mirar o no, pero finalmente lo mira. Uno que inquieta, da escalofríos, fascina.

Unas tres semanas después de la aventura en el hotel, (…) se empeñó en darle la vuelta a la experiencia. Llevaba demasiado tiempo siguiendo a los demás y quería, “de alguna manera, invertir las relaciones, así que le pedí a mi madre que contratara un detective privado para que me siguiera, sin que supiera que yo lo había arreglado, y me diera pruebas fotográficas de mi existencia”. Y así ocurrió. Salió temprano en la mañana, compró una flores, se encontró con sus amigas, con su editor y son su papá (…) y terminó su día en el Centro Georges Pompidou, en una exposición de autorretratos, y en una fiesta que se acabó a las tres de la mañana. La historia de El detective sería colgada, en unos años, en las principales galerías del mundo.

detective

Los primeros cinco años de su década de los 80 (…) Viajó a México y, según Hervé Guibert, escritor, “se masturbaba en una hamaca y leía las obras completas de Jean Genét hasta que un nativo la estranguló para violarla y le dio por muerta cuando la vio con un ojo medio abierto”. Estuvo en el Bronx pidiéndole a extraños en la calle que la llevaran a su lugar favorito, en Moscú fotografiando a un tipo que no le entendía ni una palabra y en Japón viendo peleas de sumos y haciéndose entender por señas. Unos meses después, en París, se dedicó a escogerle la ropa a un desconocido con muy mal gusto. Le enviaba corbatas y camisas sin que se enterara. Firmaba todos los paquetes como “anónimo”.

Por culpa de su amante de ese tiempo, estuvo a punto de rendirse. Pero no lo hizo. En cambio, apareció en un club de la Plaza Pigalle, junto con una amiga que le tomaba fotos, convertida en una profesional del striptease. (…) Pero la prueba más difícil para los nervios del espectador, del lector, de las obras de Calle, apareció unos días después en el diario La Liberación, desde 2 de agosto hasta el 4 de septiembre de 1983…

 

Ya está lista la segunda parte.

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